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Crónica
de una muerte anunciada
"Uno
puede ser partidario de la libertad económica, cultural y personal,
y yo lo soy, pero frente a las manifestaciones de la crueldad hay
que ser intolerantes y hay que romper con las tradiciones que haga
falta hasta acabar con ellas"
(Jesús Mosterín , 1997, Filósofo)
Con
cierta periodicidad, y con mayor frecuencia de la que a muchos nos
gustaría -tanta que abogamos por su desaparición-, se producen actos
denigrantes que contravienen toda ética y sentido común, en los
que sistemáticamente se violan leyes establecidas en defensa de
los más débiles. Llegan fechas señaladas, y en muchos de nuestros
pueblos se preparan diversos festejos en los que, apelando a un
erróneo sentido de la cultura y aferrándose a la tradición y las
costumbres, se procede a humillar, mortificar y asesinar animales.
Bajo la enseña del patrón o patrona del lugar se celebran actividades
tan variopintas como las corridas de toros, peleas de gallos, becerradas,
"marrano en el charco", cerdo engrasado, "palomas a brazo", disparo
a gallos, pollos a saco, "acoso y derribo", lanceo de toro, toros
embolados o ensogados, lanzamiento de conejos, el salto de la cabra
o piñatas de animales, por citar sólo unas cuantas cuya sola enumeración
ya estremece leer. Más de 70.000 animales son torturados en nuestro
país al año en dichos festejos para que la gente se "divierta".
Y todo ello, como ya apuntaba antes, buscando "justificación" en
mantener la tradición, costumbres y cultura popular. Todo esto,
por supuesto, con el beneplácito de las autoridades civiles y la
aquiescencia de las religiosas, pues es en nombre de sus símbolos
el que se realizan estas matanzas. Algo parecido argumentarían,
supongo, los romanos cuando arrojaban los cristianos a los leones,
o antiguamente en China, donde era costumbre vendar los pies de
las niñas para que no les crecieran, produciéndoles malformaciones,
o los países donde es tradición cortar el clítoris a las niñas.

Sinceramente,
no encuentro qué tiene de cultural que unos quintos arrojen por
la torre de la iglesia del pueblo a una pobre cabra, montar a caballo
y arrancar de un tirón la cabeza de un gallo colgado de las patas,
o hacerlo con un ganso para ver quién aguanta más tiempo agarrado
de su cuello, o seccionar los testículos de un toro mientras aún
vive, o acribillarlo con dardos apuntando principalmente a los ojos...
Con
respecto a todo lo anteriormente señalado, sólo nos queda esperar
un despertar de las conciencias, y un endurecimiento de las penas
por el quebrantamiento de las leyes en defensa de los animales,
para lo cual es necesario que los poderes políticos y administrativos
de los Ayuntamientos donde se celebran dichos actos de barbarie
no sólo no aparezcan como pasivos colaboradores de los mismos, sino
que en ningún caso los financien y apoyen a cambio de la complacencia
-y los votos- del pueblo.
«La
tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales
en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y a los adultos
sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos
espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal.
En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la
ciencia y la cultura». UNESCO (1980)
De
entre todas nuestras fiestas en las que se torturan animales, la
más popular es, sin duda alguna, la Fiesta Nacional: la corrida
de toros. En ella, el "disfrute" del público proviene de presenciar
cómo se somete el noble animal ante el torero, cayendo herido de
muerte ante él. Una muerte anunciada en coloridos carteles, y en
la que el animal ha de soporar todo tipo de vejaciones.

Para
comenzar, el toro es manipulado de tal modo que los más mansos son
envalentonados por el dolor que les causa el aguarrás en las pezuñas,
o alfileres en los genitales, y los bravos son debilitados mediante
purgas con sulfato de sosa, paralizante en los ojos, y algodón en
la garganta, hechos éstos que han sido denunciados por varios veterinarios
que trabajan en algunas de las más importantes Plazas de nuestro
país.
Sale
entonces el animal a la plaza, donde el efecto que produce su aparición
ante el público es el de una fiera salvaje y desbocada, cuando lo
único que hace el asustado animal es buscar una vía de escape.

Se
procede a picar al toro con el objeto de debilitarlo y obligarle
a humillar la cabeza. Éste debilitamiento se consigue provocándole
una hemorragia. La pica, o puya, tiene un cordel que cubre su parte
trasera y así, además de cortar los músculos, estos son machacados,
dando lugar a una herida muy sangrante. Durante esta operación el
toro puede perder más de dos litros de sangre. En la mayor parte
de los casos el picador clava la puya mucho más de lo establecido.
La longitud hasta la cruceta de la misma es de 8,75 centímetros.
Pues bien, la media de penetración es de 21,6 cm., llegándose incluso
a los 42 cm. Utilizando la propia cruceta de la puya a modo de barrena,
la herida no sólo es muy profunda, sino también muy amplia. Como
consecuencia de todo esto, el toro suele sufrir heridas en los pulmones
que le hacen ahogarse en su propia sangre, daños en las clavículas
que le provocan pérdida de estabilidad en las patas delanteras,
rotura de costillas, etc.
No
acaba aquí el sufrimiento del toro. Se le clavan varios pares de
banderillas, con puntas en forma de arpón de 6 a 8 cm. de longitud,
y cuya extensión provoca que actúen como palanca en cada movimiento
del astado, desgarrando los músculos del cuello. Esto, junto a la
acción de los picadores, tiene la finalidad de "ahormar al toro",
uno de tantos eufemismos usados en estos lances, y que indica la
humillación del mismo, el acto de bajar la cabeza y facilitar así
la tarea del torero a la hora de darle muerte. Todas las lesiones
provocadas en los músculos del cuello hacen por tanto que el toro
no pueda sostener su propia cabeza, y sea doloroso para él cornear
de abajo hacia arriba.

El
torero, entretanto, cansa al toro con sus muletazos, hasta que llega
el momento de la ejecución. Clava entonces la espada entre las vértebras
para llegar hasta el corazón y fulminarlo, lo que prácticamente
no ocurre casi nunca. En lugar de esto, el toro malherido en alguna
arteria, un pulmón o el corazón, agoniza gimiendo lastimeramente
y vomitando sangre.
Hay
que rematarlo entonces, clavándole la puntilla (un puñal corto)
para seccionarle la médula espinal. Termina entonces su sufrimiento...
Aunque habitualmente no ocurre así, y el toro queda paralizado pero
consciente durante todo el arrastre. Pero aun en el caso de que
sí se diese correctamente este golpe de gracia, la cabeza del animal
sigue sintiendo durante unos minutos, con lo que sufre mientras
le son cortadas las orejas.
Incluso
un gran porcentaje de los toros que son indultados mueren a los
pocos días por las heridas sufridas.
¿Y
qué se dice desde el sector taurino a todo esto? Una vez
más, se echa mano a un corrompido concepto de cultura. También al
manido argumento de que "sin las corridas, el toro de lidia no existiría",
afirmación tan absurda como decir que sin el marfil no existirían
los elefantes, o que sin cazadores no habría conejos. Incluso se
habla de familias honradas que viven gracias a este negocio. Pero
después del reparto millonario de ganaderos, empresarios y toreros,
son muchos los trabajadores que malviven con sueldos míseros sin
cobertura social.
A
toda esta crueldad con los animales habría que sumar el abandono
de animales de compañía, las torturas a que se someten a perros,
monos, ratones... por la experimentación científica (de la cual,
sólo el 10% está destinada a fines médicos), las matanzas para conseguir
la piel para abrigos (y en caso de la cría en cautividad de estos
animales, la locura a la que llegan por el encierro en jaulas que
no les permiten ni moverse), y un sinfín de actos que curiosamente
tachamos de inhumanos cuando precisamente somos los humanos los
únicos en cometerlos...
"Busca
el Hombre en su interior, y parece no tener que profundizar demasiado
para que aflore toda la atávica bestialidad que miles de años de
civilización sólo han logrado cubrir con una ligera capa de barniz."
Miguel
A. Chico
Miembro de Auca.
(Este artículo aparece publicado
en el nº 3 de la revista cultural Al-Margen)
e-mail:
[email protected]
Las
imágenes han sido tomadas de otras páginas
en contra de este cruel divertimento.
A continuación se muestran algunas de ellas.
Más
información en Internet:
ASANDA (Asociación Andaluza para la defensa de
los animales): http://www.utopiaverde.org/web/asanda/documentos/localidades-maltrato-animales/principal.html
España Roja. Campaña contra la tauromaquia:
http://eroj.org/paginas/toros.htm
Enlaces a otras páginas contra el maltrato a animales:
http://www.galeon.com/fundea/links.htm
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