PENSAR PARA CREAR

 

Nuestra vida diaria está llena de acontecimientos. Todo lo que pasa dentro y fuera de nosotros tiene su efecto, es decir, no somos seres aislados, sino todo lo contrario. Hay una relación directa entre nuestras emociones, nuestro estado de ánimo y lo que sucede en nuestro entorno. Si nos rodeamos de un entorno feliz, amoroso y armónico, esto hará que nos sintamos felices, alegres, amorosos. En cambio cuando el ambiente que nos envuelve es negativo, triste, apagado, nos contagiamos y nos sentimos afectados por esta negatividad o tristeza.

La vida es una constante oscilación de subidas y bajadas, en un momento podemos sentirnos alegres y unos segundos después esa felicidad puede transformarse en una profunda tristeza. Esto se debe a múltiples factores, procedentes de nuestro propio interior, así como del exterior y enumerarlos seria interminable.

Lógicamente, todos buscamos la felicidad eterna. Pero, ¿dónde hallamos esta ansiada felicidad? Pienso que no hay una respuesta definitiva a esta pregunta, ya que cada uno la encuentra en algo diferente, dependiendo de su escala de valores.

Para unos la felicidad consiste en rodearse de bienes materiales, para otros lo importante son sus valores espirituales y para otros encontrar un equilibrio entre ambos. ¿Cuál es la correcta? Desgraciadamente, no tengo la respuesta para esto. Es algo muy personal de cada uno y claro, nadie es quien para juzgar las preferencias de nadie.

Bajo nuestro punto de vista, encontrar un equilibrio entre lo material y lo espiritual es lo más adecuado. No podemos olvidar que tenemos un cuerpo físico, con unas necesidades físicas que cubrir, por lo que necesitamos de bienes materiales. También poseemos un cuerpo espiritual y por esto mismo debemos cubrir sus propias necesidades.

El problema viene cuando desequilibramos la balanza y nos dedicamos únicamente a uno de ellos. Con el paso del tiempo sentimos un vacío en el aspecto de nuestra vida que hemos abandonado y aparece la sensación que lo que tenemos en nuestra vida no nos vale, no nos llena. Y esto tampoco tiene porqué ser correcto. Toda experiencia en la vida es válida, incluso las dolorosas, ya que de todas aprendemos algo. ¿Por qué en vez de cerrarnos y desesperarnos por lo que no nos gusta, no nos centramos en averiguar qué nos falta y cómo conseguirlo?

Por eso ser conscientes de que nos falta algo es el primer paso si queremos que algo cambie. Y aquí es donde entra en juego algo importante: no engañarnos, mejor dicho, no autoengañarnos. Haciéndolo solo vamos a perjudicarnos a nosotros mismos.

Vamos a dejar por un momento de ser víctimas, de echar la culpa a los demás por lo que nos sucede, que aunque no niego que puedan tener su parte de culpa en nuestra situación, cada uno de nosotros también tenemos parte de responsabilidad y es importante que veamos esa parte si queremos que haya cambios en nuestra vida.

Vivir es responsabilizarnos de nuestra propia vida y aunque estamos condicionados hasta cierto punto por el entorno que nos rodea, no podemos dejar que éste nos anule totalmente. Tenemos la capacidad de decidir lo que queremos en nuestra vida y de cambiar lo que no nos gusta, sí, podemos cambiar lo que no nos gusta.

Pensar es crear, por eso un pensamiento positivo creará algo positivo. Igualmente los pensamientos negativos crearán cosas negativas.

Piensa, medita, recapacita sobre aquello que no tienes y te gustaría cambiar o conseguir. Quizás nuestro modo de vida actual nos deja poco tiempo para meditar, para pensar, ¿o quizás tenemos miedo de pensar y de ver cosas que no nos gustan? Mucha gente tiene la sensación de que su vida está vacía, no le encuentra sentido a su vida, a lo que hace, pero les horroriza la sola idea de cambiar. Prefieren quedarse como están, paralizados, quejándose sin parar de lo mal que les trata la vida, de lo injusta que es con ellos, sin darse cuenta de que nuestra vida la estamos creando cada uno de nosotros con cada acto, con cada pensamiento, con cada actitud que tomamos.

Estoy de acuerdo que a todos no se nos han dado las mismas oportunidades al comienzo de nuestra vida, pero no podemos dejar que los obstáculos nos venzan, al contrario, ¿por qué no los vemos como pruebas, como regalos que nos pone la vida para crecer, para desarrollarnos, para aprender?.

La varita mágica está en nuestras manos, sí, la tenemos en nuestras propias manos. Es nuestra propia actitud ante la vida, ante los problemas, ante los retos, la que hará que veamos la vida como algo alegre y con ganas de vivirla o triste y apagada y sólo llena de problemas. Nadie más tiene esa fórmula mágica que nos saque de nuestros problemas. Por eso si realmente queremos que haya cambios en nuestra vida, tenemos que ponernos manos a la obra y actuar. Podemos pedir ayuda, pero ésta no valdrá de nada si no cambiamos nuestra actitud.

Para concluir, todo esto se puede resumir en:

- Darnos cuenta del poder de nuestro pensamiento.

- La importancia de nuestra actitud ante la vida.

- Unir ambos para crear o generar los cambios que deseamos en nuestra vida.

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