Alguna de las bondades del cigarro

Supongo que alguna vez habrás disfrutado con las cosas más sencillas que tenemos a nuestro derredor. Una piedra, un palo de madera, unas hojas de árbol... y la imaginación humana. O el sonido de las uñas que dejamos crecer y que chocamos rítmicamente sobre la encimera de una mesa cualquier día aburrido.

El hombre, hace frente a sus preocupaciones principalmente de dos modos. O se altera y las vive nerviosamente, o se relaja, reflexiona y posteriormente actúa. Y quizás éste último modo sea el que más me atraiga. Sin prisas, ni pausas, somos capaces de solucionar casi todo. Y en ese ambiente hace acto nuestro querido protagonista: el cigarro.

En el inicio de ese clímax conviven el pensamiento y las primeras volutas que hacen concentrarnos con mayor éxito. Encender o dar inicio a ésta obra de arte, forma parte de una gran celebración. Unos pueden pensar que crear o concebir esté en contradicción con consumirse o destruir, pero en este caso forma parte del nacimiento de algo tan grande en la cultura humana actual como el placer, la satisfacción, la deducción... conseguir aquello que con gran fuerza y entusiasmo hemos luchado y se hace realidad.

El cigarro a medida que se va consumiendo, a medida que va quemándose, va creando círculos alrededor del mismo, compactando ese bloque de ceniza que va definiendo cómo es esa obra, cómo fue concebida, cómo fue elaborada... No es solo algo que está desapareciendo, es algo que satisface a quien lo realiza, y sobre todo y por encima de todo con libertad, con el conocimiento de saber que no actuamos contra la ley natural, aquella que marca nuestra existencia en armonía, tranquilidad y eternidad.

¿Lo eterno? Cómo podemos calificar de eterno a un cigarro. Dicen los expertos en el tema, que el cigarro alcanza su momento de máxima textura, de máxima gratificación a los quince años de haberse torcido, suponiendo que se mantenga en las mismas condiciones óptimas de humedad y temperatura. Pero siendo así, quince años no son una eternidad, pero pueden parecerlo. Quince años en prisión. Quince años en una cama, aquella persona que tras un accidente permanece en coma. Quince años de preparación de aquel niño que entró un día en un seminario de su diócesis y ahora recibe el sacramento del órden sacerdotal, o de aquella pareja que empezaron a conocerse y hoy reciben (quince años después) el sacramento del matrimonio. ¿Quince años? Podríamos escribir un libro con todo lo que reúne este concepto. Quince años es eternidad y es también sinónimo de “parece que fue ayer”.

Alguna de las bondades del cigarro... Las bondades son solamente aquellos títulos que otorgamos los hombres. Para unos son, para otros... seamos tolerantes para así poder juntos convivir.

Ángel.

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