¿Cuánto cuesta sonreír?

         ¿Cuánto nos cuesta sonreír? Tan sólo es un esfuerzo en los labios. Una mueca positiva en nuestros rostros marcados por la tragedia diaria de la desgana, de la apatía, de la desilusión... Nuestro rostro es nuestro mejor documento de identidad. Podemos ser grandes personas a nivel interior, pero si sólo se queda ahí...

         Para cambiar de vida, el primer gesto es siempre una sonrisa. Es ella la mejor rúbrica en el contrato de conocimiento, que se realiza entre dos personas que se encuentran por primera vez. Es la respuesta positiva a la reconciliación. Es el mejor regalo que podemos entregar a los niños y que siempre de ellos recibimos gustosamente.

         Una sonrisa para cambiar el mundo. Llenos de tanta miseria que enuncian los periódicos de nuestra sociedad, la sonrisa es un préstamo a fondo perdido que da vida.

         Y no la falsa sonrisa. Por mucho que pretendamos enmascararla siempre descubrimos que aquel gesto no representa la verdad.

         Porque... ¿cuánto cuesta una sonrisa? ¿Se puede pagar con dinero? ¿Y con favores? Decía un cantante que con una sonrisa podía comprar todas esas cosas que no se venden... Pero hay días que me pregunto si acaso eso es cierto o es posible. ¿Cuánto cuesta una sonrisa? ¿Y cuál es el mayor privilegio, sonreír o ser sonreído?

         ¿Cuántas formas de sonrisa hay? ¿Es la misma disfrazada para cada ocasión?

         La sonrisa del silencio. ¡La verdad es que asusta! Es como la pregunta que esperas recibir y no quieres escuchar. Es la sonrisa que crea dudas, y agachas la cabeza o te haces el despistado para no enfrentarte a ella. Es la sonrisa del amor. Del amor oblativo. Del amor que se entrega sin espera. Da y nada más. No hace falta respuesta, pues la sonrisa del silencio lo dice todo.

         La sonrisa del perdón. Tras la ofensa no llega la injuria, ni la soberbia, ni los insultos, ni los forcejeos..., tan sólo llega la sonrisa. Desde el corazón quebrado solitario y sin defensas, su única ofrenda es la sonrisa del perdón.

         La sonrisa del reencuentro. Esperando y sufriendo la ausencia, cada uno se va forjando los músculos del rostro, para que cuando llegue el momento nazca la sonrisa del reencuentro. El abrazo que la acompaña rompe la distancia del miedo y la duda ante el encuentro. La sonrisa y el abrazo son compañeros inseparables de la espera y la recepción.

         La sonrisa del empujón. En la carrera de la vida, larga, dura, sufrida..., tarde o temprano llega el momento del avituallamiento. Esa sonrisa que te empuja a seguir caminando entre piedras, arena, barro y asfalto. Es también la sonrisa del descanso: Debes de coger fuerzas y continuar.

         Y continuaré otro día describiendo a la sonrisa, nuestro mayor premio de cada día.

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