Bulimia
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La Bulimia Nerviosa es, después de la Anorexia nerviosa el trastorno de la alimentación más conocido.
Se caracteriza por:
1. Una alta frecuencia de episodios en los que la persona ingiere grandes cantidades de alimentos en un periodo de tiempo muy corto (los denominados "atracones"). Durante estos atracones, la persona tiene la sensación de pérdida de control de su propia conducta, por lo que, a veces, no es consciente, ni siquiera de la cantidad de comida que ha ingerido en ese tiempo.
2. Estos episodios van seguidos de fuertes sentimientos de culpa. Se reprocha a sí mismo/a esa conducta e intenta remediarlo a través de vómitos que él/ella mismo/a se produce, abuso de purgantes, exceso de ejercicio, etc. También suele utilizar la restricción alimentaria, aunque generalmente es menos drástica que la anorexia nerviosa.
3. Hay también una enorme preocupación por la silueta, la talla y la pérdida de peso. Sin embargo, y a diferencia de las personas que sufren anorexia nerviosa, mantienen generalmente un peso corporal normal. Por ello también es más difícil de detectar.
Hay varios tipos de Bulimia. La Bulimia Nerviosa Purgativa en la que, para compensar el atracón se utilizan sobre todo vómitos y laxantes. La Bulimia Nerviosa No Purgativa en la que se usan más otras conductas como ayuno, ejercicio físico, diuréticos, enemas... La Bulimia no nerviosa es un síntoma de otros trastornos o efecto secundario de algunas medicaciones, y en ella no existe interés en una pérdida de peso.
Es más difícil detectar la bulimia que la anorexia ya que no existen síntomas físicos visibles. Sin embargo, parece que se ha incrementado enormemente el porcentaje de personas que las sufren. Sólo en mujeres adolescentes (las de mayor riesgo) parece que ronda actualmente el 2-3%. Además la proporción de hombre y mujeres es de 1 a 10 respectivamente. El inicio suele darse a los 16-18 años. Del 25 al 30% de las personas que la padecen, han sufrido antes anorexia.
A veces desaparece durante pequeños periodos de tiempo, aunque generalmente vuelve a aparecer.
Entre los factores predisponentes se encuentran:
Individuales: ser adolescente, tener o haber tenido en algu´n momento sobrepeso, existencia de excesivo perfeccionesmo y de baja autoestima...
Familiares: progenitores (sobre todo la madre) obesos o muy preocupados por el cuerpo y la imagen corporal, conflictos familiares, psicopatologías en la familia...
Sociales: presión social hacia la delgadez...
Generalmente surge a partir de un acontecimiento estresante, a sentimientos disfóricos (desánimo, decaimiento, depresión...) o a un incremento de peso, burlas de otras personas hacia su peso o volumen corporal, cambios corporales bruscos (tales como el desarrollo)...
A partir de aquí se inicia una dieta restrictiva que lleva como consecuencia una disminución biológica de la energía consumida y por tanto, sensación de hambre y urgencia por ingerir alimentos. Ambas favorecen los atracones y el descontrol. Como consecuencia de ello aparecen la culpa y la ansiedad que dan pie a una nueva restricción aún más severa, y así sucesivamente.
Al igual que la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa debe ser tratada por un especialista. Sin embargo, además de la falta de síntomas visibles existe un fuerte intento de ocultar esta enfermedad por vergüenza, por miedo a que si se descubre se le haga engordar, etc.
Así pues, si sospecha que su hijo/a puede padecer este trastorno, se levanta de la mesa nada más terminar de comer, hace excesivo ejercicio o sufre un estreñimiento persistente que le "obliga" a utilizar laxantes, si desaparece comida de la nevera durante la noche o aparecen conductas compulsivas autodestruvtivas tales como robos en supermercados (de comida) y/o robos de cualquier otro tipo, conductas sexuales compulsivas, etc. sería positivo que intentase convencerle para que acuda a un especialista que pueda evaluar si existe o no ese trastorno y pueda intentar ayudarle.
CenPsiSa