La amistad (II)

        Dicen que lo más alto a lo que podemos alcanzar es poder tener uno y a lo sumo dos amigos en toda nuestra existencia. ¿Es cierto? ¡A lo más dos! ¿Y los demás? Me jacto de tener muchos amigos... Si es cierta esta afirmación, ¿quiénes de todos vosotros sois realmente mis amigos? ¿Quiénes sois los elegidos? La religión que guía mi vida dice que “ mis amigos son aquellos por los que soy capaz de dar hasta lo más grande que poseo: mi vida.”

         Analizo los momentos en los que me encuentro con cada uno de vosotros, y llego a una primera conclusión: “todos vosotros (aquellos que me conocéis y os trato como a tales) tened presente que sois verdaderamente mis amigos.” Pero quizás el término que ando buscando no es el ser amigo, sino el ser hermano. En la cultura hispanoamericana, éste último término matiza si cabe aún más el término de la amistad. Porque si tú eres mi hermano, yo soy capaz de dar hasta mi vida por ti. Quizás por eso a veces sólo conseguimos un amigo en nuestra vida.

         Pero si esta matización fuera correcta o definiera con total carácter el término amigo, entonces llegaría a adoptar una segunda conclusión: “no puedo llamaros amigos a todos”. Y no puedo porque con algunos, aunque pueda contaros cosas importantes en mi vida, siento que mi entrega no es completa. Puedo compartir ilusiones, proyectos, pequeños secretos o de menor importancia..., pero ser capaz de entregar lo más grande que poseo... De momento no me he visto en esa situación (por un lado es obvio que si sigo escribiendo es porque estoy vivo), y sé que por otro lado no os he negado..., o tal vez sí. A lo mejor es preferible que no llegue jamás... Me aborda en este momento una situación de tristeza, pues entiendo que mi amor está limitado e interesado. Sé que mi capacidad de amor no ha llegado todavía a la madurez. Quizás por eso, todavía sigo vivo. Gracias amigos, los que os encontráis al otro lado de mis letras. Dais sentido  a mis escritos en la medida que podemos compartir estos y otros sentimientos. El otro día recordé una frase de la gente que me vio nacer a nivel literario, y ellos se maravillaban porque sabía traducir lo que sentíamos en ese momento. Gracias por seguir regando la semilla que tengo o que se me regaló a través de este arte. Me temo que siento que me queda un largo camino por recorrer hasta llegar al momento de máxima entrega. Pero la esperanza me acompaña.

¡Gracias por seguir ahí!

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