No.
28 ¿Los Mejores Años?
Dicen que la nostalgia es una de las características más
notorias de nuestra época. Abundan las radios que emiten canciones
de otras décadas "más felices", se reciclan viejas maneras de
vestir, y los elementos que ayer se descartaron vuelven hoy a
resurgir, packaging colorido y adelantos tecnológicos de por
medio.
Un
año atrás me encontré con un amigo al que no había visto por mucho
tiempo y aproveché la ocasión para conversar sobre el rumbo que
habían tomado nuestras vidas desde la adolescencia.
Inevitablemente la charla desembocó en los buenos recuerdos de
aquellos tiempos especiales de la juventud que jamás volverán a
repetirse. Con esta mezcla de emociones, fuimos arrastrados por la
nostalgia a verbalizar la frase más triste que un ser humano puede
decir: "todo tiempo pasado fue mejor".
Luego, algunos meses después, otro amigo me llamó para
contarme su decepción por el trato recibido en cierta empresa que
acababa de dejar, concluyendo su queja con las siguientes
palabras: "¿Sabes lo que ocurre? Allí invertí los mejores años de
mi vida".
Estas experiencias, y otros diálogos que mantengo
habitualmente con personas de diferentes edades, me hicieron caer
en la cuenta que una de las mayores amenazas para el progreso y la
maduración de una persona es considerar su vida actual sólo a la
luz de los acontecimientos positivos aislados de su pasado,
dejando en segundo plano el contexto en que se llevaron a cabo y
anhelando revivir esa época "color de rosa".
Es
cierto (aunque no en todos los casos) que nuestro desarrollo como
seres humanos goza de un período de aparente libertad en cuanto a
responsabilidades y compromisos en la vida social (etapa que en
nuestro tiempo se extiende mucho más allá de la pubertad). Pero el
hecho de estar "enrolado" activamente en los requerimientos de la
vida adulta no es ninguna excusa para sentirse fracasado o
"esclavizado" . Todo lo contrario: se abre un camino único hacia
la proyección, la afirmación y la realización del ser
interior.
Dios
dice en la Biblia : "Yo sé los planes que tengo para ustedes,
planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un
futuro lleno de esperanza. Me hallarán cuando me busquen, si me
buscan de corazón" (Jer. 29.11, 13). Los mejores años son aquellos
en los que decidimos experimentar la verdadera satisfacción que
produce felicidad y claro sentido de pertenencia: Dios en nuestras
vidas. Por eso, deshágase del melancólico borrador de su vida y
anímese a dar los primeros trazos del proyecto más fabuloso:
¡vivir en plenitud!
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