Nuestros árboles

Cuando en fechas pasadas la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía inició la Campaña de Inventario de árboles y arboledas singulares de Andalucía, la Agrupación de Voluntariado Ambiental de Santa Fe, AUCA, se puso a trabajar, aunque contemplando en dicho catálogo, también, aquellos especímenes ubicados en suelo urbano, que quedaban fuera de dicha Campaña.

Durante el trabajo de campo, facilitado por la colaboración de vecinos/as de Santa Fe, fuimos acercándonos a esa realidad y constatamos, además, otras situaciones que más abajo abordaremos someramente. En total, nosotros hemos cumplimentado 17 fichas para el Término de Santa Fe y cercanías, correspondiendo 10 a árboles (5 en suelo urbano y 5 en suelo no urbano) y 7 a arboledas (2 en suelo urbano y 5 en suelo no urbano). Para la selección de esos individuos y formaciones vegetales se han seguido los criterios marcados por la Consejería de Medio Ambiente, ésta entiende árbol o arboleda singular aquél o aquella que destaque por su tamaño, forma, edad, interés histórico o cultural y/o rareza.

Los voluntarios/as que hemos participado en este trabajo hemos disfrutado con la contemplación de esos individuos florísticos y, a veces, con su grandiosidad y espectacularidad, tal es el caso del "Olmo de Santa Fe" (Avda. de América), propuesto para ser declarado monumento natural, o "el castaño de indias" (Noria de la Ermita del Cristo de las Cañas) que se eleva, potente, sobre la llanura aluvial del Genil o el fructífero peral anclado junto a la Guardería Municipal, testigo de las huertas de frutales que, en otra época, dominaban la zona, o el hijo del fresno que dio nombre al camino del mismo nombre, etc. En cuanto a arboledas hay que destacar en suelo urbano la del Paseo del Cristo de la Salud, constituida por "plátanos" plantados a finales del S. XIX, los tarajales de los barrancos de Cortijo Nuevo y de las Pilas o las formaciones vegetales de olmos, fresnos, tarajes, cañaveras, etc. del Canal de los Ojos, Canal de San Juan y Canal de Isabel.

Pese al disfrute que nos ha supuesto la realización de este trabajo, no es menos cierto que hemos constatado, como decíamos más arriba, ciertas circunstancias susceptibles de reflexión y crítica que vamos a abordar, brevemente, por la limitación de espacio. Al recorrer el entorno de Santa Fe, es decir, el suelo rústico, se ha observado una situación que, por otra parte, puede hacerse extensiva a otros municipios del entorno, y es una reducción o, en algunos casos, total desaparición de árboles y setos que históricamente se ubicaban en las lindes de las fincas agrícolas y que cumplían varias funciones: abastecimiento de fruta, provisión de madera para aperos de labranza, evitaban la erosión de las corrientes de agua, daban cobijo a una fauna auxiliar, beneficiosa para los cultivos, etc. constituyendo un beneficio económico y ambiental. Tan importantes son los setos vivos para la agricultura que la Unión Europea ha establecido una línea de subvenciones para promover su reintroducción en los sistemas agrarios.

Ya, en suelo urbano, y en relación con los árboles y espacios verdes, se hacen patentes una serie de problemáticas, entre ellas cabe destacar: la escasez de espacios verdes o el abandono de los existentes, reducción de alcorques a su mínima expresión, siembra de especies foráneas, talas no suficientemente justificadas de individuos adultos, utilización indiscriminada de herbicidas y fitosanitarios, etc. No se trata de hacer un inventario exhaustivo de aspectos negativos, pero sí de poner de manifiesto una evidencia: la inexistencia de planificación y el papel secundario que en la planificación general se suele otorgar a esta materia.

Para finalizar, desde el Voluntariado Ambiental creemos que se debe adoptar una estrategia de reverdecimiento de nuestro pueblo, teniendo en cuenta el punto de partida, desarrollando una planificación seria que incremente el número y calidad de los biotopos, así como su interconexión, se frene la plantación de especies alóctonas y alergógenas en favor de especies autóctonas menos exigentes en agua, se suspenda la aplicación de tratamientos químicos en la jardinería urbana por su repercusión negativa para la salud de los seres vivos, se adapte el urbanismo a las comunidades vegetales ya existentes y no al revés, se promueva la implicación social en la creación y conservación de nuevos espacios verdes, etc. Expertos en esta materia consideran que la adopción de políticas de reverdecimiento de los núcleos urbanos (tejados y fachadas verdes, patios, corredores y otras zonas verdes), contribuyen a rebajar la temperatura de los núcleos urbanos que suelen estar varios grados centígrados por encima del entorno, además, esa vegetación actúa como filtro de la contaminación, da cobijo a una fauna benéfica, mejora el paisaje urbano, reduce el estrés de las personas al recuperarse la observación de los ciclos vitales de la naturaleza (fenología), ... Por consiguiente, se deduce que la adopción de estrategias de este tipo conllevan un incremento de la calidad de vida de los ciudadanos de los núcleos urbanos, al convivir éstos con otras especies florísticas y faunísticas en un ecosistema complejo donde cada especie posee un nicho ecológico. La simplificación o alteración de ese ecosistema supone tender hacia un ambiente inhóspito para la vida.

Si cuando pasen unos años, nos planteamos llevar a cabo una actualización de este estudio, nos gustaría comprobar que las cosas han mejorado: que las lindes de las vegas vuelven a poseer los setos vivos de antaño y que los núcleos urbanos se han engalanado de un traje verde que realza el patrimonio arquitectónico del municipio de Santa Fe y que cobija a los añosos y aislados especímenes vegetales ahora inventariados.

 

Miguel Ángel Molinero Ramos
(Presidente AUCA)

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