No.
5 El Por Que De La Navidad.
Fuente: mundoencolores. com.
Erase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenia
reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades
religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a
pesar de los comentarios desdenosos de su
marido.
Una
Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponia a llevar a
los hijos al oficio navideno de la parroquia de la localidad
agricola donde vivian. Le pidio al marido que los acompanara, pero
el se nego.
-¡Que tonterias! - arguyo - ¿Por que Dios se iba a rebajar
a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Que
ridiculez!
Los
ninos y la esposa se marcharon y el se quedo en
casa.
Un
rato despues, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad
y se desato una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que
aquel hombre veia era una cegadora tormenta de nieve. Y decidio
relajarse sentado ante la chimenea.
Al
cabo de un rato, oyo un golpazo; algo habia golpeado la ventana.
Luego, oyo un segundo golpe fuerte. Miro hacia afuera, pero no
logro ver a mas de unos pocos metros de distancia. Cuando empezo
amainar la nevada, se aventuro a salir para averiguar que habia
golpeado la ventana. En un campo cercano descubrio una bandada de
gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar alli
el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y
no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin
alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en circulos por
el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo
fijo.
Sintio lastima de los gansos y quiso
ayudarlos.
Dirigiendose al establo, abrio las puertas de par en par.
Luego, observo y aguardo, con la esperanza de que las aves
advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no
obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecia que
se hubiesen dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de
lo que podría significar en sus circunstancias.
El
hombre intento llamar la atencion de las aves, pero solo consiguio
asustarlas y que se alejaran mas.
Entro en su casa y salio con algo de pan. Lo fue partiendo
en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los
gansos no entendieron.
El
hombre empezo a sentir frustracion. Corrio tras ellos tratando de
ahuyentarlos en direccion al granero. Lo unico que consiguio fue
asustarlos mas y que se dispersaran en todas las direcciones menos
hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguiria que
entraran al granero, donde estarian abrigados y
seguros.
Por
que no me seguiran?- exclamo -¿es que no se dan cuenta de que ese
es el unico sitio donde podran sobrevivir de la
nevisca?
Reflexionando unos instantes, cayo en la cuenta de que las
aves no seguirian a un ser humano.
Si
yo fuera uno de ellos, entonces si que podria salvarlos - dijo
pensando en voz alta.
Seguidamente, se le ocurrio una idea. Entro al establo,
agarro un ganso domestico de su propiedad y lo llevo en brazos,
paseandolo entre sus congeneres salvajes. A continuacion, lo
solto.
Su
ganso volo entre los demas y se fue directamente al interior del
establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas
estuvieron a salvo.
El
campesino se quedo en silencio por un momento, mientras las
palabras que habia pronunciado hacia unos instantes aun le
resonaban en la cabeza:
Si
yo fuera uno de ellos, ¡entonces si que podria
salvarlos!
Reflexiono luego en lo que le habia dicho a su mujer aquel
dia:
¿Por
que iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Que
ridiculez!
De
pronto, todo empezo a cobrar sentido. Entendio que eso era
precisamente lo que habia hecho Dios. Diriase que nosotros eramos
como aquellos gansos: estabamos ciegos, perdidos y a punto de
perecer. Dios se volvio como nosotros a fin de indicarnos el
camino, y por consiguiente, salvarnos. El agricultor llego a la
conclusion de que ese habia sido ni mas ni menos el objeto de la
Navidad.
Cuando amainaron los vientos y ceso la cegadora nevasca, su
alma quedo en quietud y medito en tan maravillosa idea. De pronto
comprendio el sentido de la Navidad y por que habia venido Jesus a
la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon anos
de incredulidad.
Hincandose de rodillas en la nieve, elevo su primera
plegaria:
"¡Gracias, Senor, por venir en forma humana a sacarme de la
tormenta!"