EL ARROYO SALADO

Introducción

La cuenca del arroyo Salado nace en la cara norte de las sierras de Las Albuñuelas y de Padul, cruza la comarca de El Temple y desemboca en la margen izquierda del río Genil a la altura de Chauchina. Este arroyo pasa por poblaciones importantes como son La Malahá, Santa Fe y Chauchina. Atraviesa una zona de suelos salinos (afloramientos de evaporitas) por lo que sus aguas son saladas, lo que condiciona a la flora y fauna asociada; y su fisionomía es abrupta en algunos puntos.

Históricamente el arroyo Salado ha sido el camino natural de conexión entre las poblaciones de la Vega del Genil y las del Temple. Aunque esta ruta tuvo que ser utilizada mucho antes, su apogeo le llegaría en la época de los árabes, donde las caravanas de comerciantes frecuentarían esta ruta, unos para hacer llegar los productos hortofrutícolas de la rica vega granadina a la comarca del Temple y otros para llevar la sal y los cereales a las poblaciones del Genil. Restos de aquella época nos quedan las antiguas salinas y baños árabes situados en La Malahá, donde en la actualidad existen nuevas instalaciones para la extracción de sal que aún se practica.

 

 

Flora y fauna

La formación vegetal típica del arroyo Salado es el carrizal (Pragmytes australis), que se sitúa en pleno cauce, rodeado del tarajal (Tamarix africana), en ambos lados de la ribera. Estas formaciones son muy densas en algunos puntos pero esto no impide la aparición de numerosas especies del ámbito mediterráneo, entre las que destacamos algunas orquídeas como Ophrys lutea por su singular belleza, y arbustos como la retama (Retama sphaerocarpa), la alcaparra (Capparis spinosa) o los pertenecientes al género Artemisia. Más significativas son las formaciones arbustivas, a veces densas, del salado blanco (Atriplex halimus), y la frecuente aparición de la sosa fina (Suaeda vera), ambas especies adaptadas a la salinidad. Llama la atención un pequeño bosquete de olmos (Ulmus minor) en el arroyo cerca de La Malahá aprovechando un rincón algo más húmedo y menos salino de la ribera en cuyo cortejo aparece rosal silvestre (Rosa canina) e incluso helecho común (Pteridium aquilinum). En el tramo bajo del arroyo, ya en zona de vega, aparecen puntualmente especies del género Salix, olmos y peralejos (Populus alba), además de un sinfín de especies anuales.

La fauna asociada a este enclave es rica en especies, de las que resaltamos como más característico de este enclave al galápago leproso (Mauremys leprosa) que mantiene aún una buena población en el arroyo Salado. Entre las rapaces nidificantes en el arroyo destaca por su abundancia el mochuelo común (Athene noctua), seguido por el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). También son abundantes algunas especies de interés cinegético como la perdiz roja (Alectoris rufa), el conejo (Oryctolagus cuniculus) y la tórtola común (Streptopelia turtur). Otras especies que habitan este enclave son: rana común (Rana perezi), culebra viperina (Natrix maura), lagarto ocelado (Lacerta lepida), polla de agua (Gallinula chloropus), golondrina dáurica (Hirundo daurica), pito real (Picus viridis), chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis), grajilla (Corvus monedula), tejón (Meles meles), comadreja (Mustela nivalis), ... Cabe subrayar la existencia de una población de gorrión moruno (Passer hispaniolensis), cuya importancia reside en ser la única población de esta especie en la provincia de Granada, hasta la fecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

Importancia como corredor verde

El arroyo Salado actúa como pasillo natural que une las poblaciones de las distintas especies de las sierras costeras con las de la vega granadina, muchas de las cuales no podrían comunicarse sin la existencia de este enclave, pues los cultivos de cereal y de olivo les suponen una importante barrera ecológica que no pueden atravesar. La importancia del Salado para los movimientos migratorios y/o de dispersión se ha constatado en numerosas especies de aves, algunas protegidas por la ley como el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), el águila calzada (Hieraaetus pennatus) y águila culebrera (Circaetus gallicus). Otras especies que utilizan el Salado como camino migratorio son: vencejo común (Apus apus), andarríos grande (Tringa ochropus), andarríos chico (Tringa hypoleucos), curruca capirotada (Sylvia atricapilla), curruca mosquitera (Sylvia borin), mosquitero musical (Phylloscopus trochilus), ...

 

Problemática en su conservación

A pesar de presentar un estado de conservación aceptable, una serie de amenazas acosan al ecosistema del Salado haciendo peligrar su futuro. Sus aguas aparecen contaminadas por la acción de fábricas colindantes al cauce y por el vertido de las aguas residuales de algunas de las poblaciones por las que pasa. Los vertidos de escombro y otros sólidos abundan durante todo su recorrido, alterando el cauce y aumentando los riesgos de desborde de las aguas provocando lo que podríamos llamar un "efecto tapón". Las fincas vecinas al arroyo van invadiendo poco a poco el cauce natural del Salado estrechándolo y aumentando nuevamente los riesgos de desbordamiento de las aguas, y no son pocos los incendios que han diezmado continuamente la vegetación, la mayoría provocados. También la carroña que se vierte al arroyo para hacerla desaparecer eutrofiza las aguas en exceso contaminándolas, a lo que hay que añadir el peligro de enfermedades que corren las poblaciones aguas abajo. Por último, el encauzamiento con hormigón impide la recuperación de la vegetación de ribera con lo que hace peligrar al propio ecosistema y, por ende, a todas las especies asociadas al mismo.

 

 

¿Qué nos depara el futuro?

El ritmo de deterioro del planeta es vertiginoso, como todo el mundo sabe, y tampoco duda nadie de que la causa directa de tal deterioro es la acción del hombre. En el caso que nos ocupa, el enclave del arroyo Salado no es, precisamente, la excepción a esta "regla": la grave contaminación de sus aguas, los vertidos de toda clase, los incendios y la eterna sombra del encauzamiento con hormigón que acecha a todos los cauces fluviales, mantienen en jaque a tan singular ecosistema.

Sin embargo, podemos frenar este deterioro si cambiamos de actitud ante la naturaleza, ante nuestro arroyo Salado. Si aprendemos a conocer las maravillas que encierra y el funcionamiento de tan exquisito motor, que contínuamente transforma energía en vida y que mantiene la que ya está vigente. Si respetamos el derecho a la vida que, como nosotros, tienen el resto de los seres vivos. Sólo si comprendemos que nosotros somos también naturaleza y que todo aquello que le hacemos al arroyo Salado (y, por extensión, a cualquier ecosistema de nuestro lindo planeta azul) nos lo hacemos a nosotros mismos. En definitiva, en nuestras manos está que el arroyo Salado siga siendo un "ente" vivo, biodiverso, y que lo puedan disfrutar las generaciones futuras. ¡CONSERVÉMOSLO!

En este sentido, nuestro proyecto surgió, entre otras cosas, por la falta de un estudio pormenorizado sobre tan singular ecosistema que presenta unas características únicas en su entorno y por la preocupación que mostramos en la Asociación de Voluntariado Ambiental de Santa Fe "AUCA" sobre el deterioro medioambiental que viene padeciendo el arroyo Salado, el cual se ha acentuado en los últimos tiempos.


Sergio de Haro Guijarro.
Zoólogo y miembro colaborador de Auca.
Coordinador del Proyecto de
"Estudio,
mejora y conservación del
ecosistema del Arroyo Salado"
e-mail: [email protected]

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