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Regalo y tolerancia Regalo y tolerancia. Impresiona el eco al retumbar en nuestro ser y comprender en sí su significado. Es dar y entender que comprendes hasta dónde llega la libertad, el respeto y la convivencia. Todos estos conceptos se mezclan entre sí, como serpientes juguetonas que se enlazan para formar un solo cuerpo. Y en medio de todo ello surge la figura del fumador. Los que disfrutamos del arte de consumir magníficas obras como son los cigarros, debemos de tener integrados en nuestro ser todos estos conceptos. Hoy el fumar es un acto perseguido. ¿Por qué? Es posible que sea porque no supimos comprender el significado de estos dos términos. Lo que se nos dio bajo la aparente forma de tizones allá en los últimos años del siglo XV, nos embrujó de tal forma que no supimos comprender que el enlace que nacía entonces no se podía manifestar en todos los momentos de nuestra vida. ¡Ser tolerantes! ¡Comprender que yo puedo fumar o debo dejar de hacerlo porque molesta a los demás! ¡Entender que puedo dejar fumar porque estimo al otro que procura no molestarme! Parece que el atrevimiento en un principio, la prohibición en un segundo momento, la puesta de moda y la aparición del cigarrillo posteriormente, propiciaron que el respeto a los no fumadores fuera algo lógico ya que fumar era normal. La gente rica: empresarios, nobles... disfrutaba del placer de fumar. Y la gente pobre: obreros, labradores, e incluso vagabundos también accedía a ese encantamiento. Todos fuimos presas de un quizás aparentar, de un tal vez ser superior, diferente, distinguido... El hombre no puede estar ligado de por vida como si fuese aire a la planta medicinal de la Nicotiana Tabacum. Fue hecha para el hombre y no éste para la planta. Disfrutemos y respetemos. Gocemos y seamos consecuentes que no por fumar mucho y malo entraremos en otro ambiente. No será mejor degustar lo más exquisito... Disfrutemos y respetemos, pues seguro que a través de la tolerancia como herramienta los pueblos tendrán un nuevo lazo de unidad. |