Prólogo
{ página de César Guerrero }
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GUERRERO, César. En la pureza del azul, Urdimbre, México, 2005, -- pp.
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Poesía
Adentrémonos en lo azul, pues; en la pureza de lo azul. Y lo azul es –en el caso de este libro–, lo calmo, lo tranquilo, lo gozado en plenitud al tiempo de crearse y ser recreado por cada uno de nosotros, los lectores. La pureza, además, no puede concebirse si no es en relación con lo claro, lo luminoso, y sólo un espíritu abierto a los frescores que aún sobreviven a los vientos turbios que galopan por el mundo, puede entrar allí y no salir al borde del deslumbre sino ponerse a escribir estos poemas que arden, lanzan chispas, nos dejan pequeñas quemaduras al gozarlos.
Mar y cielo, noche y día, amor y ese como fuego tiritante por la ausencia que desamor dejara al irse y quedar sólo lo frío, ¿no son, también lo azul y no es lo azul todo lo que conforma y mantiene viva una existencia humana? Y una existencia humana ¿no es –o debiera ser, mejor dicho– vista como un Absoluto? Y lo Absoluto, ¿no nos da, de por sí, esa sensación de llenura vital, de vida plenamente vivida, tan escasas –la plenitud y la vida– en estos días en que lo escuálido y lo esmirriado, lo vulgar y pedestre, lo ramplón y vacío, lo vergonzante y lo avergonzado son las notas dominantes? ¿Dónde están las cabezas levantadas y las palabras justas? ¿Dónde quedaron la elegancia y los vocablos como dardos?
El mundo se ha angostado y el azul es, también, lo infinito. Las aldeas globales –hasta hace poco, tan loadas–, se convierten en pequeñas islas grises que van a la deriva, y el aire se enrarece más a cada instante. Lo azul y su pureza quedan para unos cuantos poetas y unos pocos dementes, que son los lectores de poesía.
La salvación –la humana y la divina, las dos, incluso– desaparece de la escena y el hombre –el supuesto hacedor de la Historia, sigue solo, acaso más que nunca, y sin salidas a la vista, despojado de símbolos y mitos, sin lenguajes y sin mundo, sin historia propia, individual y colectiva.
Los nuevos profetas son como los viejos bárbaros de siempre pero más hipócritas. Por donde graznan, se embosca la Palabra como verdad del hombre sobre el mundo y donde pisan, no vuelve a crecer la yerba. Todo es cemento, por donde andan o arrastran sus muletas los últimos cadáveres.
Poesía debe ser pureza y pureza es claridad, luz del día, aunque también la noche más lóbrega se ilumina y resplandece a la luz de lívidos relámpagos como si fuera el día. "Sólo los malagradecidos no hablan de la luz", vino a decir José Martí en una frase espléndida –esto es, los ciegos del espíritu, los que carecen por completo de decoro y decencia, los no-hombres, pues, los no humanos, lo que abunda.
No hay poesía sin vida y no hay vida plenamente vivida sin decoro y ¿qué es lo que más falta nos hace en este mundo de artefactos para hacerlo más humano que vida y decoro, eso que, ahora tan fácilmente se vende o se traspasa sin rubor alguno?
Queda lo azul, que es lo puro y lo libre, lo denso y lo leve, la luz y los silencios de ese poeta de verdad que es César Guerrero. Gracias a él, entramos en la pureza del azul, en lo Absoluto que se guarda detrás de toda auténtica poesía. A él, como dice en el final magnífico de un poema, lo sostiene un lenguaje inmaculado.
Que la Gracia de ese lenguaje nos sostenga a todos.
Max Rojas.-
- Max Rojas (México, 1940). Autor de El turno del aullante (1983, Verdehalago/Conaculta) y Ser en la sombra. Su obra ha sido incluida en las antologías Dos siglos de poesía en México (Océano), Poetas de una generación: los 40’s (UNAM) y Poesía de la ciudad de México (Instituto de Cultura de la Ciudad de México).
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