Rembrandt Harmenszoon van Rijn
1. INTRODUCCIÓN
Rembrandt (1606-1669), artista holandés del
barroco, es uno de los más grandes pintores de la historia del arte occidental.
Su nombre completo era Rembrandt Harmenszoon van Rijn. Fue un intérprete
excepcional de la naturaleza humana y un maestro de la técnica, no sólo
pictórica sino también del dibujo y del grabado. Su obra produjo un gran
impacto en sus contemporáneos e influyó en el estilo de muchos artistas
posteriores. Es probable que no exista ningún pintor que haya igualado a
Rembrandt en su utilización de los efectos del claroscuro o en el empaste
vigoroso.
2.
VIDA
Rembrandt nació en Leiden el 15 de julio de 1606. Su padre era molinero. A pesar del hecho de provenir de una familia con escasos medios, sus padres le procuraron una educación esmerada. Rembrandt empezó sus estudios en la Escuela Latina, y a la edad de 14 años fue admitido en la universidad de Leiden. Sin embargo la abandonó pronto para estudiar arte, al principio con un maestro local, Jacob van Swanenburch y después, en Amsterdam, con Pieter Lastman, célebre por sus pinturas históricas. Tras seis meses, después de dominar todo lo que había aprendido, Rembrandt volvió a Leiden, donde pronto se le tuvo en tan alta consideración que, a pesar de no tener más de 22 años, empezó a contar con sus primeros discípulos, entre los que estaba Gerrit Dou.
En 1631 Rembrandt se trasladó a
Amsterdam; su matrimonio en 1634 con Saskia van Uylenburgh, prima de un
conocido marchante de arte, le ayudó a impulsar su carrera, al ponerle en
contacto con clientes adinerados que le encargaban retratos de forma continua.
Un ejemplo magistral de este periodo es el Retrato de Nicolaes Ruts (1631,
Frick Collection, Nueva York). Además, sus cuadros de carácter mitológico y
religioso tenían una gran aceptación. Pintó numerosas obras maestras de gran
dramatismo, como El cegamiento de Sansón (1636, Städelsches Kunstinstitut,
Frankfurt). Debido a su gran fama como maestro, su taller contaba con un enorme
número de discípulos, algunos de los cuales (como Carel Fabritius) ya eran
artistas experimentados. En el siglo XX, los expertos han descubierto que un
gran número de pinturas que antes se le atribuían a él corresponden a artistas
de su taller. Averiguar qué obras son las de Rembrandt e identificarlas es
tarea que siguen llevando a cabo los estudiosos en la materia.
En contraste con la fortuna de su
carrera pública, la vida familiar de Rembrandt estuvo marcada por la desgracia.
Entre 1635 y 1641 Saskia dio a luz cuatro niños, de los que sólo sobrevivió el
último, Titus. Saskia murió en 1642. Hendrickje Stoffels, contratada como ama
de llaves alrededor de 1649, acabó convirtiéndose en su concubina y en modelo
de muchas de sus obras. A pesar de su éxito financiero tanto en el campo del
arte, como en el de profesor y marchante, su inclinación a la vida ostentosa le
llevó a la bancarrota en 1656. El inventario de su colección de arte y
antigüedades, realizado antes de que se celebrara la subasta pública para pagar
sus deudas, pone de relieve la amplitud de sus gustos artísticos: escultura
antigua, pintura flamenca e italiana del renacimiento, arte oriental, obras
holandesas coetáneas, armas y armaduras. Por desgracia, los resultados
obtenidos en la subasta, incluida la venta de su casa, fueron desalentadores.
Dichos problemas no afectaron al trabajo
de Rembrandt, y si algún cambio se percibe es el del incremento de su maestría
artística. Algunas de las grandes obras pertenecientes a este periodo son La
novia judía (1666), Los síndicos del gremio de pañeros (1661, Rijksmuseum,
Amsterdam), Bathsheba (1654, Louvre, París), Jacob bendiciendo a Efraín y a
Manasés (1656, Staatliche Gemäldegalerie, Kassel) y un autorretrato (1658,
Frick Collection). Su vida personal continuó, sin embargo, marcada por la
desgracia, ya que su amada Hendrickje murió en 1663 y su hijo Titus en 1668.
Rembrandt falleció once meses más tarde, el 4 de octubre de 1669, en Amsterdam.
3.
PRIMERA ÉPOCA
Rembrandt pintó más de 600 cuadros y produjo numerosos dibujos y
grabados. El estilo de sus primeras pinturas, realizadas en la década de 1620,
denota la influencia de su maestro, Pieter Lastman, en la elección de temas de
gran dramatismo, composiciones con gran profusión de elementos y contrastes muy
marcados de luces y sombras. En El noble eslavo (1632, Museo de Arte
Metropolitano, Nueva York) se aprecia su predilección por los trajes exóticos,
elemento característico de muchas obras de su primera época.
La magnífica obra Retrato de marido y
mujer (1633, Isabella Stewart Gardner Museum, Boston), pone de relieve el
estilo de sus primeros retratos: preocupación por los rasgos de los personajes
retratados, los detalles de la ropa y los muebles de la habitación; esta
cuidadosa representación de los interiores desaparecerá en sus obras
posteriores. También los miembros de su familia que posaban para él aparecen
retratados con diferentes disfraces, como en el caso de La madre de Rembrandt
como la profetisa Ana (1631, Rijksmuseum), o en la melancólica Saskia como
Flora (1634, Ermitage, San Petersburgo).
Quizá no exista un artista que haya
pintado tantos autorretratos (alrededor de 60), o se haya sometido a un
análisis tan profundo de sí mismo. Sin embargo, no todos los primeros retratos
pueden considerarse como una representación objetiva, ya que estos lienzos
solían utilizarse como estudios de emociones diversas que después habrían de
ser incorporados a obras de tema bíblico e histórico. Es posible que los
autorretratos también fueran utilizados para demostrar su dominio del claroscuro;
por lo tanto es difícil afirmar qué aspecto tenía Rembrandt partiendo de un
autorretrato como el que pintó alrededor de 1628 (Rijksmuseum), en el que el
rostro aparece envuelto en sombras tan oscuras que apenas sí dejan entrever sus
rasgos. Por otro lado, en ninguno de estos retratos juveniles intentó disimular
sus facciones algo toscas. Las obras de tema bíblico representan un tercio de
toda la producción artística de Rembrandt, lo cual era algo inusual en la
Holanda protestante del siglo XVII, ya que no existían encargos por parte de la
Iglesia y el arte religioso no se consideraba importante. Sus primeras obras de
tema bíblico presentan un acentuado dramatismo, dentro de la tónica del gusto
barroco.
Uno de los primeros encargos públicos
importantes que recibió Rembrandt en Amsterdam fue La lección de anatomía del
doctor Tulp (1632, Mauritshuis, La Haya), obra que retrata a los miembros del
gremio de cirujanos reunidos en una clase práctica de disección. Estos retratos
en grupo constituyeron un género único en Holanda y proporcionaron abultados
ingresos a los artistas en un país en el que ni la Iglesia ni la casa real
actuaban como mecenas del arte. Las obras de Rembrandt superan los retratos
conmemorativos realizados por otros artistas holandeses, a través de la
interesante estructuración piramidal que aporta naturalismo a la escena.
4.
ÉPOCA INTERMEDIA
Muchas de las obras de Rembrandt pertenecientes a la década de
1640 muestran la influencia del estilo y el espíritu clasicista. Un autorretrato
(1640, National Gallery, Londres), basado en obras de Rafael y Tiziano, refleja
su asimilación del clasicismo tanto en la organización formal como en la
expresión de calma interior. En El predicador Cornelis Claesz Anslo y su esposa
(1641, Staatliche Museen, Berlín), de espíritu más sosegado que sus obras
anteriores, crea una interrelación magistral de los personajes; el ministro
está hablando, quizá explicando un pasaje bíblico a su mujer, que escucha en
silencio. Otras obras de Rembrandt representan diálogos y, al igual que ésta,
aluden a un momento concreto. En La cena de Emaús, una obra muy emotiva (1648,
Museo del Louvre), Rembrandt transmite la intensidad de la escena a través de
la utilización de luz.
Sus retratos de grupo se perfeccionaron
en riqueza y complejidad. La obra conocida como La ronda de noche, cuyo título
exacto es La compañía del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van
Ruytenburch (1642, Rijksmuseum), representa la actividad bulliciosa de una
compañía militar, apiñada tras sus jefes, preparándose para un desfile o un
torneo de tiro. Al apartarse del modo usual de pintar los retratos corporativos
que solían consistir en una fila de personajes estáticos, Rembrandt dotó a
dichas obras de un realismo excepcional. A pesar de que existe la creencia
generalizada de que la obra fue rechazada por aquellos que la encargaron y que
ello condujo al deterioro de la reputación y de la fortuna de Rembrandt, en
realidad el cuadro tuvo una buena acogida. Muchos de los paisajes de Rembrandt
de este periodo intermedio son de índole romántica y surgen más de la
imaginación que del registro de lugares específicos. El hecho de que incluya
antiguas ruinas y colinas onduladas, inexistentes en el paisaje holandés por
ser éste muy llano, como refleja en El valle de un río con ruinas (Staatliche
Gemäldegalerie, Kassel), sugiere una influencia clásica proveniente de Italia.
5.
ÚLTIMA ÉPOCA
Las obras más importantes de Rembrandt
pertenecen a sus dos últimas décadas. Ya no le importaban el dramatismo
barroco, el esplendor externo, ni los detalles superficiales. Los
autorretratos, los retratos individuales y corporativos y las obras religiosas
e históricas revelan una preocupación por el temperamento y las cualidades
espirituales. Su paleta adquirió un colorido más rico y su pincelada se hizo
cada vez más vigorosa; aplicó empastes muy gruesos que parecen flotar de forma
milagrosa sobre el lienzo. En El artista a una edad avanzada (hacia 1669,
National Gallery, Londres), los rasgos de Rembrandt revelan una leve expresión
sarcástica. Uno de los retratos individuales más excepcionales es el de Jan Six
(1654, Stichting Jan Six, Amsterdam). Six, que lleva un traje de intensos
colores rojo, gris y dorado, aparece poniéndose un guante. Es un retrato de
estilo semiabstracto que demuestra el audaz virtuosismo técnico de Rembrandt.
El temperamento callado y meditabundo de Six se expresa a través del sutil
juego de la luz en su rostro. En obras de tema bíblico como José y la mujer de
Putifar (1655, Staatliche Museen, Berlín) y El regreso del hijo pródigo, de
gran emotividad (hacia 1669, Ermitage), Rembrandt se concentra en el elemento
narrativo como en las obras de su primer periodo. En el Museo del Prado,
Madrid, se conserva el cuadro Artemisa (1634), retrato de la reina de Pérgamo.
Se cree que sirvió de modelo Saskia van Uylenburgh, esposa del pintor. En
general, tras esa primera época, Rembrandt había mostrado poco interés en los
temas alegóricos o mitológicos.
6.
OBRA GRÁFICA
Para Rembrandt, el dibujo y el grabado
tenían tanta importancia como la pintura. Se le atribuyen unos 1.400 dibujos,
que registran una amplia gama de imágenes copiadas de la realidad o inventadas,
casi todos hechos para sí mismo como estudios preparatorios de cuadros o
grabados. Como estaban destinados a su uso privado, la mayoría no están
firmados. Solía realizar los dibujos de su primera época (década de 1630) en
carboncillo negro o sanguina; después sus materiales preferidos fueron la
pluma, la tinta y el papel blanco, combinados a menudo con alguna que otra
pincelada que proporcionaban diferentes acentos de tonalidad. En algunos
dibujos, como El hallazgo de Moisés (hacia 1635, Rijksprentenkabinet,
Amsterdam), consigue una gran fuerza expresiva con sólo unas cuantas líneas
recargadas que representan a tres figuras. Otros dibujos, por el contrario,
están muy acabados, como La puerta oriental de Rhenen (1648, Museo de Bayona,
Francia), en el que la arquitectura y la perspectiva están trabajadas en detalle.
Hizo dibujos que son verdaderas obras de arte tanto en sus comienzos como en la
fase de madurez de su carrera. Ejemplo de un dibujo a tiza de su época temprana
es el Retrato de un hombre en un sillón, visto a través del marco de una
ventana (1634, colección privada, Nueva York), considerado el mejor retrato
dibujado por Rembrandt. Obras magníficas de su último periodo son Natán
reprochando a David su pecado (entre 1655 y 1656, Museo de Arte Metropolitano),
hecha a plumilla y una obra de género, Mujer durmiendo (hacia 1655, Museo Británico, Londres),
dibujo a pincel de gran fuerza expresiva, considerado universalmente como una
de sus obras más excepcionales.
Los grabados de Rembrandt alcanzaron
gran celebridad durante su vida. Llevó la técnica del grabado hasta sus últimas
consecuencias y utilizó trazos rápidos y sueltos para lograr líneas de una
expresividad extraordinaria. En combinación con el grabado empleó la técnica de
punta seca, lo que le permitió conseguir efectos especiales en la obra gráfica
llevada a cabo en su madurez (véase Técnicas de grabado). En efecto, los
grabados más impresionantes de Rembrandt se sitúan en su última época e
incluyen el magnífico retrato de cuerpo entero de Jan Six (1647, Biblioteca
Nacional, París), el famoso Cristo sanando a un enfermo, también conocido como El
grabado de los 100 florines (entre 1642 y 1645), el poético paisaje Tres
árboles (1643) y Cristo predicando o La Petite Tombe (hacia 1652), todos ellos
en el Museo Británico.[1]
[1]"Rembrandt," Enciclopedia Microsoft®
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