No. 6 La lampara de aceite y el faro.

Fuente: Conectate.org

 

En una isla frente a un acantilado se alzaba majestuoso un faro. De dia, sus blancos muros relucian con el sol, y de noche emitia una luz que, para los que estaban en la mar, apagaba las estrellas. Muchas personas visitaban el faro, y comentaban su altura y aspecto imponente, admirando la nota de belleza que anada al paisaje circundante. Algunos contaban al farero que su luz los habia salvado en alguna tormenta.

 

Todos amaban al faro, con una excepcion: una pequena lampara de aceite que vivia en su interior. De dia quedaba en el olvido al pie de las escaleras. Al anochecer ayudaba al farero a subir hasta la linterna. No era que la lampara de aceite tuviera en menos su trabajo -sabia que cumplia un cometido-, pero vivir eclipsada por otro cuya luz era mucho mas potente y podia llegar y ayudar a muchos mas que una humilde lampara de aceite era una idea muy dolorosa.

 

Si la lampara de aceite hubiera sido otra cosa -digamos, una escoba- no tendria tantos motivos para envidiar al faro; su funcion habria sido muy diferente. Pero como los dos tenian por objeto alumbrar el camino a otros, a la lampara de aceite le parecia que se quedaba muy corta. A su juicio, sus defectos se agrandaban por la inmediatez de alguien mucho mas mayor. Ese pesar siempre le amargo su trabajo.

 

Un dia, despues de una tarde particularmente soleada en que muchos habian jugado en las arenas de la isla, alguien toco a la puerta. Era un nino que buscaba a un amigo al que habia perdido de vista mientras jugaban. El sol ya se habia puesto, y las que horas antes eran playas acogedoras se veian oscuras e inquietantes. ¿Lo ayudaria el amable farero a encontrar a su amigo?

 

El farero hizo pasar al muchacho y, tras envolverlo en una manta, se puso su abrigo para resguardarse aquella fria noche.

 

Seguidamente, descolgo la pequena lampara de aceite que estaba entre la puerta y las escaleras. Luego de verificar que la mecha estaba empapada en el aceite y el deposito lleno, encendio la lampara y le dijo en voz baja: «Fiel amiga, esta noche tienes que alumbrar bien.

No puedo llevarme el faro. El cumple su funcion aqui; tu estas hecha para ocasiones como esta. ¡Ahora es cuando mas falta me haces!»

 

En ese instante, todos los recelos de la lampara se disolvieron con la alegria de saber que había una mision que solo ella podia cumplir.

 

A lo largo de la noche, mientras pasaba por zarzas y arbustos, alumbro mas intensa y constante que nunca. El farero contaba con ella, y no podia defraudarlo. Al final, encontraron al chico y lo llevaron sano y salvo al faro, donde estaba su amigo.

 

La lampara de aceite no volvio a quejarse de su lugar ni de su funcion. Aquella noche habia aprendido algo muy importante: era mas feliz y mas util siendo quien era.

 

Tambien tu tienes una mision concreta y un lugar que nadie mas puede ocupar. Aunque otros se luzcan mas por tener mayores talentos o ejercer mas influencia, el Farero de nuestro corazon, con Su gran amor omnisciente, tuvo Sus motivos para hacerte como eres. Jamas pienses que tu luz es demasiado debil para hacerse sentir.

 

--o-o--

 

«Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que estan en la casa. Asi alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que esta en los Cielos.» -Mateo 5:14-16

Fuente: Un nuevo pacto.org -

 


 
 
 
 
 
 

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