|
|
|
La amistad (IV) Burgos a 11/9/2000. La amistad. Palabra difícil de definir. ¡Qué contradictoria es la vida! Es un amor tan desproporcionado que ni el de los padres o el de tu pareja consiguen llegar a definirlo. La amistad. Quizás un sentimiento... “Algo” que surge entre los hombres y mujeres de buen corazón. Aunque sólo dure un minuto... ¡Qué difícil es mantener una relación de amistad! ¿Es realmente difícil? Y es que al principio ponemos las primeras intenciones por conseguir que esta planta (llamada amistad) germine. La insertas en el medio fondo de la maceta, él echa la tierra sobre esta semilla. Y mientras coges una jarra de agua y lo viertes sobre la reciente y aplastada tierra (mezclada con sustrato), para que despierte y sea por momentos un ser nuevo y potente. Porque la amistad es fuerte como una roca, y débil como un niño recién nacido. La amistad. Eres capaz de atravesar de un extremo a otro de tu país, para encontrarte con ese amigo que “roto” te necesita. Y tan sólo porque esa amistad es un lazo tan potente, que ni el tiempo ni la distancia son agentes que os separan. Pero sin cuidarla no se consigue otro resultado que la desaparición de esos lazos que en el pasado no quisieron romperse. La amistad. ¡Cuestión de tiempo o de ganas! Creo que son ambas. Tiempo y necesitarse el uno del otro son características complementarias, pero que no siempre deben de existir conjuntamente. En cuanto al tiempo, siempre existen unos límites que si rompemos o sobrepasamos alejaremos de nosotros ese lazo de compromiso bilateral. En cambio el “necesitarse” o “las ganas”, eso es otro tema. Aceptar al otro tal y como es, y saber aceptarlo cuando nos reprime en una u otra actuación es recibirlo como ese amigo del alma que siempre está presente. Porque fruto de esa relación, de esa crítica, de ese acompañamiento surge sin darnos cuenta... la amistad. “Si todos tus amigos son como Él, nunca estarás sólo en la vida”. Y es que Él procurará por todos los medios, que aquella planta a la que fuisteis capaz de dar vida permanezca por los siglos de los siglos en la lejanía, en el paso del tiempo, y en medio de las circunstancias y de las opciones personales de cada uno. Estas últimas pueden alejarles en el tiempo, pero nunca en las ganas ni en el mutuo sentimiento de estar acompañados. La amistad rompe cualquier frontera humana, y al mismo tiempo se hace débil y vulnerable. Sólo el hombre es capaz de destruir el amor de la amistad que siendo fuerte como una roca, pueda convertirse abonada por la despreocupación y desgana de ambos en debilidad, como la de un niño recién nacido sin la presencia de su madre.
(Corregido en palabras y alguna frase el 16 de junio de 2004). |