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EXPERIENCIA CON LA AYAHUASCA

Durante mis viajes por la selva amazónica tuve la ocasión de ver trabajar a brujos que utilizaban la ayahuasca, planta madre del curanderismo de la selva amazónica que cada vez capta más adeptos.

El ayahuasca es para la selva amazónica lo que es la coca para el hombre andino, el peyote para los mexicanos y el soma para la India. El ayahuasca es una planta alucinógena y también vomitiva que en la selva es conocido como "la soga del diablo". Quien bebe el líquido preparado de esta planta, sufre alucinaciones, pierde el sentido de la realidad y va a otra dimensión. Es algo como el San Pedro, utilizado por los brujos y curanderos de la costa peruana y que también tiene cualidades de hacer perder la razón lógica.

Este alucinógeno tiene la propiedad de no crear dependencia y la particularidad de hacer expulsar del estómago, en varias sesiones, todos los residuos que se acumulan por años y que ningún fármaco conocido puede hacerlo. Se le considera un excelente depurativo de la sangre.

El chaman o curandero debe conocer la fórmula de preparar el ayahuasca, es decir saber la proporción de sus ingredientes: Ayahuasca, shacruna y tobe, porque de no ser así pondría en peligro la salud del paciente que participa del rito.

La sesión del ayahuasca se realiza en el interior de la selva y a medianoche. Tiene que ser en noche de luna para evitar las lluvias torrenciales que podrían interferir en la sesión. Afortunadamente los brujos de la selva saben cuando va a llover y en que cantidad.

El verdadero rito del ayahuasca se realiza en un paraje donde no se escuchan otros ruidos que el producido por la naturaleza. El viento es de hojas, el ruido de animales y otros. Es decir, no este impregnado de energías negativas que deja el ser humano a su paso.

Por estos tiempos, ya que los pacientes no quieren internarse en los monte por miedo u otros motivos, el brujo realiza la sesión en lugares apartados que no son precisamente monte virgen. Queda a consideración del chamán utilizar velas, imágenes, protectores que vienen a ser el dios de cada brujo, como una cruz, perfumes, varitas de chonta, calaveras, mapacho que es el tabaco de la selva; un bastón y su silbido que estimula la psiquis de sus pacientes.

A las 12 de la noche, el brujo enciende las velas, mientras que los asistentes se acomodan en circulo. Los músicos con armónica, quenas, citaras y maracas comienzan a tocar. Se ofrecen luego a los asistentes, bajo la luz de la luna que siluetea sombras terroríficas entre los árboles, cigarros de "mapacho", y a los pocos minutos el ambiente se satura de un humo intenso, espeso. Mas tarde luego de rezos y cánticos se comienza a repartir el ayahuasca, al tiempo que se pide al Señor Jesús que libre a todos de la tentación de satán.

El líquido negruzco pasa por las gargantas y comienza a surtir sus efectos. En cantidades de más o menos un vaso, se bebe y se comienza a sentir un raro éxtasis, acompañando de los sonidos musicales, los rezos, el tabaco, los olores de los perfumes que se esparcen, dando algunos, la impresión de estar desvariados ya que dicen y hacen cosas raras, como si se encontrarán en otra dimensión. El brujo inhalando el mapacho va acercándose a las personas a quienes les echa el humo en la cabeza. Después de algunas horas, todo se ha terminado.

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