El poder de la amistad (I)

         El otro día tuve la suerte de acompañar a un amigo que estaba organizando unas jornadas. Era de tal magnitud el evento que ya pasado un día de aquel encuentro, no reparo de ningún modo si debía o no debía de haber estado, simplemente me siento agradecido. Creo que no estamos convencidos de todo lo que significa “ser amigo de”, y de lo que repercute. Dice una canción: “tú eres el más cierto en horas inciertas”, y es porque el amigo está siempre en situación de espera.

A veces en la vida nos topamos con la gente en las realidades más diferentes que podamos jamás imaginar. Dicen los “famosos” que se trata de saber estar cuando hay que estar. Y algo de razón tienen. Poder compartir algo que está naciendo ya, y que repercutirá en millones de personas de modo directo o indirecto es algo que te hace sentir más vivo que nunca, y más cuando nace con carácter o con sentido de regalo. Todo aquello que se nos dio como ofrenda, como lo más “grande”, como un tesoro, repercute en nosotros de tal manera que nos transfigura. Saber que por mí mismo las cosas no se harán, pero que en la medida en la que yo sepa darme a los demás por cien o más repercutirá en mí, es darse cuenta de cómo esta pequeñísima semilla que soy dará un fruto inmenso. No soy nada por mí mismo, y en la medida en la que me regalo o soy capaz de regalarme, soy todo. Porque dejo de ser yo para ser nosotros. Algo así pasa en el matrimonio cristiano. Me doy a mi cónyuge para ser uno. Pero en esto no vale cualquiera. Si el otro no es capaz de darse con la misma ilusión, o con la misma fuerza, la balanza se desequilibra. Y todo esto no se mide en el día a día, sino en la medida en la que nuestro amor se manifiesta. Si esto significa que es cada segundo, pues solamente cabe vivir amando eternamente. ¿Palabras bonitas? ¿Es posible? ¿Estaban enamorados los santos en todos los momentos de Dios? Si logramos sentir y vivir la mitad de ese estado de enamoramiento hacia Dios de los santos en la otra parte de la pareja, podremos decir que el matrimonio fluye con naturalidad y sin paradas.

El poder de la amistad solo se hace efectivo si soy capaz de entregar la mitad de mi mismo al otro. ¿Qué significa la mitad? Significa todo, tiempo, cariño, cercanía, espera, hasta dinero (que muchas veces es lo que nos duele y hace romper esa relación). Solo en la medida de darme hasta llegar a esa mitad, solo en esa medida podré alcanzar la facultad o poder de decir que soy amigo de. ¿Toda la vida? Es posible. Si yo quiero es posible, pero sólo si yo quiero. Si quiero “perder” mi tiempo con el otro...

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