En la universidad...

Ante la petición de los miembros que integran la presente página, y tras la ausencia de mis escritos malos o buenos (que depende de ustedes, mis queridos lectores decidir), me acerco de nuevo con la vitalidad de un joven universitario.

Quien me conozca opinará que soy un mentiroso tras afirmar lo de joven y lo de estudiante. Por desgracia mi documento de identidad me apartó ya hace unos años de aquella magnífica e inquietante etapa. En cambio la faceta de estudiante debe de continuar con todos nosotros hasta el final de nuestras vidas. Mis estudios ahora caminan por sendas de humo... No obstante mi alma y mi espíritu se bañan en ambos mares.

Pero vienen a mí estos lejanos recuerdos, a consecuencia de mi presencia en algún centro universitario que frecuento últimamente al menos una semana al mes. En los amplios comedores con los que casi todos cuentan, el bullicio de chicos y chicas nos transforman a todos aquellos que sabemos ser observadores y deleitarse de la vida. Disfrutar del ambiente de ternura, inmadurez, adolescencia..., ¡a cualquiera le agrada un dulce! Tanta ñoñería, risa tonta, amplias y estrambóticas carcajadas, fanfarronismo, viene a recordarme que cuando los mayores hablan no es porque sean unos “plastas”, sino porque la experiencia ya se ha manifestado anteriormente en su vida.

Fumar un cigarrito de capa natural tras comer en uno de éstos centros, acompañado de un económico café me regresa de nuevo a mi juventud. No soy amante de los cigarritos, pero cuando el tiempo apremia, la fortaleza, el sabor y su aroma me satisfacen de cierta forma, o me consuelan la ausencia de un cigarro de mayor cuerpo. La duda o el temor de perder mi amistad con un Robusto o una pequeña Mareva, si los consumo con la rapidez y la inmediatez de nuestro quehacer diario, abre una  pequeña brecha en mi ser fumador y amante de los puros como obras magnas que debemos de apreciar y respetar.

A pesar de todo esto, los cigarritos de la marca “Ducados” son capaces de sustituir en cierto modo la ausencia de un cigarro. Su calado, su sabor, hasta el picor de su gran fortaleza que recorre toda su existencia, marcan a quien se atreve a poseerlo en corto tiempo y gran intensidad. Aunque la variedad que estoy disfrutando sea “Suaves”, la antigüedad del mismo lo hace más agresivo. Cayeron en mis manos algunas latas de éstos cigarritos ya desfasados, al ser sustituidos por los actuales en los cuales los suaves responden a su calificativo.

Y entre las volutas de éstos mis queridos diminutos amantes, me despido de mis lectores. Las aulas siguen estando ahí... Nos siguen esperando maestros y alumnos..., expertos y novatos, entendidos y amantes del placer de saborear siempre y en cualquier lugar lo que de nuestras manos hemos concebido. Que no decaiga los valores de los jóvenes, que sigan reinando frases como “quiero la paz para todos los hombres...” Mi respeto y mi oración para todas las víctimas de todas las guerras que sufrimos en nuestro mundo. Que no sean palabras bonitas, que sean realidad, que sean hecho o intención (al menos) en nuestro diario caminar. Y en especial quisiera unirme a todas esas voces que han gritado a partir del once de marzo en Madrid, en España y en el mundo: ¡basta ya! Si es difícil convivir con los que nos llevamos bien, cuánto más será con los demás. Hagamos reinar la paz desde nuestro interior hasta el interior de los que nos rodean... Quizás algún día entendamos que la felicidad es vivir con respeto y armonía, con paciencia y cercanía, con amor y fraternidad. Que la vela de nuestros puros sea ofrenda de paz desde www.cenadelpuro.com

Ángel.

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