NO. 29 La Planta De Tomates
"Quisiera ser una planta", dijo Basilio entre dientes,
mientras ayudaba a su abuelo a regar el jardín.
"Estas plantas tienen suerte. Se quedan en el mismo lugar
aquí toda su vida".
"No
tienes ningún entusiasmo por mudarte, ¿eh, Basy", dijo el abuelo
con compasión.
El
papá de Basilio había obtenido un empleo nuevo en otro
estado.
Basilio metió su pie en una yerba mala. "Tendré que hacer
amigos, y tendré que acostumbrarme a un colegio
nuevo".
Dio
un suspiro mientras vaciaba la regadera.
"Déjame mostrarte algo", dijo el abuelo.
Lo
llevó a unos estantes al lado del garaje. "¿Ves estas plantas?",
dijo, señalando a unas vasijas sobre los
estantes.
Basilio asintió. "Todas son plantas de tomates",
observó.
"¿Pero, por qué están todas en vasijas de diferentes
tamaños?".
"Mientras van creciendo, las muevo a recipientes más
grandes", explicó el abuelo. "Mucha gente no sabe que la planta de
tomate es una de las pocas, sino la única planta, que mejora con
el trasplante.
Yo
las trasplanto dos o tres veces, y esto las hace más fuertes. Las
raíces son mejores, y la planta entera produce más
fruto".
El
abuelo hizo una pausa, luego añadió: "Quizá el Señor también te
está transplantando para hacerte más fuerte".
"¡Yo
no soy una planta!".
El
abuelo se rió. "No", asintió. "Pero el Señor sabe que a veces nos
ponemos más fuertes en diferentes situaciones.
Las
dificultades hacen que enterremos nuestras "raíces" más
profundamente en Él, y entonces podemos ser más fructíferos para
Él".
El
abuelo apretó el hombro de Basilio. "No te alejes del trasplante",
le animó.
"Permite que Dios te fortalezca a través de Jesús".