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ABRAZO DE LUNA
A quienes han vivido en la época lejana en que los hombres hablaban con la madre Tierra.
Una noche la Luna me abrazó,...
E n la época lejana en la que los hombres hablaban con la Madre Tierra, Senek y Anouk saludaban al Sol.Los bellos cantos de las Hijas de las Estrellas se oían por el valle que iba despertándose en el frescor del amanecer. Así lo venían haciendo desde que tenían uso de razón. Como lo había hecho antes su madre y la madre de su madre desde tiempos inmemoriales. Daban gracias al gran Dios por todo lo que les había sido concedido y el renacer de la Vida tras el invierno. Las nieves de las altas montañas dejaban paso a las alfombras de hierba y flores. El Águila y el Cóndor se mostraban majestuosos en el Cielo ante las hermanas. Con infinito AMOR tomaban en sus manos los Rayos del Espíritu del Sol y los entregaban a la Madre Tierra para que en su vientre guardara todo ese calor y germinaran los campos, que les alimentarían durante la próxima estación del frío. Era el tiempo del deshielo y la Madre Tierra empezaba a resurgir. Los animales del bosque salían a olisquear el ambiente. Los más pequeños retozaban entre las flores y los mayores buscaban de nuevo alimento. Trazando círculos, las Hijas de las Estrellas iban cogiendo los rayos del Sol y los atraían hacia su pecho. Anouk se fijaba como lo hacía su hermana e iba repitiendo los mismos movimientos, suavemente, dando las gracias por todo lo que estaban recibiendo. Una vez hecho esto, cada una de ellas trazó un círculo en el suelo y fueron danzando alrededor. Tomaban un rayo de Sol y lo depositaban en la Tierra. Luego trazaron otro círculo que enlazaba ambos y quedaron unidas en la danza. Cuando terminaron la ofrenda se fueron andando siguiendo el curso del arroyo. Subieron por las rocas trepando como el Espíritu del Puma. Era la primera vez que Anouk hacía esto. Hoy era un día especial. Era el gran día.
El agua les salpicaba y sentían el frío en las piernas. Atravesaron la cascada y cuando el arroyo corría entre los árboles, Senek se introdujo en el agua. En pie con los brazos en cruz agachó la cabeza y agradeció la generosidad del Espíritu del Río y de sus aguas, que les proporcionaba el alimento. Entonces Anouk le dio la lanza y con rapidez y sigilo atrapó un pez. Después otro y luego otro. Le pidió a su hermana que se metiera en el río hiciera su plegaria y agradecimiento y le entregó la lanza. Anouk no era tan rápida y se le escurrían los peces. En uno de los intentos, fue tan grande el impulso, que cayó sentada en el río. Ambas entonces rieron divertidas. Senek le ayudó a levantarse, y tomando a su hermana pequeña por los hombros pescaron el último pez. Una vez que los engarzaron en la lanza fueron a un prado cercano, se quitaron las ropas y se pusieron al Sol. Senek, entonces, observó la mancha que Anouk por vez primera tenía entre las piernas. Se sentaron en la hierba y le soltó las trenzas. Le estuvo peinando al mismo tiempo que le anunciaba: Hoy es un gran día. Tu cuerpo se ha convertido en una preciosa flor que ha dado el paso para recibir las semillas de un hombre. Como la Madre Tierra eres fértil para albergarlas. Cada Luna, y mientras no seas fecundada, tu cuerpo se preparará de esta forma. Anouk asentía con la cabeza. Estaba descubriendo como la VIDA se va repitiendo estación tras estación. Ante sus ojos se revelaban los grandes misterios de la Creación. Luego fue ella quien peinó a Senek mientras ésta tejía una corona para su hermana. Anouk sonreía. Senek coronó de flores a su hermana, se vistieron y juntas partieron de nuevo al poblado para dar la noticia. Al llegar Senek corrió hacia su abuela que preparaba la comida en la hoguera y al oído le dio la noticia. Ella abrazó a Anouk y levantándose fue avisando a las mujeres de la tribu para preparar la gran fiesta de iniciación.
Cuando cayó la noche y la Luna se izó en el Cielo, las mujeres dibujaron un gran círculo en el suelo. Senek ayudaba a vestirse a su hermana. Soltó su cabellera, la lustró y le puso la corona de flores. De la mano caminaron hacia el círculo. Las mujeres bailaban alrededor mientras los hombres cantaban y tocaban los tambores. Entonces Anouk se tumbó en el suelo boca arriba con los brazos en cruz. Como antes había visto a su hermana y a otras jóvenes pidió al Espíritu de la Luna sus Rayos para protegerse. A continuación se tumbó boca abajo y fue depositando la ofrenda en la Madre Tierra. Agradeció a la Luna y a la Tierra su nuevo cuerpo y les pidió fortaleza y sabiduría. Se puso en pie. Las mujeres continuaban bailando alrededor del círculo, Anouk entró al centro y entonces le fueron cubriendo con semillas y flores la cabeza y el cuerpo. Cuando terminó la ceremonia se acercó a la abuela y ésta le colocó una cinta alrededor de la frente: La distinción de que ya era mujer. Entre bailes y risas transcurrió la noche. Al alba Senek se levantó y fue a ver a sus caballos, cuando les estaba acariciando vio a Anouk que se acercaba. Se abrazaron. Anouk le pidió montar y cabalgaron un rato. Cerraron los ojos y sintieron el frío del amanecer en sus rostros. Soltaron sus manos y a merced del viento, animal y cuerpo se hicieron uno. Senek se sentía como el caballo: Un Espíritu veloz, seguro, fuerte, libre... Después de sentir en sus manos el impulso del infinito regresaron. Senek tenía la energía necesaria para ayudar a nacer al nuevo potro. Le pidió a Anouk que le ayudara con la yegua y Anouk temblando de emoción vio el milagro de la Vida. Juntas atendieron al pequeño caballo y pusieron heno fresco a la madre.
Transcurrieron las estaciones y Anouk se inició en el aprendizaje del curtido de pieles, mientras Senek hacía mocasines para el invierno y cuidaba de los caballos. De cuando en cuando un muchacho de la tribu vecina solía acercarse a verla. Llegó de nuevo la estación del frío. Tejían cestas y pintaban las pieles y la amistad del muchacho y de Senek fue creciendo. Pasaron las nieves y el muchacho, Hermano del Viento, pidió a Senek que fuera su compañera y juntos fueron a recibir a la primavera. Repitieron los cantos al Espíritu del Sol y a la Madre Tierra. Les agradecieron que pasara el invierno y pidieron un fecundo verano. Cuando cayó la noche Senek fue a la montaña a pedir al Espíritu de la Luna su poder. Se desvistió y le dio las gracias. Pintó su rostro y de rodillas le dio las gracias a Dios por su nueva Vida. Regresó al poblado. Las mujeres le cubrieron el cuerpo de aceites y perfumes, le ayudaron a ponerse un vestido que habían tejido para la ocasión tan especial. Lustraron su cabello y lo adornaron de flores. Salieron de la tienda. Senek subió a su caballo. Mientras, Los jefes de ambas tribus sellaron con sangre la nueva alianza en un apretón de manos. El humo de la hoguera reunía a las tribus y el aire se impregnaba con el aroma de la Fraternidad. Bebían y fumaban pidiendo a los Ancestros que bendijeran la Unión. Hermano del Viento montado a caballo se dispuso al lado de Senek. Juntos llegaron donde estaba el resto y bajaron de los caballos. Se acercaron a sus respectivos jefes y pidieron permiso para desposarse. Entonces el padre del muchacho en pie manifestó: Entrelazad vuestras manos. -Senek y Hermano del Viento se miraron fijamente a los ojos-. Si habéis unido vuestras manos y vuestros corazones que permanezcan así eternamente. El hechizo de sus miradas se perpetuó para siempre. Las mujeres acompañaron a Senek a la tienda. La desnudaron y dieron permiso al marido para entrar. Él se quitó la capa, cubrió a Senek con ella y salieron de la mano. Caminaron y con la Luna y el Firmamento de testigos se fundieron en un abrazo y unieron sus almas. Siguieron sucediéndose las estaciones. Senek contaba las Lunas que faltaban para que viniera al mundo su primer hijo. Y cuando de nuevo llegó el deshielo sintió que llegaba el momento. Se arropó en una manta y subió a la montaña. Allí agachada empujó con todas sus fuerzas dando gracias al Cielo y a la Tierra por ser testigos del milagro de Dios. Le pidió una vez más al Espíritu de la Luna su poder y nació su hija. Con lágrimas en los ojos vio que estaba sana, cubrió su cuerpecito. Se puso en pie y clamó: Eres el milagro de la VIDA y del AMOR. Has venido con la Luna y así te llamarás: Abrazo de Luna. Cuando amaneció Senek presentó a la pequeña, que había llegado como la primavera, al Espíritu del Sol. Era la época lejana en que los hombres hablaban con la Madre Tierra. Yolanda Andrés Uno de Octubre de dos mil uno. |