Justicia, aniversario de la comision de la verdad Lima - Perú, (ORBITA).- Justicia es el clamor humano, desde los tiempos bíblicos entre Caín y Abel, lo cual se manifiesta en todos los ámbitos, en concordancia con los grandes conflictos humanos, en lo personal, familiar, social, político nacional y mundial. La humanidad en la medida de los avances científicos y tecnológicos, lejos de una vivencia armoniosa, por el contrario se producen antagonismos, reflejados en las diferencias de razas, ideologías económicas, y otros distintivos hasta religiosos, ocasionando guerras como registra la historia, dos de característica mundial. El egoísmo y la codicia, actitud nefasta de los seres humanos, las ambiciones son manifiestas, siempre buscamos tener más, despojando lo poco que el otro tiene, esto produce venganza, que se manifiesta en la violencia, utilizando la fuerza, cualquiera que sea, en vez de conciliar por la razón. Justicia pasa por los derechos y obligaciones de los seres humanos, y esto que es trascendente en la dignidad, debe constituir un avance, en el campo de las relaciones sociales entre los hombres, siendo parte de la justicia ante la ley, en el ir y venir, es decir la doble vía del dar y recibir. Se cuestiona años tras año el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que celebra en estos días un año más de sus conclusiones; al decir de sus propios integrantes, es un documento susceptible de perfeccionamiento, y en conciencia, tenemos que entender todos los peruanos, que como documento humano, tiene entonces fallas, debido a la enorme complejidad vivida en los años de violencia política. Se hacen acusaciones, se reclaman derechos, y hasta se condena con el facilismo de la apreciación, es un tema sensible a nuestra conciencia, por la pérdida de vidas humanas, tanto del poblador rural como urbano, pero también de los que se levantaron en armas, y los miembros de las fuerzas armadas. Al Estado le corresponde el ordenamiento social, basado en la solidaridad humana y el bien común en medio de una crisis profunda, producto de los caminos impropios de la violencia, constituyendo un atraso en todo, expresado en el deficiente funcionamiento de los tribunales de justicia, por lo cual se toma la idea simplista de buscar provecho de un Estado asistencial. La pacificación es lo contrario de violencia, lo necesitamos en nuestra América Latina, uno más que otros, constituye entonces un desafío social, al cual debemos asistir con optimismo y verdadero sentido de conquista espiritual.
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