Adiós a las armas

El adiós a las armas es la expresión que define un punto y aparte. El otro día hablaba con el web master comentándole la posibilidad por parte mía de dejar de escribir. En estos momentos en los que dar palos de ciego es un error, o no es la mejor opción, merece la pena saber esperar.

Este breve escrito (que por supuesto no pretende ser el último) se ve acompañado por las corpulentas volutas de todo un habano, cuyo fundador de origen catalán, deja disfrutar en mi paladar un pequeña joya. Escogido entre otros de la misma caja, éste especialmente, se distingue por su buen tiro y perfecta combustión. Me ha dejado perplejo al comprobar como después de unos minutos en el cenicero, el cigarro que ha sido bien cortado y bien encendido (consejos muy importantes para disfrutar de cualquier cigarro, a parte de su conservación) sigue manteniéndose como si el tiempo no hubiera transcurrido.

El dulzón que deja el pacharán mezclado con los aromas previamente masticados del Cadetes de Fonseca, favorece el poder disfrutar de un tiempo tan corto (media hora), antes de regresar a la segunda mitad de la jornada de trabajo.

En definitiva, y ya despidiéndome, recomendaros el poder disfrutar siempre (aunque sea poco tiempo) de degustar un gran cigarro. Cierto es que cuando entramos en el segundo y en el tercer tercio, el cigarro se hace más agresivo, aun así bien merece la pena. Y merece la pena poder seguir escribiendo. Con que solo uno sea capaz de leerlo, merece la pena haberse sentado otra vez delante del teclado para haceros este regalo.

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