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¿Mil
palabras? ¡Te
ofrezco mil silencios! escucha:
el
silencio de las botas a lo lejos, cuando
todas las linternas se quedan apagadas y
las luciérnagas no vienen hasta aquí, a
mi celda silenciosa; el
silencio de mi canto, de
mi grito prisionero cuando apenas en el vientre se agitaba anhelante mariposa. |
No
sé cuántas somos, ni
cuántas fuimos o seremos. Solamente
sé que en las noches de luna, desde
el fondo de la tierra, se
elevan las sirenas y se esparcen por la tierra, en
sonoros manantiales. Para
que algún día aprendas a escuchar, te regalo mi silencio. |
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