Los hombres y mujeres que habitaron en el pasado donde se asienta la actual Huelva, han estado siempre vinculados al mar por su condición de puerto natural. Sin embargo, sus gentes, el paisaje y los recursos utilizados en cada momento han cambiado a lo largo de la Historia.

Hace más de seis milenios, la ría de Huelva se presentaría para los que la habitaban como un amplio golfo o ensenada, donde las olas podían romper al pie de una pequeña península ( los cabezos de Huelva) que se situaba como ahora entre los dos ríos Tinto y Odiel. Será a finales de la Edad del Bronce (fines del II milenio a. C.) cuando aparece en la ría un puerto con las características específicas que en la actualidad lo definen.

En los siglos posteriores miles de toneladas de sedimentos finos fueron transportados por la red fluvial hasta la costa, debido a la erosión de los suelos a causa de la destrucción del bosque para ampliar las superficies cultivables, para usar su madera como combustible, y para la construcción de embarcaciones o útiles de uso diario. Por esta causa, el antiguo entrante al mar abierto en milenios anteriores había evolucionado hacia una situación de la ría con marismas más generalizada. Su confirmación viene dada por las noticias que en época de Augusto nos transmitió Strabón. Por otro lado, los restos encontrados en las excavaciones, una posible localización del puerto protohistórico es frente a la tradicional calle Puerto.

Con la romanización, y especialmente a partir de Augusto, la actividad portuaria se centra en la exportación de plata y cobre, así como de salazones producidos en factorías como las que se han documentado en el subsuelo de la calle Tres de Agosto o Fernando el Católico en la propia Huelva. Como parte de la infraestructura portuaria creada por el Imperio quizá pueda interpretarse el acueducto romano, que partiendo de las alturas del Santuario de la Cinta surtió de agua las zonas bajas de la ciudad, donde se han localizado los restos de dichas factorías, incluso hasta la calle Berdigón.

Durante los siguientes periodos históricos no se llegarán a transformar básicamente las estructuras portuarias, hasta la Edad Moderna. En época colombina, el puerto de Huelva no estaba situado al fin de la calle de su nombre, única calle de la villa antígua que bajaba hasta la línea de pleamar, sino que había sido trasladado hasta el final de la nueva calle de la Calzada, hoy Marina, diseñada en el siglo XV como arteria económica de la población.

A principios del S. XVI, el puerto de Huelva había sufrido grandes transformaciones. El descenso urbano de la villa por la vertiente de los cabezos hacia el rellano próximo a la ría habían arrastrado más al sur la localización física del puerto.

En la Huelva del S. XVIII, gran parte de la renta comercial dependía del tráfico marítimo, protagonizado por mercaderes y propietarios de barcos viajeros que tenían fijada su residencia en la villa., aunque en estos momentos es el puerto de Cádiz el que centralizaba la mayor parte del tráfico marítimo.

Como consecuencia de la segunda Revolución Industrial, diferentes compañías extranjeras se ven atraidas por las explotaciones mineras de la zona, lo que provocará la modernización de Huelva y su puerto.

Así, es en el S. XIX cuando suceden dos hechos de trascendental importancia para la villa: Uno de ellos es su nombramiento en 1833 como capital de la provincia de su nombre, en la división administrativa de Javier de Burgos. El segundo, la adquisición por parte de la compañía inglesa "Matheson y Cía" de las Minas de Riotinto en 1873.
A partir de entonces la fisonomía onubense experimentó un cambio espectacular: la compañía procede a la construcción del ferrocarril para el transporte de mineral (que hasta entonces se había hecho con mulas), construcción de muelles para carga y descarga y modernización en el sistema de obtención de mineral. Se produce un gran avance demográfico, con la incorporación de gran número de obreros, a la vez que un número considerable de familias inglesas establecen sus negocios en la ciudad, influyendo de manera determinante en ella. La ciudad se embelleció con nuevos edificios, teniendo lugar en ella los actos conmemorativos del IV Centenario del Descubrimiento de América.

El último hito histórico, ya en el siglo XX, fue la instalación en 1964 del Polo de Desarrollo Industrial, motor de la economía onubense durante los últimos años: La población pasó de 75.000 habitantes en 1960 a 140.000 habitantes en 1990.

El plan general de Huelva fijaba unos de sus objetivos prioritarios acercar la ciudad a la ría del Odiel. Dentro de la amplia gama de objetivos en relación con estas estrategias, los aspectos lúdicos y deportivos ocupan un papel importante.

En este sentido, la ampliación de las instalaciones del puerto deportivo , al abrigo del muelle cargadero de mineral de Río Tinto, actualmente en fase de restauración, permitirá acercar las actividades náuticas a los onubenses, ayudando a fortalecer, además, un punto de relación y ocio en el futuro ensanche de Huelva. Servirá de complemento fundamentalmente al paseo marítimo y se configura como elemento capaz de mejorar la imagen urbana en esta zona en la ciudad futura.

En la misma línea de actuación se han introducido notables mejoras de la urbanización a lo largo de la Avenida Francisco Montenegro, mejorando la imagen urbana de esta vía de gran capacidad que pone en contacto la ciudad con el polígono químico.

Es de resaltar, igualmente, la actuación en el muelle de las canoas, respiradero de la ciudad hacia el muelle de levante, así como en la glorieta norte de este mismo muelle. Finalmente, en un extremo del barrio de Zafra se pondrán en funcionamiento el complejo comercial que recibe el nombre de Aqualon, otra actuación que servirá para fortalecer el frente de la ría. Y mas allá, el traslado de los tinglados pesqueros al parque Huelva Empresarial terminará liberando nuevos espacios para uso de los ciudadanos.


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