|
SEMILLAS
DE AMOR Javi
es una persona estupenda. Es la clase de persona que a todos nos gusta tener a
nuestro lado. Javi,
además, es mi AMIGO. Siempre
saca tiempo para hablar con la Naturaleza. Lleva mucho tiempo haciéndolo, así
que ha aprendido a hacer cosas increíbles. Un
día conversando con un lirio le comentó que quería hacer un regalo muy
especial a Maite, su compañera, la persona más especial para él. El lirio,
que ya conocía a Javi desde hacía tiempo, le reveló un gran secreto: -
Puedes
regalarle flores que nunca se marchitan. -
¿Flores
que nunca se marchitan? ¿Cómo puede ser eso? -
Son
flores mágicas. -
Y
eso ¿es muy difícil de hacer? -
¿Difícil?
Es lo más sencillo que hay en la vida -le dijo el lirio sonriendo. -
Para
conseguir flores mágicas sólo debes
crearlas. -
¿Crearlas?
Y ¿cómo puedo yo crearlas?
-
Puedes
hacerlo, tan sólo necesitas SEMILLAS DE AMOR. -
¿Semillas
de amor?¿dónde se compran? -
Ja,
ja, ja. Reía el lirio. Esas no se pueden comprar, ya te he dicho que tienes que
crearlas tú mismo. Javi
se quedó muy pensativo. Y el lirio le dijo: -
Cuando
las tengas todas ven a verme. -
Pero
¿cuántas necesito? ¿Y dónde,...? -
Vete
y encuéntralas. Es muy fácil. Tenía
que conseguir esas semillas, porque
esas flores tan especiales debían
de ser preciosas y quería hacer un bonito ramo para Maite. Se
hizo de noche. Javi seguía dando vueltas a esas misteriosas semillas hasta que
se quedó dormido. A
la mañana siguiente preparó el desayuno para Maite y le dio un beso de buenos
días, como era habitual en él. Sólo que esta vez encontró encima de la mesa
una pequeña cajita que no había visto antes. -
¡Vaya!
¿Qué es ésto, quién lo ha puesto ahí? Antes no estaba. La
cogió con cuidado y vio que en su interior había una bolita roja con un
papelito que decía: “El
Rojo del Amor,
ya
tienes tu primer color”
-
¡Eeeehhhh!
Pero ¿cómo ha sucedido esto? Muy
asombrado y contento guardó su tesoro. Le daba mucha pena no contarle nada a su
amada Maite, pero quería darle una sorpresa. Salió cantando para ir a trabajar y de
repente escuchó unos sollozos. Miró al suelo y encontró un pajarito que,
jugando, se había caído del nido. -
Snif,
snif
-hipaba el pajarito, no sé volar y mi mamá no me podrá subir. -
No
te preocupes. Yo te ayudaré.-Y tomándolo en sus manos lo devolvió al nido. -
Muchas
gracias, no te olvidaré -gritaba el pajarito contento. A
la hora del almuerzo, sacó el bocadillo y, al dar el primer mordisco, exclamó: -
¡Ay,
qué duro está esto, casi me rompo un diente! ¡Vaya, otra cajita! Pero, ¿cómo
ha llegado hasta aquí? La
abrió y encontró otra bolita; esta era amarilla. También traía un mensaje: “Del
Sol es la amarilla,
ya
tienes la segunda semilla”
-
¡Uy!,
exclamó. Pues si que esto es fácil, las semillas aparecen sin hacer nada. Y la
guardó junto a la otra. Terminó el almuerzo y siguió trabajando. Por la tarde, se fue a pasear a la orilla
del mar a escuchar las olas. -
Buenas
tardes, delfín. -
¡Hola,
Javi! ¿ -
Muy
bien. Pero hoy sólo puedo saludarte porque tengo que ir a pintar un armario a
casa de una amiga. Ella está de vacaciones y quiero darle una sorpresa cuando
regrese. -
¡Qué
bien! Acuérdate de mí mientras lo pintas, y ya estaremos más tranquilos otro
día. Chao. Y se alejó saltando alegremente. -
Eso
está hecho, te lo prometo. Javi se montó en la furgoneta y ya en casa
de su amiga empezó a pintar el armario. Cuando lo tenía pintadito de blanco, se
acordó de las palabras del elfín y dijo para sí: “Bueno, pequeñajo, aunque no he podido
disfrutar de tu compañía, no por ello voy a dejar de cumplir mi promesa” Y
empezó a pintar un precioso fondo marino con medusas y estrellitas de mar. Al recoger todo encontró otra cajita como
las que ya conocía. La abrió y esta vez apareció una bolita de un azul
intenso con una mensaje que decía: “El Azul del Cielo y el
Mar,
la
última semilla te dará”
-
¡Atiza,
la última semilla! ¿Sólo hacen falta tres? Tengo que ir a ver al lirio
inmediatamente. He de lograr ese ramo de flores para Maite. Corre
que te corre encontró al lirio que le estaba esperando con una gran sonrisa en
los labios. -
Bueno,
ya veo que te has dado prisa. -
¿Prisa?
¿Cómo sabes a qué vengo? -
Yo
soy una de esas flores mágicas y te acompaño aunque tú no me veas. -
Así
que ¿has sido tú quién ha ido poniendo las cajitas? -
Sí.
Era fácil, ¿verdad?
-
Vaya,
yo pensaba que tendría que hacer algún esfuerzo para conseguirlas. No que me
las darías a cambio de nada. -
No
te las he dado a cambio de nada. Tú las has ido consiguiendo con tus actos de
AMOR. -
Por
eso me decías que no se podían comprar. -
Sí.
Por eso. Y por que estas semillas sólo aparecen cuando son actos de AMOR AUTÉNTICO. -
¿Auténtico?
No sé que quieres decir. -
Sí.
Tus actos son de total entrega y generosidad a los demás. No esperas recibir
nada a cambio. Amas a Maite, tu compañera, a tus amistades, pero también a los
animales, a las plantas... Para ti la VIDA es un campo de colores y por eso
mereces las tres semillas. Plántalas esta noche y veremos que ocurre mañana. Javi,
todavía un poco aturdido por las palabras del lirio se fue casa a plantar las
semillas. Ya en casa las puso con mucho mimo en una maceta, las regó y las dejó
a la luz de la luna y las estrellas. Aunque
le costó un poco dormirse, finalmente se sumió en un sueño profundo abrazado
a lo que más quería en el mundo, Maite. ¡Qué ramo maravilloso le haría! El
lirio sonriendo velaba por ellos. Cuando se despertó a la mañana siguiente
se levantó corriendo al balcón a ver su maceta y encontró las flores más
maravillosas que se hayan visto nunca. Pero no quiso cortarlas, le daba pena
estropear su belleza. Así que llevó el tiesto hasta la cama donde Maite dormía.
-
Buenos
días, amor. -
Pero
¿y estas flores tan hermosas? –dijo Maite que no salía de su asombro. -
Pues
el lirio me dijo que... -
¿El
lirio? ¿Qué lirio? -
Bueno,
luego te lo cuento todo, pero antes debo de ir a hablar con él. He de darle las
gracias. Salió corriendo para agradecer al lirio
aquella maravillosa maceta de infinitos colores que adornaba su balcón y para
decirle cuánto le habían gustado a Maite. Eso era lo que más le importaba: cuánto
le habían gustado a ella. -
Buenos
días, lirio. GRACIAS, MIL GRACIAS. -
Gracias
a ti. Ya te dije que yo no había hecho nada. Tengo además una sorpresa. Es un
regalo que sólo hago a quienes realmente aman como tú -y le puso en las manos
una bolita blanca -ponla en la tierra y espera a que la toque un rayo de sol. Javi
la plantó con el mismo cuidado que lo había hecho el día anterior. De repente
brotaron rayos de colores que cubrían el cielo y se formó con todos ellos un
gran Arco-Iris. Y empezó a caer una fina lluvia de semillas de AMOR que
convirtieron todo en un gran campo de flores maravillosas, que nunca
morirían. 05
de Agosto 2001 |