Hay
quienes reparten, y les es añadido mas; y
hay
quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a
pobreza.
No.
20 Ante la tormenta
Empezo a lloviznar y al poco rato los relámpagos iluminaban
la ciudad entera haciendo parecer que amanecía.
Mas
adelante los truenos empezaron a oirse lejanos y finalmente la
ciudad entera se sacudio en un ruido estrepitoso, pareciendo que
la centella que zigzagueaba caeria sobre
nosotros.
¡Que
espectaculo tan bello!
¡Que
impotencia más absoluta se siente cuando se contempla la
naturaleza!
Amanecio con un sol radiante y el cielo era tan azul que
parecia que la tormenta hubiera lavado cuidadosamente el
firmamento; era un dia tranquilo, luminoso.
Esa
hermosa manana todos comentaban: "hace mucho que no veía rezar a
tanta gente como anoche.
Era
algo impresionante ver como oraban todas las personas ¡Que triste
que necesitemos siempre en la vida de tormentas para hablarle al
Padre!
Yo
creo que tambien las tormentas del alma nos deben hacer elevar el
alma a Dios.
¡Cuantas veces somos víctimas de depresiones emocionales
porque no le damos a nuestra alma el alimento de la
oracion!
¡Que
tremendas tormentas se desatan en el alma!
Esas
son peores que las que vivimos en fenomenos
atmosfericos.
Dentro de nosotros mismos tenemos las tormentas de odios,
de envidias, de celos, son las centellas que destruyen la alegría
de vivir.
La
tormenta de esa noche me llevó a profunda meditacion y me motivo a
decirle:
"Señor, que no necesite mi existencia de
tormentas para amarte, que no necesite de centellas que me
atemoricen para recurrir temeroso a Ti. Que no sean necesarias las
tinieblas para buscar tembloroso tu amorosa mano. Que me percate
de que únicamente junto a Ti puedo encontrar paz, alegria y
entusiasmo.. . Y que cuando me sacudan el alma las tormentas
interiores, me refugie en la paz de tu amor." 30
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