No sabrás todo lo que valgo hasta que

no pueda ser junto a ti todo lo que soy.

Marañón

 

 

ALLí LO LLAMAREMOS AMOR

 

 

Este es un relato breve muy breve, tanto como lo puede ser un suspiro, como un abrir y cerrar de ojos; no dura más que la luz de un relámpago, que la caida de un meteorito en sus últimos metros. Poco importa lo que tardeis en leerla, pues teneis todo el tiempo del mundo, tanto como he tenido yo para que me la cuenten, no una sino infinitas veces, y tanto como para que me la vuelvan a contar, por lo menos, otras tantas. Mientras ocurre da tiempo a que muchas personas, tantas como podais o querais imaginar, nazcan, vivan y, por fín, mueran. Mientras os la cuento no debeis pensar que ya pasó, que sucedió hace mucho tiempo, pues tal vez así sea, pero tambien es posible que suceda mañana o, por qué no, dentro de una eternidad. A lo mejor está sucediendo ahora y, si así fuera, terminará mucho, mucho después que yo acabe de narrarla, pero no os preocupeis, conozco el final y os lo anticiparé. En esta idea, la falta de temporalidad, es como os la voy a contar y así la debeis entender : os hablaré en tiempo pasado, en presente y en futuro, porque no importa si fué, es o será, y lo único que os quiero hacer llegar es su realidad, la verdad de todas y cada una de sus palabras, que se dijeron en el principio de los tiempos, ahora mismo se dicen o después de mañana, mucho después, se dirán por primera vez.

Todo es difuso, etéreo y sutil. Para que os hagais una idea es como un mar de nubes: una eternidad de materia ingrávida y liviana, que no tiene principio ni fin y está en todos los sitios a la vez; te envuelve y penetra por todas partes, porque en ella vives y ella vive en tí, forma parte de tí mismo y en ella estás.

Nuestros personajes, dos, sólo dos, están ahí, envueltos en sí mismos y rodeados por todo los demás: ellos y otros como ellos, como tú y como yo un día, formando parte de un todo, individual y colectivo a la vez, compartido en la pluralidad y sentido en la individualidad, participando de lo general mientras esperan lo particular. Aguardan el momento en que se desprenderán del todo para vivir en la unidad. Esperan desgajarse de la totalidad, llevándose consigo parte de ella misma, pues ella son.

Están muy cerca la una de la otra, distinguiéndose de todas las demás por su proximidad. Están tan juntos que apenas se les distingue, tanto que son prácticamente iguales, haciéndose casí imposible saber quién es quién.

No tienen nombre porque aún no son nadie. No lo necesitan pues el nombre sólo sirve para diferenciar a las personas o a las cosas, y ellos, ellas, no son ni una ni otra cosa. Tampoco se lo voy a poner yo para diferenciarlas, además sería inútil: cómo distinguir entre lo que, en esencia, es lo mismo. Pues, y pronto lo vereis, eso son: una sóla identidad que existe en dos realidades distintas, de manera que si las confundis no importa, pues una sóla son, y lo que una diga bien lo podría haber dicho la otra, y su contestación, por tanto, igual es para la una que para la otra.

-Cada vez siento más en mí la unidad, a cada momento me distingo más de los demás.- Dijo una de ellas a la otra.

-Yo también, pero no me pasa lo mismo contigo: no soy capaz de diferenciarme de tí.- Le contestó su compañera.

-Es imposible, no puedes: tú y yo estamos tan juntos que no se nos distingue, estando los demás por un lado y nosotros por otro.

-Es verdad. No tengo claro dónde termino yo y empiezas tú. Pero me gusta. En realidad no sabría estar de otra forma, creo que sin tí no sería yo misma: te necesito.

-Y yo a tí. Tanto como tú a mí, pues, como has dicho, donde termina uno empieza el otro, o incluso más aún, antes de mis límites, mucho antes, ya estás tú, superponiéndote y formando parte de mí mismo. No sólo me gusta: la sóla idea de que no fuera así me haría enloquecer, pues no puedo pensar en mí sin hacerlo en tí.

En efecto, llevaban tanto tiempo juntos, en realidad todo, todo su tiempo, que se habían impregnado de las mismas cosas, habían concretado a la vez las mismas abstracciones, y por tanto, sentían prácticamente de igual forma, y a la vez, las mismas cosas.

Oye,-se dijeron en otra ocasión, más adelante- me pregunto si a los demás les pasará igual.

-Claro que sí: mirá y verás como, no a todos pero sí a la mayoría, les sucede lo mismo. Aquellos que están sólos ahora siempre lo estarán, pues si no tienen un alma gemela ¿ Con quién se van a juntar ?- Y sintió pena por pensar en algo tan cierto como incomprensible.

-Pero quién no lo hace será porque no puede, y es posible que aún a tiempo esté.- Contestó la otra con idéntica pena e incomprensión.- Seguro que es sin querer, pues cómo renunciar a nuestra otra realidad, la que nos complementa y realiza en toda nuestra extensión.

-No podrá renunciar y, por tanto, buscará y buscará sin cesar. Pero será inútil ¿ Cómo encontrar a su igual, si ahora no está con él ? Que pena me dan ¿Te imaginas que soledad?

-Claro, y tan grande debe ser que luego, cuando empiecen la otra vida, lo intentarán una y otra vez huyendo de esa tan desagradable sensación. Pero, ¿A quién van a buscar ?

-No lo sé. Supongo que, sin remedio, se equivocaran y creerán reconocer a quién, en realidad nunca conocieron.

-Claro, y cuando se den cuenta, pensarán que se han equivocado y volverán a empezar, aunque, por más que quieran, inútil será: buscarán sin llegar jamás a encontrar. Y me pregunto qué van a anhelar de los demás si, en realidad, ahora mismo, sólos consigo mismos están.

-No lo sé, pues nada más saber de mí lo hice de tí y no me puedo imaginar nada que no sea así: si no estuvieras tú tampoco estaría yo, pues sería de otra manera y otro, en fín. Sólo soy si, por tanto, tú eres.

-Nosotros. La palabra es nosotros. Tú y yo somos una misma cosa, somos nosotros.

-Claro que sí, sólos seríamos distintitos, otra realidad, pero juntos somos nosotros, y sólo así es como podremos ser todo lo que seremos: nosotros.

En este mar de abstracciones están ellos dos, o ellas si lo prefereis, concretándose a sí mismas a partir de los demás, aprendiendo a ser uno entre tantos, formando su individualidad al asumir un poco de la pluraridad que les circunda y de la que forman parte, tanto como les haga falta para ser ellos mismos, tomar una identidad y conformar una realidad, única e indivisible, que habrá de vivir un día, o tal vez ya vivió, en este mundo de aquí, desde el que os hablo y me escuchais. Les falta poco, muy poco, para conseguirlo : tan sólo unos pinceladas de aquí y de allá para acabar de dibujar su singularidad. Pero, no lo olvideis, la brevedad de la que hablo, a vosotros y a mí, nos puede resultar infinita, casi interminable, pues, aunque sólo es un soplo de tiempo, puede ir en él toda, o más aún de una de nuestras vidas. Ambos conocían lo que les aguardaba en el futuro, y, aunque sin detalles, sabían que habrían de adquirir una personalidad para empezar una nueva vida: en realidad, la vida, y que era para la que se habrían estado preparando desde el principio. LLegado ese momento intuían que se debían separar.

-Me pregunto cómo será la vida, la que nos aguarda después de ésta. Otra vez tendremos que aprenderlo todo porque ni siquiera sabremos quiénes somos ya

- No me interesa saber ni quién seré, ni dónde viviré, o a qué me dedicaré, pero me duele saber que nos hemos de separar.

-Sólo será un momento, antes de que nos podamos dar cuenta estaremos juntos otra vez.

-Allí será muy distinto, y lo que ahora nos parece poco, porque es un instante cósmico, luego, una vez allí. puede ser una gran parte de nuestra vida. Hasta que no esté otra vez contigo me faltará mucho de mí, tanto cómo tú representas en mi propia realidad: la mitad de mí, mi complemento, lo mejor y que más me gusta, porque no soy yo, sino tú.

-Ya lo sé, a mí me sucede igual: sólo contigo podré ser todo lo que ahora soy. Pero ese momento, antes o después, llegará y seguró que nos compensará por todo lo que hayamos tenido que pasar. Pero, ¿ te sabré reconocer ?

-Cómo no, me es imposible pensar que, por lo menos uno de los dos, no nos sepa reconocer. Si no soy yo, serás tú, y si no los dos a la vez. Recuerda que, como tántas veces hemos dicho, no somos ni tú ni yo, sino nosotros, y allí volverá a ser igual.

-Allí lo llamaremos amor.

-¿Amor? Qué palabra tan bonita. ¿Será eso suficiente para no hacernos dudar?

-¿Suficiente? ¿Te parece poca nuestra unión? Pues a eso es a lo que llamaremos amor.

-Entonces es verdad, no podré dudar. Pero, ¿cómo sabremos que es amor? ¿ No existirán allí otros sentimientos tan fuertes como él y que nos puedan confundir?

-Seguro que sí, por lo menos el opuesto a él, que aún con la misma intensidad, por contrario, no se podrá equivocar. Eso no sé como se llamará, pero espero que allí nunca nos olvidemos que ahora nos produce malestar sólo pensar en él.

-Ojalá, pero recuerda que todo hemos de olvidar y, si es así, incluso hasta conocer al amor lo hemos de aprender de nuevo. Me preocupa no llegarlo a aprender.

-Mira, nos dirán que la cara es el espejo del alma, y, si así es, los ojos la puerta por donde penetrar a su interior, a lo que realmente somos, a nosotros. No temas pues no tendrás que conocer al amor, sino a mí.

-Ahora todo parece fácil, pero sé que luego nada será igual. Aún tengo muchas dudas acerca de lo que nos puede pasar.

-Ya lo sé, a mí tambien,-y en efecto lo sabía, pues tenían practicamente las mismas ideas y pensamientos a la vez, dando igual quién hablara y quién respondiera, pues, en realidad, a sí mismos se preguntaban y así mismos se respondían- pero son problemas que en este instante no podemos resolver. Ahora sólo nos debemos preocupar de nuestra identidad, y madurar para cuando llegue el momento: seguro que así luego todo más fácil nos será.

-Sí, pero de qué nos valdrá nuestra madurez si nacemos en lugares muy distantes entre sí. También puede ser que pertenezcamos a diferentes razas o a muy distintas clases sociales. Imáginate, también, sin en vez de uno hombre y otro mujer, nacemos los dos con el mismo sexo. Tantas dificultades puede haber, con tantos problemas nos podemos tropezar, que igual no nos llegamos nunca a encontrar.

-No imagino ningun problema que nos pueda impedir volvernos a juntar. No hay fuerza capaz de superar nuestra unión. Si tenemos que viajar, lo haremos sin parar, como tampoco nos importarán las barreras, las costumbres o los convencionalismos que tengamos que superar, pues todo será para volvernos a juntar.

-Claro, juntos podremos con todo y contra todos. Es tal la fuerza que nos une ahora que no imagino nada capaz de podernoslo impedir, no importándonos por lo que hayamos tenido que pasar, o el tiempo que tengamos que emplear, pues, por fín, estaremos juntos otra vez.

-Será entonces, y sólo entonces, cuando cobraremos nuestra verdadera identidad, ya que volveremos a ser lo que siempre fuimos: nosotros. Nuestra fuerza es inquebrantable, y no existirá ninguna capaz de volvernos a separar.

Mientras tanto, el tiempo transcurría inexorable, acercando el momento en que las circustancias que darían lugar a sus vidas maduraban. Pero, como en tantas ocasiones, ese momento no llegó a la vez para ambos. Y así, por primera vez y para su confusión, empezaron a tener sensaciones distintas.

-No sé qué ocurre, es muy extraño, pero no siento lo mismo que tú.-Dijo uno de ellos confundido ante esto.

-Ya lo sé, noto como todo es distinto en mí.-Dijo el otro, que era quién notaba más próxima su partida.-Siento la llamada de la vida con más intensidad que tú.

-Espera, por favor, espérame. Yo también siento en mí la vida y no tardaré en experimentar lo mismo que tú.

-No puedo, y lo sabes. Mi tiempo está llegando y, por más que quiera, no podré demorarlo ni un instante más. El tuyo ya casi está maduro, es cosa de muy poco.

-Pero este momento que ahora es tan pequeño, pronto será para tí una enormidad.

-No importa, te esperaré igual, independientemente del tiempo que pase.

-Sí, pero, y mientras ¿ Qué haré yo ? No sé estar sin tí. ¿Y tú? ¿Qué harás allí sin mí?

-Piensa que para tí sólo va a ser un instante, mientras que para mí pueden ser años de desconcierto y soledad. Yo tampoco sé estar sin tí y te echaré de menos. Creo que te buscaré por todos lados, esperando impaciente tu llegada.

Según se acercaba, y ambos sentían el momento de la separación, aumentaba su crispación. Aunque la aceptaban como necesaria, no podían evitar el desconcierto que les producían tantas interrogantes acerca de lo que les iba a pasar.

-Y si tardo y cuando llegué, aunque equivocado, ya estás con otra persona, sería horrible. Toda mi existencia se convertiría en un infierno.

-Es posible, pero sólo sería esperándote a tí , y en cuanto te vea comprenderé que es a tí a quién quiero y contigo me iré. Sabes que nada más puede ser así, pues tú eclipsarás a cualquiera,quien quiera que pueda ser, porque es contigo y sólo contigo con quien yo quiero estar, ahora y siempre.

-Pero, a lo mejor, si tú ya has vivido mucho, y tienes experiencia, y sabes mucho de la vida, al llevar yo menos tiempo y saber menos que tú: ¿ No podrá pasar que entonces te parezca yo muy poca cosa para tí ?.

-Eso es imposible y, por tí mismo lo deberías saber, puesto que todo lo hasta entonces haga, aprenda, diga o sienta lo haré esperándote a tí, como tú harías por mí. Todo habrá sido esperando el momento de volvernos a encontrar.y lo que haya hecho hasta entonces, todo lo que tenga será para tí y para mí, para nosotros.

-¿Y el amor?- Preguntó angustiado.¿ También me lo darás cuando me veas?

-El amor no, porque no lo conoceré hasta que no llegues tú. Todo lo anterior, si es que lo hay, habrán sido ensayos, prácticas que me habrán enseñado cómo hacerte feliz, cómo vivir nuestra vida, por fín, cuando te haya podido encontrar. Pero no habrá amor sin tí, es imposible, porque sólo juntos lo podremos conocer.

Por fín llegó la separación. En un instante que a nosotros nos resultaría imperceptible, pero que ellos sintieron en toda su intensidad, pensaron y se dijeron mil cosas. Todo era nuevo, desconcertante, pues desde que podían recordar no habían estado sino el uno con el otro, y ahora sentían como se desprendían de una parte de sí mismos, para cada uno la mejor, la más importante y la que mas quería: el otro.

-Ven conmigo, no me dejes marchar sólo.- Decía el que se iba.

-No te vayas, quédate conmigo.- Decía el que se quedaba.

Por primera vez se dijeron palabras que a ambos dolían. Por primera vez, ya que hasta entonces nunca lo había necesitado, se pedían lo que no se podían conceder. Por primera vez, y aunque fuera sólo por este breve instante antes de desaparecer de sus vistas, dijeron y sintieron cosas que tardarían mucho en volver a hacer, tanto como tardaran en encontrarse otra vez.

-Hasta que vengas seré como el campo yermo, estéril e inútil.

-Vive y aprende a vivr. Espérame y sé féliz, pues aunque sea sin mí te deseo lo mejor.

-Ven pronto. Adios. Te quiero.

-Enseguida iré, en cúanto pueda, aquí sin tí ya no quiero estar. Yo también te quiero. Adios.

-Acuérdate: mira a los ojos y me reconocerás. -Dijo mientras se diluía desapareciendo de la vista de su, hasta ahora, inseparable compañera.

-Hasta pronto, mi amor, hasta pronto. Siempre te querré.

De esta manera se despidieron, diciendo palabras que hasta hace sólo un instante ni siquiera conocían. Las tuvieron que inventar, porque nunca habían necesitado expresar tales sentimientos.

No hará falta que os explique que pasará después, puesto que es fácil adivinar que, trás un breve periodo de tiempo, la que se quedó sóla corrió en busca de su compañera. Y lo que viene después, por vuestro bien espero, igual o mejor que yo sabreis, pues ¿Qué otra cosa puede ser?

 

 

La Adrada, 1 de Marzo 1.997

 

MENU INICIAL

Hosted by www.Geocities.ws

1