Viaje al origen

         Cuesta escribir tras una parada cercana a los cuatro años. A veces uno duda de si sabe escribir o de si padece pena por parte de sus amigos, que por otro lado son sus mayores admiradores. No obstante tanto de un modo como de otro, aquí me tenéis de nuevo. Cuatro años no pasan en balde y es que la experiencia va adheriéndose a nuestra vida como los anillos de los árboles. Cuatro años de silencio, pero el que escribe sigue siendo el mismo, tan soñador como entonces. Hay que seguir luchando y buscando aquello que deseas sinceramente, aunque a veces los nubarrones te despisten en tu caminar. Han pasado tornados, sequías; llegó la hambruna y la desesperanza. Conocí el lado frío de la vida, de la respuesta tajante que engulle al soñador convirtiendo sus esperanzas en pasado. Pero al final del túnel siempre llega la luz, llega no sé si la solución, pero sí vuelve a fermentar en mi ser la búsqueda, la esperanza, el sueño… Durante estos cuatro años el cocodrilo de Peter Pan se ha adueñado de mi vida, convirtiendo las horas en segundos, los días en minutos, los años en un momento. Y aunque parezca extraño, en estas líneas no habla un perdedor… solo que cuesta mantenerse en pie en el día a día. ¡Cuatro años! Parece tiempo perdido, pero tan solo ha sido invertido. He seguido escribiendo aunque para otros proyectos, y aunque me amarga la ausencia en esta página, por otro lado me ilusiona regresar a casa, regresar a donde siempre ha habido cariño y respeto, regresar al fondo de la amistad.

         ¿Por qué viaje al origen? He tenido la suerte de haber sido seleccionado a participar en un viaje a la cultura del tabaco, y desde allí descubrir que “la buena vida” es posible, y no como producto de un despilfarro, sino como resultado de descubrir lo que realmente importa: el sentido de la vida.

         Disfrutar de la amistad como el mayor don que el hombre posee. Disfrutar de la alegría como la fórmula mágica que nos da felicidad. Disfrutar de lo que somos, tenemos y compartimos. A veces una mirada salva el insulto, una sonrisa pide perdón y un guiño es la esperanza del mañana. Las palabras no son determinantes aunque nos hagan tropezar y sientan los demás desprecio o llamada de atención. No quisiera no, no quisiera tener malos entendidos por culpa de mi carácter un tanto seco, cortante y a veces hiriente. Cuando el tiempo se ha acabado surgen los pesares. Pero de algo estoy convencido y es que lo hecho está bien hecho. No se puede dar marcha atrás en la esfera del tiempo. Los fracasos son la simiente del éxito de mañana. La ruptura es la disculpa para volvernos a encontrar. Y no despedirnos forma parte de un hasta luego.

         Quizás por eso, basta ya de palabras y dejaré para otra ocasión hablaros de mi viaje al nuevo mundo.

 

                                      Burgos, a 3 de febrero de 2009

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