Abusos Sexuales

Como comenté en el artículo de estrés postraumático, éste es un tipo de ansiedad que aparece en algunas personas como consecuencia de una experiencia que el sujeto ha vivido como catastrófica. Por lo tanto, los abusos sexuales pueden provocar una reacción en la persona que los sufra similar a la que podría producirle vivir un terremoto, una guerra o la muerte de una persona cercana... Además, hoy en día están considerados como una forma de maltrato físico y psíquico.

Se considera que se produce un abuso sexual infantil cuando existen a la vez la “coerción” (presión, engaño, abuso de la fuerza física...) y diferencia de edad, aunque en la actualidad se va aceptando más el término de la negación a los contactos como razón suficiente para considerar el abuso (por ejemplo, en casos de menores que abusan de otros menores).

Algunas personas no se deciden a denunciar los abusos que han sufrido debido a que hay muchos mitos e ideas erróneas con respecto a ellos, algunas podrían ser que el abuso debe conllevar daño físico (y si no hay marcas de daño “no me van a creer”), si han abusado de una persona “será que lo ha provocado ella/él”, “si se estuviesen dando en mi entorno yo lo sabría”, “los efectos no tienen importancia”, “los agresores nunca son personas normales, son personas que están locas”, “el abuso sexual, como el mal trato físico, sólo se da entre gente con pocos recursos económicos”, “los abusos sólo los tienen las niñas”, si una persona ha sufrido abusos “es mejor no hablar nunca del tema para no hacerle sufrir”, etc.

En España hay estudios que afirman haber sido abusados entre un 10% y un 15% de la población adulta (tanto de hombres como de mujeres, pero el % es menor en hombres). Aunque los agresores sexuales son en la mayoría hombres. Y que la probabilidad de que un niño que ha sido abusado y ha sufrido malos tratos físicos al mismo tiempo cometa a su vez abuso y malos tratos es mucho mayor que si no ha sufrido alguno de ellos.

Un niño/a que sufre abusos sexuales puede no comentar a nadie lo que le está ocurriendo, tanto porque el agresor haya amenazado su vida o la de algún ser querido como porque además de abusar del niño/a le ha maltratado psicológicamente diciéndole que “nadie le va a creer”, que “todos los niños lo hacen en su casa”, e incluso “que han nacido para ello” o que “sólo valen para eso”...

Otra idea importante a desterrar es la idea de que casi todos los abusadores son personas desconocidas, ya que el porcentaje mayor es de familiares y personas muy cercanas a la víctima.

Otra creencia errónea es que los niños tienen mucha imaginación y pueden estar mintiendo. Las investigaciones demuestran que los niños muy rara vez mienten en estos temas y además, los especialistas pueden evaluar si está mintiendo o no, pero no deben ser los padres los que decidan si el niño miente porque hay muchos datos que pueden pasarles desapercibidos a ellos, al no conocer la problemática.

Muchos padres creen también que si no les hablan de ello acabarán olvidándolo, y con ello, los niños, lo único que aprenden es a que “del abuso no se puede hablar” sobre todo si el abusador ha sido un familiar directo (padre/madre, tío/a, primo/a...), por lo que las interpretaciones que de ello harán serán aún peores, con los consiguientes daños psicológicos.

Los síntomas pueden aparecer justo después del abuso e incluso meses o años después y pueden incluir apatía o decaimiento, trastornos de la alimentación, dolores (de cabeza, de espalda de genitales...), pesadillas, flash-backs (imágenes intrusivas del abuso), vergüenza, culpa, rechazo del propio sexo (querer vestirse, peinarse, jugar... como lo hacen los del otro sexo), adicciones, falta de sentimientos, miedos (a no poder tener relaciones normales, a ser homosexuales, a abusar ellos mismos), trastornos de personalidad, automutilaciones, baja autoestima, problemas escolares, etc. Por supuesto no tienen que aparecer todos, sino que cada persona muestra su angustia de diferentes maneras, y además la expresión del problema también será distinta según la edad del niño/a. Es importante recalcar que uno de los primeros síntomas que aparecen es la culpa. La persona que ha sufrido abusos se auto-culpa de dichos abusos por lo que le es aún más difícil hablar de ello. Y sobre todo si el abusador es una persona muy relacionada con el niño/a el sentimiento de culpa es aún mayor porque quieren a la persona que está abusando de ellos y saben que si lo dicen “serán los culpables” de que sus padres no vivan juntos, de que se enfaden con ellos o incluso de que una persona a la que ellos quieren entre en prisión...

Por supuesto, cuanto más tiempo haya sido la persona abusada, y más graves hayan sido los abusos, normalmente la sintomatología que presentará será también más grave, pudiéndose llegar incluso a trastornos disociativos de la realidad (personalidad múltiple), suicidio, anorexias, prostitución, etc.

El tratamiento debe pasar siempre por acudir a un profesional especializado, en algunos casos debe cuidarse incluso que el psicólogo/a no sea del mismo sexo que el abusador. El tratamiento dependerá de cada persona y del momento en que se encuentre, pero deberá pasar siempre por la aceptación y reestructuración de pensamiento sobre lo acontecido (es decir que la persona aprenda estrategias realistas y adecuadas para enfrentarse a ello), y la eliminación de los síntomas.

 

CenPsiSa

Mª Isabel García Medina - Psicóloga Colegiada Nº: M-11045


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