La
huelga universitaria tiene una consecuencia directa en todos los estudiantes,
pero en el caso de los del interior del país que superan el 35% del total, ese
efecto resulta aún más nocivo. Alquileres, impuestos, y complicaciones en las
rutinas laborales preestablecidas, son obligaciones que los estudiantes del
interior deben hacer frente pese al cese de las actividades curriculares.
La
Universidad de la República cuenta con un total de 70.156 estudiantes según lo
revelan los datos del último censo estudiantil realizado en 1999. El 35% de los
estudiantes universitarios nacieron en el interior del país, 23% en capitales
del interior, 10% en ciudades y casi un 2% en pueblos o en el medio rural. El
porcentaje de alumnos universitarios que cursó 6 ° año de liceo en el
interior del país es un poco más alto, 40%. La participación de estudiantes
del interior en la matrícula universitaria creció en mayor medida desde el
censo anterior en 1988, cuando solo el 26% de la población estudiantil pertenecía
a otro departamento que no fuera Montevideo.
Alrededor
de 4500 estudiantes del interior del país reciben becas del Fondo de
Solidaridad. El mismo fue creado por ley en el año 1995 para brindar becas de
apoyo a aquellos estudiantes que acrediten una situación socioeconómica
desfavorable, una procedencia lejana a los centros de estudios y que demuestren
además haber tenido un buen rendimiento escolar. Este fondo se integra con
aportes anuales que son efectuados por todos los egresados en actividad que
posean título profesional expedido o revalidado por la Universidad de la República
o en los cursos de nivel terciario que dicta el Consejo de Educación Técnico
Profesional (UTU), una vez cumplidos los 10 años de expedición o revalida del
mismo.
En
la actualidad cada beca otorgada equivale a dos salarios mínimos y se adjudica
por un período máximo de diez meses
Sin
embargo la implementación de la huelga conlleva complicaciones en la entrega de
ese beneficio, debido a que los estudiantes no pueden cumplir con los
requerimientos establecidos para mantener sus becas debido a la alteración en
los calendarios curriculares ya que
por ley se establece que solo se renovarán los beneficios a los estudiantes que
hayan aprobado el 60% de los exámenes correspondientes al período de febrero
Recién
una vez que el Fondo de Solidaridad considera las renovaciones está en
condiciones de otorgar nuevas becas, por lo tanto, cuando se suspenden las
actividades estudiantiles a consecuencia de la huelga esto trastoca todo el
calendario e impide tanto las renovaciones como las nuevas consideraciones.
Este
es un elemento fundamental que no se tiene nunca en cuenta a la hora de votar
una huelga universitaria, porque entre las consecuencias de una decisión de esa
magnitud están los perjuicios que le confiere a más de 4.500 jóvenes que se
benefician con estas becas, y que generalmente son los más pobres que vienen en
su mayoría del interior.
Es
así que son los estudiantes y entre estos los menos favorecidos, los que cubren
el costo de cada huelga universitaria, porque más allá de perder clases como
el 100% de los alumnos, los estudiantes del interior y sus familias deben seguir
abonando todos los gastos que implican mantenerse en la capital, cuando no, en
el peor de los casos, no poder continuar sus estudios ya que deben abandonar sus
carreras porque pierden sus becas o sencillamente se les agotan los recursos que
tenían previstos para finalizar el año curricular.
Mientras
tanto los funcionarios y docentes de la Universidad siguen cobrando sus sueldos
aunque se encuentran en Huelga y muchas veces ocupando los locales de estudio,
realizan paro pero siempre hay una guardia gremial que está dispuesta a
trabajar para que se dicten y cobren los cursos de postgrado o simplemente se
paguen los sueldos. Es claro los que perdemos con cada conflicto universitario
somos los estudiantes y solamente nosotros.
¿Realmente
alguien puede creer que los estudiantes del interior pueden superar todos estos
máximos obstáculos por asistir a una huerta comunitaria como pretende la Feuu?
¿A alguien se le ocurre que la mayoría de estos estudiantes puede estar de
acuerdo con una huelga que puede llegar a significarles el fin de sus carreras?
¿Será por eso que se niega sistemáticamente la realización de un plebiscito
estudiantil general en el que se consulte a todos y cada uno de los estudiantes
de la Udelar si está de acuerdo con la Huelga?
Es
ilógico que la Universidad a través del accionar de sus actores no gire
alrededor de lo que es su principal cometido “la enseñanza pública
superior”.
Pero hay otras cosas que también son ilógicas en la Udelar, no puede ser que las autoridades de la misma dentro del orden estudiantil privilegien a un gremio que se dice único y no lo es, como la Feuu y deje de lado a todos los demás integrantes de dicho orden. Que se pongan indiscriminadamente a disposición de la misma la infraestructura y los recursos escasos de la Universidad para apoyar y subvencionar las actividades de un grupo que se auto proclama representante de todo el orden estudiantil mientras existen otros estudiantes agremiados en otras organizaciones que tienen participación en el cogobierno universitario a los que se deja 100% de lado y no se les da la mas mínima concesión. Los estudiantes por fuera de la Feuu, que somos la mayoría, ya que la misma llega escasamente al 40% de los votos del orden, no tenemos un local que nos presta la Universidad, en pleno centro de Montevideo, no contamos con camionetas con chofer que nos paseen por todo el Uruguay, pero tenemos en claro que esto no es igualdad, tenemos conciencia de que es o no lo correcto y lo lógico, sabemos que esta no es la Universidad que queremos dejarle a nuestro país cuando egresemos, sabemos que el primer paso para el cambio es la toma de conciencia del problema, el segundo es la voluntad para empezar a trabajar y el tercero es la fuerza para poder hacerlo. Pero para esto debe haber conocimiento del Uruguay de lo que está sucediendo con el otrora orgullo de todos, la Universidad gratuita, laica y del pueblo no es hoy mas que un reducto al que accede una elite privilegiada de la población y los recursos de la misma muchas veces se malgastan. No siempre fue así y seguramente no lo será en el futuro, lo que si es seguro que queda delante un gran trabajo por hacer.