Otro de los
factores que contribuye a perpetuar la violencia
conyugal es la
reproducción de
generación en generación de la violencia como
forma de resolver
los conflictos
y tensiones en la familia. Aunque esta situación no se presenta en
todos los
casos, se ha comprobado por medio de numerosos estudios que muchos
de los menores
de edad que fueron agredidos por sus padres o madres o presenciaron
episodios de
violencia, pasan a ser los agresores con su
pareja, hijos e hijas,
y reproducen
así el ciclo de la violencia. El niño que vio
la manera como su
padre
maltrataba a su madre de forma cotidiana interioriza ese modelo de
relación,
el cual
probablemente será establecido con su pareja. Lo mismo ocurre con
la niña, ella
va a incorporar en su psiquismo que ser mujer y tener marido
significa
asumir el golpe
y el abuso como parte de la relación con el hombre. Sin embargo,
también se
presenta una forma de reacción opuesta a la descrita anteriormente.
Quienes fueron
agredidos en su infancia, o de adultos, en la socialización de sus
hijos
e hijas,
utilizan mecanismos de compensación para evitar reproducir el ciclo y no
les
establecen
límites, para no repetir su historia de maltrato.
Estas
manifestaciones agresivas en la familia se ven también reforzadas
por
la influencia
de los medios de comunicación, poderoso agente socializador. Estos
reproducen los
estereotipos de género y legitiman la violencia
como forma de
resolución de
los conflictos. Las escenas violentas en todo tipo de programas
como
noticieros, películas y novelas son tan frecuentes, que se vuelven parte
de
la cotidianidad
de niñas y niños debido a que pasan mucho tiempo frente a un
televisor. Así
mismo, los medios reproducen una identidad masculina agresiva,
fuerte,
destructiva, ausente de cualquier expresión de dolor o afectividad, y en
las
mujeres
refuerzan la idea de la domesticidad como el principal espacio de
su
realización
personal.
Es relevante
mencionar la relación de doble vía entre la violencia intrafamiliar
y la violencia social y política generalizada en el país.
Puede ocurrir que las
necesidades
básicas insatisfechas, el desplazamiento forzoso y la intolerancia
en las
divergencias políticas incrementen los conflictos y las tensiones en
las
relaciones
familiares. Por otra parte, es posible que la violencia del espacio
doméstico
contribuya a generar unos modelos y esquemas de relación violenta
con los otros,
que se trasladen a las relaciones sociales y políticas. Sin
embargo,
en nuestro país
no se han desarrollado investigaciones que den cuenta de las
relaciones
entre la violencia generada por el conflicto
armado y la violencia
producida en la
familia y la pareja.
En relación con
los factores psicológicos que inciden en la reproducción de la
violencia, se considera que en las características
individuales influyen las
estructuras
sociales que definen las formas de concebirse a sí mismo, a las
demás
personas y a
las relaciones interpersonales. Las prácticas de socialización y
los
mensajes que
les son transmitidos a las niñas y jóvenes producen en muchas
mujeres
sentimientos de subvaloración, un bajo amor propio y la aceptación
de
cualquier
situación, así sea en detrimento de su bienestar mental, con el
propósito
de establecer o
mantener una relación de pareja. La baja autoestima y
autovaloración
de las mujeres las hace más vulnerables frente a las relaciones
violentas e
impide que pongan límite a la agresión ya que consideran que no
tienen el
suficiente valor como personas para merecer un trato digno y libre
de
violencia. A las mujeres se les ha enseñado a ser
dependientes emocionalmente;
muchas no
conciben estar solas y una separación es sentida casi como la
muerte.