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El zodiaco iniciático
EL OTOÑO DE LA VIDA
El despertar de la conciencia, que anuncia el último signo del verano, no puede producirse sin "instrumentalización" de la mente. Sin embargo, esta última no puede existir a su vez si la mente no se ha desarrollado totalmente, ni se ha expresado con ple- nitud. Para comprender cómo se pone en acción la mente, hay que remitirse al final de la primavera de la vida.
Un pequeñopaso atrás
En el zodíaco, la mente es una característica que se atribuye al signo Géminis que, como hemos tenido la ocasión de destacar, corresponde a una especie de toma de conciencia del mundo exterior y de "lo otro".
También hemos señalado que la cualidad innata de la mente pura era un sentido innato del juego. Todo ocurre como si el espíritu del ser humano se hubiera forjado a partir de una hábil y sutil observación y de sus relaciones con el juego de la vida. Como sa- bemos, se suele decir de los nativos Géminis que en su carácter existe un lado camaleónico. En efecto, poseen la virtud de adaptarse a las circunstancias, integrarse a cualquier situación o comunidad, imitar a los demás o identificarse con ellos.
En resumen, su viva curiosidad les induce a experimentarlo todo, a veces sin discernimiento, sin ningún prejuicio a priori y planteándose la realidad y su propio ser a través de puntos de vista diferentes, múltiples y variados.
Si quisiéramos trivializar su comportamiento, podríamos decir que, como no tienen ninguna personalidad, o para ser más exactos, ninguna conciencia de su personalidad, los nativos Géminis están dispuestos a robar las de los demás para vivir, experimentar y sentir por sí mismos. Así que Mercurio, es decir, el Hermes de los griegos, se consideraba el dios de los comerciantes, los ladrones y los viajeros. Intercambiar el comercio, en un principio, se basaba en el trueque, así pues, en el intercambio, robar o desplazarse de un lugar a otro implica una gran movilidad.
Pero esta movilidad no facilita la concentración. De tal manera, cuando llegamos al signo Virgo, todavía nos hallamos dentro del universo de la mente. Pero esta vez se utiliza en el verdadero sentido de este verbo, es decir, empleado como un instrumento. Sabemos que los instrumentos inventados por el hombre le han per mitido realizar grandes progresos, que nos han llevado hasta el punto en que nos encontramos hoy.
Sin embargo, la pregunta que nos planteamos es: ¿el hombre ha dejado de evolucionar en medio del camino al inventar el instrumento? o, más exactamente, ¿no habrá caído en la trampa de los límites pertenecientes al campo de la investigación de la materia y del mundo real? Efectivamente, ésta es la pregunta que se plantea el signo Virgo en el zodíaco, el signo de la duda, pero también el de los límites que uno se impone para actuar y vivir con seguridad. Como si el ser humano quisiera quedarse en el verano de su vida desesperadamente, libre de acumular tras sus espaldas cada vez más tareas, trabajos, servidumbres, obligaciones, responsabilidades, deberes, todas ca- racterísticas de este signo ...
La despreocupación y ligereza del individuo
Sin embargo, a principios de otoño, con el primer signo del zodíaco de esta estación durante la cual la naturaleza se desnuda, entramos en un universo de tranquilidad, descanso y paz. Puesto que esto es lo que inspira el signo Libra: equilibrio, armonía y serenidad. Como si, después de habérselas ingeniado para poner orden en sí mismo y en su alrededor en la fase precedente, el individuo tuviera derecho a un descanso bien merecido para disfrutar de la belleza de las cosas, de la gracia y de la ligereza de la vida.
Parece que éstas son las nociones que tendemos a perder de vista actualmente, con nuestras prisas para intervenir en todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Además, este signo indica una nueva capacidad mental: la contemplación. No se trata de un medio de expresión pasivo, sino de una manera de vivir en armonía, en ósmosis con nuestro entorno, tal vez para hallar este justo medio entre nuestra vida interior y el mundo exterior, que antes no era posible.
El paso por un segundo nacimiento
Pero el ser humano no ha nacido para vivir para siempre, lo sabemos perfectamente. La muerte, tarde o temprano, le atrapa. Al respecto, es interesante observar que, en el zodiaco, el signo que, por supuesto simbólicamente, corresponde a la muerte, no se halla al final del zodíaco, sino en octava posición, en pleno otoño de la vida, en lugar del final del invierno de la vida, como cabría esperar. ¿Cómo es posible? Simplemente, porque nuestros antepasados, que concibieron el zodíaco tal como lo conocemos actualmente, estaban convencidos de que la muerte no era un fin en sí misma, sino un paso.
Curiosamente, es un tema que fascina, pero pocos de nosotros estamos dispuestos a profundizar en él. El instinto de supervivencia y el apego a los bienes de este mundo son más fuertes. Sin embargo, una vez que el individuo se ha complacido en contemplar este mundo, se da cuenta de que este estado de gracia tampoco es un fin en sí mismo, de que su vida cuelga de un hilo y de que no debe renunciar al mundo, sino sacrificar este mundo con el que tendía a identificarse, si quiere evolucionar, ser capaz de volver a encontrarse consigo mismo por completo y vivir un segundo nacimiento.
La aventura del espíritu
Entonces, el individuo al que seguimos en este recorrido iniciático, después de haber tenido la experiencia de la mente al final de la primavera de la vida, y después la del intelecto al final del verano de la vida, descubre una nueva forma de aprehensión del mundo, más elevada, más amplia y más vasta: la del espíritu. En esta etapa, ensancha todos sus límites hasta tal punto que pierde el sentido para lanzarse a la exploración y la aventura.
Al haber superado el paso de su segundo nacimiento, descubre en sí mismo cualidades, posibilidades y nuevas perspectivas. Tras adquirir el sentido del juego (Géminis), utilizar y aprovechar todos los recursos de su mente (Virgo), podrá en adelante prac- ticar la capacidad del pensamiento que su espíritu ostenta. Esta capacidad le abrirá una nueva via, que nos conduce naturalmente hacia el invierno de la vida..