EL JUEGO DE LOS SENTIMIENTOS

 

  Hace mucho, muchísimo tiempo, se reunieron en una esquinita del mundo todos los sentimientos humanos.

  Cuando el Aburrimiento empezó a bostezar, la Locura dijo ¿Por qué no jugamos a algo? Inmediatamente la Curiosidad contestó ¿Jugar? ¿Qué es eso? Al Raciocinio le faltó tiempo para contestar que jugar consistía en hacer algo que a todos entretuviera o divirtiera. La Ilusión se puso a saltar dando palmas de alegría Eso, eso, divertámonos.

  Pasados unos minutos todos los sentimientos estaban alrededor de la Locura, precursora de la idea, pendientes de sus palabras. La Impaciencia la apremió. Bueno, Locura, a qué esperas para decir en qué consiste el juego. Ésta enseguida explicó. Mirad, es muy sencillo y divertido. Yo cuento hasta un millón y mientras lo hago, vosotros corréis y os escondéis. Cuando llegue al millón iré en vuestra búsqueda. A la Torpeza hubo de explicárselo varias veces, pero al final con ayuda de la Paciencia acabó por entenderlo. La Intolerancia propuso que aquel que fuera encontrado el primero sería castigado. ¿Cómo? Preguntaron varios a la vez. Evitaremos por todos los medios su compañía y lo dejaremos de lado- dijo la Justicia -, por el contrario, aquel que sea encontrado el último buscaremos siempre su compañía y amistad. Estando todos de acuerdo menos la Contradicción que pretendía justo lo contrario, el juego empezó.

  Uno, dos, tres, cuatro.........empezó a contar la Locura, mientras todos corrían a buscar escondite.

  La Pereza enseguida se cansó y se tiró al suelo confiando en ser escondida por unas hierbas poco más altas de lo normal. La Maldad buscó refugio en el interior de un volcán. La Crueldad en el fondo de la Tierra, desde donde empezó a provocar terremotos. La Envidia no paraba de seguir a sus compañeras, apropiándose de todos aquellos escondites que iban encontrando las demás, pero nada más conseguidos estos, la Codicia le convencía que era poco para ella y debía perseguir uno mejor. La Generosidad, al contrario, cada vez que encontraba alguno pensaba que habría otra que lo necesitaba más que ella y corría a ofrecérselo.

  Novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa, novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y una contaba la Locura. Siendo tan sólo la Duda la única que no había encontrado escondite aún, ya aconsejada por la Precipitación se escondió tras la niebla matinal.

  Un millón, concluyó la Locura, tras lo cual se dio la vuelta y empezó a buscar. De bruces se dio con la Envidia quien, en el último momento la Desconfianza aconsejó que la Justicia mentía y el primer premio sería para la primera en ser encontrada. Una por una fue divisando a todas las demás. La Osadía acompañó a la Ignorancia hasta el fondo de un volcán, dónde una pensaba que nada malo las podía pasar y la otra que era un confortable lugar. Cuando la Locura llegó ya las estaba convenciendo la Maldad que permanecieran seguritas allí. La Dulzura la encontró tras los gorjeos amatorios de los pájaros en la primavera. La Ternura la vio en la reprimenda maternal de la leona a sus cachorros. La Bondad le mojó al ponerse a llover, inundando de paz y bien a todos por igual.

  Finalmente, ya muy poquitos por descubrir, se fue a beber a un manantial, donde en el fondo vio a la Belleza rodeada de la Lisonja y la Adulación. La Torpeza no fue fácil de encontrar, pues con la Voluntad y la Perseverancia le dio tiempo a construir un refugio eficaz.

  El Amor, se dijo la Locura, sólo me falta por encontrar el Amor. Y recorrió mares y montañas, llanuras y desiertos en búsqueda del Amor. Todo lo había registrado ya, menos temerosa de sus espinas, un gran rosal de colores y aroma sin igual. La Locura, impaciente por terminar ya, cogió una vara con la que cuidadosamente empezó a menear el rosal. ¡Ay! escuchó, tras lo cual, y con vehemencia, empezó a atizar al rosal. Sal, Amor, te encontré. Es inútil te escondas ya. Pero con más fuerza que antes escuchó ¡Ay, ay, pobre de mí! Lloraba el Amor. Enternecida la Locura respondió Siento mucho haberte lastimado, Amor, sal de ahí y haré cuanto pueda por ti. Pero el Amor no paraba de chillar y llorar ¡ Ay, que dolor más grande, mis ojos, no puedo ver! Con tu vara hincaste en mis ojos las espinas del rosal. La Locura con desesperación suplicó Amor, por favor, perdóname, ven conmigo y a todos sitios te acompañaré, tu lazarillo seré. A lo que el Amor respondió No veo el camino, no puedo salir sin ti. La Locura no lo pensó más y pinchándose e hiriéndose por todos lados entró, y de su mano lo sacó.

  Desde entonces todos los sentimientos no sólo buscan su compañía y amistad, sino que lo distinguen sin dificultad, pues ya saben que:

el Amor siempre es ciego y guiado por la mano de la Locura va.

 

 

Palma de Mallorca, 25 de Julio de1.999

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