El Legado del Dr. Bach, mucho más que las 38 Flores

II Congreso Nacional de Terapeutas Florales

Barcelona 21, 22 y 23 de Noviembre 2003

Lluís Juan Bautista

 

 

Al intentar decir algo sobre el Legado del Dr. Bach, cuando ello no es respecto a las indicaciones de las Flores, siempre se corre el riesgo de divagar por unos campos que, al corresponder más o menos a una manera de pensar, a algo que estaría más cerca de la filosofía, se considere que son aspectos poco prácticos. En nuestro mundo actual tan acelerado, eso puede ser contemplado como una pérdida de tiempo. Creo que quizás por ello se ha prestado tan poca atención a lo que el Dr. Bach nos legó, si dejamos de lado las 38 Flores.

 

Honestamente les puedo asegurar que estoy convencido de que en los Escritos del Dr. Bach se encuentran la mayor parte de las respuestas, si no todas, a las preguntas que la práctica y el uso de las Flores de Bach nos pueden plantear, por lo que toda esta parte de su Trabajo, que podríamos denominar filosófica, se convierte en una herramienta eminentemente práctica, sin la cual se hace cada vez más difícil hablar del Dr. Bach.

 

Me gusta creer que somos muchos los que pensamos que en las 38 Flores del Dr. Bach están todas las distintas maneras como puede manifestarse la naturaleza humana, y por ello creo sinceramente que es posible estudiarla a partir de la totalidad del Trabajo del Dr. Bach, y nos es necesario hacerlo porque él nos dijo en una de sus últimas conferencias que los únicos requisitos para la aplicación de su sistema son sólo un mínimo de conocimientos, así como de compasión y comprensión de la naturaleza humana, cosas comunes a la mayoría de nosotros [1].

 

Así pues, con la esperanza de que les resulte ameno y les aporte algo importante, demos a modo de ejemplo unas breves pinceladas a unos cortos textos del Dr. Bach:

 

Todos sabemos que las mismas enfermedades pueden tener diferentes efectos sobre diferentes personas; son los efectos los que hay que tratar, porque ellos nos guían hacia la verdadera causa [2].

           

Estos efectos a los que el Dr. Bach se refiere en la introducción a Los Doce Curadores y Otros Remedios, es decir, las distintas maneras como una persona puede verse afectada por la enfermedad, son exactamente las indicaciones de cada una de las Flores que más adelante describe en este mismo texto. Obsérvese que nos dice que son estos efectos los que hay que tratar porque ellos nos guían hacia la verdadera causa. Cada uno de ellos, es decir, el estado descrito en cada Flor, no es la causa del malestar o de la enfermedad que nos esté aquejando, sino cada una de las distintas maneras como esta causa puede manifestarse. Así, por ejemplo, la verdadera causa, el problema básico de una persona que se manifiesta como Chicory o Vervain, o que pasa por frecuentes estados Beech, Vine o Rock Water, no es cada uno de estos estados en sí mismo, sino aquello que, siendo común a todos ellos, toma estas distintas formas de expresarse.

           

Recordemos que en el Cúrese Usted Mismo el Dr. Bach nos dice que Las verdaderas enfermedades primarias del hombre son defectos tales como el orgullo, la crueldad, el odio, el egoísmo, la ignorancia, la inestabilidad y la codicia [3]. Si seguimos la misma línea que llevó al Dr. Bach a clasificar primero los siete nosodes, después las siete enfermedades primarias y sus correspondientes virtudes, posteriormente los siete principios fundamentales sobre los que podemos equivocarnos, y finalmente a agrupar sus 38 Flores en siete epígrafes, podemos afirmar que cada una de estas enfermedades primarias se corresponde exactamente con cada uno de los siete grupos descritos en Los Doce Curadores y Otros Remedios, siendo cada una de ellas la causa común que se encuentra detrás de todas las Flores que corresponden al mismo grupo. 

           

En el ejemplo citado anteriormente, la enfermedad primaria que se está manifestando a partir de cada una de las Flores correspondientes al séptimo grupo es la codicia, siendo ella, por tanto, la causa que se encuentra detrás de las distintas características de las Flores que lo componen, de manera que el objetivo principal para que la persona que se encuentra afectada por estos estados pueda alcanzar el bienestar y la sanación es aprender, vivir  y expresar la libertad, ya que ésta es la virtud a desarrollar cuando estamos afectados por la codicia. Y así con cada una de las siete enfermedades primarias y cada uno de los siete epígrafes que contienen las distintas Flores.

 

            Es importante tener en cuenta que la enfermedad primaria que nos esté afectando no tiene por qué manifestarse forzosamente como lo que entendemos por enfermedad, ya que el Dr. Bach afirmó que es la persistencia en tales defectos – una vez que hemos llegado a un estado de desarrollo en que sabemos que son erróneos – lo que provoca en el cuerpo los resultados perjudiciales que conocemos genéricamente bajo el nombre de enfermedades [4]. De todas maneras debemos ser precavidos porque hay que tener en cuenta que entre las siete enfermedades primarias enumeradas por Bach está la que él denomina ignorancia, y sobre ella ya nos advirtió al escribir: Entender dónde estamos cometiendo el error (cosa que con frecuencia no sabemos ver), y una auténtica voluntad de corregir la falta (recordemos lo de la persistencia del párrafo anterior), nos llevará no sólo a una vida de paz y alegría, sino también a la salud [5].

 

Respecto a la enfermedad primaria denominada ignorancia aun podemos ir un poco más lejos. A principios de 1930, refiriéndose a los últimos remedios que había encontrado, Bach escribió: ...no hay dudas de que, con paciencia y perseverancia, se puede encontrar el remedio para cualquier enfermedad y todos los pacientes que deseen ser curados, y puede incluso también ser posible encontrar aquellos que contrarresten la necesidad de algunas personas por refugiarse en la enfermedad, algo contra lo cual en nuestro presente estado de conocimiento es difícil combatir [6]. No me parece en absoluto arriesgado afirmar que estos remedios sí los descubrió, y son los que integran el grupo que se corresponde con esta enfermedad primaria, a mi criterio el sexto, porque refugiarme en la enfermedad por creer que solamente puedo conseguir algo a partir de estar enfermo forzosamente debe ser ignorancia.  

 

El concepto de objetivo principal que he mencionado anteriormente, se refiere a las palabras del Dr. Bach cuando escribió: Para encontrar la hierba que pueda ayudarnos, debemos encontrar primero el propósito de nuestras vidas, la razón por la que estamos luchando, y también comprender los obstáculos en nuestro camino [7].

           

Puesto que el obstáculo en nuestro camino no es otro que la enfermedad primaria por la que estamos afectados, y ésta la podemos ver con facilidad si determinamos la Flor o las Flores con las que más nos identificamos, puesto que como dije, cada enfermedad primaria se corresponde con uno de los siete grupos, el propósito de nuestras vidas, la razón por la que estamos luchando, en definitiva el objetivo vital, no es otra cosa que la expresión, principalmente, de alguna de las virtudes que debemos desarrollar según la enfermedad primaria por la que estamos afectados sea una u otra.

 

Ahora que hemos visto cómo podemos descubrir todo esto, nos es del todo necesario hacerlo, porque como nos dijo Bach: El conocimiento y la aceptación del propósito del Alma representan el alivio de la miseria y los sufrimientos terrenales, y nos dejan libres para desarrollar nuestro camino evolutivo con alegría y felicidad [8].

           

Pero además, también nos es necesario para saber dónde estamos y de esta manera conseguir que nuestra vida tome un sentido pleno. Bach nos dijo: Existen, por lo tanto, grupos definidos dentro de la humanidad, cada uno de los cuales cumple su propia función, es decir, pone de manifiesto en el mundo material la lección específica que ha aprendido. Cada individuo de estos grupos tiene una personalidad propia bien definida, una tarea particular que hacer, y una forma determinada de llevarla a cabo [9]. Esta personalidad propia bien definida se corresponde con los rasgos más importantes de la Flor que más me define, la tarea particular que hacer no es otra que la expresión de la virtud que me corresponda, que es mi objetivo vital, y la forma determinada de llevarla a cabo se corresponde con mi actividad diaria o profesión.

 

Nosotros elegimos, en palabras de Bach, nuestras propias ocupaciones terrenales y las circunstancias  externas que nos proporcionarán las mejores oportunidades de probarnos al máximo [10], pero puesto que profesión y vocación no son la misma cosa, esta ocupación o profesión (la actividad) debe ponerse al servicio de la vocación (aquello a lo que somos llamados), que no es otra cosa que expresar el propósito del Alma, la tarea particular que hacer, en definitiva del objetivo vital. Cada uno de aquellos grupos definidos dentro de la humanidad a los que Bach hacía referencia anteriormente, cumple su propia función, expresando y mostrando libertad, o humildad, o autodeterminación, etc., según sea la enfermedad primaria que le afecte, de multitud de maneras distintas dependiendo de la propia ocupación terrenal que hayan escogido cada una de las personas. Cuando sabemos qué razón hay detrás de cada una de nuestras actividades diarias, éstas se iluminan y se transforman, de manera que todo encaja perfectamente y somos conscientes de qué manera obedecen a un único fin. De esta manera, y esto es solamente un ejemplo, si una persona cuyo objetivo vital es aprender a vivir y mostrar la libertad, y que estudió enfermería con toda su ilusión, después de unos años se encuentra a disgusto en su trabajo porque está ejerciendo de instrumentista en un quirófano, o está en una sala de cuidados intensivos, pronto recuperará su ilusión si pasa a desarrollar su actividad en una planta de rehabilitación u otra por el estilo, donde pueda enseñar ciertas habilidades y se alegrará con la recuperación de los enfermos porque aquellas les permitirán ser más autónomos, ser más independientes, más libres. Es entonces cuando estará poniendo de manifiesto en el mundo material la lección específica que ha aprendido o está aprendiendo. Así de sencillo.

 

Viene a mi memoria el caso de una persona que desempeña con éxito social su trabajo de psicóloga y que conoce y utiliza las Flores de Bach. Su situación era como la de tantas otras personas que, a pesar de que parece que todo está bien en su vida, se sienten mal. A medida que avanzaba el seminario, y de acuerdo con las Flores con las que ella más se identificaba, se iba reconociendo, cada vez más, afectada por la enfermedad primaria denominada odio. Se sentía incómoda y no le gustaba nada lo que iba viendo. Su malestar se iba manifestando claramente a través de las distintas actitudes que tienen como causa común el odio. De poco o nada le servía saber que su objetivo vital, su misión en la vida, era vivir, desarrollar y mostrar el amor y la bondad. Eran conceptos demasiado abstractos. Su malestar continuó hasta que se dio cuenta de que, si bien se sentía insatisfecha en su trabajo diario como psicóloga clínica, había una faceta en su consulta privada en la que sí que se sentía totalmente plena, y era cuando su actividad se encaminaba a sesiones de terapia familiar, cuando tenía reunidos alrededor de la mesa a los integrantes de una familia que estaban pasando por un momento difícil de relación entre ellos. A partir de ahí todo cambió. De una u otra manera había empezado a encontrar su lugar.

 

De esta manera se irán cumpliendo en nosotros las palabras del Dr. Bach: ...respecto a nuestra propia tarea específica, cuando la descubrimos, nos pertenece tanto, y se integra de tal manera en nosotros, que la ejecutamos sin esfuerzo, fácilmente y con alegría; jamás nos cansamos de ella y se transforma en una afición. Ella saca a la luz nuestra verdadera personalidad; los talentos y las capacidades que esperan dentro de cada uno de nosotros para manifestarse. En ella nos sentimos felices y a gusto, y sólo cuando somos felices (es decir, cuando obedecemos los mandatos de nuestra alma) podemos hacer nuestro mejor trabajo.[11]

 

Lo fascinante, para mí, es lo que podemos y debemos hacer con todo esto. Una vez hemos descubierto nuestra enfermedad primaria, nuestro mayor defecto, defecto en cuanto a falta de expresión de una virtud determinada, en definitiva nuestro mayor obstáculo vital, sólo nos queda aceptarlo primero y reconciliarnos con él después, porque él es quién nos empuja y ayuda a desarrollar y expresar nuestro objetivo vital. En definitiva dejar de luchar y rendirnos a él. Rendir significa devolver; rendirse a la vida significa devolver a la vida lo que hemos intentado quitarle: su particular manera de manifestarse en nosotros. Significa abrazarnos a ella y decir sí. Significa liberarnos de nuestros propios presupuestos y no ponerle condiciones para que se manifieste plenamente en nosotros. Es ser sin dejar de ser. Es el paso previo a la reconciliación. Es la desaparición de la lucha, vivir intensa y plenamente. Conocer, aceptar y, principalmente, ser mi objetivo vital. 

 

            Hasta aquí todo lo planteado tiene que ver con cada uno de nosotros, pero ¿y las personas que acuden a nosotros en busca de ayuda?. En primer lugar mi interacción con ellas será mucho más fluida y se enriquecerá porque estará iluminada por mi objetivo vital, mi razón de ser, sabré si con ella, igual que con todos y cada uno de los actos de mi vida, estoy aportando autodeterminación, humildad, flexibilidad, libertad, etc., lo cual es lo que también ellas vienen a buscar en mí. ¿Han observado la cantidad de veces que unas personas elogian la autodeterminación de otras, aunque éstas se vivan interiormente como personas dubitativas?. En segundo lugar entenderé y aceptaré mejor las reacciones de las personas que acuden a la consulta porque el hecho de que alguien deje de hacerlo después de más o menos insistencia por mi parte para que continúe, se puede deber perfectamente a que está sanando al vivir y expresar su libertad o su autodeterminación. Quizás otra tarde más en reaccionar a las Flores, pero porque necesita darse tiempo para experimentar la flexibilidad en sus criterios, etc., y todo ello, en la mayoría de los casos, no porque “no están preparadas” o “no es su momento” o lo que es peor: “no quieren” o “las Flores no les funcionan”, sino porque están sanando, están expresando cada vez más la virtud que necesitan para sentirse bien, y si lo están haciendo es porque las Flores ya funcionaron y están funcionando adecuadamente.

 

            Seguro que todos recordamos cómo nos sentimos cuando nos enamoramos, cuando cupido, dios del amor, tocó o toca nuestro corazón, pero “cupidus” significa codicioso, y así, despojando esta palabra de las connotaciones peyorativas con las que la acostumbramos a vestir, espero y deseo que no se molesten conmigo, si digo que, aunque no son los únicos pero sí los que más abundan en profesiones como la nuestra, bienvenidos y benditos sean los afectados por la codicia, porque de su gran corazón preocupado por el bienestar de los demás, y de sus manos abiertas y tendidas hacia ellos, es por donde nos llegan, y nos llegarán cada vez más, riadas de libertad. Ésta es la tarea más importante que podemos y debemos hacer, porque en palabras del Dr. Bach: quizás la lección más grande de la vida es la de aprender a tener libertad. Libertad respecto a las circunstancias que nos rodean, frente a nuestro ambiente cotidiano, frente a otras personalidades, y frente a nosotros mismos, ya que en tanto no seamos libres no podremos estar en situación de darnos totalmente y de servir a nuestros semejantes.[12]

 

Creo sinceramente que cuando entendemos todo esto y además podemos explicarlo adecuadamente, es cuando podemos dar cumplimiento a la alta misión que nos encomendó el Dr. Bach; primero cuando en 1930, respecto a la misión del médico detalló que: es preciso que sea un gran estudioso de las leyes que rigen la humanidad, así como también de la misma naturaleza humana, de modo que pueda reconocer en los que se aproximan a él aquellos elementos que están provocando el conflicto entre el Alma y la personalidad. También deberá ser capaz de aconsejar al paciente sobre la mejor forma de recuperar la armonía requerida, qué acciones contra la Unidad debe dejar de cometer y las virtudes que necesita desarrollar para eliminar sus defectos.[13]; después cuando en 1932 escribió: no sólo podemos curarnos a nosotros mismos, sino que tenemos el gran privilegio de ser capaces de ayudar a otros a curarse a sí mismos,...[14], y finalmente, ya en 1936, cuando respondió al Consejo General de Medicina en los siguientes términos: Como ya he informado a la Junta, considero que es el deber y el privilegio de todo médico enseñar a los enfermos y a los demás cómo curarse a sí mismos.

 

Yo no estudié medicina, pero espero que la práctica y la experiencia, a través del tiempo, demuestren, cada vez más, el acierto de lo que aquí tan sólo he apuntado. Si les puede ser útil me doy por satisfecho y por ello les agradezco profundamente la atención que me han prestado.

 

Muchas gracias.

        



[1] Conferencia pronunciada en el Masonic Hall de Wallingford, 24 de Septiembre de 1936

[2] Los Doce Curadores y Otros Remedios, 1936 - Introducción

[3] Cúrese Usted Mismo, 1931 – Capítulo III

[4] Cúrese Usted Mismo, 1931 – Capítulo III

[5] Cúrese Usted Mismo, 1931 – Capítulo II

[6] Algunos Remedios y Nuevas Aplicaciones, Febrero 1930

[7] Libérense Ustedes Mismos, 1932 – Capítulo XI

[8] Cúrese Usted Mismo, 1931 – Capítulo II

[9] Libérense Ustedes Mismos, 1932 – Capítulo VI

[10] Libérense Ustedes Mismos, 1932 – Capítulo II

[11] Libérense Ustedes Mismo, 1932 – Capítulo VI

[12] Ustedes Provocan su propio sufrimiento, 1931

[13] Cúrese Usted Mismo, 1931 – Capítulo VI

[14] Libérense Ustedes Mismos, 1932 – Capítulo VII

 

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