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Rapidez ... En éste mundo que nos toca vivir, las prisas forman parte de nuestro carácter humano. La inmediatez nos ha absorbido de tal modo, que es parte indisoluble de cada uno de nosotros. Queremos las cosas de modo instantáneo. El sufrimiento de la espera o la incertidumbre son cosas del pasado. Ya no forma parte de nuestra época. Al igual que cuando nos encontramos con un cigarro, y precisamos de él atención y dedicación, del mismo modo las relaciones humanas precisan de ambas actitudes. La mentalidad de vivir en continua filosofía de “producción” nos aboca a un mundo complejo. Pero es tan sencilla la vida... ¿Por qué complicarla? Dan ganas de abandonar éste pegajoso mundo y volver a los orígenes. Dan envidia los monjes que se “apartan” de esta vida de ajetreo y preocupación, y se zambullen en el mar de la tranquilidad que es una vida dedicada absolutamente a aquel que nos la regaló. No hay prisas, no hay miedos, tan solo vivir por alcanzar ese encuentro deseado con aquel que nos creó y nos otorgó la capacidad de decidir y optar. Somos libres al elegir... ¡Ojalá se haga el silencio ya! ¡Que pare el tren! ¡Necesito salir de aquí! Y al mismo tiempo como añoro a los demás. No me crearon para vivir en soledad. Si supiera mi próximo destino... ¡Ay las prisas y la inmediatez, como me agobian! ¿Por qué? Miro al mar. Hoy está en calma. Es muy extraño encontrarlo así en el Cantábrico. Es un mar español, que contagia su carácter en nosotros. La belleza y la agresividad compiten y construyen de este modo nuestra forma de ser. Pero sigue en calma este cercano mar. Y aunque llena de paz y sosiego, regresan de nuevo los fantasmas con los que convivo diariamente. Miro afuera, a mi alrededor, a las personas con las que convivo y me descubren los miedos y preocupaciones que intento ocultar. ¡Qué bonito es concebir proyectos! Realmente es hermoso, pero cuando necesitas a otra persona para crearlo, para que dé sentido, para que se haga realidad... Entonces la espera se hace dolorosa. Parece estar cubierta de espinas. No se puede coger. Está ahí, sólo he de encontrar el momento más adecuado, y cuando llegue... ¡Avísame, por favor, no quiero hacer anhelar al otro y volver a sufrir en esa añorada espera! Que sepa descubrir paciencia para la vida, tranquilidad para las decisiones, y templanza al encontrar el momento. |