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“Profundizando en los Escritos del Dr. Bach” Conferencia presentada en
SEDIBAC
Barcelona 14/03/03
Deseo empezar lo que quiero contarles esta tarde
parafraseando al Dr. Bach en una conferencia que dio el mes de febrero de 1931:
“No encuentro nada fácil
la tarea de dirigirme a ustedes esta noche...”.
Y no me es fácil porque poco voy a hablar de
las Flores, al menos tal y como se acostumbra a hacer. Tampoco quiero que nada
ni nadie se sienta cuestionado por lo que pueda decir; que no es más que mi
manera de ver. Mi objetivo hoy es simplemente proponer algunos comentarios
respecto a los escritos del Dr. Bach, y es mi deseo que les resulte, sino tan
apasionante como a mí, al menos lo suficientemente ameno. Mi interés por profundizar en los Escritos
del Dr. Bach empezó porque en un momento determinado me dio la sensación que
había algo no del todo resuelto o algo que no estaba del todo claro al
practicar con el trabajo del Dr. Bach. Demasiadas veces, a mi entender, al no
obtener los resultados esperados con la aplicación de las Flores, sea cual sea
la manera cómo se elijan o cómo se apliquen, pronto encontramos la salida fácil:
“la persona no quiere”, o “no es su momento”, o “no está
preparada”. No dejo de reconocer que probablemente en algunas ocasiones eso es
así; y es algo que ya preocupó al Dr. Bach y seguramente por ello escribió: ...no
hay dudas de que, con paciencia y perseverancia, se puede encontrar el remedio
para cualquier enfermedad y todos los pacientes que deseen ser curados, y puede
incluso también ser posible encontrar aquellos que contrarresten la necesidad
de algunas personas por refugiarse en la enfermedad, algo contra lo cual en
nuestro presente estado de conocimiento es difícil combatir (Algunos
Remedios y Nuevas Aplicaciones, Febrero 1930). Posteriormente, en 1933 cuando
escribe Los Doce Curadores y los Siete Ayudantes, nos dice: “En esta época,
cuando se dice que estas hierbas pueden curar cualquier enfermedad, es necesario
añadir que sólo a quienes verdaderamente quieren estar bien, puesto que en las
presentes condiciones con frecuencia una enfermedad ofrece al paciente ventajas
que algunas veces éste no desea perder. Puede aportarle compasión o atención,
o evitarle el trabajo, o bien puede ser un medio de escapar de alguna obligación
que desea evitar, o proporcionarle beneficios económicos como en el caso de
pensiones, indemnizaciones, etc. En ciertos casos es comprensible que algunas
personas prefieran aferrarse a una minusvalía o una enfermedad antes de perder
las ventajas que les representa”. Esto me interrogó por dos razones: ·
la
primera porque, aunque sea desde otro ámbito, no deja de ser la misma manera de
proceder que cuando a alguien se le dice que lo que tiene es un virus del que
hay una “pasa”, o que todo son nervios; ·
y
la segunda porque cuando alguien dice lo de que “la persona no quiere”, o
“no está preparada”, con más buena voluntad que acierto la persona que
sugiere las Flores pasa a ocupar, la mayoría de las veces, un rol más propio
de la persona que las toma, es decir, pasa a dirigir el proceso más que a
apoyar a la persona en la forma y ritmo de proceso que ella desee. Esta manera de ver, más que por parte del
Dr. Bach, al que como ven no excluyo, por lo que a nosotros concierne,
colisionaba fuertemente con las siguientes afirmaciones, también del propio Dr.
Bach; la primera: ·
“Para encontrar la hierba que pueda ayudarnos,
debemos encontrar primero el propósito de nuestras vidas...” Ésta curiosamente
escrita con anterioridad a lo que nos decía antes, ya que corresponde a “Libérense
Ustedes Mismos” escrito en 1932; ·
la
segunda: “Todos sabemos que las mismas enfermedades pueden tener diferentes
efectos sobre diferentes personas; son los efectos los que hay que tratar,
porque ellos nos guían hacia la verdadera causa”. Ésta es ya mucho más
posterior pues pertenece a la introducción a “Los Doce Curadores y Otros
Remedios”, 1936. Respecto a la primera (“Para encontrar
la hierba que pueda ayudarnos, debemos encontrar primero el propósito de
nuestras vidas...”), la pregunta que se me planteaba siempre era la misma:
¿por qué no?, o ¿por qué no lo encontramos (el propósito)?. Se me ofrecían
dos alternativas: o era muy difícil, o de tan fácil se nos escapaba. Y todos
seguramente recordamos que el Dr. Bach escribió, aunque refiriéndose al método
de preparar las Flores: “Que la sencillez de este método no los disuada de
su utilización, pues descubrirán que cuanto más avancen sus investigaciones
tanto más advertirán la sencillez de toda la Creación”. (Algunas
Consideraciones Fundamentales sobre la Enfermedad y la Curación, 1930). Respecto a la segunda (“Todos sabemos
que las mismas enfermedades pueden tener diferentes efectos sobre diferentes
personas; son los efectos los que hay que tratar, porque ellos nos guían hacia
la verdadera causa”), ella evidenciaba que los estados que el Dr. Bach
describe correspondientes a las 38 Flores, no son la causa de la enfermedad, y
todos sabemos que para que haya una curación completa es necesario erradicar la
causa que está en el origen de una enfermedad, pero puesto que ellos, los
estados de ánimo, no son la causa, ¿cuál es ésta?. Así las cosas decidí entrar de lleno en los
escritos del Dr. Bach a través de todas las ediciones que hay en el mercado,
lamentando no poder hacerlo directamente en los textos originales por no saber
inglés, pero recurriendo a ellos cuando había discrepancias entre las
distintas ediciones y ayudado por amigos que me los traducían. De lo primero que me di cuenta es de la
importancia de leer a Bach cronológicamente porque es fácil observar cómo en
muchos escritos invalida algo que había escrito anteriormente, y no era
adecuado para mí aferrarme a un postulado del Dr. Bach del que posteriormente
él se retractaba de alguna manera. En ocasiones es habitual ver como a
determinadas Flores se les atribuyen indicaciones que, aunque es cierto que
provienen del Dr. Bach, éstas corresponden a cuando tenía muy pocas, y por
ello en una sola Flor hacía recaer indicaciones que a lo largo de sus
investigaciones vio que se correspondían mejor con las nuevas que descubría.
En este sentido es suficiente acudir a lo que publicó en Febrero de 1930 bajo
el título“Algunos Remedios y Nuevas Aplicaciones” y ver las indicaciones
que da para Impatiens, Mimulus y Clematis. Después observé el gran cuidado que hay que
tener para evitar caer en el error de, salvando las distancias, muchos
investigadores y del que creo que el Dr. Bach tampoco se escapó. Éste no es
otro que en su afán de encontrar lo que están buscando, todo cuanto pudieran
encontrar pero que no se corresponde con lo que se busca, es dejado de lado. Así
podemos ver cómo el primer dato del que tengo constancia respecto a una Flor
con la que el Dr. Bach trabajó corresponde a una conferencia titulada “El
Redescubrimiento de la Psora” leída ante la Sociedad Homeopática Británica
el primero de Noviembre de 1928; se trata del Ornithogalum, tal vez el
Ornithogalum umbetlatum que hoy conocemos como Star of Bethlehem, pero no la
retomó hasta 1935 puesto que seguramente no le dio los resultados que esperaba
ya que en aquel momento estaba buscando substitutos para los siete nosodes, además
de que la forma de prepararlas por aquel entonces era distinta de la que utilizó
después. Algo parecido sucedió tal vez con el Arvensis, citado en “Algunas
Consideraciones Fundamentales sobre la enfermedad y la Curación”
probablemente a finales de 1930, y que después abandonó aunque tal vez pudiera
corresponder con el Sinapis arvensis, la actual Mustard, aunque no estoy
totalmente seguro. Al seguir los Escritos del Dr. Bach, se observan desviaciones
importantes respecto a su intuición inicial que ya empieza a marcarse en 1920
en su escrito “Relación entre la Terapia de Vacunación y la Homeopatía”
Abril 1920, cuando, seguramente, llevado por su interés para poder aplicar el
nosode necesario cuanto antes mejor sin necesidad de esperar a un examen
bacteriológico que indicara qué tipo de organismo quedaba aislado, escribió:
“La toxemia intestinal bacteriana es la más interesante e importante. Si
se examinan las deposiciones de individuos que sufren la enfermedad se
encuentran organismos que pueden ser considerados como anormales, y de los
distintos síntomas del paciente se puede predecir, hasta cierto grado, qué
tipo de organismo será el aislado. De este modo, los individuos que
tienen miedos inusuales, como
terror al fuego, la altura, las muchedumbres, el tránsito, tienen casi
invariablemente un organismo del grupo de los bacilos paratifoideos. La persona
muy fuerte y nerviosa, con expresión ansiosa, por lo general de
mirada fija, suele tener un bacilo del grupo Proteus. El paciente que aparenta estar en perfecta salud y sin embargo tiene alguna enfermedad
crónica grave como la tuberculosis, con frecuencia tiene organismos del
grupo coli mutabili. La gente que se
lastima y sangra fácilmente posee un germen del tipo de la disentería, etc. La toxemia intestinal corresponde de la manera más
remarcable a la psora de Hahnemann. Toda esa maravillosa lista de síntomas,
tales como cansancio, pérdida de apetito, palidez, pérdida de energía,
espasmos nerviosos, que él describe como presentes en el individuo que no
está enfermo, de acuerdo a la creencia general; de modo que quien va al médico
sería ese neurótico que sólo quiere un cambio de aires, un ser
constitucionalmente sano. Decía que se observan desviaciones respecto
a esta intuición o manera inicial de orientar su trabajo. Puede facilitar esta
visión repasar el esquema siguiente: Todas estas desviaciones creo sinceramente
que son debidas por un lado a que a medida que iba encontrando más Flores para
los nuevos estados que iba definiendo, los siete estados iniciales, los
correspondientes en primer lugar a los siete nosodes y posteriormente a las
siete enfermedades primarias, se le iban desbordando e intentaba dar un espacio
a los nuevos que le aparecían; y por otro lado porque se observa un marcado
interés en conseguir mostrar la aplicación de sus descubrimientos de la manera
más fácil y sencilla posible, al mismo tiempo de que esta aplicación se
pudiera conseguir al menor “síntoma”, y me estoy
refiriendo con ello a miedos inusuales, expresión ansiosa, aparentar
buena salud, cansancio, palidez, pérdida de energía, etc., tal y como hemos
visto anteriormente. Así vemos que, de unos siete nosodes
iniciales respecto a los que ya hace referencia a ciertos estados mentales como
miedo, terror, aparentar perfecta salud, etc pasamos a las siete enfermedades
primarias descritas en el “Cúrese Ud. Mismo”: orgullo, crueldad, odio, egoísmo
ignorancia, inestabilidad y codicia. Es ya en el “Cúrese Ud. Mismo” 1930
(tomo como referencia el año en que fue escrito y no el año de publicación,
1931), donde parece que empieza a dibujarse una cierta desviación respecto a
sus postulados más iniciales y que no será reconducida hasta sus escritos
finales. Así, en el capítulo III de este mismo escrito, y posteriormente en
“Ustedes provocan su propio sufrimiento” 1931, hace referencia a la parte
del cuerpo afectada como guía hacia la causa primigenia y relacionada con la
naturaleza de lo que él denomina defecto. Por otro lado, y de manera totalmente opuesta
observamos otra línea de trabajo formada por los siguientes escritos:
“Algunas Consideraciones Fundamentales sobre la Enfermedad y la Curación”
1930, Libérense Ustedes Mismos” 1932, “Los Doce Curadores y los Cuatro
Ayudantes” 1933, y “Los Doce Curadores y los Siete Ayudantes” 1934. En
todos ellos va haciendo una constante y exclusiva referencia al estado mental,
el estado de ánimo, e incluso afirmando que no importa la parte del cuerpo
enferma. Si bien esta manera de proceder no nos puede parecer una desviación,
personalmente creo que sí lo fue ya que la cantidad de estados mentales y de ánimo
a los que hace referencia desdibujan de alguna manera lo que podríamos llamar
sus postulados iniciales: las siete verdaderas enfermedades del hombre. He
omitido los escritos “Doce Grandes Remedios” Febrero 1933,
“Mis Doce Remedios” Mayo 1933, y “Los Doce Curadores” 1933,
porque en ellos prácticamente hay tan sólo las indicaciones de sus primeras
doce Flores. Si tenemos en cuenta que inicialmente eran
siete los nosodes para tratar la toxemia intestinal a la que el Dr. Bach
identificó como la psora descrita por Hahnemann, la causa profunda de todas las
enfermedades; que posteriormente Bach enumera lo que para él son las siete
verdaderas enfermedades primarias del hombre y las siete correspondientes
virtudes a desarrollar, y que más adelante agrupó sus 38 Flores bajo siete epígrafes,
seguramente no será demasiado arriesgado intentar establecer paralelismos entre
una cosa y la otra. Sería muy largo ahora enumerarlos todos,
pero veamos uno de ellos a modo de ejemplo. Tomemos la enfermedad primaria
INESTABILIDAD y la virtud a desarrollar que en este caso es la AUTODETERMINACIÓN.
Seguramente será relativamente fácil ponernos de acuerdo en que puede
corresponder sin lugar a dudas al grupo de Flores denominado INCERTIDUMBRE o
DUDA. Recordemos que las Flores que se encuentran en este grupo son: Cerato,
Scleranthus, Gentian, Gorse, Wild Oat y Hornbeam, y es importante tener en
cuenta que ellas no son más que las distintas maneras en que puede manifestarse
la causa primaria que denominamos INESTABILIDAD. Hagamos ahora el esfuerzo de contemplar a las
Flores de este grupo desde la enfermedad primaria INESTABILIDAD. Es muy
importante hacerlo así, y no mirar a la inestabilidad desde las Flores, porque
es la enfermedad primaria el tronco común que las une a todas ellas y desde
donde ellas pueden definirse. Es decir, es la enfermedad primaria la que define
a las Flores y no las Flores a aquella. Para ver qué perspectivas se nos abren de
todo ello es necesario analizar más o menos detalladamente las palabras que
utilizamos al referirnos a la enfermedad primaria, a la virtud a desarrollar, y
en algunos casos incluso es necesario hacerlo con el título del grupo, para
despojar dichas palabras de cualquier interpretación que no les corresponda, o
en algunos casos para ver realmente qué es lo que significan. Veamos pues: Grupo “Para los que sufren de
Incertidumbre” *[1]INCERTIDUMBRE.
(formado con “in”, prefijo negativo) “Cierto”, del lat. certus
“decidido, deriv. de cernere “decidir”. **[2]INCERTIDUMBRE.
f. Falta de CERTIDUMBRE. f. CERTEZA f. Conocimiento seguro y claro de algo. //
2. Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar. Enfermedad Primaria: INESTABILIDAD *ESTABILIDAD, de “stare”,
estar de pie, estar firme, estar inmóvil. **INESTABILIDAD. f. Falta de estabilidad. **ESTABILIDAD -
ESTABLE. Que se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer. //2. Que
permanece en un lugar durante mucho tiempo. //3. Que mantiene o recupera el
equilibrio. Virtud a desarrollar: AUTODETERMINACIÓN
*AUTODETERMINACIÓN, formada por auto
del griego autós, “mismo” y del latín determinare,
“determinado, audaz”. AUTODETERMINACIÓN, **DETERMINACIÓN.
f. Acción y efecto de determinar. //2. Osadía, valor. **DETERMINAR. Fijar los términos de algo. //2 Distinguir, discernir. //4. Tomar resolución. El Dr. Bach nos dice lo siguiente: Cúrese Ud. Mismo, capítulo III: La
inestabilidad, la indecisión y la flaqueza de propósitos emergen cuando la
personalidad se niega a ser regida por el Yo Superior, y nos obliga a traicionar
a los demás a causa de nuestra debilidad. [1] (*) Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, Joan Corominas – Editorial Gredos, Madrid 1990 [2] (**) Diccionario de la Lengua Española – Real academia Española 2001
Cúrese Ud. Mismo, capítulo IV: La
inestabilidad puede ser erradicada desarrollando la auto-determinación, tomando
decisiones y encarando las cosas con firmeza, en vez de vacilar y dudar. Aunque
al principio cometamos algunos errores, es preferible actuar que dejar pasar las
oportunidades por falta de decisión. La determinación crecerá pronto; el
temor a zambullirse en la vida desaparecerá, y las experiencias recogidas
ayudarán a nuestra mente a discernir mejor. Una de las formas más habituales
bajo las que se esconde la incertidumbre es transformándose es “duda en
acertar”, o “temor a elegir mal”. Es cierto que todos deseamos elegir
acertadamente ante distintas opciones, pero en el caso de encontrarnos afectados
por la incertidumbre el problema a resolver no es el de elegir acertadamente.
Bajo el influjo de la incertidumbre, el problema es la incertidumbre misma, de
manera que, aunque nos rodeásemos de los mejores consejeros y así, la elección
que hiciéramos fuera la más adecuada, o en el caso de que dejásemos que la
vida eligiera por nosotros, y así su elección fuera la mejor para las
circunstancias en las que nos encontrásemos, la dificultad no tendería a
resolverse. Lo que hay que resolver es la incertidumbre misma, y la única
solución es elegir, es la de determinar por nosotros mismos, tomar una resolución.
No importa si cometemos un error al hacerlo porque este aparente error será un
acierto en el camino de afianzarnos en nuestra resolución, porque habremos
fortalecido la autodeterminación. Al plantearnos la inestabilidad, la
indecisión, etc. tenemos que hacerlo en dos sentidos. Existe el sí o el no
ante las exigencias del mundo, ante los requerimientos de la vida cotidiana y
los de los demás, pero también existen unos mandatos y requerimientos que
surgen de mi interior. Quizás no sabemos muy bien de dónde nos vienen ni si
son realmente deseos profundos o trampas o pautas de nuestra mente, pero lo
cierto es que también demandan una respuesta, un movimiento en un sentido o en
otro. Todas estas dudas, todos estos “no sé” o “no puedo” (en un
sentido de incapacidad para elegir) entrarían dentro de esta “enfermedad
primaria”. Si elegimos y con ello
desarrollamos la autodeterminación, aunque la elección sea inadecuada, como
nos habremos centrado en resolver lo que realmente es el obstáculo, la elección
inadecuada será corregida por la misma vida, y generalmente de manera suave,
amorosamente, porque ella está de nuestra parte cuando hacemos nuestro trabajo.
Ahora bien, al hacerlo debemos asegurarnos de que lo hacemos por nosotros
mismos, siguiendo exclusivamente nuestras inclinaciones. No elegimos de acuerdo
a la virtud que debemos desarrollar cuando lo hacemos bajo la presión de
personas que nos influyen o cuando lo que sentimos que debemos elegir es dejado
de lado por determinadas creencias o principios que nos han sido impuestos o por
las convenciones sociales o porque nos apoyamos en otras personas. Aunque es
arriesgado, porque su análisis contendría muchos matices, creo que a veces
incluso podemos elegir “no elegir”, pero siempre que lo hagamos con
determinación y por nosotros mismos. Determinarse tiene que ver también
con el sentido de permanencia en el rumbo elegido. Es decir, he tomado una
resolución, un camino o una actuación y permanezco con firmeza en la elección.
No por terquedad o rigidez o por querer demostrar que tenía razón-esto
correspondería a otro grupo-sino porque las dudas no me desvían, y a pesar de
ellas puedo seguir adelante con lo que creo que debo hacer o dónde debo
permanecer. Si analizamos los comportamientos
de las Flores de este grupo, veremos como la incertidumbre la pueden manifestar
bien en un estado de duda (Cerato, Scleranthus), o de no permanencia (Gentian,
Gorse), o pasar de uno a otro alternadamente, siendo tanto lo uno como lo otro
aspectos de la inestabilidad. También podemos observarlo desde otro punto de
vista: la inestabilidad en cuanto a un estado que podríamos denominar de
pendulación, SI-NO, ESTO-AQUELLO, AHORA-AUN NO, etc. (Cerato, Scleranthus, Hornbeam), la inestabilidad en cuanto a
no constancia, ADELANTE-ATRÁS, ACTÚO-NO ACTÚO, etc. (Gentian, Gorse) y una
combinación de los dos aspectos (Wild Oat). Elegir algo no significa renunciar
a otra cosa. De hecho no se renuncia a nada sino que se elige algo. Elegir
significa determinarse por algo y permanecer estables en esta elección. Si en
lugar de elegir, renuncio, lo que he hecho es renunciar y ello tendrá sus
consecuencias porque tarde o temprano lo viviré como pérdida. Los que
renuncian acostumbran a decir que no se puede tener o hacer todo. Los que eligen
hacen una elección y esta elección les satisface suficientemente hasta el
extremo que lo que no han elegido deja de tener valor e influencia sobre ellos. Es a través de nuestra consciencia, nuestros instintos y
nuestra intuición como recibimos los mandatos o las sugerencias que hay que
seguir tanto si se trata de una taza de té como de un cambio radical de
todos nuestros hábitos de vida, (Libérense Ustedes Mismos, 1932, Capítulo
IV) escribió el Dr. Bach. En este aspecto no debemos esperar que algún día se
nos aparezca alguien en una esquina y nos dé las claves necesarias para saber
si disponemos o no de la certeza que queremos para no equivocarnos. Se nos habla
a través de los acontecimientos y todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero
la interpretación de ello se produce en nosotros. Por eso es en nosotros donde
mejor lo podemos reconocer y escuchar a pesar de nuestras incertidumbres,
posibles autoengaños y diferencias respecto a los demás. En el libro “La
Imitación de Jesucristo”, capítulo XXV del Libro I, Tomás de Kempis
(1380-1471), escribe lo siguiente, probablemente poco antes de sus votos
solemnes: “Uno que a menudo se angustiaba entre el miedo y la esperanza, una
vez se postró delante de un altar de la iglesia y exclamó: “¡Oh! ¡si yo
supiera si he de perseverar!...” Acto seguido oí esta divina respuesta: “Si
lo supieses, ¿qué harías?. Pues, haz ahora lo que entonces harías, y estarás
tranquilo”. Es
interesante observar como a muchas personas que se identifican personalmente con
Flores de este grupo, no me refiero a un estado puntual de duda, se les valora
su decisión, se les dice que son decididas, cuando ellas mismas dicen y creen
que en “su fondo” no lo son, y por ello les sorprende que otras personas les
vean así. Lo que sucede es que están aprendiendo y desarrollando decididamente
la “virtud” que les corresponde. Dicho de otra manera, están
aprendiendo y muestran y enseñan al mundo aquello que es su mayor objetivo,
desarrollar la AUTODETERMINACIÓN, y por derivación la auto-confianza en las
propias decisiones, la capacidad de elección, la firmeza, la constancia, la
permanencia continuada en un esfuerzo, etc., y lo hacen más que nadie y con
mayor empuje que nadie porque para hacerlo tienen que vencer un obstáculo, un
gran obstáculo que otras personas no tienen: la INESTABILIDAD. En definitiva
estas personas son las GRANDES PORTADORAS DE AUTODETERMINACIÓN, y que ellas
cumplan con su objetivo en la vida es una bendición para todos los demás a la
que debemos responder cumpliendo nosotros el que nos corresponde. Sin embargo,
no nos debe sorprender que precisamente las personas que más se puedan
identificar con las Flores correspondientes a este grupo, sean las que nos digan
que no están seguras de si se identifican o no con ellas, o si lo que acabo de
exponer es adecuado o no en su caso particular. Si
hacemos el esfuerzo de analizar un poco qué es cada una de las enfermedades
primarias, para así despojarlas de las posibles cargas peyorativas que las
puedan desvirtuar en cuanto a su significado como resultado de mi manera de
entenderlas, y si tomamos como cierto que cada uno de nosotros nos identificamos
más o menos con el estado correspondiente a alguna Flor, aunque ello no
signifique que forzosamente dicho estado esté en lo que se denomina
desequilibrio, nos será fácil llegar a la conclusión de que en mayor o menor
grado estamos afectados por una de las enfermedades primarias. Si llego a esta
conclusión con claridad, sabré también cual es la virtud que más debo
esforzarme en desarrollar, y consecuentemente aportar, mostrar y enseñar en el
mundo. No
obstante, la práctica de esta manera de proceder me ha mostrado que no es del
todo fiable dejarme llevar por una manera de proceder excesivamente rápida. Si
recordamos las enfermedades primarias veremos que el Dr. Bach nombra entre ellas
a la IGNORANCIA. Por lo que he visto, esta enfermedad primaria aparece con mucha
frecuencia a lo largo de un proceso, a través de la necesidad de determinadas
Flores, y lo hace especialmente de dos maneras muy específicas: ·
en primer lugar cuando hay una
cierta dificultad para reconocer o aceptar la Flor que más describiría nuestra
manera de vivir y de relacionarnos con el mundo. ·
En segundo lugar cuando a pesar de
reconocer o identificarnos con una Flor, si por cualquier razón pasamos a
vivirla en un estado de desequilibrio, aparece en muchísimas ocasiones la
IGNORANCIA que es la que nos dificulta recuperar el equilibrio y por tanto el
bienestar mucho más rápidamente de lo que lo logramos normalmente. Empecé
la tarde haciendo referencia a las personas que parece ser que no quieren, o que
no están preparadas, o que se aferran a la enfermedad, y también vimos como el
Dr. Bach apuntaba la posibilidad de encontrar aquellos remedios “que
contrarresten la necesidad de algunas personas por refugiarse en la
enfermedad”. Pues bien, por lo que a mi respecta aun es pronto al no tener
suficiente experiencia, pero tal vez no sea demasiado arriesgado empezar a
afirmar que este trabajo, del que esta tarde estoy presentado un resumen,
contempla la posibilidad de que estos remedios a los que el Dr. Bach hacía
referencia, en nuestro caso les llamamos Flores, si que los encontró, y creo
que, no podía ser de otro modo, tienen que ver con la IGNORANCIA. Recordemos
una vez más las palabras del Dr. Bach: “Para encontrar la hierba que pueda
ayudarnos, debemos encontrar primero el propósito de nuestras vidas...”. Sinceramente creo que esto empieza a ser posible también desde el
trabajo que nos legó el Dr. Bach. A su estudio y divulgación es en lo que
pongo mi empeño y para ello creé y está AULA Lluís Juan . Me gustaría
que con el estudio, la práctica y muy especialmente con la experiencia personal
de este trabajo, del que hoy les he dado una pequeña reseña, pudiéramos dar
cumplimiento a los deseos del Dr. Bach cuando el 22 de Abril de 1933 escribió: “No
tiene sentido en la actualidad decirle a la gente simplemente: “No teman” o
“No deben estar enfermos”. Es necesario decirles por qué tienen miedo, o
por qué están enfermos, para luego darles el antídoto”, porque tal y
como dijo, seguramente con posterioridad al tratarse de un escrito no fechado, “El
terapeuta debe reconocer en el enfermo que su dolencia se debe exclusivamente a
la pérdida de la expresión espiritual que sigue al colapso de su Divina misión,
provocado por los pensamientos e influencias del entorno”. Finalmente
y como siempre, el mejor campo donde debemos empezar a trabajar es en nosotros
mismos, y con el deseo de que las últimas palabras que voy a leer del Dr. Bach,
caigan como semillas en tierra adecuada, es necesario que todos recordemos a
menudo un corto escrito del 4 de Agosto de 1935: “Ningún hombre debe ser líder
de los demás por ningún periodo de tiempo, a menos que sea más experto que
sus seguidores en su rama específica de conocimiento, ya sea ésta militar,
estadística o cualquier otra. Por lo
tanto, para ser un verdadero líder a través de los problemas, las
dificultades, la enfermedad, la persecución y otros obstáculos el líder debe
poseer un profundo conocimiento y una vasta experiencia, para que, con la ayuda
de Dios, sus seguidores jamás sufran privaciones”. Muchas
gracias por su atención. AULA Lluís Juan Lluís
Juan Bautista mail: [email protected] BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
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