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LA EQUINOTERAPIA
La relación del caballo con el hombre es casi tan antigua como el hombre mismo. El caballo, en cierta forma, fue el gran impulsor del desarrollo de la especie humana desde el momento en que se domesticó. Fue un hecho equiparable al descubrimiento del Nuevo Mundo o el primer viaje a la Luna. El caballo permitió al hombre desplazarse a grandes distancias ofreciéndole una autonomía jamás antes conseguida. Desde entonces, muchos avatares hemos pasado juntos, hombres y caballos. No era posible imaginar un mundo sin esta estrecha relación. Los caballos han desempeñado muchas tareas a lo largo de la historia, desde las más duras y humildes, como trabajar la tierra y cargar todo tipo de cosas en su lomo, hasta las más gloriosas, como descubrir continentes, ser la cabalgadura de emperadores, y exhibir su porte majestuoso entre la multitud. Todos sabemos lo importante que era tener muchos caballos, y el significado que la palabra "caballero" otorga al hombre que, además de ser un buen jinete reunía otro tipo de cualidades como la generosidad, la valentía, la nobleza, la modestia.... ¿Quién no sabe el nombre de caballos y yeguas que, junto a sus jinetes, formaron parte de la historia? Babieca, con el Cid Campeador, Bucéfalo, el de Alejandro Magno; Orelia, la yegua de Don Rodrigo, y Al-Lakko, el caballo de su contrincante, Tarik. Rocinante era el "brioso corcel" que, a ojos de Don Quijote no hubiera otro mejor en el mundo, inseparable en sus aventuras como en la de los molinos de viento. Los caballos eran máquinas de guerra y compañeros, y cabalgaduras y jinetes dependían los unos de los otros para sobrevivir en la batalla. Los equinos han sufrido especialmente en las guerras a través de la historia, pagando con su vida y su lealtad, sin pedir nada a cambio, por sus jinetes. Todo era así, mas o menos, hasta que en la primera guerra mundial se empezó a cuestionar la valía del caballo frente a los vehículos motorizados. Las máquinas fueron desplazando a nuestros fieles amigos año tras año; los vehículos a motor eran mucho más prácticos, nunca se cansaban y no necesitaban apenas cuidados especiales. Tractores, automóviles, camiones y un sinfín de máquinas, ponían en clara desventaja a los equinos, relegando a los caballos de tiro pesado a poco más que ser carne para alimento de perros y la cabaña ecuestre disminuyó drásticamente. Sólo el ejército seguía conservando un número de cabezas considerable y cargas memorables como la de la caballería australiana en Birshibba, en la 1º guerra mundial, ya no tenían sentido. Los desplazamientos eran visiblemente más económicos y cómodos en un vehículo motorizado. El número de heridos al final de la Primera Guerra Mundial era inimaginable. Muchos soldados volvían del frente horriblemente mutilados pero, sin embargo otros, aparentemente sin ningún tipo de herida visible, presentaban un comportamiento anormal: crisis de ansiedad, alteraciones comportamentales, alteraciones del sueño, sudoración, depresión y una evidente dificultad de adaptación a su entorno habitual, antes de la guerra. En Gran Bretaña, una mujer llamada Olive Sands, puso sus caballos a disposición en el hospital de Oxford para probar una especie de terapia con animales y pacientes del hospital. El éxito fue bastante más que razonable. Mas tarde, hacia los años 50, un grupo de vanguardistas en terapias alternativas (fisioterapeutas, médicos, psicólogos, jinetes), investigaba los beneficios de la equitación en discapacitados, sobre todo en las personas afectadas de polio. En Dinamarca, una joven llamada Lisa Hartel, no sospechaba que iba a suscitar tanto interés por las actividades ecuestres a favor de las personas disminuidas o inadaptadas. Afectada por la polio un mes antes de los juegos, su fisioterapeuta, la señora Bodiker, había tenido la idea de reeducar a su paciente mediante la equitación. El resultado obtenido en Helsinki, medalla de plata en doma, no fue "por casualidad", pues, unos años después, Lisa Hartel obtuvo también la misma medalla en los juegos Olímpicos de Tokio. Todos quedaron boquiabiertos cuando, al bajar de su caballo, la parálisis producida en ambas piernas sólo le permitía desplazarse con la ayuda de un par de muletas. La terapia a caballo ofrece un abanico muy amplio de posibilidades a personas con problemas físicos, psíquicos, sensoriales y comportamentales. Mucho se oye hablar últimamente de la equitación terapéutica o.... ¿Hipoterapia? ¿Equinoterapia? Como todas las cosas nuevas, todo está rodeado de demasiados tecnicismos y rodeado de un velo casi misterioso. Nos llegan rumores de todo tipo, que si se practica de una u otra forma, que si se debe practicar sólo con caballos... o sólo con burros.... los caballos son de aquella raza o, mejor, de aquella otra.... En fin, que al final, nos quedamos casi como antes, con muchas ganas de conocer la terapia a caballo más profundamente, pero sin concretar demasiado algunos conceptos. En primer lugar, la terapia a caballo no es la "terapia de terapias", no es ese remedio milagroso que muchas veces nos ofrecen como la solución de todos los males. Eso sí, la gran diferencia entre la terapia a caballo con las que se utilizan otros animales (delfines, perros, etc....), es que puede llevarnos sobre su lomo, beneficiándonos de su movimiento para mejorar nuestra calidad de vida. Más adelante hablaremos un poco más extensamente sobre esto. Lógicamente, si tenemos un jinete al que los caballos no le gustan, es lógico que entonces tendremos que ofrecer un abanico lo más amplio posible de terapias alternativas, como la danza, la pintura, los delfines, perros....¿Qué sentido tendría tener a un jinete a caballo, con un desinterés evidente, o con una evidente pataleta de llantos y lágrimas? Desde luego que no. Me gustaría dejar una cosa bien clara sobre la terapia a caballo: Es una técnica muy novedosa en nuestro país y, por lo tanto, está sujeta a algunas lagunas legales, donde muchas veces no se dejan claros muchos puntos, como la cualificación de los instructores, las normas de seguridad para los jinetes/pacientes, los seguros de accidente y, sobre todo una cosa muy importante, que en otros países la Seguridad Social se ocupa de los gastos de las sesiones como si se tratara de una sesión de fisioterapia en uno de sus hospitales. Osea, que, desde aquí hago un llamamiento a todas las personas que, por su amor al caballo y por su situación laboral (médicos, fisioterapeutas, psicólogos, asociaciones de discapacitados,...) aúnen sus esfuerzos o pongan su granito de arena para que la terapia a caballo esté al alcance de todos y que el día de mañana veamos por los parques más jinetes a caballo y menos sillas de ruedas. Ofrecer la oportunidad de montar a caballo y rehabilitarse o reeducarse a personas con discapacidad no es sólo ofrecerle una terapia, es bastante más: Es darle la posibilidad de vivir una vida diferente y hacer florecer en su interior la alegría y las ganas de vivir. Os lo aseguro, ese es el mejor tesoro que guardo en mi corazón: La sonrisa de mis jinetes cuando consiguen superarse a sí mismos día a día. En segundo lugar, aclararemos una cosa: La diferencia que existe entre lo que llamamos equitación terapéutica y lo que es la hipoterapia, de una forma sencilla, sin palabras rimbombantes. Hay veces en que la línea divisoria entre Hipoterapia y equitación terapéutica es muy delgada. A veces, hasta se confunde. Generalmente nos referiremos a "equitación terapéutica" a aquellas actividades relacionadas con equinos y destinadas a personas con discapacidad, inadaptación, etc, capaces o susceptibles de ejercer una acción sobre su caballo, poney (otros equinos son perfectamente válidos como burros o mulos ¿Por qué no?), tanto en la monta como en las tareas de preparación, limpieza, etc. Llamaremos "Hipoterapia" a las actividades ecuestres con intenciones terapéuticas dirigidas a personas afectadas por discapacidades o dolencias muy severas, no pudiendo o no siendo capaces de ejercer cualquier acción sobre su caballo o poney. El caballo o poney actúa en la rehabilitación o reeducación por su masa, temperatura, ritmo y movimientos. En hipoterapia es importante la calidad de movimientos del animal que vayamos a utilizar. Por eso tendremos en cuenta cómo se mueven nuestros caballos, poneys, etc.... A mayor calidad de movimientos, mayor beneficio sobre el niño o el adulto. Una cosa muy importante: En hipoterapia es imprescindible la supervisión de un fisioterapeuta o traumatólogo, pues ya nos metemos casi en el campo médico. Las sesiones de hipoterapia tienen que estar cuidadosamente estudiadas y personalizadas por un médico o fisioterapeuta con conocimientos de equitación y puestas en común con el instructor de equitación terapéutica. Ellos acordarán cómo, dónde y con qué tipo de caballos. Una sesión de hipoterapia efectuada sin cualificación, puede hacer más daño que beneficio, incluso producir lesiones muy graves. La equitación terapéutica es la que ofrece un campo más amplio de posibilidades a personas afectadas por discapacidades motrices (dificultad en el movimiento), discapacidades sensoriales (personas con problemas de audición y/o visión), discapacidades y enfermedades mentales, inadaptaciones sociales (toxicómanos, delincuentes) y también en trastornos comportamentales (absentismo escolar, problemas de concentración, hiperactividad). No debemos olvidar una cosa muy importante: La actividad de ocio que el caballo nos ofrece, además de la terapia. Igual que "aprender divirtiéndonos" nos gusta a todos, también a nuestros alumnos les gusta divertirse y hacer terapia al mismo tiempo. Equitación terapéutica, Hipoterapia y Ocio, se mezclan, inevitablemente, en la mayoría de los casos. Las personas dispuestas o que ya forman parte de grupos de terapia a caballo, deben tener una cualidad muy desarrollada por encima de las otras: un sentido del humor fuera de todo parámetro. Sí..., muchas veces tendemos a profesionalizar demasiado y a medir con escuadra y cartabón las sesiones. Sí..., es una cosa muy seria, hay que ser metódico y tener en cuenta hasta el último detalle, pero si no tenemos sentido del humor a prueba de bombas y "madera", no nos sirve de nada el tiempo que dedicamos para preparar cada sesión. ¡Hay que tener verdaderas ganas, verdadero entusiasmo! Tenemos que vivir cada segundo, exprimir el tiempo que podamos estar con nuestros jinetes. La equitación terapéutica no es sólo lo que se ve en la pista, ese es el resultado final. Por eso no es necesario que todas las personas que simpaticen con el tema tengan que ser profesionales de la equitación, o psicólogos, médicos, etc...., se necesitan personas con muchas ganas de ayudar y se puede ayudar de muchas formas: organizando eventos varios para recaudar fondos, ser voluntarios para acompañar a los alumnos que no puedan valerse por sus propios medios, organizar todo el papeleo, conferencias, etc. Hay muchas formas de poner un granito de arena en todo esto. Sólo hay que ponerse en marcha y, aunque a veces el camino es un poco difícil, no desalentarse. Tan importante es el papel de la persona que nos ayuda cuidando de los caballos o aquella otra que nos arregla un enchufe para ver en la pista por la noche, como el instructor, el médico o el fisioterapeuta. Aquí, se funciona como un equipo totalmente unido. Cada uno con sus obligaciones y sus responsabilidades, pero como una piña; Todos estrechamente unidos por una causa común. La de mejorar la calidad de vida y promover la integración y la autonomía personal de nuestros alumnos. Sólo unas pequeñas recomendaciones para quienes ya forman o van a formar parte del colectivo de profesionales, simpatizantes y voluntarios de la equitación terapéutica: Recordad que esta especialización de la equitación no es competitiva, que todos somos iguales y que si hay algún protagonista digno de aplausos y laureles es nuestro jinete y, su caballo en segundo lugar. Ellos sí que luchan día a día por superarse tanto a caballo como dentro de la sociedad. No caigamos en lo de siempre, en robarle parte de sus bien merecidos aplausos. El instructor de equitación terapéutica es sólo un instrumento, es la persona que mezcla el trabajo de psicólogos, fisioterapeutas y médicos y plasma en la pista todo el trabajo del resto del equipo. Está, por poner un ejemplo, como la infantería de marina, en primera línea de combate junto con los monitores y voluntarios. Deben mantenerse en un segundo plano y ceder a los alumnos todos los honores. No caigamos víctimas del síndrome de Pigmalión. Lo que nuestros alumnos lleguen a hacer con su caballo en un futuro no es "de nuestra creación", es producto de su propio esfuerzo, del día a día, con nuestra ayuda y bajo nuestra supervisión. La armonía entre los miembros del grupo (instructores, monitores, voluntarios, psicólogos....) debe ser absoluta. Cualquier fricción entre ellos, puede tener consecuencias desfavorables para nuestros alumnos y eso es lo que no querríamos en ningún caso. Tenemos que ser como los mosqueteros; "Uno para todos...." Sin voluntarios ni cooperadores, no hay instructor, por muy cualificado que esté. Formad a vuestros voluntarios, no importa que no tengan experiencia como jinetes, formadlos en la cuadra, con las guarniciones, cómo llevar a un caballo de reata correctamente, cómo alimentarlo, las normas dentro del picadero... un voluntario bien formado es la mano derecha del instructor. Son las personas en quienes los alumnos que necesitan asistencia confían y ¡los caballos también! A la hora de trabajar con niños, los instructores deben tener cualidades de actores, payasos, magos,... o sea, como el jefe de un circo de siete pistas, por lo menos. Sobre todo, los niños con problemas de concentración se aburren con facilidad. Siempre que no entrañe ningún peligro para los jinetes y caballos, casi todo vale. Si tienes niños que difícilmente se concentran más de unos segundos en ti y tienes que ponerte el sombrero de Carmen Miranda para conseguir su atención, aunque sea un poquito...¡Póntelo! . Sin complejos. Durante bastante tiempo estuve impartiendo clases en Inglaterra con el jersey más horriblemente llamativo del mundo, pero funcionaba. Se me distinguía a 10 km. de distancia, pero seguía funcionando. Los niños me miraban y yo conseguía mi objetivo: captar la atención de mis alumnos. Nuestra meta es mejorar la calidad de vida de nuestros jinetes y a través del caballo intentar mejorar su autonomía personal. No olvidar eso en ningún momento. Si quieren comenzar a concursar, estupendo, pero no olvidemos que lo importante es la mejora de la calidad de vida. No intentemos convertirlos en seres creados por nosotros para que cuando concursen todo el mundo diga...."Es alumno de ...", y nuestro ego se hinche como un globo. Ese no es el objetivo que persigue un buen instructor. Si queremos competir, creo que sería mejor que lo hiciéramos en la equitación no adaptada. La familia, excepto casos excepcionales, puede ser de una ayuda valiosísima cuando no tenemos voluntarios. En el caso de niños y adolescentes, la regla es muy variable. Hay niños que la presencia de sus familiares les estimula y se esfuerzan hasta lo imposible por hacer las cosas que se les pide, pero sin embargo, para otros la presencia de sus padres o amigos les amedrenta. Eso tenéis que decidirlo vosotros, seguro que lo haréis bien. En todos los centros ecuestres, todas las personas se conocen en mayor o menor grado. Recordad que los caballos trabajan más duro con jinetes discapacitados, aunque sólo sea al paso, pues su dorso sufre más por los problemas de equilibrio y rigidez que la mayoría de los jinetes sufren. Mirad por la salud de vuestros caballos, relajadlos y mantened su musculatura sin contracturas. Un caballo contracturado puede volverse un poco rebelde como respuesta a la incomodidad o el dolor. Si mantenéis vuestros caballos saludables, ahorraréis en veterinarios y gozaréis de muchos años de trabajo con la confianza que os ofrece un animal que ya conocéis perfectamente y que no nos va a salir con "sorpresas". Si no cuidáis de vuestros caballos, además de ser cruel, tendréis que sustituirlos en poco tiempo, con el consiguiente gasto que ello supone y recordad: El peso del jinete no debe superar más del 22% del peso del caballo, con jinetes discapacitados. Muchas personas piensan que porque los caballos en equitación adaptada no galopan ni saltan tan alto como en las clases de jinetes sin discapacidad, trabajan menos. Totalmente erróneo. Por eso se restringe un poco el peso del jinete. Un caballo, como erróneamente se cree, no es un "instrumento", ni ninguna "herramienta", como si habláramos de un destornillador o de una máquina de coser. Es un ser vivo y tiene sentimientos, y se merece ser tratado con consideración y respeto. Y adaptad la dieta al tipo de caballo y de trabajo que va a hacer. Ni demasiado energética para que nuestros alumnos vayan disparados por la pista, ni demasiado hipocalórica para que los caballos no se nos vuelvan apáticos. Esa idea de que los poneys hay que tenerlos delgados porque si no se ponen difíciles, no es cierta, hay que alimentar bien a los poneys, pero con alimentos alternativos como heno, comidas especiales para poneys que no los altera tanto como el grano... Hay en el mercado muchos productos y, si no es así, Madre Naturaleza tiene buenos pastos que con un poco de agua se mantienen en buenas condiciones para dar un buen suplemento a los poneys. Sin prisas, pero sin pausas, iremos viendo y comentando todos los requerimientos previos a las sesiones de equitación terapéutica, los jinetes y sus discapacidades, cómo mejorar el rendimiento de nuestros caballos, cómo preparar a nuestros voluntarios. Resumiendo, haremos más fácil lo que casi siempre nos parece difícil, como todo lo nuevo. Y la mayor discapacidad que nos podemos encontrar, es la de las personas que, sin muletas y sin ninguna enfermedad aparente, siguen encorsetadas en lo que "conocen de toda la vida", y no se atreven a cruzan la frontera de sus propios prejuicios.
Artículo escrito por María Cabral. |