SOLA SCRIPTURA Y JUICIO PRIVADO
Traducción
Por César Granda
La teoría de Sola
Scriptura es, por supuesto, la afirmación que uno debería basar todas las
enseñanzas Cristianas (todo lo que compete a fe y moral) en Escritura
solamente. Esta doctrina fue creada y definida como una reacción deliberada en
contra y en rechazo de la enseñanza Cristiana histórica.
Desde los días
mas tempranos de la historia de la Iglesia, los cristianos han sostenido que teología
debe ser formulada de acuerdo con tres principios – Escritura Apostólica,
Tradición Apostólica y Magisterio Apostólico (autoridad doctrinal) de la
Iglesia. Los dos primeros de estos
proveían los datos necesarios para conducir investigaciones teológicas mientras
que el tercero servía para formular autoritariamente la interpretación correcta
de los datos presentados por las dos fuentes materiales. Así Escritura y Tradición servían como
principios materiales de teología, mientras que el Magisterio, al permitirnos
saber con seguridad el significado correcto de este material, servían como un
principio formal de teología.
Ya que los
Reformistas Protestantes deseaban sostener enseñanzas las cuales eran
completamente extrañas a la teología Cristiana histórica, ellos tenía que
rechazar el método Cristiano histórico para formular teología, y así no podían
continuar aceptando los tres principios de Escritura, Tradición y
Magisterio. Ellos tenían que rechazar las
enseñanzas del Magisterio porque el Magisterio no estaba de acuerdo con ellos,
y de la misma manera tenían que rechazar Tradición como fuente, porque tampoco
estaba de acuerdo con ellos. Así que se quedaron con la posición de tratar de
formular teología en términos de un solo principio – Escritura – y así la
doctrina de Sola Scriptura nació.
Todo esto es
admitido, con calificadores variantes, por historiadores Protestantes, ya que
es simplemente una hecho histórico que la doctrina de Sola Scriptura
apareció en la historia después de las enseñanzas originales de los
Reformistas. Los Reformistas propusieron
estas enseñanzas a la Iglesia y, cuando el Magisterio se opuso a cambiar su
posición y reafirmó las enseñanzas Cristianas históricas en estos temas, los
Reformistas se vieron forzados a eliminar el Magisterio e Historia (Tradición)
de su método teológico.
Si el Magisterio,
contrario a su misión e indefectibilidad, hubiese cambiando su posición y
rechazado las enseñanzas Cristianas históricas a favor de las nuevas enseñanzas
Protestantes, entonces hipotéticamente, el Magisterio no hubiese necesitado ser
rechazado. Una versión de Sola
Scriptura pudo haber aparecido en la cual solamente la Tradición Apostólica
es eliminada. Sola Scriptura
entonces puedo haber significado que uno debiera basar su teología en el
material presentado en las Escrituras solamente pero como los interpreta
el Magisterio Cristiano viviente.
Sin embargo, el
Magisterio fue prevenido a ceder a las nuevas doctrinas Protestantes por su
indefectibilidad en su misión de mantener las enseñanzas históricas cristianas,
y así tal versión de Sola Scriptura nunca apareció. El Magisterio, juntamente con Tradición
Apostólica, tenía que irse y ser excluidos del método teológico Protestante.
Así que si
alguien hoy en día propusiera un modelo para teología que consistiera de
“Escritura solamente, pero como lo interpreta un Magisterio,” sería rechazado
inmediatamente y de lleno por la comunidad Protestante (excepto talvez por
algunas pocas sectas radicales pequeñas) como una doctrina que no es Sola
Scriptura en lo absoluto. El término “solamente” en “Escritura
solamente” debe ser tomado no solamente para excluir otros principios
materiales de teología (como Tradición) sino también otros principios formales
de teología (como el Magisterio).
Pero si uno tiene que desvincularse de los principios Cristianos
históricos de formular la materia de teología en doctrinas distintivas y
concretas entonces ¿qué debe uno utilizar en su lugar? ¿Cómo va uno a formular
doctrinas si se ha rechazado lo que históricamente ha sido el principio formal?
¿Qué principio formal propondrías en su lugar?
Esta era la pregunta que los Católicos le pusieron a Lutero y a los otros Protestantes, quienes respondieron
que, en la ausencia de algún grupo de Cristianos quienes fueran divinamente
comisionados con la tarea de formular el material de teología, el individuo
mismo debe ser divinamente comisionado con esta tarea. Así fue como la doctrina de un derecho absoluto para el juicio
privado – en decidir por uno mismo cual es la interpretación correcta de la
Escritura – fue creada.
Los Cristianos, por supuesto, desde siempre hemos sido enseñados que
tenemos un derecho a tener juicio propio – que todo individuo tiene el derecho
a pensar e interpretar las Escrituras por uno mismo (es por esto que las
Escrituras han sido siempre leídas en voz alta en Misa, para que hasta los
analfabetos pudieran oírlas y pensar acerca de su significado.) El ejercicio de
juicio privado era concreto y robusto y debía ser promovido por todos los
medios posibles siempre y cuando no fuese utilizado para rechazar aquellas
doctrinas que habían sido determinadas por los Maestros que Cristo escogió (el
Magisterio para representar las enseñanzas auténticas de la Biblia.
Así los Cristianos históricamente hemos sido enseñados un derecho al
juicio privado, pero no un derecho absoluto que derroque la autoridad doctrinal
la cual Cristo mismo estableció en su Iglesia al darle maestros oficiales, como
el mismo Nuevo Testamento lo declara (Efesios 4:11-12). En cualquier área en la cual la autoridad
doctrinal de la Iglesia de Cristo no había dado un pronunciamiento definitivo
(lo cual era y es en la mayoría de las areas), juicio privado era
permitido. Era solamente cuando una
doctrina la cual ya había sido establecida como verdad, tal como la Trinidad,
la completa Divinidad y humanidad de Cristo, la muerte expiatoria y la
resurrección de Cristo, la eficacia de los sacramentos, etc. – que juicio
privado era limitado.
Para poder desechar las enseñanzas del Magisterio, los Reformistas
tenían que superar esta limitación, así que ellos se asieron a un derecho
incondicional y absoluto al juicio privado, de acuerdo con el cual el individuo
tenía el derecho de no estar de acuerdo y públicamente enseñar en contra de hasta
aquellas doctrinas que las autoridades doctrinales establecidas por Cristo ya
habían declarado como verdad.
Esto era necesario como respuesta a la pregunta Católica, “¿Quién eres tú para abolir
una enseñanza Cristiana histórica la cual ya ha sido resuelta por el
Magisterio?, Tu no eres ni siquiera un miembro de ese cuerpo, mucho menos la
totalidad del mismo, y tales doctrinas nunca podrían cambiar para empezar.” En
respuesta a esta pregunta, los Reformistas se vieron obligados a contestar,
“Nosotros no necesitamos ser la totalidad del
Magisterio, o aún miembros individuales del mismo, porque todo Cristiano
tiene el derecho a resolver todas y cada una de las doctrinas por si solo y
no esta sujeto en conciencia a aceptar las resoluciones de maestros los cuales, admitimos,
Cristo estableció que su Iglesia tuviera (Efesios 4:11-12).”
Así la doctrina de juicio privado se convirtió en un componente
necesario de la doctrina de Sola Scriptura. Las Escrituras mismo serían el único
principio material para la teología, y el juicio del individuo sería el único
principio formal, ya que ninguna otra fuente podría ultimadamente y
autoritariamente decir al creyente cual era la interpretación correcta de las
Escrituras. Cualquier teoría la cual
mencione que habría un grupo magisterial de Cristianos
quienes debían interpretar las Escrituras por el individuo recibiría vigorosa
oposición.
Esto es extraño porque, de muchas maneras, esto es exactamente como la
doctrina se aplica en las Iglesias Protestantes. Aun cuando cada miembro de la
congregación tiene el derecho teórico para interpretar las
Escrituras por sí solo, la vasta mayoría de ellos no lo hace.
Puede que haya, en toda congregación, un número de gente que tengan
inclinaciones teológicas activas quienes hacen un estudio bíblico serio, pero
la persona promedio simplemente escucha la exposición dadas a las Escrituras en
el sermón dominical o en los estudios bíblicos semanales y las acepta. El pastor o el líder de estudios bíblicos
expone su punto vista propio con respecto a las Escrituras, y no es rigurosamente
cuestionado por el oyente promedio. La
persona promedio normalmente no trata de obtener comentarios de puntos de vista
opuestos, y los compara con los puntos de vista del pastor, y luego hace un
análisis riguroso de los argumentos de ambos lados.
LA PRIMERA RAZON POR LA CUAL JUICIO PRIVADO NO ES UTILIZADO EN PRÁCTICA
Esto es así aun en denominaciones que tratan de incentivar el
desarrollo de razonamiento teológico en sus miembros, tales como la tradición
Presbiteriana conservadora de la cual yo era parte. Yo estaba en un ambiente teológico mucho más
rico que cualquier otro que yo haya estado previamente, donde había una
proporción mas grande de gente en la congregación que estaban teológicamente
alerta, sin embargo casi todos era oficiales de la Iglesia de alguna forma u
otra (Pastores, ancianos, diáconos, ministros de jóvenes), y ni siquiera todos
los oficiales estaban teológicamente inclinados. Al mirar hacia atrás a la situación, me doy
cuenta que yo era la única persona de la congregación quien no era un oficial
de la Iglesia y que me dedicaba a un estudio teológico serio.
Y esto es lo mismo en toda congregación de la Cristiandad. No existe la “Iglesia de Teólogos” en ningún
lado, y si hubiera, debería ser desintegrada inmediatamente para que el talento
teológico que incluye pueda ser esparcido a otros grupos teológicamente desprivilegiados.
El hecho que el cristiano promedio sencillamente no se inclina a la
teología es algo que era obvio hasta en mi denominación que era altamente
pro-intelectual. Es una realidad básica
de la vida eclesial, y nada en la historia del mundo ha podido cambiarla. Mi pastor Presbiteriano una vez me dijo
privadamente, y lamentándose, “Las personas son ovejas. Es por eso que la Biblia las pinta como
tales, y es por eso que es tan importante que ellos tengan un buen pastor.”
Esta necesidad imperativa de ser guiados por
un pastor es la “realidad amarga” (desde el punto de vista Protestante) que es
“metida debajo de la alfombra” con la doctrina de Sola Scriptura. Los que ocupan el liderazgo en todas y cada
una de las Iglesias Protestantes saben que el miembro
promedio no va, sin importar lo que hagan, a llegar a ser un teólogo avanzado,
mucho menos un interprete totalmente maduro de las Escrituras, sin embargo
ellos continúan haciendo un gran alarde de la idea que tu puedes interpretar la
Biblia por ti mismo y que las Escrituras deberían siempre ser tu primer y
último recurso, cualquier cosa que cualquier persona diga sería sencillamente un factor secundario, una interpretación sugerida que tu puedas tomar en
cuenta mientras evalúas las Escrituras por ti mismo.
De este modo interpretación privada se mantiene solamente
hipotéticamente, un sueño para algún mundo Cristiano idealizado, pero que no es
para ser practicado en este mundo. Sola
Scriptura termina significando que el Cristiano promedio tiene el derecho a interpretar
la Biblia por si mismo, pero este es un derecho ejercido muy raramente de
manera consistente.
LA SEGUNDA RAZON POR LA
CUAL JUICIO PRIVADO NO ES EJERCIDO EN PRACTICA
Cuando este derecho es ejercido consistentemente, cuando el individuo
realmente da a las enseñanzas de su pastor y de su denominación un riguroso
análisis, es muy probable que se de cuenta que su previa apatía
teológica no es la única barrera a poder ejercer el derecho absoluto a juicio
privado. Hay una segunda barrera, porque
si llega a la conclusión que el pastor o la denominación están sencillamente
equivocados acerca de algo que él considere importante, entonces el individuo
es casi siempre confrontado con dos opciones:
Mantener su boca cerrada al respecto y no ir tratando de defender su
interpretación privada en la congregación (esto produciría una crisis de
liderazgo y perturbaría la tranquilidad de las ovejas) o simplemente abandonar la congregación e irse con su
interpretación privada a algún otro lado.
Cualquier laico que trate de permanecer en una congregación y que
defienda una posición diferente en algún tema que el pastor o la denominación
considere importante va a recibir una presión primeramente sutil y luego no
sutil para que se mantenga callado o que se vaya, y si él no hace ninguna de
las dos cosas entonces el individuo es finalmente expulsado del cuerpo
eclesial.
Y, por supuesto, esto es totalmente necesario. Todo grupo se mantiene junto al tener ciertos
principios fundamentales en los cuales están de acuerdo, que forman la base de
su unión, y si alguien insiste en negar uno de estos axiomas básicos que se
comparten y que mantiene junto al grupo entonces él debe ser expulsado o el
grupo entero corre peligro de disolverse – un fenómeno bastante familiar dada
la multitud de divisiones en el mundo Protestante.
(Algo que siempre sorprende a Protestantes [sobre todo en EE.UU., donde
los Católicos son minoría] cuando empiezan a asistir a parroquias Católicas es
cuan grande la parroquia promedio es – la cual usualmente esta constituida por varios miles de personas. La razón es
que las parroquias no se dividen como las Iglesias Protestantes, por eso se
necesita que solamente haya un suficiente número de ellas para cubrir las
necesidades pastorales de la comunidad Católica local; el número de parroquias
se multiplica solo por esta razón y no por divisiones doctrinales.)
La hipocresía no es la expulsión de disidentes, sino el que la promesa de permitir juicio
propio no se cumpla, de que se lo promueva con un continuo repique retórico al
tema e incentivando a los fieles a criticar y condenar a otras denominaciones
que no predican este principio, cuando en realidad la promesa es: “Tu tienes el
derecho absoluto a interpretar las Escrituras por ti solo, pero te vamos a
echar fuera si no estas de acuerdo con nosotros en algo que consideremos
importante.”
“Espérate un momentito,” alguien podría decir, “¿No es la acusación de
hipocresía un poco fuerte? Después de todo, si una persona llega a conclusiones
opuestas a las del grupo en el que está, él puede siempre ir a unirse a otro
grupo con puntos de vista que estén de acuerdo con los suyos.”
Pero la persona que ha ejercido su derecho a juicio privado puede
responder, “Pero no quiero apartarme de este grupo de personas a quienes
he llegado a conocer y querer a lo largo de los años, entre los cuales fui
criado, escogí mi esposa, me casé, tuve mis hijos, y planeaba ser enterrado, y
entre los cuales tengo a todos mis amigos.
El costo personal para mi y mi familia si nos apartamos es bastante
grande.
“Además, precisamente porque amo a esta gente es
que quiero que tengan la verdad, y yo creo que en este tema importante ellos
están siendo seriamente mal llevados.
“Y aun si es que decido apartarme e irme a algún otro lado, puede que
no haya ningún grupo de gente que comparta mis creencias. Supongamos que he decidido que hablar en
lenguas es para hoy, que Calvinismo es verdad, que los niños no deben ser
bautizados, y que el sacramento del bautismo regenera. ¿Dónde me voy a ir? No
hay muchas Iglesias Calvinistas
Carismáticas Bautistas que enseñen regeneración sacramental. Cada una de esas doctrinas es una de las
enseñanzas principales de denominaciones Protestantes diferentes, pero ninguna
denominación mantiene todas mis creencias en estos asuntos claramente
importantes. Y aun si es que hubiera una iglesia
que enseñara todas estas doctrinas, ciertamente no hay una en mi
ciudad.
“¿Debería yo empezar mi propia iglesia? Noooo, eso sería
pastoralmente irresponsable al extremo.
Yo soy solo un laico quien ha ejercido su derecho absoluto a juicio
privado. Yo no soy un escolar bíblico;
yo no soy un predicador entrenado; yo no soy un consejero pastoral; no tengo
ningún conocimiento en administración y finanzas de una iglesia. Sería un verdadero desastre como un plantador
de iglesia. Ese no es mi llamado.
“Así que la sugerencia de ‘ir a algún otro lado donde la gente cree
como tu’ es realmente una promesa hueca para mi, y mis opciones todavía son
‘Calla y no ejerzas públicamente tu derecho absoluto a
juicio privado’ o ‘Se un extraño para nosotros y para cualquier otra
congregación a la que quieras unirte.’ Así que es hipócrita que me diga
que tengo este derecho absoluto que yo debo apreciar, atesorar y defender –
pero el cual me va a prohibir utilizarlo aquí en mi propia comunidad.
“Además, usted no debe hablar de otras comunidades las cuales creen
cosas diferentes como si esto fuese una cosa normal o deseada – un “valor de
soltura” perfectamente aceptable para el ejercicio de juicio privado. Solamente puede haber un solo grupo de doctrinas
verdaderas, y Jesús quiere que las tengamos y sigamos. La existencia de múltiples grupos de
enseñanzas Cristianas que son contradictorias y competitivas entre sí es una
tragedia, la realización de la profecía de Pablo: ‘Porque vendrá tiempo cuando no toleraran la sana
doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a
sus propios gustos’ (2 Timoteo 4:3). Eso
es exactamente lo que usted me está incentivando a que haga – anda y busca
maestros que estén de acuerdo con tus propios gustos. ¡Usted me está
aconsejando a que cumpla la profecía de Pablo acerca de la separación de
las verdaderas doctrinas de Cristo!
“Nunca debe hablar de ir a unirse a un grupo que
enseñe doctrinas diferentes como si fuera una cuestión de indiferencia y decir,
‘¡Bueno, si no te gusta esta, anda y trata esa otra’! ¡Las enseñanzas de Cristo
no son cuestión de indiferencia! Si usted cree que usted las tiene entonces
debe hacer todo lo posible por “re-educarme” y, si tiene que botarme de la
congregación, no debe incentivarme para que yo piense que ir a otra
denominación a aceptar sus doctrinas – las cuales usted afirma que son falsas –
es una cuestión de indiferencia. ¡Usted está buscando una salida fácil a una
situación pastoral difícil! ¡Usted está tratando de deshacerse de este dilema
dirigiéndome a que vaya a otra iglesia!”
Por mi lado, yo aconsejaría a la persona a que se acerque con el
corazón tan suavemente como pueda a los lideres de su iglesia, sin importar
cuanto haya sido maltratado al evitar que utilice un derecho absoluto el cual
se le prohíbe ejercer en práctica, aunque él tenga razón en lo que dijo. Ya que, aunque sus pastores están sumergidos
en hipocresía, es mayormente una hipocresía inconsciente.
Ellos deben predicar el derecho absoluto a juicio privado para
garantizar su propio derecho a interpretar y explicar en detalle las
Escrituras en público. Ellos no tienen
ninguna otra base para hacer esto. Si
concluyeran que la persona promedio no tiene el derecho absoluto a interpretar las
Escrituras por sí mismo, entonces ¿Cómo van a saber si es que ellos
mismos tienen este derecho absoluto? No podrían saberlo. Se verían forzados a unirse a una iglesia
cuyos líderes han sido confiados con la tarea de interpretar las Escrituras,
tendrían que abandonar sus propias posiciones de autoridad, y convertirse en
parte del rebaño. Los pastores tendrían
que convertirse en ovejas.
La doctrina de
juicio privado es así lo que justifica sus propias posiciones de autoridad, lo
que quiere decir que ellos necesitan mantener y desarrollar esta doctrina en teoría. Al mismo tiempo, ellos reconocen que deben
proteger su grupo evitando que se divida debido a disidencia, y así deben
prohibir en práctica el ejercicio
libre y público de este derecho absoluto dentro de su grupo. Están entre la espada y la pared. Ellos deben enseñar la existencia de este
derecho para justificar su propio liderazgo del grupo, sin embargo no pueden
permitir a otros que ejerzan públicamente este derecho dentro del grupo o de lo
contrario se dividiría. Tienen que
solamente permitirse a ellos mismos el libre ejercicio de un derecho el cual
ellos enseñan que todos los Cristianos lo tiene innatamente.
En vez de
afrontar esta horrible realidad, la cual cuando se la ve a la cara es una
hipocresía grotesca, ellos desvían sus ojos de ella y simplemente nunca piensan
al respecto. Así que es una hipocresía
inconsciente al menos en su mayoría.
Pueden pasar todo su tiempo exponiendo la doctrina de juicio privado,
sabiendo que solo ocasionalmente alguien en la congregación va a causar tumulto
al apegarse pertinazmente a su derecho a ejercer juicio privado. El problema más normal y común es en realidad
lo contrario – lograr que la gente analice las Escrituras y doctrinas, y para
lograr que hagan esto, la predicación de la doctrina de juicio privado va de
hecho a ayudar, porque si Dios les ha confiado con la tarea de interpretar las
Escrituras por sí mismos, entonces ellos ciertamente necesitan ser exhortados a
que cumplan con esta tarea.
Así, el predicar
la doctrina de juicio privado, tiene un rol constructivo, se puede decir, en
las iglesias Protestantes, ya que va a lograr que la oveja emplee por lo menos algo
de tiempo a las Escrituras y teología y solo ocasionalmente (aunque es mas
común de lo que uno piensa, por eso existen miles de denominaciones
protestantes) una oveja va a tratar de ejercer su derecho a juicio privado de
una manera consistente y pública y tratar de usurpar el rol del pastor. Y, por supuesto, esas personas son simplemente teológicamente presuntuosas
para empezar ¿verdad? De lo contrario no hubiesen sido tan problemáticos y se
hubieran mantenido callados o se hubiesen ido calladamente en vez de perturbar
la tranquilidad del rebaño bajo el pastor (sarcásticamente hablando).
Por eso los
pastores Protestantes se sienten cómodos al predicar la doctrina de juicio
propio – y hasta pública y orgullosamente critican con fuerza a aquellas
iglesias que no lo predican – y muy raramente o nunca seriamente analizan la
contradicción entre la teoría de esta doctrina y si en realidad es posible
implementarla en la practica. Su
hipocresía es inconsciente, haciéndola perdonable, porque no es abierta, ni
deliberada, ni maliciosa.
LA PRIMERA RAZON PARA LOS MAGISTERIOS PROTESTANTES
Y así las iglesias Protestantes se desenvuelven, enseñando a sus miembros que ellos tienen el derecho
absoluto a interpretar las Escrituras por ellos mismos, sin embargo continúan
desempeñándose como si hubiese una clase
especial de personas dentro de ellos – un Magisterio – a quien realmente se le ha sido
confiada la tarea de interpretar las Escrituras por y para la gente. Y, para que el
grupo sobreviva, las interpretaciones de este Magisterio tienen la fuerza de la
ley de modo que aquellos que entren en disidencia abierta y pública pueden ser
expulsados para mantener la salud
La iglesia Protestante típica, de este modo, reinventa el sistema
Católico que conscientemente desprecia.
Lo hace por necesidad, ya que no hay forma de mantener un grupo
organizado y saludable que trabaje en armonía sin tener alguien con la
autoridad de determinar lo que el grupo va a hacer y que expulse aquellos que
no colaboren. No se puede tener un grado
con estudiantes, un grupo de trabajadores, un club social o una nación sin
alguien que tengan algún tipo de autoridad, y ciertamente no se puede tener una
iglesia sin autoridad tampoco. Alguien
en cualquier grupo debe poder decir, “Esto es lo que el grupo va a
hacer” y “Si no lo hacen y van a oponerse constantemente y públicamente,
entonces no pueden ser parte del grupo. Deben dejar el grado, el grupo de
trabajo, el club social, sociedad, o iglesia.”
Ya que el Nuevo Testamento claramente indica que Jesús quiso que
organizáramos iglesias – Los argumentos del movimiento no-denominacional
“Iglesia de Casa” no son válidos – Cristo claramente indicó que alguien
dentro
de estas iglesias debía tener algún tipo de autoridad.
De esta manera leemos en el Nuevo Testamento de evangelistas o
supervisores (obispos), presbíteros o ancianos (sacerdotes) y diáconos. Leemos de cómo los diáconos deben asistir a
los líderes más altos y aliviarlos de tareas las cuales los apartarían de la
Palabra de Dios y de oración (Hechos 6:2-4).
Leemos de cómo los presbíteros (sacerdotes) deben laborar en enseñanza y
administración (1 Timoteo 5:17b). Leemos
de cómo los evangelistas/obispos (cf. 2 Timoteo 5:4) deben designar (1 Timoteo
5:22, Tito 1:5) y disciplinar a los presbíteros, premiando a aquellos que
“gobiernan bien” (1 Timoteo 5:17a) y reprobando abiertamente a aquellos que
persisten en pecado (1 Timoteo 5:20). Y, los más importante, leemos la instrucción
a laicos a “obedecer a sus líderes y a someterse a su autoridad” (Hebreos
13:17a) por que ellos “los presiden en el Señor” (1 Tesalonicenses 5:12).
De este modo Jesús proveyó a las necesidades de su Iglesia, le dió
pastores a su rebaño. “Y él
mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a
otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, ... para que ya no seamos
niños fluctuantes, llevados por doquiera por todo viento de doctrina ...”(Efesios
4:11-14).
Por las
necesidades de la Iglesia, porque la gente habría sido llevada por doquiera por
todo viento de doctrina, inseguros de que creer y a menudo cayendo en error,
Dios proveyó maestros. El individuo
promedio no se supone que debe hacer todo solo.
Se supone que debe tener un maestro.
Cuando veamos a Dios totalmente en el reino entonces la promesa
será cumplida que “no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su
hermano, diciendo: ‘Conoce al Señor’; porque todos me conocerán, desde el más
pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Señor” (Jeremías 31:34).
La promesa de la
Nueva Alianza todavía se tiene que cumplir, pero por ahora Cristo constituyó
que deberían ser “algunos evangelistas, algunos pastores y maestros,” y el
propósito expresado de esto es que “ya no seamos ...
llevados por doquiera por todo viento de doctrina.”
Cristo así ha establecido
un Magisterio – una autoridad doctrinal – en su Iglesia, como lo reconocen
hasta los Protestantes, ya que ellos si tienen pastores y maestros a quienes ellos proclaman haber sido llamados por Dios a
desempeñar estos roles.
Esta es la
segunda razón por la que la hipocresía que se deriva de la doctrina de juicio
privado es inconsciente. Estos líderes
Protestantes leen la Biblia. Todos ellos
conocen y saben acerca de estos versos. Les
es claro a ellos como lo es a todos los demás que Dios quiso que hubiese
maestros en su Iglesia, gente quienes enseñarían en el nombre de Dios y quienes
fueron llamados por Dios a hacer esto.
Así que ellos saben, porque la Biblia lo dice, que tendría que haber
gente en sus posiciones; ellos simplemente nunca piensan en las implicaciones
de eso y no logran notar la disonancia cognitiva que esto genera con la
doctrina de juicio privado.
Cristo claramente
quizo que hubiese una autoridad doctrinal, un Magisterio operacional en la
comunidad Cristiana, y ambas comunidades (Católica y Protestante) los
tienen. La diferencia es que Católicos abiertamente reconocen que la autoridad doctrinal
es una entidad, mientras que Protestantes tienden a rebajarla y minimizarla por
la doctrina de juicio privado.
Esta situación de
ignorar una función que uno debe desempeñar lleva a malas consecuencias, tal y
como lo hace el ejercicio inatento de autoridad, y como resultado la comunidad
Protestante sufre.
Ya que la Iglesia
Católica es abierta con respecto al rol de la autoridad doctrinal en la
comunidad Cristiana, ha tenido la oportunidad de analizar más el asunto, y
tiene un mucho mejor entendimiento del mismo, y por ende administra el rol
mucho mejor. El Magisterio Católico,
porque se da cuenta que sus decisiones son autoritarias y ponen en obligación
las conciencias de los creyentes para que no sean llevados por doquiera por todo
viento de doctrina, es muy precavido y cuidadoso cuando habla (aún cuando no
sean resoluciones infalibles). Utiliza
un lenguaje muy preciso y hace pronunciamientos muy cuidadosos y angostos en
cualquier materia.
En contraste, ya
que están ejerciendo autoridad magisterial de una manera significativamente
inconsciente e irreflexiva, los Magisterios en iglesias Protestantes tienden a
medirse mucho menos en sus pronunciamientos, y los pastores en iglesias
Protestantes a menudo enseñan a brochazo grande, sin reflexión cuidadosa y sin
especificar calificadores importantes, y les dicen a su gente que deben creer
como revelado por Dios alguna interpretación la cual meramente le pareció una
buena idea al pastor.
Esto es
especialmente problemático en denominaciones menos intelectuales donde los
pastores no reciben un entrenamiento académico que les enseñe la importancia de
matices y calificadores en sus enseñanzas.
Por ejemplo, el individuo bajo cuyo ministerio yo me introduje al mundo
Cristiano por primera vez, a menudo hablaba de cómo el había crecido en una
Iglesia de la Asamblea de Dios, la cual era una de las doce en ese pueblo las
cuales se habían separado de una iglesia de la Asamblea de Dios raíz que era la
original en aquel pueblo. Las divisiones
habían sido a causa de razones insignificantes que fueron presentadas como
divisiones doctrinales importantes. Una
división fue causada cuando la gente empezó a enseñar que era pecado tomar
café. Otra fue causada cuando apareció
una enseñanza que decía que uno no debería utilizar corbata. Una tercera división se dio por un desacuerdo
en que si se debe o no utilizar basta en los pantalones. De hecho, el padre de este individuo era el
pastor de la Iglesia de la Asamblea de Dios “descorbatada” en aquel pueblo.
Todo esto son
cosas que el Magisterio de la Iglesia Católica no toleraría, sin embargo los
Magisterios de estas iglesias Pentecostales no solamente toleran estos asuntos
sin sentido, sino que se convierten en razones para que se dividan sus
iglesias, y ya que la gente pertinazmente se apega a su derecho de interpretar
los oráculos de Dios, los mismos miembros de la congregación son la causa de
que se den estas divisiones. Basados en
su derecho absoluto a juicio privado, unido a la concepción de que uno siempre
puede sacar las estacas y empezar su propia iglesia, una congregación original
y unificada fue dividida en trece cuerpos eclesiales competitivos que tratan de
robar ovejas el uno al otro.
Ahora, la mayoría
de los Magisterios Protestantes no tolerarían este tipo de cosas que pasaron
ahí, pero si toleran otras cosas que no deberían, y hasta dividen sus iglesias
por cosas que ellos mismo reconocen no son materia de doctrina. A veces una iglesia se divide por desacuerdos
en que si un nuevo edificio debe ser construido, o por razones de manejo del
dinero para el edificio, o por la ubicación del nuevo edificio, o por la
arquitectura del edificio, o por el color de la alfombra, o por discusiones
acerca de que si la iglesia esta enfocándose en el grupo socio-económico
correcto en la comunidad. A veces un
pastor de jóvenes popular o hasta el director del coro tiene un altercado con
el pastor principal, y se separa de la iglesia y se va a otro lado, y se lleva
la mitad de la congregación con él (de hecho eso pasó cuando el director del
coro se salió de lo que había sido la iglesia Protestante mas grande del pueblo
de donde yo soy, una iglesia Bautista que tenía varios miles de miembros).
Cuando estaba en
una de las primeras fases de la investigación que eventualmente me llevaría a
la Iglesia Católica, la connotación completa de los mandatos de Jesús acerca de
la unidad de la Iglesia me afectaron por primera vez, empecé a agonizar acerca
del estado de la denominación en la que me encontraba que era la Iglesia
Presbiteriana de América (IPA). La denominación hermana del IPA se llama la
Iglesia Ortodoxa Presbiteriana (IOP), y las dos se suscriben a la misma edición
de la Confesión de Fe de Westminster, lo que quiere decir que tenían el mismo
estándar de enseñanza, sin embargo se mantenían separados. La IPA opinaba que la IOP era demasiado
estricta; la IOP opinaba que la IPA era demasiado progresiva. La IPA opinaba que la IOP era demasiado
burocrática, formando comités para cada cosita; la IOP opinaba que la IPA era
demasiado floja en el gobierno de la iglesia.
Sin embargo, a pesar de que las dos iglesias tenían las mismas creencias
doctrinales, difiriendo solamente en materias de estilo, administración, y
énfasis, ellos no estaban haciendo ninguna moción y hasta se resistían a
mociones que puedan culminar en la unión de las mismas. Yo me preguntaba, “¿Cómo podemos nosotros, en
estas dos denominaciones que tienen los mismos estándares de enseñanza, afirmar
que estamos siguiendo las enseñanzas de Jesús en la unidad de la Iglesia si no
podemos ni siquiera unirnos nosotros mismos?”
Esas dos
denominaciones estaban dispuestas a permanecer separadas, en violación
flagrante a las enseñanzas de Jesús en la unidad visible de la Iglesia, por
razones que ya no eran doctrinales, sino que tenían que ver con estilo,
administración y énfasis. La razón, por
supuesto, era la actitud mental de “Si no te gusta, empieza tu propia iglesia”
que en este contexto sería la actitud mental de “Si es un inconveniente unirse,
quédate separado.” Este es el efecto de disipación de lo que era originalmente
un principio que abogaba división de la iglesia por materias doctrinales. Ahora se había deteriorado y podrido hasta
que se convirtió en una disposición a separación por razones no-doctrinales, y
una correspondiente indisposición a unirse si es un inconveniente debido a
materias no-doctrinales.
LA RAIZ DEL PROBLEMA
Por demasiado
tiempo el mundo Protestante había abogado por un principio que sugería que la
solución a mala enseñanza era cisma, y ahora ha mutado a una forma que sugiere
que la solución a problemas administrativos, desacuerdos políticos, e
inconveniencia es cisma también. Al
meditar al respecto, se me hizo más y más obvio que tales situaciones que
gobiernen las decisiones acerca de que si Cristianos deben o no afiliarse nunca
deben ser permitidas. Concluí que la
solución de Cristo a mala enseñanza no era cisma, sino buena enseñanza.
Sin embargo
porque la practica de entrar en cisma se había hecho tan pandémica en círculos
Protestantes, había generado una gran cantidad de Magisterios en competición
los cuales están totalmente fuera de control y están dispuestos a dividir
iglesias por razones doctrinales insignificantes (como con las iglesias de la
Asamblea de Dios que mencioné) o por proyectos y razones de personalidad (como
con la iglesia Bautista que mencioné) o para oponerse a siquiera intentar
obedecer las enseñanzas de Cristo en la unidad de la Iglesia debido a la inconveniencia
que representa (como con las iglesias Presbiterianas que mencioné).
Cada grupo tiene
su propio Magisterio – su propia autoridad doctrinal – pero porque están
basados en la doctrina de juicio privado, ellos incentivan divisiones y
terminan operando de una manera caprichosa y descuidada, ignorando
garrafalmente las enseñanzas de Cristo y de hecho incentivando que los
creyentes sean llevados por doquiera por todo viento de doctrina. Ellos son los que crean los vientos de
enseñanza. A través de sus enseñanzas,
publicaciones, y mecanismos de publicidad ellos, en efecto, han apuntado sus
grandes desnevadoras mecánicas al mundo Cristiano, tratando de barrer a cuantos
se les haga posible a su propia esfera de influencia. Al generar los vientos de doctrina ellos
están actuando en contra del propósito por el cual Cristo estableció un
Magisterio en primer lugar, el cual era para prevenir confusión doctrinal y dar
a gente ordinaria seguridad en sus creencias.
Yo por eso me he
visto forzado a concluir que el principio de juicio privado – una parte
inherente e indispensable del Protestantismo – lleva inevitablemente a la
formación de múltiples Magisterios competitivos, lo cual hace obsoleto al
propósito de tener Magisterios en primer lugar.
Ya que “Dios no es un Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios
14:33), El no puede ser el autor del caos doctrinal en el mundo Protestante, y
ya que este caos esta enraizado en la mera esencia del Protestantismo mismo,
debido al principio de juicio privado, Dios no puede ser el autor del
Protestantismo.
El no fundó su
Iglesia en principios garantizados, que por su mismísima naturaleza, traen caos
y confusión. En vez de ello, El
“constituyó a unos a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros ... para que ya no seamos
niños fluctuantes, llevados por doquier por todo viento de doctrina.” El estableció un Magisterio precisamente para
prevenir la confusión doctrinal causada por una multitud de gente
exponiendo sus juicios privados en público.
LA AUTORIDAD DEL MAGISTERIO Y JUICIO PRIVADO
Ya que el
Magisterio es un componente esencial de la Iglesia y autorizado por Dios, debe
tener una correspondiente autoridad y debe poder restringir juicio privado para
que no vaya mas allá de ciertos límites.
Juicio privado sin límites es precisamente el problema el cual Dios
estableció que el Magisterio curara.
Simplemente no hay forma de armonizar la existencia de un Magisterio
divinamente autorizado y un derecho absoluto a juicio privado.
Puede haber y
hay una armonía entre el Magisterio y un derecho limitado a juicio
privado, y esto es lo que nosotros encontramos en la Iglesia Católica. Individuos laicos y teólogos pueden ejercer
su juicio privado al leer las Escrituras todo lo que quieran siempre y cuando
no transgredan lo que el Magisterio ya ha resuelto conclusivamente. Existen
dominio libre para juicio privado y opinión dentro de los límites de enseñanza
Cristiana establecida. Es el cruzamiento
de estos límites para lo cual el Magisterio fue establecido a prevenir.
Esta es la manera
en la cual el intelecto del individuo es armonizado con la autoridad doctrinal
de Cristo, ejercida a través de su Iglesia.
Dios dio a cada individuo un alma racional la cual, si no es impedida,
le permitirá aprender, entender y conocer las Escrituras y enseñanzas de
Cristo. Este ejercicio de interpretación
privada debe ser incentivada y desarrollada. La gente ha recibido una facultad de Dios, y
ellos deben ser incentivados a cumplir la responsabilidad que esta facultad
acarrea.
Pero la gente no
ha sido dada la facultad o la responsabilidad de construir teología Cristiana
desde sus fundaciones por sí solos. El Cristiano promedio no ha sido dado la responsabilidad para
hacer esto, ni la habilidad para hacerlo.
Ni siquiera los obispos quienes constituyen el Magisterio tienen la
responsabilidad o la habilidad para hacer esto como individuos. Ni siquiera el Papa mismo tiene esta
responsabilidad o habilidad, ya que él mismo tiene que atenerse por todas las
decisiones anteriores del Magisterio. Ningún individuo, desde el día que la
revelación pública o universal (católica) paró, ha tenido el derecho o la
responsabilidad para decidir toda la fe Cristiana por sí solo, ni siquiera los
órganos del Magisterio que Dios creó.
Así no es el caso
que el Magisterio puede simplemente decidir lo que quiere que la gente enseñe y
que les obliga a creer eso. El Magisterio mismo tiene que atenerse a las
enseñanzas infalibles definidas previamente y, aunque puede introducir más a
fondo en la materia y añadir más claridad a la misma, no puede negar lo que ya
ha sido infaliblemente establecido (consecuentemente, nunca lo ha hecho). Así, bajo el ejercicio de la autoridad
doctrinal divinamente asignada, la teología Cristiana crece orgánicamente, no
mutagénicamente. Más profundidad,
claridad, y contexto es añadido a lo que ya ha sido establecido, pero lo que ha
sido establecido permanece establecido, como era la intención de Dios desde el principio.
No hay lugar en
el plan divino para que la teología Cristiana sea desechada y reconstruida
desde los fundamentos. Eso es lo que
genera los vientos de doctrina que el Magisterio debe combatir. Es la tarea del Magisterio ver que la
teología Cristiana crezca de una manera estable, ordenada, y orgánica.
No puede haber
periodos de “rebuteo” o reestablecimiento de teología Cristiana. Si los hubiera, si la teología de la Iglesia
pudiera degenerarse de tal manera que periódicamente tuviera que se desechada y
reconstituida desde abajo, entonces la Iglesia no sería “el pillar y fundación
de la verdad,” como lo declara el Nuevo Testamento (1 Timoteo 3:15), y el
Magisterio no podría cumplir su función de prevenir que los fieles sean
llevados por todo viento de doctrina.
Los creyentes no podrían tener seguridad de que ellos no están viviendo
en uno de los tiempos teológicamente corruptos antes del “rebuteo”; ni tampoco
pudieran tener ningún sentido de seguridad doctrinal durante el “rebuteo”,
cuando la teología está siendo reformulada al apuro; ni tampoco podrían tener
ninguna seguridad después del “rebuteo”, ya que ellos no podría saber si es que
la teología – especialmente la teología en sus denominaciones – ha sido
reformulada de la manera correcta.
La idea de darle
“rebuteos” periódicos a la teología Cristiana, en vez de desarrollos lentos y
orgánicos hacia mayor claridad y profundidad, roba al creyente promedio, que no
es un teólogo, de tener la seguridad que su iglesia le esté impartiendo las
enseñanzas reales de Cristo, haciéndolo de esta manera vulnerable a enseñanzas
competitivas, y así evitando que los maestros que Dios ha asignado puedan
cumplir con su misión de anclar al creyente promedio de manera que no vaya a
ser llevado por vientos de afirmaciones doctrinales contrarias.
De hecho, los
intentos de “rebuteo” en el pasado han sido lo que ha causado estos
vientos. Al desechar y reformular la
teología histórica Cristiana, la gente no llega a las mismas conclusiones con
respecto a lo que se quiere reformar. De
este modo, la Reforma produjo un sin número de sectas nuevas – Luteranos,
Calvinistas, Mennonitas, Anglicanos, Bautistas, Metodistas, entre otros.
Y, por supuesto,
cuando la gente no se pone de acuerdo en doctrinas, algunos de ellos van a
estar equivocados, y van a enseñar herejías.
Cuando la gente trata de “rebutear” el sistema, herejía y cisma son las
consecuencias inevitables, de la misma manera como error de sistema y archivos
corruptos son el resultado de rebutear una computadora mientras su software
está corriendo. El programa de la
Iglesia Cristiana debe ser permitido que corra hasta el final. Solamente de esta manera se puede garantizar
la precisión de los resultados.
Todo lo que se
logra es reinventar los errores del pasado que el programa ya había
eliminado. Así, hoy en día vemos
herejías tales como Gnosticismo, Arianismo, Sabelianismo, y politeísmo
reapareciendo en los nuevos semblantes de Cristiandad de la Nueva Era, los Testigos de Jehová,
Pentecostales Unicitarios, y los Mormones,
respectivamente, los cuales todos empezaron como intentos de desechar
enseñanzas Cristianas históricas y “rebutear” el sistema.
Protestantismo
mismo, por supuesto, empezó como un intento de “rebuteo” teológico, y al
incorporar en sí mismo el principio de juicio privado absoluto, se infectó él
mismo con la herejía mas vieja de todas, que comenzó en el Jardín del Edén con
la cual la humanidad fue tentada originalmente – el principio de que el
individuo sea ultimadamente quien decida por sí mismo lo que es correcto y lo
que no es en vez de confiar en Dios para proveer esto según Sus planes.
En su encíclica El
Esplendor de la Verdad (Veritatis Splendor), el Papa Juan Pablo II escribe:
“Leemos en el libro del Génesis: ‘Dios impuso al
hombre este mandamiento: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas
del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que
comieres de él, morirás sin remedio"’ (Gn 2, 16-17).
Con esta imagen, la Revelación enseña que el poder de
decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre,
sino sólo a Dios. El hombre es
ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los
mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, porque puede comer «de
cualquier árbol del jardín». Pero esta libertad no es ilimitada: el hombre debe
detenerse ante el árbol de la ciencia del bien y del mal, por estar
llamado a aceptar la ley moral que Dios le da. En realidad, la libertad del
hombre encuentra su verdadera y plena realización en esta aceptación. Dios, el único que es Bueno, conoce
perfectamente lo que es bueno para el hombre, y en virtud de su mismo amor se
lo propone en los mandamientos.
La ley de Dios [cuando el Espíritu Santo inspira a
seguirla], pues, no atenúa ni elimina la libertad del hombre, al contrario, la
garantiza y promueve. Pero, en contraste
con lo anterior, algunas tendencias culturales contemporáneas abogan por
determinadas orientaciones éticas, que tienen como centro de su pensamiento un
pretendido conflicto entre la libertad y la ley” (Veritatis Splendor 35).
Dios
dio a Adán y Eva intelectos racionales los cuales Él esperaba que utilizaran en
buscar la verdad, pero Él no les confió la tarea de ultimadamente decidir lo
que está bien y lo que está mal por sí solos.
Él mismo debía decirles lo que está bien y lo que está mal, y ellos debían
entonces utilizar sus intelectos dentro de estos límites para aplicar las
enseñanzas de Dios.
Sin
embargo ellos decidieron que querían ser como Dios y tener autoridad absoluta
sobre lo que tenían que creer y hacer, y esto es lo que los destruyó y condenó
a miles de millones de seres humanos al infierno. Fue la aserción pertinaz de las facultades
decisivas intelectuales de uno en la cara de Dios lo que causó que cayera toda
la raza humana; fue la aspiración a un derecho ilimitado a juicio privado, a
simplemente ver la evidencia y decidir por uno mismo.
Esta
es la tentación de todo intelecto humano rebelde, preferir los juicios e
interpretaciones propias de uno a la de los que Dios autorizó. San John Henry Newman, escribe elocuentemente
al respecto en la “Respuesta General a Kingsley” al final de su Apologia
Pro Vita Sua, y él explica los medios que Dios ha establecido para
combatir este pecado original:
“Empezando entonces con el ser de Dios...Veo fuera de mi
mismo al mundo del hombre, y ahí veo una visión que me llena de un dolor
inexplicable...La vista del mundo no es nada mas que el pergamino del profeta,
lleno de ‘lamentaciones y lloros y penas.’
“Considerar al mundo en su longitud y aliento, su
historia variada, las muchas razas de hombres, sus estrellas, sus fortunas, su
alieneación mutua, sus conflictos...las decepciones de la vida, la derrota del
bien, el éxito del mal, dolor físico, angustia mental, el predominio e
intensidad del pecado, las idolatrías trascendentales, las corrupciones, la
irreligión triste y sin esperanza, esa condición de toda la raza, tan temida y
sin embargo exactamente descrita por las palabras del Apóstol, ‘teniendo ninguna
esperanza y sin Dios en el mundo’—toda esta visión causa confusión e impacta...
“¿Qué se dirá acerca de esta realidad que penetra el
corazón y desconcierta la razón? Solo puedo contestar que o no hay Creador o
esta sociedad viviente de hombres está en sentido propio descartada de su
presencia. ...Y así pongo mi argumento en contra del mundo... ya que si hay
un Dios, la raza humana está implicada en alguna horrible calamidad
aborigen. Está descarriada de los
propósitos de su Creador. Esta es una
realidad tan verdadera como la realidad de su existencia; y así la doctrina de
lo que se llama teológicamente pecado original se hace para mí casi tan cierta
como el hecho que el mundo existe, y como la existencia de Dios.
“Y ahora, suponiendo que fuera la voluntad bendita y
amorosa del Creador interferir en esta condición anárquica de las cosas, ¿Qué
debemos suponer que serían los métodos los cuales podrían ser necesariamente o
naturalmente utilizados en su propósito de misericordia? ... Estoy
... preguntando cual debe ser cara a cara el antagonista, por el cual se
soporte y se frustre la feroz energía de la pasión y del escepticismo del
intelecto humano que todo corroe, que todo disuelve a interrogantes
religiosos.... No estoy hablando aquí de razón cuerda, sino de la razón como esta
actúa en realidad y concretamente en el hombre caído...
“La experiencia nos demuestra con seguridad que la Biblia
no responde a un propósito para el cual nunca fue creada. Puede ser [ocasionalmente] el medio de la
conversión de individuos; pero un libro, después de todo, no puede tomar una
posición en contra del presente intelecto humano viviente, y hoy comienza a
atestiguar, con relación a su propia estructura y contenido, al poder del
solvente universal [del intelecto escéptico] el cual es tan exitoso actuando
sobre establecimientos religiosos.
“Suponiendo entonces que sea la Voluntad del Creador
interferir en asuntos humanos, y hacer provisiones para retener en el mundo un
conocimiento de El mismo, tan definitivo y distintivo de tal manera que sea
prueba en contra de la energía del escepticismo humano, en tal caso... no hay
nada que sorprenda a la mente si es que a Él le parece adecuado introducir un
poder en el mundo invertido con la prerrogativa de infalibilidad en materias
religiosas. Tal provisión sería un medio
directo, inmediato, activo y apremiante para soportar la dificultad; sería un
instrumento equipado para la necesidad; y cuando yo me doy cuenta que esta es
la mismísima afirmación de la Iglesia Católica, no solamente no siento ninguna
dificultad en admitir la idea, sino que hay una aptitud en ella la cual se lo
recomienda a mi mente. Y así soy llevado
a hablar de la infalibilidad de la Iglesia, como una provisión, adaptada por la
misericordia del Creador, para preservar religión en el mundo y para refrenar
esa libertad de pensamiento la cual, por supuesto, en ella misma es uno de los
dones más grandes, y para rescatarla de sus propios excesos suicidas
...
“Primero, la doctrina inicial del maestro infalible debe
ser una protesta enfática en contra del estado de la humanidad. El hombre se ha rebelado en contra de su
Creador. Fue esto lo que causó la
interposición divina [para empezar], y para proclamar ello debe ser el primer
acto del divinamente acreditado mensajero. La Iglesia debe denunciar rebelión como la más
grande de todos los males. La Iglesia no
debe llegar a ningún termino con ella; si ella se va a mantener fiel a su Amo,
ella debe prohibirla y anatemizarla.” (Apologia
Pro Vita Sua, 1900 Longmans edition,
240-246)
LA PRIMERA EXPLOSION DE DENOMINACIONES
Desgraciadamente,
lo que el Protestantismo ha hecho es exaltar y tratar como algo sagrado al
rebelde y disidente juicio privado considerándolo como un dogma de fe, y las
consecuencias de esto se han hecho manifiestas.
¡No funciona! La Enciclopedia Cristiana Mundial (Publicación de la
Universidad de Oxford, 1983) estima que hay mas de 20,000 denominaciones en
existencia [hoy, más de 2 décadas después, este numero es mucho mayor], y la
aplastante mayoría de ellas – todas excepto por un puñado de ellas – han sido
creadas en los últimos 500 años y son denominaciones Protestantes. Ese es el fruto de la doctrina de juicio
privado.
Podemos
ver, desde nuestro punto de observación 500 años después de la Reforma, las consecuencias
devastadoras de esta doctrina, como actúa como un martillo para machacar y
hacer trizas a las iglesias haciéndolas más y más pequeñas y más y más
numerosas con el pasar del tiempo. Sin
embargo, la gente de aquel tiempo debió haber podido preveer estas
consecuencias, y de hecho así lo hicieron.
Los Católicos de aquel periodo abiertamente predijeron el caos el cual
ahora ha florecido en el mundo Cristiano, y los Reformistas mismo vieron lo que
pasaría. Los Reformistas por eso tomaron
provisiones para mitigar esta situación y desacelerar el número de
denominaciones siendo creadas.
UN FACTOR MITIGANTE: LA INCONSISTENCIA DE LOS REFORMISTAS
Ellos
solamente recurrieron a la doctrina de juicio privado porque toda la historia
Cristiana estaba en contra de ellos, y así que tenían que encontrar una forma
de hacer a un lado toda la historia Cristiana para dejar solamente sus propias
interpretaciones bíblicas. Inmediatamente después ellos pasaron a prohibir a
sus seguidores que ejercieran el mismo juicio privado que ellos insistían debía
aplicar a ellos.
Típicamente,
cuando estaban empezando y estaban en posiciones políticas precarias, ellos
predicaban el libre ejercicio de juicio privado y su corolario, tolerancia del
ejercicio público de juicio privado de otros.
Sin embargo, una vez que sus propias posiciones estaban consolidadas y
vieron el caos al que llevaba el ejercicio público de juicio privado, se
retractaron de este principio y trataron de dominarlo. El historiador Will Durant escribe:
“Es instructivo observar como Lutero cambió su posición
de tolerancia a dogma al crecer su poder y certeza. Entre [las 95 Tesis estaba la
proposición] que ‘quemar herejes era en contra de la voluntad del Espíritu
Santo.’ En la Carta Abierta a la
Nobleza Cristiana (1520) Lutero ordenó a ‘todo hombre como sacerdote,’ con
el derecho a interpretar la Biblia de acuerdo a su juicio privado y luz
individual; y añadió, ‘Debemos vencer a los herejes con libros, no con hogueras.’ ... [Pero] Lutero nunca debió envejecer. Ya en 1522 él estaba sobrepasando en
“papismo” a los papas. ‘No admito’, él
escribe, ‘que mi doctrina sea juzgada por nadie, ni siquiera ángeles. Aquel que no recibe mi doctrina no puede
salvarse’”(Durant, La Historia de la Civilización,
volume 6 [“La Reforma”], 420-2).
Así
en 1529, Lutero escribió:
“Nadie debe ser obligado a profesar la fe, pero nadie
debe ser permitido herirla. Dejemos a nuestros oponentes dar sus objeciones y
escuchar nuestras respuestas. Si de esta
manera ellos se convierten, bien y bueno; si no, déjenlos que se muerdan la
lengua y crean lo que quieran.... Para evitar problemas no deberíamos, si es
posible, sufrir enseñanzas contrarias en el mismo estado. Aun no-creyentes deberían ser forzados a
obedecer los Diez Mandamientos, asistir a la iglesia, y acatar el cristianismo
exteriormente” (Carta de Agosto 26, 1529 a Jos. Metsch).
Ahora
que la posición de Lutero había sido asegurada, él podía examinar la anarquía
causada por el principio que él había utilizado para subir al poder – el ejercicio
público de juicio privado – y él fue puesto en la misma posición que un pastor
Protestante moderno, que necesita predicar juicio privado para validar sus
propias enseñanzas, sin embargo necesita prohibir el ejercicio público de
juicio privado para bloquear las fuerzas del caos y mantener a su grupo
junto. Durant escribe:
“Lutero ahora estaba de acuerdo con la Iglesia Católica
que ‘Los Cristianos requieren certidumbre, dogmas definitivos, y una Palabra de
Dios segura en la cual ellos pueden confiar para vivir y morir regidos por
ella.’ Como la Iglesia en los primeros siglos de la Cristiandad, dividida y
debilitada por la creciente multiplicidad de sectas feroces, se había sentido
obligada a definir su credo y expulsar todos los disidentes, así ahora Lutero,
descorazonado por la variedad de sectas conflictivas que habían brotado de la
semilla de juicio privado, cambió su posición paso a paso de tolerancia a
dogmatismo. “Todos los hombres ahora
presumen criticar el Evangelio,’se quejaba Lutero; ‘casi todo viejo decrépito o
sofista alardoso tiene que, a la fuerza, ser un doctor en divinidad.’
Sintiéndose agredido por las mofas Católicas de que él había dejado suelto una
incontrolable anarquía de credos y morales, él concluyó, con la Iglesia, que
orden social requiere que exista un cierre a todo debate, alguna autoridad
reconocida que sirva como ‘una ancla de fe’. ... Sebastián Franck opinaba que
había más libertad de expresión y creencia entre los Turcos que en los estados
Luteranos, y Leo Jud, el Zwingliano, se unió a Carlstadt en llamar a Lutero
otro papa”(ibid., 423).
Más
tarde la posición de Lutero se volvió más
radical. El escribe:
"No se debe entrar en disputa con los herejes, sino que deben ser
condenados sin oírlos, y hacerlos perecer en el fuego." Riffel, Kirchengeschichte.
Pero
todos sabemos que Lutero era un hombre de temperamento fuerte. Seguramente esto era la causa de su actitud y
lo hizo único entre los Reformistas en su inconsistencia con respecto a juicio
privado ¿verdad?
“Otros reformistas igualaron o sobrepasaron a Lutero en
persecución de [lo que consideraban] herejía. Bucer de Strasbourg urgió a las
autoridades civiles en estados Protestantes a extirpar todos los que profesaban
una religión ‘falsa’; tales hombres, el decía, son peor que asesinos; hasta sus
esposas e hijos y ganado debería ser destruidos. El comparativamente apacible Melanchthon
[seguidor de Lutero] aceptó presidir la inquisición Protestante secular que
reprimió a los Anabautistas en Alemania con prisión y muerte. ‘¿Por qué
deberíamos tenerle pena a esos hombres más de la que Dios les tiene?’ El
preguntaba... El sugería que el rechazo de bautismo a los infantes, o de pecado
original, o de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, debía ser
castigado con penas capitales. El
insistió en la pena de muerte para un sectariano que afirmaba que paganos
podrían ser salvados, o para otro que dudaba que creencia en Cristo como
Redentor podría cambiar un pecador natural a un hombre justo. Aplaudió ... la
ejecución de Servetus en la hoguera [la cual fue aplicada por Juan Calvino mismo].
Pidió al estado que obligara a toda la gente a asistir regularmente a
servicios religiosos Protestantes.
Demandó que se supriman todos los libros que se oponían u obstruían enseñanzas
Luteranas; así que los escritos de Zwingli y sus seguidores fueron formalmente
puestos en el índice de libros prohibidos en Wittenberg” (ibid., 423-4).
Si,
pero estamos hablando acerca del flujo de control Luterano de la Reforma. De seguro que los desasociados e intelectuales
Calvinistas era mejores.
“El nuevo clero... bajo Calvino se hizo más poderoso que
cualquier otro sacerdocio que haya existido desde el antiguo Israel. La ley real de un estado Cristiano, decía
Calvino, debe ser la Biblia; el clero es el interprete de esa ley; gobiernos
civiles están sujetos a esa ley, y debe hacerse cumplir de la manera que es
interpretada...
“Nadie debía ser excusado de servicios religiosos
Protestantes bajo el alegato de tener un credo religioso diferente o privado;
Calvino era tan minucioso como cualquier papa en rechazar individualismo de
creencia; este gran legislador del Protestantismo completamente repudiaba el
principio de juicio privado con el cual su nueva religión había empezado. El había visto la fragmentación de la Reforma
en cientos de sectas, y pronosticaba más; en Ginebra él estaba dispuesto a no
tener ninguna. Allí un cuerpo de
clérigos cultos formularon un credo autoritario; aquellos Ginebreses que no
pudieran aceptarlo tendrían que buscar otro hábitat. Ausencia persistente a los servicios
Protestantes, o rechazo continuo a tomar la Eucaristía, era una ofensa
penada. Herejía nuevamente constituyó un
insulto a Dios y una traición al estado y era penada con muerte... Entre 1542 y
1564, cincuenta y ocho personas fueron ejecutadas [en la ciudad de Ginebra]
[incluyendo al famoso medico Michael Servetus, cuya ejecucion en la hoguera fue
ordenada por Calvino mismo], otras setenta y seis fueron desterradas por violar
el nuevo código. Aquí, como en todas
partes, brujería era un crimen capital; en un año, bajo el consejo del
Consistorio de Calvino, catorce supuestas brujas fueron mandadas a la hoguera
bajo el cargo de que habían persuadido a Satanás para que afligiera a Ginebra
con la peste” (ibid., 472-3)
Así
los Reformistas no eran más consistentes en su aplicación de Sola Scriptura
que los pastores modernos. El líder, la cabeza, logra utilizar su juicio
privado de manera irrestringida – de hecho él tiene un juicio privado más
irrestringido que el del Magisterio Católico, el cual está limitado por
enseñanzas doctrinales previas – pero nadie más lo tiene. De esta manera en cierta area o territorio donde
un Reformista tenía el control religioso a través de una alianza con el estado,
solamente las creencias de ese Reformista eran permitidas. En territorios controlados por los Luteranos, a la gente no se le permitía que enseñen
doctrinas contrarias al Luteranismo. En
Ginebra, que era controlada por los Calvinistas, era
un crimen civil penado con destierro el estar en desacuerdo público con
Calvino. Cuando los Anabautistas tomaron
el control de la ciudad de Munster, todos los residentes fueron obligados a
someterse a ser re-bautizados en manos de los Anabautistas y quien se oponía
era expulsado de la ciudad en pleno invierno Alemán. Y en Inglaterra era requerido por ley
asistir a la Iglesia de Inglaterra o pagar multas si no lo hacían, sin
mencionar por supuesto también los cientos de mártires Católicos que los
gobernantes Protestantes ejecutaron en Inglaterra, Gales e Irlanda.
Los
Reformistas no solo aplicaban estas medidas a Católicos de quien ellos se
habían separado, si no también las aplicaban entre ellos, como nos muestran las
historias de los movimientos religiosos “No-conformistas” en Inglaterra. Estos eventualmente se convirtieron en los Congregacionalistas, Los Hermanos de Plymouth, Bautistas, y
Puritanos. Recordemos como los
Peregrinos Puritanos huyeron de Inglaterra a EE.UU. debido a persecución
religiosa. Los Católicos
no estaban persiguiendo a nadie en Inglaterra en aquel tiempo; ellos
eran los que más eran perseguidos en Inglaterra. Los Puritanos
vinieron a América para huir de la persecución religiosa Protestante. Y los Puritanos
solamente se vieron forzados a hacer esto después de que sus planes de tomar el
control político-religioso en Inglaterra fueron frustrados.
En
su obra acerca de la organización política eclesiástica, el doctor en divinidad
Inglés Richard Hooker produjo un retrato notablemente
perspicaz del movimiento Puritano y su relación al juicio privado, el cual es
resumido aquí por el historiador político Eric Voegelin:
“Si un movimiento, como el Puritano, confía en la
autoridad de una fuente literaria [como la Biblia], los líderes entonces
tendrían que manufacturar ‘las mismísimas nociones y opiniones individuales de
los hombres de tal manera que los seguidores asocien automáticamente el pasaje
de la Escritura y los términos con su doctrina, sin importar cuan mal fundada
esa asociación sea, y con automatismo similar ellos van a ser ciegos al
contenido de las Escritura que es incompatible con su doctrina. Luego sigue el
paso decisivo a consolidar ... ‘la persuasión de
hombres crédulos y capaces de tales errores atractivos, afirmando que es la
especial iluminación del Espíritu Santo, por la cual ellos disciernen esas
cosas en la palabra, las cuales otros cuando leen no las disciernen.’ Se van a
calificar ellos mismos como los elegidos; y esta calificación produce ‘terminos
altos de separación entre ellos y el resto del mundo’; así que, como una
consecuencia, la humanidad será dividida en ‘hermanos’ y ‘mundanos’...
“Una vez que un ambiente social de este tipo es
organizado, será difícil, si es que no imposible, romperlo a través de
persuasión. ‘Si algún hombre de opinión
contraria abre su boca para persuadirlos, ellos cierran sus oídos, sus razones
no las toman en cuenta, todo lo que contestan es el ensayo de las palabras de
Juan: ‘Somos de Dios; Aquel que conozca a Dios nos escucha’: con respecto al
resto, ustedes son del mundo: ya que la pompa y vanidad de este mundo es lo que
ustedes hablan, y el mundo, al cual pertenecen, les escucha.’ Son impermeables a argumento y tienen sus
contestaciones bien metidas. Sugiéreles
que no pueden juzgar tal materia, y te contestarán, ‘Dios ha escogido al
simple.’ Muéstrales convincentemente que
lo que están hablando no tiene sentido, y escucharás ‘El mismísimo Apóstol de
Cristo fue tachado de loco.’ Trata de
darles la advertencia más mansa de disciplina, y ellos vituperaran acerca de
‘la crueldad de hombres sedientos de sangre’ y se harán la victimas de ser
‘inocentemente perseguidos por la verdad.’
En resumen: su actitud es psicológicamente recubierta con hierro y es
inalcanzable al argumento” (Voegelin, Eric, La Nueva Ciencia de la Política
[Chicago: Universidad de Chicago, 1952], 135-137, citando Richard Hooker, Obras,
ed. Feble (7th ed.; Oxford, 1888) I:145-155).
Voegelin
también hace notar las medidas que esta actitud mental debe tomar para proteger
sus interpretaciones:
“Para poder hacer que su camuflaje bíblico sea efectivo,
las selecciones de las Escrituras, tanto como las interpretaciones dadas a
ellas, tienen que ser estandarizadas.
Libertad real de interpretación de las Escrituras para todos de acuerdo
a sus preferencias y grado de educación hubiese resultado en una condición
caótica las cuales caracterizaron los primeros días de la Reforma; además, si
una interpretación se admitiera ser tan buena como cualquier otra, no habría
ningún argumento en contra de la tradición de la Iglesia, la cual, después de
todo, estaba basada en una interpretación de la Escritura, también. De este dilema entre caos y tradición emergió
el primer dispositivo, es decir, la formulación sistemática de nueva doctrina
en términos de la Escritura, como fue proveído por los Institutos de
Calvino. Una obra de este tipo serviría
el doble propósito de una guía para la lectura correcta de las Escrituras y de
una formulación auténtica de la verdad lo que haría innecesario el recurrir a
literatura anterior... El hombre que pueda escribir tal [obra], el hombre que
pueda romper con la tradición intelectual de la humanidad porque cree con la fe
que una nueva verdad y un nuevo mundo comienzan con él, debe estar en un
peculiar estado pneumopatológico.
Hooker, quien estaba supremamente consciente de la tradición, tuvo una
fina sensitividad para este inesperado desarrollo de pensamiento. En su cuidadosa caracterización subyugada de
Calvino el empieza con la sobria afirmación: ‘Su desarrollo fue el estudio de
la ley civil’; luego el dice con cierta malicia: ‘Conocimiento divino él
adquirió, no tanto escuchando o leyendo, sino enseñando a otros’; y el concluye
con la oración devastadora: ‘Porque, aunque miles le debían a él, como el único
que podia proporcionar este tipo de conocimiento; sin embargo, él [no le debía]
a nadie excepto a Dios, el autor de la fuente mas bendita, el Libro de la Vida,
y la admirable dexteridad de sabiduria’ (Voegelin, 138-9, citing Hooker,
127ff).
“El segundo recurso para prevenir el criticismo
vergonsozo es un suplemento necesario al primero. ... De la experiencia
contemporánea con movimientos totalitarios se sabe muy bien que el [primer]
recurso es considerablemente a prueba de tontos porque se puede reconocer [en]
la censura voluntaria del adherente; el miembro fiel del movimiento no tocará
literatura que es apta para argumentar en contra, o mostra irrespeto, a sus
queridas creencias. Sin embargo, el
número de fieles puede ser pequeño, y expansión y éxito político van a ser
seriamente obstaculizados, si la verdad del ...
movimiento es permanentemente expuesta al criticismo efectivo de varios
grupos. Esta minusvalidad puede ser
reducida, y prácticamente eliminada, al poner tabú a los instrumentos de
crítica; una persona que utiliza los instrumentos en tabú será socialmente
boicoteada y, si es posible, expuesta a difamación política. El tabú en los instrumentos de crítica fue
utilizado, efectivamente, con una efectividad estupenda por [estos] movimientos
cuando ellos alcanzaban cierto éxito político.
Concretamente, en el nacimiento de la Reforma, el tabú tenía que caer en
la filosofía clásica y la teología escolástica; y, ya que bajo estas dos
cabezas vino la parte mayor y ciertamente decisiva de la cultura Occidental,
esta cultura fue arruinada al punto del cual el tabú se hizo efectivo. De hecho, la destrucción fue tan profunda que
la sociedad Occidental nunca se ha recuperado de este golpe” (Voegelin, 140 –
141).
Así
los Reformistas estaban muy concientes de que el solvente universal del juicio
privado no podía permitirsele salir de la botella, sin importar cuanto ellos
públicamente predicaran que era el derecho de todo Cristiano
el manejar este derecho absoluto. Todo
ese “Aquí estoy, la Palabra de Dios me obliga, no puedo hacerlo distinto”
(Martin Lutero) tiene que ser interpretado mas estrechamente. “No puedo hacerlo distinto” significa en
realidad “Yo no puedo hacerlo distinto.” No significaba que tu podias hacer
algo distinto si la palabra de Dios así te obligaba. Tu tenías que
hacer lo que yo diga porque yo – el lider – era a quien la
Palabra de Dios ha obligado, y asi toda la era de leyes Protestantes religiosas
de la Reforma, y la era de los Magisterios Protestantes competitivos, vino y se
fue.
LA SEGUNDA EXPLOSION DE DENOMINACIONES
Eventualmente,
bajo la influencia de la democracia no-denominacional como fue popularizada por
el experimento Estado Unidense, la era de leyes Protestantes religiosas llegó a
su final en el mundo desarrollado, ya sea parcialmente o totalmente, pero esto
solamente intensificó la competición y concurso de los Magisterios
Protestantes. Ahora que la iglesia
Protestante local no podía obligar membrecía por la fuerza de la ley, el
solvente universal del juicio privado era libre para ser soltado nuevamente y
así todas las denominaciones establecidas se desintegraron en faccion más
pequeñas. La guerra civil Estado
Unidense fue un gran impulso en este sentido ya que dividió las denominaciones
a lo largo de las linea del Norte y Sur, razón por la cual hoy existen los
Bautistas Sureños y Norteños,
por ejemplo.
Al
mismo tiempo una gama inmensa de grupos totalmente nuevos se vieron
repentinamente libres para ir de “compras”.
¿Alguna vez te has preguntado porque los Mormones,
los Testigos de Jehová, los Teosofistas, los Espiritualistas, los Científicos
Cristianos, y los Adventistas del Septimo Dia, empezaron todos en el siglo 19 y
en EE.UU.? No era porque la gente del siglo 19 era más loca que la de otro
tiempo; era porque los locos y los charlatanes tenían ahora la libertad de
reunir seguidores en EE.UU. Estos grupos
son simplemente sobrevivientes de una gama inmensa de nuevos movimientos que
empezaron en aquel entonces, todos son astillas del Protestantismo, donde la
doctrina de juicio privado y Sola Scriptura era predicada como una de sus doctrinas
supremas (la otra siendo Sola Fide o “Solamente Fe”).
Por
el tiempo que los Protestantes pudieron mantener el ejercicio de juicio privado
prohibido por la ley, al mismo tiempo que lo predicaban e “incentivaban” en sus
púlpitos, ellos pudieron mantener control en las cosas. Pero cuando vino un grupo de revolucionarios
políticos suficientemente idealistas para exaltar y poner en un trono al
principio de juicio privado en la Constitución Estado Unidense, quienes
entonces tuvieron suficiente integridad para seguir y cumplir esta promesa
(algo contrario a su conveniencia), la caja de Pandora se abrió, el gato se
escapó del saco, y ahora no había nada que pudiera parar la avalancha de nuevas
denominaciones.
Así
la vasta mayoría de las nuevas denominaciones que hoy tenemos, no solamente son
de la época de la Reforma Protestante, sino del tiempo de la Revolución
Americana la cual exportó sus ideales a todo el mundo, aún a paises gobernados
por ley común en vez de constituciones.
UN FACTOR MITIGANTE: LA INCONSISTENCIA DE LOS PASTORES
Sin
embargo, hay un factor mitigante que previene que haya un explosion aún más
rápida de puntos de vista competitivos, lo cual causaría que la estructura
denominacional se desintegre totalmente.
Este factor mitigante, del cual hemos hablado anteriormente, es la
inconcistencia del los pastores Protestantes locales en lo que respecta a
permitir el ejercicio público del juico privado.
Ellos
mantienen el ejercicio del juicio privado para ellos mismos, pero ya que ellos
prohiben el ejercicio público en sus congregaciones, ellos logran mantener la
expresión de puntos de vista opuestos bajo control, excepto por el disidente
ocasional el cual provoca un “church split” o división de la iglesia. Si la expresión pública de teologías alternativas
por cualquiera o por todos los miembros de la congregación fueran
permitidas, el grupo se disolvería totalmente en facciones competitivas, en vez
de solamente periódicamente ser dividos, con tiempo a reagruparse y crecer
nuevamente despues de cada división.
Si
cada miembro de cada congregación protestante se le permitiera expresar sus
especulaciones teológicas en público, con igual oportunidad que el pastor,
entonces la estructura denominacional se desintegraría totalmente en poco
tiempo y los diferentes Magisterios Protestantes se verían despojados de sus
rebaños, faltándoles cuerpos de fieles que anclar en contra de los vientos de
aseveraciones doctrinales competitivas, como el Nuevo Testamento dice que el
Magisterio debería hacerlo.
De
este modo, es la inconsistencia de pastores Protestantes en permitir la
expressión pública de juicio privado para ellos mismo, miéntras la prohiben a
otros, lo que permite que el sistema denominacional Protestante mantega la
estructura que le queda. Los pastores
Protestantes que viven hoy, durante la segunda explosión de denominaciones, se
dan cuenta, aunque no en una forma totalmente elaborada, que es su
inconsistencia lo que permite que el grupo mantenga su identidad y que evite el
consecuente caos total.
De
la misma manera, los Reformistas quienes vivieron durante la primera explosión
de denominaciones, se dieron cuenta, en una forma más elaborada, que era su
inconsistencia lo que permitió a sus naciones retener sus identidades
religiosas y evitar la segunda explosión de denominaciones. Cuando las leyes nacionales que mantenían
ciertas denominaciones individuales fueron abolidas y juicio privado se
permitió ser expresado no a nivel nacional sino a nivel local preferiblemente,
como sucedió en EE.UU., entonces vino la segunda
explosión de denominaciones.
LA PRIMERA REGLA PARA LA INTERPRETACION DE LA BIBLIA
No
obstante, el hecho que la doctrina de juicio privado resultaría en caos fue
percibido mucho tiempo antes que los Reformistas Protestantes. Fue, de hecho, percibido en tiempos de los
apóstoles, cuando hubo también una explosión de herejías.
La
palabra “herejía” (Griego, hairesis) significa “opinion privada”,
“preferencia”, o “lo que uno ha escogido como propio” y viene del verbo haireomai,
que significa “tomárselo para uno mismo” o “escoger por uno mismo.” En el siglo primero ya tenía una connotación
negativa de irse por su propio camino, en rebelión a las enseñanzas
establecidas (es utilizado en Hechos 24:14, donde se traduce como “secta” en
algunas traducciones de la Biblia).
En
el contexto Cristiano, una herejía – una herejía Cristiana – surge cuando una
persona profesando ser Cristiano ha insistido en ejercer juicio privado de una
manera absoluta y ha preferido su propia interpretación en vez de la enseñanzas
establecidas de la Iglesia. Ese es el
significado de este término en la historia Cristiana, y esta conección entre
interpretación privada y herejía era entendida correctamente por los escritores
del Nuevo Testamento, mientras ellos luchaban por establecer un set consistente
de enseñanzas en una comunidad de nuevos creyentes quienes no estaban
totalmente establecidos en la fe y que a menudo llegaban a interpretaciones
personales erróneas (La corrección de estos puntos de vista fue una de las
razones claves por las cuales las epístolas del Nuevo Testamento fueron
escritas.)
Por
eso, no nos sorprende cuando leemos el Nuevo Testamento y encontramos el
principio de interpretación privada conectada a herejía y condenada. Al escribir acerca del valor de la Palabra de
Dios, San Pedro nos dice:
“Hacéis bien de estar atentos
[a la palabra profética] como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, …
entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de
interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los
santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre
vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías
destructoras [tomemos aquí en cuenta el significado antiguo y correcto de la
palabra ‘herejía’], y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí
mismos destrucción repentina. Y muchos
seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será
blasfemado.”
(2 Pedro 1:19b-2:2)
La
lógica de Pedro es clara:
Para la salvación de nuestras almas debemos poner atención
a la palabra de Dios, pero al hacer esto lo primero que debemos tener
presente es que ninguna expresión de las escrituras es materia de
interpretación privada. ¿Por qué? Porque la escritura no se originó de los
puntos de vista privados de algún individuo sino del Espíritu Santo. Y debemos ser advertidos que no todos los que
pretenden hablar por el Espíritu Santo dicen la verdad. En la era del Antiguno Testamento había
falsos profetas quienes engañaban a la gente, y Pedro nos dice, que de la misma
manera, en la era del Nuevo Testamento habrá maestros falsos quienes circularán
entre la gente y “secretamente traerán herejías destructivas.” ¿Por qué
secretamente? Porque estas están envueltas en una bata de versículos de las
Escrituras, leídos de acuerdo a la interpretación personal del maestro
falso. Es la interpretación privada del
maestro falso lo que tuerce las escrituras y resulta en herejías destructivas,
pero es aún así una herejía secreta, no abierta, porque el hereje las tiene
envueltas en una manta de versículos bíblicos.
Pedro
de esta manera nos advierte que debemos mantenernos alejados de
interpretaciones privadas. En vez de
ello, debemos buscar la intepretación pública que Cristo depositó en su
Iglesia. Solamente de esta manera
podemos evitar errores de maestros falsos que circulan la comunidad
Cristiana. Pedro se preocupa tanto con
esto que lo hace la primera regla de la interpretación bíblica, diciéndonos que
debemos poner atención a la palabra de Dios, pero que al hacer esto debemos saber
primero que ningún pronunciamiento de la Escritura debe ser expuesto a
interpretación privada. El rechazo a las
interpretaciones privadas de individuos, a diferencia de los maestros que
Cristo escogió para su iglesia, es asi la primera regla de hermeneútica
bíblica. Debemos apoyarnos en el
Magisterio de Cristo y no en nuestros propios juicios, porque es ahí donde radica
el camino a la herejía, nos dice Pedro.
Y
Pedro nos advierte de un tiempo cuando la situación va a ser muy mala en este
sentido, diciéndonos que eventualmente “muchos seguirán sus
disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.” En estos días
cuando hay mas de 20,000 denominaciones Cristianas y cuando la division en las
comunidad Cristiana se ha convertido en objeto de desprecio y burla entre no
creyentes (“Así que eres Cristiano... ¿De qué franquisia?”), se puede decir con
seguridad que el día del cual Pedro profetizó ha llegado.
Si
embargo hay gente que todavía se apegan a interpretaciones privadas, y algunos
se han atrevido hasta a erradicar este pronuciamiento de Pedro de las
Escrituras. La fuerza de este
pronunciamiento es tan fuerte que algunas traducciones protestantes, tales como
la version inglesa NIV (Nueva Versión Internacional) han tratado de
enmascararla desviándose de la traducción literal del texto e insertando
palabras en el verso las cuales no aparecen en el Griego.
Quizá
la traducción mas literal del Griego es que debemos poner atención a la palabra
profética, “sabiendo esto primero, que las profecías de la Escrituras no son de
interpretación propia de uno.” Una
traducción acceptable sería “sobre todo, deben entender que ninguna profecía es
de interpretación propia de uno,” pero los traductores Protestantes de la NIV
no pueden lidear con esto, así que reemplazan “propia de uno” con “del
profeta”, resultando en la “traducción”: “Sobre todo, deben entender que
ninguna profecía de la Escrituras se produjo de la interpretación del profeta.”
Esto,
simplemente, no es lo que dice el texto Griego. El Griego dice “propia de uno” (idias)
no “del profeta” (tou prophetou).
Al cometer este error en la traducción, la NIV nos provee con una
maravillosa ilustración de cómo la interpretación privada puede corromper un
texto bíblico. Aquí los traductores no
solamente han mostrado su voluntad de imponer una interpretación privada
de un texto sino que imponen su interpretación privada dentro del
texto, desviándose de lo que el texto dice literalmente, y así traen una
herejía destructiva en la forma mas secreta de todas – donde la herejía se
insinua en las palabras de la traducción misma, y asi los fieles que leen el
pasaje no tienen oportunidad de siquiera comparar la intepretación
privada con las palabras verdaderas de la Escritura, porque aquí la
intepretación privada ha reemplazado las palabras verdaderas del
versículo.
Esto
es, de hecho, una costumbre regular con las traducciónes parafrásicas como la
NIV, las cuales tambien muestran sus parcialidad anticatólica suprimiendo la
palabra“tradición” (griego paradosis) en pasajes tales como 1 Corintios
11:2, 2 Tesalonicesenses 2:15 y 3:6, donde se la utiliza como tradiciones de Dios,
en el buen sentido, a diferencia de otros lados donde aparece la misma palabra
(i.e., paradosis), pero refiriéndose a tradiciones hombres (e.g. Mat 15:2-6), en el sentido negativo. Los traductores protestantes de la NIV (y
otros) siempre quieren que la palabra “tradición” sea usada en el sentido
negativo, y así en esos versos utilizan la palabra “enseñanza” en vez de
“tradición.”
Así
otra vez ellos insertan su interpretación privada en las mismísimas palabras
del texto bíblico y, funcionando en capacidad magisterial, le niegan al lector
la posibilidad de comparar su interpretación del texto con lo que el texto dice
en realidad.
Si
ellos fueran un Magisterio autorizado por Dios para enseñar a la gente, esto no
sería algo de cuidado, pero la única autoridad que los traductores tienen (como
ellos mismos admiten) es el supuesto derecho a juicio privado y su conocimiento
del Griego.
Este último es también una fuerza que inevitablemente lleva a una acción
pseudo-magisterial de parte de algunos Cristianos, porque sin importar lo que
se haga, la gran mayoría de los Cristianos simplemente nunca van a ser fluidos,
mucho menos expertos, en Griego del Nuevo Testamento, lo cual significa que el
texto original va estar por siempre fuera del alcance de ellos y sera solamente
meditado por los traductores.
Esto
no es irrelevante. A veces evangélicos
tratan de minimizar el rol de la traducción diciendo que no afecta ninguna
enseñanza esencial de la Biblia, pero esto es manifiestamente falso, como lo
muestra el ejemplo que hemos citado, porque este concierne a la mismísima regla
de interpretación bíblica – lo cual es lo primero que debemos mantener presente
cuando leemos la palabra profética de Dios.
¿Cuáles son las consecuencias de cometer un error en esta area? Pedro
nos dice esto un poco más adelante en esta misma epístola,
“…nuestro
amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito en
casi todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales
hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes
tuercen (como también las otras Escrituras) para su propia destrucción.
Así que vosotros, amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que
arrastrados por el error de los inicuos caigáis de vuestra firmeza.” (2 Pedro 3:15b-17).
El precio del error en como leer la Biblia es la propia
destrucción de uno, y es fácil que el indocto e inestable haga esto con las
Escrituras, porque hay “cosas en ellas dificiles de entender.” Asi que debemos otra vez tener cuidado de los
maestros falsos, los inicuos que vienen
a nosotros con interpretaciones no autorizadas, y que pueden movernos de
nuestra propia firmeza en las verdaderas enseñanzas de Cristo. La necesidad por un Magisterio es la clave.
En el mejor de los casos, solamente una clase de
Cristianos magisteriales pueden siquiera intentar
aplicar la regla de juicio privado y la teoría de “la Biblia solamente” de la
cual es una parte. Pero para el Cristiano promedio, que no es un miembro de la clase
magisterial de su denominación, ni uno de los pastores o presbíteros o
traductores bíblicos, la fuente enseñaza Cristiana autoritaria tendría que ser
la Biblia según como lo interpreta su
Magisterio.
Esta es la manera que es en todas las iglesias Protestantes, tanto como lo es en el caso de la
Iglesia Católica. La diferencia es que
la Iglesia Católica es honesta acerca
del rol del Magisterio y no trata de ocultarla al predicar el derecho absoluto
(y la correspondiente enorme
responsabilidad) del individuo Cristiano de ser su propio teólogo y
completamente evaluar todos los temas por si mismo.
El hecho que todas las denominaciones Protestantes han
tenido, a partir de necesidad, que reinventar el modelo Católico de una forma u
otra, envolviéndolo en un retórica la cual enmascara su verdadera naturaleza,
muestra que la doctrina de juicio privado simplemente no funciona. No puede funcionar aun en teoría dadas la cultura e inclinaciones del Cristiano promedio y el
hecho que denominaciones y pastores activamente trabajan para prohibir su ejercicio
absoluto; se ha demostrado que no funcionó en la historia, por la explosión de
denominaciones y sectas cuando se intentó su implementación, y se lo condena en
las mismísimas páginas de las Escrituras.
Pero ya que la enseñanza de un derecho absoluto a juicio privado es un
componente ensencial de la doctrina de Sola
Scriptura (porque si uno busca al Magisterio entonces uno no esta mirando a
las Escrituras solamente), eso significa que la doctrina de Sola Scriptura mismo no funciona.
Así que deshagámonos de la falsa promesa de Cristiandad
que sigue el estatuto “Solamente yo y mi Biblia”, removamos la carga aplastante
de decir a todo individuo Cristiano, sin importar cuan pobre, indocto e
iletrado, que él debe ser su propio teólogo y que su alma depende de este
balance, removamos la hipocresía que los pastores Protestantes se ven forzados
a seguir por esta doctrina al permitir para ellos mismos un derecho que ellos
prohiben a los miembros en sus congregaciones, y seamos honestos, con la Iglesia Católica, en que: Sola scriptura, y el derecho absoluto a juicio privado el cual
esta requiere, simplemente NO es el plan de Dios.