¡Valor, valor compañero, que hay que tener valor!

Y es cierto, no se puede uno levantar por las mañanas y esperar con tranquilidad ver pasar otro día más. El roce diario con los más cercanos, puede producir enfrentamientos no deseados, disputas, falsos pensamientos, desagradables vocablos y adjetivos calificativos de falsa procedencia. Hay que tener mucho valor para arriesgarse a convivir diariamente, a pesar de nuestras buenas intenciones.

El otro es siempre un futuro confuso. Se acerca, se nos hace presente e incluso nos saluda. La tensión acaba de nacer. Se produce un choque de carácter enérgico que se desvanece al sonreír o al mirar concienzudamente ceja entre ceja. Pero después la tranquilidad regresa.

¡Valor compañero! ¡Valor y fortaleza!

Hay que ser fuertes y no decaer que la batalla comienza a ser nueva todos y cada uno de los días que nos queden por vivir en este mundo tan terrenal y crudo.

Hay que tener valor... Y al final todo se agradece, tarde o temprano cobraremos..., llegará el día de paga. Me lo imagino, rodeado de un entorno acogedor, en buena compañía, y sobre todo fumando, degustando la hoja de tabaco que cariñosamente o no haya sido torcida junto a sus hermanas para deleite, placer, o disfrute de un ser superior a ellas como somos los hombres.

No quisiera ser machista, pero agradezco que fumar puros sea un placer disfrutado por hombres. Sí que hay alguna mujer que ha encontrado sentido en este tesoro que nos reúne en los buenos momentos, pero cerca de mi hogar mis amigos y yo nos seguimos reuniendo en torno a esta figura que nos acoge y siendo cómplice consigue que nuestra amistad se agarre y afiance día tras día.

Que las volutas del cigarro nos den prosperidad, y puedan seguir arropándonos tan bien como ya lo han hecho hasta el momento actual.

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