Un Triunfo y una Tragedia

 

Por James Akin (Version Original en Inglés)

Traducción al Español por César Granda

 

Rompí un pedacito del helado que tenía en mi mano y se lo puse cuidadosamente en la boca de mi esposa quien ya había sido desauciada. Renee estaba recostada sobre su espalda, sin poder relajarse en la cama del hospital, sufriendo de un tipo de cancer al colon el cual había sido descubierto hace un poco más de un mes. Ella se comió varios pedazos más del helado que yo estaba rompiendo para ella, y me dijo que no podía comer más, asi que la dejé descansar.

 

Cuando el sacerdote de nuestra parroquia llegó, él y yo fuimos al cuarto de conferencias que esta al final del pasillo. Las noticias de la condición de mi esposa no eran buenas. Los doctores de Renee habían descrito tres cosas que podían matarla en corto tiempo: Una de ellas instantáneamente, una en una semana más o menos, y la otra en unas pocas semanas. El doctor dijo que todavía habían posibilidades de que ella respondiera a la quimoterapia y que podría, concebiblemente, vivir por unos meses, posiblemente seis o más, pero que un año sería milagroso. Dado el estado urgente de la condición de Renee, hablamos acerca de acelerar mi conversión a la fé Católica. No se veía como que hubiera mucho tiempo.

 

Nací en 1965 en Corpus Christi, Texas, y crecí en Fayetteville, Arkansas. Mi mamá y mi papá me llevaron a la Iglesia de Cristo (del movimiento de restauracion de Alexander Campbell) local hasta que tuve cinco of seis años, pero deje de ir. Después de ello crecí alejado de cualquier iglesia. Esto no significó que yo estaba desinteresado en religión – Si estaba interesado. Cuando cumplí trece o catorce años, empecé a leer la Biblia, pero solamente esas partes que yo pensaba tenían que ver con “el fin del mundo”. Como resultado de lo que leí en la Biblia, me asusté, viendo visiones aterradoras de la ira y juicio de Dios sin tener el mensaje de su gracia y misericordia maravillora para balancear. Esto me ayudó a llegar a la siguiente fase de mi desarrollo religioso: El movimiento de la Nueva Era. La razón por la cual me movía en esa dirección era que la filosofía de la Nueva Era sostenía que no había infierno.  Los adeptos a este movimiento creen que nosotros reencarnamos en muchas vidas hasta que nos hacemos perfectos. Esto hizo la posición de la Nueva Era algo estable en mi religión personal. En aquel tiempo yo tenía un desagrado intenso por los Cristianos, a quienes yo había aprendido a detestar en la escuela. La simple presencia de una persona con manerismos Cristianos me sacaba de quicio. No fue hasta cierto tiempo despues que encontré un predicador quien actuaba lo suficientemente como un no-Cristiano para poder escucharlo.

 

El era un “hum-dinger”. El Dr. Gene Scott era un predicador de televisión, cuyo programa se aereaba tarde en las noches y era un gurú del final de los tiempos con residencia en el Sur de California. Lo descubrí en la televisión una noche tarde despues del trabajo y me hizo pensar. Se veía menos como un típico predicador Bautista que cualquier otro que haya visto. Hablaba acerca de Dios, pero vestía chaqueta de cuero y sombrero de vaquero. Tenía pelo largo y barba, y fumaba cigarros, y no mantenía la compostura cuando tenía que decir malas palabras en el aire. No era nada como los típicos televangelistas. Después de escucharlo por más o menos seis meses, llamé y me uní a su iglesia – La primera iglesia de la cual fuí miembro.

 

Mi fascinación con Gene Scott me duró por un tiempo, pero cuando su organización pasó por tiempos duros y su programa fue casi completamente quitado del aire en mi area, decidí buscar alguna otra afiliación religiosa. Eventualmente me establecí en la denominación conservadora de la Iglesia Prebiteriana en America (IPA). Después de convertirme en un devoto de Gene Scott, leí vorazmente varios libros en teología. Mi deseo más grande era entrar tiempo completo en el ministerio Cristiano, ya sea como pastor o como un profesor de seminario, pero algo intervino: Mi matrimonio.

 

RENEE

 

Conocí a mi futura esposa, Renee Humphrey, en una fiesta poco tiempo después de hacerme Cristiano. A pesar de que ella era Católica quien mantenía muchas creencias de el movimiento de la Nueva Era, nos hicimos novios. Si nos hubiésemos conocido un año más tarde, yo hubiese tenido convicciones Evangélicas más fuertes y nuestra relación no hubiese llegado a mayores. Ella me conoció tempranamente sin embargo, asi que continué con la relación.

 

Renee era un mujer pequeña con pelo y ojos oscuros. Ella también era una lectora voraz, pero su pasión era por historia y literatura en lugar de la teología y la filosofía que a mí vehementemente me fascinaba. Aunque ella se había autoeducado en estas areas, ella sabía más acerca de historia que mucha gente con títulos de universidad en esta disciplina. A veces era dificil ver películas con ella. Ella apuntaba a la pantalla y decía, “Ese estilo de vestido no fué sido introducido sino hasta después de treinta años de la fecha en la cual esta historia se esta desenvolviendo.”

 

Renee también tenía un lado melancólico, debido en gran parte a que ella sufría de mala salud. Desde la secundaria ella había sido plagada con problemas de salud. Cuando recién aparecieron estos problemas ella recibió un cuidado médico que le había parecido incompetente, por lo cual desarrolló un fobia fuerte a los doctores y las agujas, una fobia que regularmente le impedía buscar el tratamiento apropiado. Su problema médico principal era colitis ulcerativa, una condición que causa irritación perpétua de su colon. Esta condición debilitaba los musculos que servían de soporte para su espina dorsal, causando que su vértebras aplastaran sus nervios, mandando dolores punsantes y agudos a sus piernas. Aún cuando ella no estaba teniendo dolores de piernas, ella cojeaba. Cuando sus nervios estaban siendo afectados, no podía caminar por completo. Una de las primeras cosas que compramos después de casarnos fue un suporte para caminar de aluminio, el tipo que utilizan los ancianos, el cual Renee necesitó a la edad de 23 años.

 

Antes de poder casarnos, había un par de cuestiones que yo tenía que resolver con Renee: Sus creencias de la Nueva Era y su Catolicismo. Ya que ella era una lectora muy ávida, le dí un libro Cristiano en reencarnación, y pude convencerla que esa doctrina era falsa. “Grandioso!” pensé. “Un problema resuelto, queda solamente uno.”

 

Yo estaba contento de haberla convencido de que no fuera una Nueva Erista, ahora lo que tenía que hacer era convencerla de que no fuera Católica. Esto era algo que yo sabía que tenía que hacer. No había manera de que yo pudiera permitir casarme con una Católica Romana si yo estaba planeando ser un pastor Protestante o un profesor de Seminario. Aunque hubiese podido ser ordenado a pesar de el hecho de tener un esposa Católica, yo sentía que yo no podía aceptar en buena conciencia la ordenación. Yo reconocía que a ministros del Nuevo Testamento se les requería tener solidaridad religiosa con sus familias. Por ejemplo, en Tito 1:6 dice que los hijos de los ancianos o prebíteros deben ser criados en la fé Cristiana.

 

Por el éxito que había tenido al prestarle a Renee el libro criticando reencarnación, decidí tratar esta estrategia otra vez y le presté un libro que trataba de poner el Vaticano en una mala posición. Después de leer esto, ella dejó de identificarse ella misma como Católica y empezó a considerarse Anglicana. Aunque yo no había logrado su alienación completa del Catolicismo, esto era un progreso. Yo quería que ella estuviera en la misma denominación que yo estaba, pero me conformaría con que ella sea una Anglicana, al menos por ahora. Asumí que su tendencia al Anglicanismo sería un estado intermedio antes de que ella entre al Evangelicanismo por completo. Estaba equivocado.

 

Durante el periodo Anglicano de Renee, ella y yo nos casamos, poco tiempo después de nuestra boda ella volvió al Catolicismo. Ahora que nosotros estabamos casados la presión de perderme había desaparecido, ella podía ser Católica otra vez. Esto aplicó una tremenda llave de luchador a mis planes. Tenía que abandonar mi esperanza de una carrera como ministro, la única cosa que quería hacer con mi vida, y tenía que abandonar la idea que tenía de mí como un maestro de la Palabra de Dios. Esto puso estrés en nuestro matrimonio, el cual, de no ser por esta situación sería un matrimonio feliz.

 

La cosas fueron de mal en peor cuando Renee descubrió algo que yo ya sabía, pero que nunca mencioné: Nuestro matrimonio no era válido en los ojos de la Iglesia Católica. Como resultado, Renee fué prohibida de participar en los Sacramentos. Esta revelación le causó mucho dolor y puso aún más tensión entre nosotros. Ella no quería dejarme, y yo no quería revalidar nuestro matrimonio en la Iglesia Católica. La situación se complicó por el hecho que Renee no tenía licencia de conducir y yo no quería llevarla a la Iglesia. Esto significaba que ella casi nunca podía asistir a Misa.

 

Pero las cosas comenzaron a cambiar.

 

Desde que me convertí al Cristianismo había leído teología intensamente, pero empecé a hacer descubrimientos en la Biblia que me inquietaron. Por ejemplo, la remeciente “Catolicidad” de ciertos versículos saltaban resplandeciendo en mi conciencia. Me inquietaban las afirmaciones de Cristo acerca de los apóstoles teniendo el poder de atar y desatar (Mateo 16:18 y Mateo 18:18) y acerca de tener el poder de perdonar pecados (Juan 20:21-23). No sabía que significado válido darle a ellos, asi que simplemente los puse a un lado, y planeé regresar a lidear con ellos después.

 

Eventualmente, cuando llego el tiempo de tener que lidear con ellos, tuve que concluir que Jesús quizo expresar exactamente lo que dijo: Sus ministros realmente si tienen el poder de perdonar pecados y retenerlos. Tenía que admitir que los Católicos tenían razon acerca de el Sacramento de la Confesión o Reconciliación, y Presbiterianismo no estaba siguiendo las Escrituras en este punto.

 

Una de las cosas que me ayudó a llegar a esta conclusión fue un documento escrito por Leon Holmes. Leon solía asistir a la misma iglesia Protestante que yo asistía, pero algún tiempo antes de que yo empezara a asistir allí, él y su familia se mudaron. Eventualmente ellos se convirtieron Católicos y se establecieron en Little Rock. Leon escribió un documento acerca de María y lo envió a sus amigos en Fayetteville; yo fuí una de las personas que lo leyó. Aunque en aquel tiempo yo pensaba que podía refutar la mayoría de lo que él decía, había una parte de ese documento que me hizo estremecer.

 

Leon escribía, “La mayoría de los distintivos católicos que son criticados por nuestros hermanos Evangélicos tienen sus raices en tomar las Escrituras sin dar tanta vuelta sino como están escritas.” Esta afirmación estremeció mis sensibilidades Protestantes. “Que quizo decir? Los Católicos toman la Biblia sin dar tanta vuelta sino como está escrita en los puntos donde Protestantes los critican?”. Me pregunté, un poco aturdido. “Como puede ser que él diga eso? Todo el mundo sabe que son los Protestantes, no los Católicos, quienes toman la Biblia sin dar tanta vuelta sino como está escrita, a su valor real!”

 

Leon respaldó su estremeciente declaración citando los siguientes versículos: “Jesus le dijo, ‘Amen les digo, a menos que coman la carne de el Hijo del Hombre y beban su sangre, no habrá vida en ustedes’” (Juan 6:53); “Este ES mi cuerpo…” (Lucas 22:19); “Amen te digo, a menos que un hombre nazca de agua y Espíritu, no entrará al Reino de Dios” (Juan 3:5); “No saben que todos nosotros que fuimos bautizados en Cristo Jesus fuimos bautizados en su muerte?” (Rom 6:3); “El bautismo … nos salva ahora…” (1 Pedro 3:21); “Si perdonas los pecados de alguien, sus pecados le quedarán perdonados; si no los perdonas, le quedarán sin perdonar” (Juan 20:23); “Y te digo que tu eres Pedro, y sobre esta Roca construiré mi iglesia…” (Mateo 16:18).

 

Yo pensé que podía lidear con el significado de estos versículos, pero no tenía ni idea como refutar la interpretación Católica de 1 Pedro 3:21 y Juan 20:23. Mas sorprendente era la afirmación que teología Católica se basaba en su mayoría en la interpretación literal de la Biblia. Este pensamiento permaneció conmigo y se mantuvo molestándome. Eventualmente desempeñó un papel importante en mi conversión a la Iglesia Católica.

 

Yo también empecé a tener problemas con dos de las doctrinas fundamentales de el Protestantismo: Sola Fide, la afirmación que somos salvados por la fé solamente, y Sola Scriptura, la afirmación que los Cristianos deben utilizar solamente la Biblia en materias de doctrina y práctica.

 

La primera empezó a ser problemática para mi porque empecé a notar ciertos pasajes en las Escrituras los cuales contradecían esa doctrina. En Romanos 2:7, por ejemplo, el Apóstol Pablo les dice a sus lectores que Dios va a dar la recompensa de la vida eterna a aquellos que “busquen gloria, honor e inmortalidad perseverando en buenas obras.” En Gálatas 6:6-10, Pablo les dice a sus lectores que aquellos que “siembran en el Espíritu” al “ser buenos en todo” del Espíritu recogerán una cosecha de vida eterna. Era especialmente notable que yo estaba encontrando estos versículos en Romanos y Gálatas, las mismas epístolas en las cuales los Protestantes basan la doctrina de justificación por fé solamente.

 

Estos versículos no quieren decir que nosotros ganamos nuestra salvación por buenas obras solamente, una doctrina que muchos Protestantes erróneamente atribuyen a la Iglesia Católica, pero estos versículos si quieren decir que la fórmula simple de “fé solamente” no es una descripción de lo que la Biblia nos enseña acerca de la salvación. Estos y otros pasajes revelan que, como un resultado de la gracia de Dios, nosotros somos capaces de hacer actos de amor los cuales agradan a Dios y los cuales el libremente decide recompensar. Uno de las recompensas, de hecho la recompesa principal, es el regalo de vida eterna (cf. Roman 2:6-7).

 

Había todavía la cuestión de como explicar pasajes tales como Romanos 3:28, donde Pablo dice que un hombre es justificado por la fé sin tomar en cuenta el que cumpla con la LEY, pero esto no me inquietaba ya que desde el comienzo de mis lecturas de la Biblia había reconocido que Pablo estaba hablando de la Ley de Moisés o Mosaica en Romanos y Gálatas, lo cual es porque él pasó mucho tiempo martillando en el hecho de que no es necesario circunsidarse para ser salvado – circunsición era uno de los rituales clave de la Ley Mosaica. Lo que Pablo nos dice es absolutamente verdad. Nosotros estamos justificados por la fé sin tomar en cuenta que cumplamos con la Ley Mosaica.

 

Esto sería más obvio para lectores de la Biblia en español si los traductores hubiesen utilizado la palabra Hebrea para ley, Torah, la cual es también el nombre de los primeros cinco libros de la Biblia los cuales contienen la Ley de Moisés, a la cual los Judíos debían adherirse. Pablo dijo, “Por eso concluímos que un hombre es justificado por fé sin tener que cumplir con el Torah” (Rom 3:28). Nosotros podemos demostrar esto si vemos lo que dice en el siguiente versículo: “Acaso es Dios el Dios de los Judíos solamente? No es El el Dios de los Gentiles tambien? Claro, de los Gentiles también” (Rom 3:29)

 

Si Pablo no quizo referirse al “Torah”, entonces esta pregunta y su repuesta no tendrían lugar en Rom 3:29. Por la palabra “Ley”, Pablo se refiere a algo que los Judíos tienen pero que los Gentiles no: La Ley Mosaica. El pone en claro este punto en el siguiente versículo: “Ya que Dios es uno; y el va a justificar a los circunsidados [Judíos] basado en su fe y los no-circunsidados [Gentiles] a través de su fe” (Rom 3:30). Por lo tanto la “Ley” de la cual habla Pablo en el versículo 28 son las “Leyes” que caracterizan a los Judíos, no a los Gentiles, con su estatuto principal siendo la circunsición (cf. Rom 3:29-30).

 

Esto quiere decir que las Leyes Judías de circunsición, pureza ritual, restricciones dietéticas, el calendario festivo Judío, entre otras, son, ahora que estamos bajo la Nueva Alianza de Cristo, enteramente irrelevantes para nuestra salvación. Manteniendo la Ley ceremonial de Moisés no es necesario para los Cristianos. Lo que es importante es mantener “la ley de Cristo” (Gal 6:2) la cual se resume como “fe trabajando a través de el amor” (tambien traducida como “fe hecha efectiva a través de el amor” [Gal 5:6]).

 

Un pasaje que resalta la manera sacramental en la cual Dios nos da su gracia es 1 Peter 3:20-21, donde nos dice que “Dios esperó pacientemente en los días de Noé mientras que el arca estaba siendo contruida. En ella solamente unas pocas personas, ocho en total, fueron salvadas a través del agua, y esta agua simboliza el bautismo que ahora nos salva también; el cual no consiste en el removimiento de suciedad del cuerpo sino en ofrecerle a Dios una conciencia limpia. Nos salva por la resurrección de Jesucristo”

 

El significado de la afirmación de Peter, “el Bautismo nos salva ahora,” se hace claro del contexto de el pasaje. El se esta refieriendo al agua sacramental del bautismo, porque el dice que ocho personas fueron salvadas a través del agua. Bautismo no nos salva removiendo la suciedad de nuestros cuerpos. El simple efecto físico de vertir agua o sumergirse en ella no son importantes. Lo que cuenta es la acción del Espíritu Santo a través del Bautismo, ya que en él nosotros “ofrecemos… una conciencia limpia a Dios,” (es decir, hacemos una promesa bautismal de arrepentimiento y somos salvados “por la resurreción de Jesucristo.”)

 

Empecé a descubrir este principio sacramental por toda la Biblia. En el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento hay incidentes donde Dios usa medios físicos para transmitir gracia. Un ejemplo prominente es el caso de la mujer con hemorragia:

 

“Cuando ella oyó acerca de Jesús, vino a El desde atrás en la multitud y tocó su túnica, porque pensó, ‘Si yo solamente toco sus ropas, yo seré sanada.’ Inmediatamente sus sangrado paró y sintió en su cuerpo que ella estaba libre de su sufrimiento. En seguida Jesús se dió cuenta que poder había salido de El. El se volteó en la muchedumbre y preguntó, ‘Quién tocó mis ropas?’ ‘Ves a la gente amontonada sobre ti,’ sus discipulos contestaron, ‘y sin embargo preguntas, “quién me tocó”’ Pero Jesús siguió mirando alrededor para ver quien lo había hecho. Entonces la mujer, sabiendo lo que le había pasado a ella, vino y cayó a sus pies y temblando con miedo, le dijo toda la verdad. El le dijo a ella, ‘Hija, tu fé te ha sanado. Anda en paz y se libre de tu sufrimiento’” (Marcos 5:27-34)

 

Este pasaje contiene todos los elementos del principio sacramental: la fé de la mujer, los medios físicos (tocar la ropa de Jesús), y el poder sobrenatural que salió de Jesús. Cuando la mujer vino a El y, con fé, tocó su túnica, el poder de Dios fue enviado a ella, y fue curada. Asi es como los Sacramentos funcionan; Dios utiliza signos físicos (agua, aceite, pan, vino, el imponer las manos) como vehículos de su gracia, lo cuales nosotros recibimos en fé.

 

Tomás de Aquino señaló que, ya que nosotros no somos seres espirituales, sino que criaturas físicas también, es adecuado para Dios darnos su don espiritual de gracia a través de medios físicos. Después descubrí que hasta Martin Lutero reconocía esto. En su Catecismo Corto él afirmó que bautismo “permite el perdón de los pecados, nos libra de la muerte y de Satanás, y da salvación eterna a todos los que creen.” Tristemente, el ignoró la evidencia Bíblica para cinco de los siete Sacramentos (reteniendo solamente bautismo y la Cena del Señor), y la mayoría de los Protestantes perdieron aún la creencia de Luther de que los Sacramentos son medios de gracia, alejándose de la enseñanza Bíblica que “Bautismo nos salva ahora.”

 

Dios a veces da gracia salvadora separada del bautistmo (cf. Hechos 10:44-48), pero El ordenó que bautismo sea el medio normativo a través del cual nosotros venimos primero a El y nos hacemos miembros de su Iglesia. Pedro le dijo a la multitud en el día de Pentecostés, “Arrepiéntanse y sean bautizados, cada uno de ustedes, en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Y ustedes recibieran el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). A Pablo le dijeron en su bautismo, “Y ahora que estas esperando? Levántate, sé bautizado y lava tus pecados, llamando Su nombre” (Hechos 22:16).

 

La doctrina Protestante de Sola Scriptura también empezó a inquietarme cuando me preguntaba como es que nosotros podemos saber cuales libros pertenecen a la Biblia. Ciertos libros del Nuevo Testamento, tales como los evangelios sinópticos, podemos mostrar que son fuentes históricas confiables de la vida de Jesús, pero hay un número de libros del Nuevo Testamento (ej. Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis) cuyos autores y estatuto canónico estaban en debate en la Iglesia temprana. Eventualmente, a pesar de que el debate nunca terminó, la Iglesia decidió en favor de estos libros y los incluyó en el canon de libros inspirados, pero me di cuenta que yo, una persona separada dos mil años desde que fueron escritos, no tenía ninguna posibilidad de probar que estos trabajos eran genuinamente apostólicos. Simplemente tenía que aceptar la palabra de la Iglesia Católica.(Antes del año 1517 no habían Evangélicos o Protestantes, TODOS los Cristianos, desde el tiempo de los Apóstoles, formaban parte de la iglesia Católica [del Griego Katholicus que significa Universal])

 

Esto significa que para una doctrina muy fundamental – la doctrina de cuales son las Escrituras – Tenía que confiar en la Iglesia ya que no había forma de mostrar dentro de las Escrituras mismas exactamente cuales deben ser los libros de la Biblia. Pero me di cuenta que al mirar a la Iglesia como un testigo confiable y auténtico para el canon, yo estaba violando el principio de Sola Scriptura. La teoría de que “toda doctrina y teología deben venir de la Biblia” resultó ser auto-refutable, ya que no nos dice que libros pertenecen a ella y cuales no!

 

Para colmo, mis estudios de historia de la Iglesia me mostraron que el canon de la Biblia no fueron finalizados hasta más o menos trescientos años después de que el último Apóstol había muerto. Si yo iba a afirmar que la Iglesia había hecho su trabajo y había escogido exactamente los libros correctos para la Biblia, significaba que la Iglesia había hecho una decisión infalible trescientos años después de la edad apóstolica, darse cuenta de esto hace creible que la Iglesia podría hacer decisiones infalibles tiempo después, y que la Iglesia podría hacer tales decisiones aún hoy en día.

 

En Mateo 16:17-19 Jesús le hace tres declaraciones a Pedro: (a) “Dichoso eres tu Simón Bar-Jonah,…” (b) “Tu eres Pedro,” (c) “Yo te daré las llaves de el Reino.” La primera declaración es claramente una bendición, algo que levanta a Pedro y lo magnifica. Cristo lo declara dichoso o bendito porque él recibió una revelación especial de Dios.

 

La tercera declaración es también una bendición: Cristo declara que El le dara a Pedro las llaves del Reino de los cielos. Esto es claramente una beatificación, algo que ensalsa a Pedro. Y si la primera y tercera declaración de Jesús para Pedro son bendiciones, la declaración del medio en su contexto inmediato también debe ser una bendición.

 

Esto era un problema, porque para defender mi análisis de que Pedro no es la roca en la cual la Iglesia fué contruida, yo tenía que apelar a una diferencia menor en el texto Griego entre la palabra usada para Pedro (Petros) y la palabra usada para roca (Petra).

 

De acuerdo a la interpretación anti-Católica común, Petros significa “una pequeña piedra” mientras que petra significa “una roca de gran masa,” y la declaración “Tu eres Pedro [Petros],” debería ser interpretada como algo que exalta la importancia de Pedro.

 

Evangélicos expresan que Cristo quizo decir, “Tu eres una pequeña piedra, Pedro, pero yo voy a contruir mi Iglesia en esta masa grande de roca la cual es la revelación de mi identidad.”

 

Un problema con esta interpretación, el cual muchos escolares Bíblicos Protestantes admiten, * es que mientras Petros y petra si tenían esos significados en cierta antigua poesía Griega, la distinción ya no existía en el primer siglo, cuando el evangelio de Mateo fue escrito. En ese tiempo ambas palabras signicaban lo mismo: Una roca.

 

[*: Por ejemplo, D.A. Carson admite esto en su comentario en Mateo en The Expositor’s Bible Commentary, Frank Gaebelein, gen. Ed. (Grand Rapids: Zondervan, 1984 ed.), vol. 8, 367-368.]

 

Otro problema es que cuando El se refería a Pedro, Jesús no estaba hablando Griego, sino Arameo, un dialécto de el Hebreo. En Arameo no hay diferencia entre las palabras que en Griego se ceden como Petros y petra. Ambos términos son kepha, es por eso que Pablo a menudo se refiere a Pedro como Cephas* (cf. 1 Cor. 15:5, Gal 2:9). Lo que Cristo verdaderamente dijo fue, “Tu eres Kepha y sobre esta kepha yo voy a contruir mi Iglesia.”

 

[*. Cephas es la transliteración Griega de el Arameo Kephas (a veces expresada como Kepha o Kepa). Los evangelios contienen un número de palabras y frases Hebreas y Arameas las cuales fueron transliteradas al Griego para el beneficio de los lectores no Judíos. Esto se puede ver por ejemplo, en el uso de Juan de los términos Hebreos y Arameos mesías y Kephas en Juan 1:41-42. Este pasaje nos da cierta luz en la diferencia aparente en el significado de Petros y petra en Mateo 16:18. Juan 1: 42 dice que el nuevo nombre de Simon Bar-Jonah sería Kephas (una roca masiva) “lo cual se lo traduce como Pedro” (Petros).]

 

Pero aún si es que las palabras Petros y Petra tuvieran diferentes significados, la interpretación Protestante de dos “rocas” diferentes no entraría en el contexto. La segunda declaración a Pedro sería algo que lo minimiza o lo achica, poniendo en claro su insignificancia, con el resultado de que Jesús estaría diciendo, “Dichoso eres tú, Simon Bar-Jonah! Tú eres una insignificante piedrita. Aqui estan las llaves del Reino de los Cielos!”. Tal secuencia incongruente de estas declaraciones sería no solamente raro, sino inexplicable. (Muchos comentadores Protestantes reconocen esto y hacen lo mejor que pueden para negar el sentido obvio de este pasaje, sin importar cuan implausibles sean sus explicaciones).

 

Yo también he notado que las tres declaraciones del Señor a Pedro tienen dos partes, y la segundas partes explican las primeras. La razón por la que Pedro fue llamado “dichoso” fue porque “carne y sangre no te han revelado esto, sino mi Padre que esta en el Cielo” (verso 17). El significado de el cambio de nombre, “Tu eres Roca,” se explica por la promesa, “En esta roca yo contruiré mi iglesia, y los poderes de la muerte no prevalecerán en contra de ella” (verso 18). El propósito de las llaves es explicado por la comisión de Jesús, “Lo que ates en la tierra será atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo” (verso 19). Una lectura cuidadosa de estas tres declaraciones, poniendo atención a su contexto intermedio e interrelación, claramente muestra que Pedro era la roca de la que Jesús hablaba.

 

Estas y otras consideraciones me mostraron que las interpretaciones anti-católicas comunes de este texto no podían pararsele a un cuidadoso escrutinio bíblico. Protestantes estaban forzando fuera de contexto la declaración intermedia.

 

Revertí mi interpretación, concluí que Pedro era efectivamente la roca en la cual Jesús contruyó su Iglesia. Esto es, yo creo, lo que un lector imparcial concluiría  fijándose en la gramática y la estructura literaria de este texto sin darle tanta vuelta.

 

Si Pedro en realidad era la roca de la que Jesús hablaba, eso significaba que el era la cabeza de los Apóstoles (El texto Griego revela que solo Pedro fue escogido para recibir esta gracia, y que a él solo se le dio la autoridad especial simbolizada por las llaves de el Reino de los Cielos, aunque los discípulos compartían en un sentido más general la autoridad de Pedro de “atar de desatar” [cf. Mateo 18:18]. Si él era la cabeza de los apóstoles, entonces una vez que Cristo ascendió al Cielo, Pedro sería la cabeza terrenal de la Iglesia, subordinado a la cabeza celestial de la Iglesia que es Cristo.

 

Y si Pedro era la cabeza terrenal de la Iglesia, su función correspondía a la definición mas básica de la oficina de el Papa. Como resultado, tuve que concluir que los Católicos tenían razón al decir que Pedro era el primer Papa. Si es que Cristo tenía la intención de que tendría que haber otros papas era una cuestión que todavía tenía que resolver, pero ya había visto lo suficiente para saber que tenía que reinvestigar teología Católica.

 

Si los Católicos tenían razón en esto, puede que también tengan razón en otros puntos. Me inquietó el saber que ellos también tenían razón en el Sacramento de la confesión.

 

YO CEDO

 

Sabía que tenía mucha re-investigación teológica que hacer, asi que durante el año siguiente empecé a leer doctrina Católica intensamente. Durante este tiempo ablandé mi actitud hacia el Catolicismo. Empecé a llevar a mi esposa a Misa y también acepté casarnos por la Iglesia. El 1 de Diciembre de 1991, ella y yo fuimos casados por el Padre Mark Wood, el sacerdote de la parroquia a la que Renee asistía. La ceremonia fue extremadamente sencilla (tuvimos dos testigos, la hermana y el sobrino de mi esposa), y tomó solamente cinco minutos. La boda mas corta que yo había estado era la mía, pero aún asi era muy significativo para ambos.

 

Por lo que Renee sabía, mis ideas acerca de Catolicismo se habían ablandado pero aún permanecía opuesto a la Iglesia en bases teológicas. Decidí no decirle nada de el hecho que estaba francamente pensando en convertirme. Después de todo lo que habíamos pasado, no podía cruelmente levantarle las esperanzas y después decepcionarla si yo descrubría algún desperfecto fatal en la enseñanza Católica. En Enero de 1992 le dejé saber a Renee un secreto que no le había dicho y le dije que probablemente iba a unirme a la Iglesia Católica. Esto la hizo muy feliz, aunque, irónicamente, yo parecía mas emocionado acerca de ello que ella.

 

Cuando la Cuaresma se acercaba, empecé a hacer planes para entrar a la Iglesia Católica en la Vigilia de Pascua. Esto no se dió, pero en el proceso de alistarme notifiqué a mis amigos Protestantes de la dirección en la cual me estaba dirigiendo. Ellos recibieron las noticias bastante bien; después de todo, algo de las bases habían sido puestas cuando la familia de Leon y un número de otras familias de mi iglesia se había convertido al Catolicismo.

 

Una cosa que me preocupaba era que ya que mi esposa era Católica la gente iba a pensar que yo me estaba convirtiendo para complacerla. Este no era el caso. Al nivel humano, si mi interacción con ella acerca de Catolicismo hubiese causado algo en mi, me hubiese hecho detestar la Iglesia. El apologista Católico Scott Hahn una vez me dijo que él estaba sorprendido que yo no abandoné la teología completamente después de que sufrí la decepción de tener que dejar mi carrera por el Catolicismo de Renee. Afortunadamente mis amigos Protestantes me conocían lo suficientemente bien para saber que esto no era una conversión para el bienestar de mi matrimonio.

 

Entonces algo pasó que cambió mi vida para siempre. Al final de Junio de 1992, poco después de su veintisieteavo cumpleaños, Renee se enfermó. Primero nosotros pensamos que era una afección de su colitis ulcerativa, ya que los síntomas eras los mismos: perdida del apetito, dolor intestinal periódico, y debilidad en general. Lo que sea que fuera, también desencadenó un reflejo en su cuerpo que trajo consigo dolor muscular severo en la espalda y dolor de cabeza.

 

VIA DOLOROSA

 

Casi desde el momento que su dolor intestinal comenzó, Renee fue encamada, no podía comer y estaba muy débil para moverse. Cuando el dolor de espalda y de cabeza comenzaron, todo lo que ella podía hacer es quedarse quedita y gemir. Recuerdo los días cuando yo me acostaba a su lado, mientras ella lloraba del dolor yo susurraba palabras para ayudarla a desfogar su frustración y angustia por lo que le estaba pasando.

Teníamos problemas logrando que los doctores la trataran para aliviarle el dolor. Su quiropráctico ayudó un poco, al igual que un terapista de masajes. Entonces un día cuando Renee estaba recibiendo un masaje para el dolor de espalda, su terapista descubrió un abultamiento grande en la base de su cuello, justo arriba de su clavícula. Nunca antes habíamos visto este bulto y nos dimos cuenta que había salido bastante rápido.

 

Al siguiente día llevamos a Renee al primero de una serie de doctores quien le tomó rayos X, tomografías, ultrasonidos, biopsias, y una colonoscopía. No solamente encontraron un bulto en su cuerpo; habían docenas de ellos por todas partes – en sus nodos linfáticos, sus pulmones, su hígado, y en su colon. Un tumor en su colon era del tamaño de una bola de baseball. Pasó que ella tenía un caso avanzado de cancer maligno al colon, el cual ciertamente la mataría.

 

El cirujano que nos dió la noticia nos hizo ir a su oficina. Ya que Renee ya no podía caminar, yo alquilé una silla de ruedas y la empujé hasta la oficina del cirujano, donde ella se hundía en la silla sin poder sentarse recta debido al agotamiento que sentía. Cuando el doctor finalmente llegó, el se quedó solamente unos pocos minutos con nosotros. Renee se vió forzada a sentarse recta mientras el doctor chequeaba la gasa en su hombro donde una biopsia del abultamiento de su cuello se había realizado. Debilitada por la falta de comida y sueño, Renee lloraba mientras el doctor le despegaba la cinta adhesiva de la gasa. Yo recuerdo su largo pelo marrón, normalmente su característica mas preciosa, pegándosele a su piel por las lágrimas. Mientras le examinaban la herida, el doctor secamente nos informó, “Me temo que tenemos un proceso maligno ocurriendo aquí.”

 

Después de este encuentro breve y sin gracia con el cirujano, Renee nuevamente se hundió en su silla, tratando de ganar su compostura y absorber la impresión de su sentencia lacónica. Aturdidamente la llevé a través del patio del hospital a su primera cita con el especialista en cancer. Aunque tuvimos que esperar interminablemente para que llegara, nos aliviamos de encontrar que él tenía una forma mas sensible de tratar con sus pacientes. Antes de que entrara al cuarto a ver a Renee, yo salí y privadamente le dije que sería mejor no hablar acerca de cuanto tiempo de vida le quedaba. Una memoria particular de esa conversación fue mi mención de la operación exitosa del Papa Juan Pablo II para remover un tumor benigno del tamaño de una naranja en sus intestinos el cual había sido descubierto esa misma semana. Renee no tenía la suerte que había tenido el Papa.

 

La pusimos en el hospital por una semana de quimoterapia, entonces la llevamos a casa por un par de días antes de tener que regresarla al hospital. Esto fue necesario porque un dispositivo que ellos habían utilizado para darle la quimoterapia había causado una coagulación de sangre en uno de sus brazos. Una vez que Renee estaba de regreso en el hospital, las enfermeras se preocuparon porque le podía dar pneumonía por no poderse sentar. La pneumonía sería particularmente peligrosa porque la quimoterapia de la semana anterior estaba matando sus glóbulos blancos, los cuales ella necesitaría para combatir la enfermedad.

 

Era duro no saber cuanto tiempo tenía Renee de vida. De acuerdo con su doctor, ella podría haber fallecido instantáneamente debido al coágulo de sangre, o en una semana por la pneumonía, o en unas pocas semanas por el cancer. Me di cuenta que las cosas estaban sucediendo muy rápido, asi que llamé a la parroquia y dejé un mensaje para el sacerdote, quien vino al cuarto del hospital aquella noche. El y yo hablamos acerca de la condición de Renee y acerca de mi entrada a la Iglesia.

 

Más o menos una semana antes le había dicho que yo estaba virtualmente listo para unirme. Yo había estado más o menos listo intelectualmente por algún tiempo, pero cuando descubrimos que Renee tenía cancer terminal al colon, empecé a sentir que Dios me decía que yo ya lo había retrasado lo suficiente y que era tiempo de hacer el compromiso. El hecho de que mi esposa estaba muriendo no determinó que yo me uniría a la Iglesia Católica pero si me ayudó a contestar la pregunta de cuando me uniría: Pronto. Yo quería mucho darle el presente a ella de los dos unidos en una sola Iglesia y una sola fé antes de que ella muriera.

 

Llamé a Padre Wood y le dije que teníamos que adelantar nuestros planes. Yo necesitaba entrar a la Iglesia ahora. No podía esperar hasta el siguiente día. El dijo que estaría ahí enseguida. Pero antes que él llegara, el doctor vino y me informó que había examinado las radiografías del pecho de Renee, y que la pneumonía que las enfermeras temían no eran el problema. Sus problemas respiratorios eran causados por numerosos tumores pequeños en sus pulmones.

 

Mientras que su prognosis a largo término no era mejor, ella no estaba en el tipo de peligro que pensamos. El doctor estimó que probablemente ella todavía tenía unas cuantas semanas de vida. Estas noticias fueron bastante alentadoras. Yo estaba preocupado de que ella moriría inmediatamente o dentro de los próximos días. Por lo menos de esta manera, ella y yo teníamos un poquito más de tiempo para prepararnos para su partida que sabíamos que vendría.

 

Poco tiempo después, Renee recibió su primera dosis de morfina. Entonces nuestro sacerdote llegó. En privado, el me dió el Sacramento de la confesión. Entonces, en el cuarto de hospital de Renee, utilizando la forma acortada de los ritos que se usan en emergencias, él me introdujo a la Iglesia. Me dió bautismo condicional, y me confirmó. Después de darle a Renee los Santos Oleos, nos dió la Eucaristía, la cual el había traido del tabernáculo en la parroquia. Mi esposa y yo nos comulgamos juntos por primera vez, compartiendo pedacitos de la misma Hostia. Aunque Renee pudo recibir comunión al siguiente día, yo no estuve presente para ello. Esta fué la única vez que los dos compartimos al Señor Jesús de esta manera.

 

Por la inyección de morfina que Renee había recibido inmediatamente antes de que el Padre Wood llegara, ella estaba muy somnolienta durante mi recepción a la Iglesia. Pero ella sabía lo que estaba pasando y trató de participar lo mejor que pudo, como cuando ella logró comerse un pequeño fragmento de la hostia cuando recibimos comunión. Cuando mi recepción a la Iglesia estuvo completa, yo la abracé y le dije que estaba dentro de la Iglesia. Había una hermosa y pacífica sonrisa en su cara – un sonrisa que duró mucho tiempo.

 

Una noche Renee me dió lo que probablemente será el mejor complemento que habré de recibir en mi vida. Yo estaba en la sala de espera del hospital cuando la madre de Renee vino y me dijo que ella estaba pidiendo verme. Fuí a su cuarto y descubrí que ella había despertado y, a pesar de que estaba un poco temblorosa, quería que yo ordenara que se le de otra inyección de morfina. Esto era algo que su madre o cualquiera pudo haber hecho. Todo lo que se requería era presionar el botón de llamadas para que la enfermera venga. Pero aún en su estado semi-inconciente, Renee me necesitaba a mi para que yo lo haga. Muchos en su situación se hubiese retraido a un estado como de niño, aferrándose a sus madres para ser ayudados, pero Renee se aferró a mi. A pesar de estar aturdida y en dolor, el pensamiento sobresalía en su mente: “James esta aquí. James me va a cuidar. El se asegurará de que yo reciba lo que necesito.” Cuando me dí cuenta de esto mi corazon sintío dolor nuevamente por el hecho que la perdía.

 

Después de que ella había estada utilizando morfina por unos cuantos días, yo empecé a preocuparme que Renee estaba durmiendo demasiado. Ella estaba despertando solamente para pedir otra dosis de morfina y luego regresaba a dormir. Temía que ella simplemente dormiría el resto de su vida y yo no iba a tener tiempo de hablar seriamente con ella antes de que falleciera. Yo oré desperadamente de que pudiera tener solamente veinte minutos de tiempo lúcido con ella para decirle varias cosas antes de que muriera.

 

Dios me dió esos veinte minutos, y entre dos siestas de morfina tuve el tiempo que necesitaba para poder tener la conversación con Renee que necesitaba. Yo le dije suavemente cuanto la amaba y cuanto todo el mundo la quería también. Le dije que, cuando ella esté en el otro lado, que ella iba a poder saber lo que estaba en mi mente y ver cuanto la amé. Empecé a llorar. Ella me pidió que pusiera mi cabeza al lado de ella en la cama, y puso su brazo con letargo en la parte de atrás de mi cabeza para darme consuelo de la mejor forma que ella podía. Después de eso me sentí mucho mejor, y sentí que Renee y yo estabamos preparados para su partida de la mejor manera que pudieramos estar.

 

La siguiente mañana le hablé a Scott Hahn por teléfono como a las 10:30 a.m. Los dos nos habíamos hecho amigos por telefóno durante el proceso de mi conversión. El iba a orar frente a la Santa Eucaristía a las 11:00, asi que le pedí que rezara para que Renee responda espiritualmente a las cosas que yo le estaba diciendo, para que ella falleciera rápidamente, y que los doctores no pudieran resuscitarla. Scott fue a rezar frente a la Eucaristía a las 11:00, y Renee murió más o menos a las 11:10. Como me dí cuenta después, Scott estaba frente a Jesús orando exactamente por las cosas que pasaron exactamente en el momento que pasaron – Una coincidencia divina que fue de enorme consuelo para mí. Al final Renee me vió directo a los ojos. Yo le dije que todo iba a estar bien, que confíe en Dios, y que la amaba. Entonces la besé en los labios. Con eso, Renee y yo nos separamos.

 

Yo creo que Dios nos juntó para que nos demos regalos mutuamente. Yo le dí el regalo de librarna del movimiento de la Nueva Era, y al final yo ayudé a darle el regalo de la vida eterna. Renee ayudó que se me diera el regalo del Catolicismo porque como resultado de nuestro matrimonio yo estudié teología Católica con mas fuerza de lo que lo hubiese hecho si no hubiese estado casado con ella. Aún aunque yo estaba estudiando teología Católica para sacarla a ella de la Iglesia, fue ese mismo estudio que me llevo a reconocer que la fé Católica es la fé de la Biblia.

 

Renee aún me da regalos. Una de las cosas que hice en mi conversación con ella el día anterior a que muriera fue darle una lista de cosas por las cuales orar cuando ella esté al otro lado. Ahora ella se ha ido a estar con Cristo, aún si es que ella no está aún completamente unida con El, ella puede orar por mi en una manera más poderosa que de la manera que ella podía hacerlo mientras ella estaba en la tierra.

 

Me conforta saber que Renee esta orando por mi, una intercesora a la que todavía puedo hablar en tiempos de necesidad, quien esta aún ahora pidiéndole a Dios que me muestre como puedo servirle a El en su Santa Iglesia Católica durante el resto de mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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