¿Cuánto y cómo se debe consultar el oráculo?
¿Cuándo
se debe consultar el I Ching? Cuando tengamos realmente algo que preguntarle.
¿Cómo se debe consultar? De la misma manera en que consultaríamos a un amigo
siempre atento y benévolo.
Evidentemente, se puede hacer siempre. En cuanto a saber si realmente será interesante, eso ya es otra historia.
Sin embargo, no se trata de consultar este oráculo a tontas y a locas hasta que obtengamos la respuesta que nos conviene, puesto que esta obstinada actitud es muy parecida a la del niño que siempre está haciendo la misma pregunta para obtener la respuesta que quiere oír, pero que por esta razón esquiva la respuesta que ya se le ha dado y que, evidentemente, no le gusta.
En el adulto, tal comportamiento es consecuencia de un estado de angustia y de impaciencia, o bien de las angustias y las dudas que no le hacen apto para recibir u oír una respuesta.
El mismo I Ching, entre los textos de desarrollo de cada hexagrama, nos indica con claridad que una actitud así significa "locura juvenil"
"No soy yo quien busca al joven loco", dice el Juicio del hexagrama 4 en nuestra versión, "es el joven loco" quien me busca. En el primer oráculo, informo, y se pregunta dos, tres veces, se trata de inoportunidad. Si es inoportuno, no informo"
Como vernos, el I Ching, libro de sabiduría que se inspira justamente en todos los comportamientos humanos, en todas las situaciones de la vida, tiene repuesta para todo.
En otras palabras, nos aconseja que no le interroguemos a tontas y a locas ni, sobre todo, de una manera repetitiva, a riesgo de encontrarnos con una confusión de repuestas y, por consiguiente, con una duda todavía mayor de la que necesitábamos consultar.
Así, ante la pregunta: ¿cuándo se puede consultar el oráculo del I Ching? responderemos: cuando quieras. No existe un ahora ideal, un momento perfecto o un día más adecuado que otro para hacerlo. Simplemente, basta con que no lo consultemos por naderías y escojamos un momento en que estemos tranquilos, para tomarnos todo el tiempo necesario y realizar la tirada con toda serenidad.
Así podremos consultarlo como es debido, impregnándonos bien de todos los párrafos de interpretaciones que los dos hexagramas nos proponen.
A veces, se le puede interrogar de forma regular e incluso con bastante frecuencia, pero sólo en determinadas condiciones y por razones que te expondremos seguidamente.
¡COMO PODEMOS CONSULTAR EL
ORÁCULO DEL I CHING?
Sencillamente, estando lo más relajado posible, comportándonos como si estuviéramos con un amigo sincero y cordial, un confidente y secreto o un ser en quien confiemos total y plenamente y del cual sabemos que, al dejarlo, no nos iremos con el corazón vacío, sino sereno, reconfortado, iluminado y tal vez incluso consolado, en caso de que ya estemos en el buen camino antes de ir a verle.
Resulta fácil imaginar que el I Ching es una especie de persona poseedora de una sabiduría, con una gran experiencia y a la que consultemos cuando necesitamos consejos.
Pero, entonces, por más extraordinario o increíble que pueda parecer, deberemos comprender que este noble anciano metafórico no es otro que nosotros mismos.
En efecto, como ya hemos señalado, al consultar el oráculo del I Ching, nos estamos interrogando a nosotros mismos, ya que nunca imaginamos que la mayoría de las veces, conocemos todas las respuestas a nuestras preguntas y todas las soluciones a nuestros actos.
Ahora bien, la magia del I Ching reside en que estas repuestas y soluciones que buscamos -y que algunos días, en determinadas circunstancias de nuestra vida, pueden ser vitales para nosotros- son revelados por el complejo juego de 8 trigramas.
Al respecto, el Ta Chuan, el gran comentario del I Ching, compuesto de varios textos que en el siglo XIII de nuestra era fueron añadidos a los textos de los hexagrama, es decir, al I Ching propiamente dicho -después de haber sido redactados probablemente por el rey Wen de Cheu-, indica lo siguiente:
"Los ocho trigramas muestran el camino a través de sus imágenes; las palabras acompañan a los trazos y las decisiones hablan en función de las circunstancias. Igual que se entremezclan lo firme y lo maleable, podemos distinguir la fortuna del infortunio.