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EL REGRESO
Aún no había amanecido cuando Ezequiel y su esposa entraron en la cocina. Allí se encontraron sentado en un rincón al abuelo, padre de aquel. -Padre,-le dijo éste- ¿qué hace ya aquí? -Ya ves, no podía dormir más.-respondió el anciano. Mientras la mujer se puso a preparar el desayuno, primero su marido y luego el abuelo, acercaron sus sillas a la mesa y esperaron en silencio. -Venga, mientras desayunan voy a despertar a los niños.-dijo mientras llenaba dos cuencos de leche. Aunque el abuelo dijo que no hacía falta molestarles, ella salió de la cocina presta a hacer lo que acababa de decir. Cuando regresó acompañada de dos mozos, un desgarbado joven y una adormecida jovencita de sonrojadas mejillas, Ezequiel y su padre ya estaban de pié al lado de la mesa. La despedida fué breve, dos besos a cada uno y un escurrido "nos vemos" por parte de los nietos, tras lo que Ezequiel cogió una maleta y el anciano un pequeño bulto. "Adios, abuelo, iremos a verle" fueron las palabras de la mujer desde la puerta mientras los dos hombres dejaban la casa. Según empezaron a salir del pueblo empezaron a ver la claridad del nuevo día. Caminaban uno cerca del otro con paso decidido y en silencio. -Allí estará bien, padre. -Dijo Ezequiel- Ya verá. - el leve movimiento de cabeza del anciano sirvió como asentimiento. A media mañana el paso de ambos era menos decidido y aunque el abuelo acaba de responder con un lacónico "No hay problema" a la pregunta de su hijo de si estaba cansado, éste empezó a buscar un sitio apropiado para descansar un rato, pues pensó que su padre lo necesitaba. Y al momento se cruzó en su camino un pedregal, donde había una más grande que las demás y apropiada para sentarse los dos. -Mire, aquí puede sentarse sin esfuerzo- Mientras él mismo lo hacía. Tras un momento observó que su padre no sólo estaba muy serio, sino que parecía tener los ojos llorosos. Pensando que eran cosas de ancianos, decidió no preocuparse. Pero al momento el anciano rompió a llorar amargamente. Ante las preguntas de Ezequiel su padre, como respuesta, se limitaba a negar con la cabeza. Finalmente, aunque entre sollozos, pudo hablar y le dijo: "Sobre esta misma piedra senté yo a mi padre, hace ya muchos años y como has hecho tú ahora conmigo, para que descansara camino al asilo". Pasado un rato y más descansados los dos reanudaron el camino. Pero en la cabeza de Ezequiel resonaban las palabras y el llanto de su padre hacía apenas un rato. No pasó mucho rato hasta que Ezequiel agarró por un brazo a su padre para que se detuviera. Ante el desconcierto del anciano, primero se miraron a los ojos y luego se abrazaron. -Vamos de nuevo a casa, padre.- Tras lo que Ezequiel se dio la vuelta iniciando el camino de vuelta a casa con su anciano padre. |