Arena y Viento Celeste
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LA TEMPESTAD
(1920)

SATANAS

El Padre Samaan era profundo conocedor de temas espirituales y teológicos, versado en los secretos del pecado venial y mortal, y una autoridad en los misterios del Paraíso, el infierno y el Purgatorio.

Su tarea era recorrer las aldeas del Norte del Líbano, predicando al pueblo, curando a las almas del mal y previniendo a los hombres contra las acechanzas de Satán, a quien el Padre Samaan, día y noche, combatía sin descanso.

Los campesinos lo respetaban y reverenciaban, y estaban siempre dispuestos a pagar sus consejos y oraciones con monedas de oro y plata. Y en toda colecta, aportaban los mejores frutos de su trabajo.

En una noche de otoño, cuando el Padre Samaan se dirigía hacia su solitaria aldea, atravesando un sitio desolado en medio de valles y colinas, oyó un grito angustioso prove niente del costado del camino. Se detuvo, miro'en dirección al lugar de donde provino el llamado y vio un hombre desnudo, tendido sobre el suelo. La sangre brotaba de las profundas heridas de su cabeza y de su pecho mientras gemía e imploraba socorro:

-¡Salvadme! ¡Socorredme! ¡Tened piedad de mí, me estoy muriendo! El Padre Samaan miró, perplejo, hacia el caído diciéndose: "Este hombre debe ser un ladrón...

Seguramente trató de asaltar a un viajero y fracasó; está ágonizando y, si muriera en mis brazos, me responsabilizarán de su muerte. Así pensando, siguió su camino; mas el moribundo detuvo sus pasos gritando:

- ¡No me abandones! ¡No me abandones! ¡Me conoces y te conozco y moriré si no me socorres!

El Padre, entonces, se detuvo y empalideció al pensar que estaba negando un auxilio, y con labios trémulos se dijo: "El ha de ser, sin duda, uno de los locos del bosque. El as pecto de sus heridas hace temblar mi corazón; ¿qué haré? ¿En que puedo ayudarlo? Un médico de almas no cura cuerpos".

Y el Padre se alejó; mas, cuando había dado unos pocos pasos, el moribundo lanzó un gemido que conmovería el corazón más duro. El Padre se detuvo nuevamente y oyó al herido que decía, con un jadeo:

-Acércate. Acércate, pues somos amigos desde hace mucho tiempo... Tú eres el Padre Samaan, el Buen Pastor, y yo no soy ni un loco ni un ladrón. Ven a mi lado y te diré quién soy.

El Padre Samaan se acercó al hombre, se inclinó y lo contempló atentamente. Mas tan sólo vio un rostro extraño; un rostro lleno de contrastes; vio inteligencia y maldad; fealdad y belleza; perversidad y ternura... Erguiéndose, retrocedió de un salto exclamando:

-¿Quién eres? ¡Nunca te vi en mi vida! Y el moribundo, con voz débil, dijo:

-No tengas recelo de mí, Padre, que hace tiempo que somos amigos. Levántame y llévame hasta el arroyo y lava mis heridas.

-¿Quién eres tú? Dímelo, pues no te reconozco ni recuerdo haberte visto. Y el hombre respondió con voz agonizante:

-Me conoces muy bien. Me has visto ya mil veces, hablas de mí todo el día y te soy más querido que tu propia vida. Pero el Padre Samaan, sin reconocerlo, le respondió, enojado -¡Eres un impostor y un mentiroso! Un moribundo debiera decir la verdad... Jamás vi tu rostro malvado en toda mi vida. Dime quién eres o te dejaré morir...

Y el herido, moviéndose trabajosamente, miró a los ojos del sacerdote y con una significativa sonrisa en sus labio, le dijo con voz tranquila, profunda y suave:

-Soy Satanás.

Al escuchar la terrible palabra, el Padre Samaan dio un grito tan fuerte que sacudió los rincones más lejanos del valle, y, con los ojos llenos de espanto, miró nuevamente al herido reconoció que su figura y sus heridas, coincidían con la figura y las heridas de Satán pintadas en una tela que colgaba de la pared de una iglesia de la aldea, representando el juicio Final. Entonces, exclamó trémulo:

-Dios me reveló tu rostro y me mostró tu figura infernal para alimentar mi odio por ti. ¡Maldito seas por siempre jamás! ¡La oveja enferma debe ser sacrificada por el pastor para que no infecte al rebaño! Y el demonio respondió, con impaciencia:

-No te apresures, Padre, en perder tu tiempo pronunciando palabras vanas. Ven y cura mis heridas antes que la vida se escape de mi cuerpo. Mas el sacerdote le dijo:

- ¡Las manos que ofrecen sacrificios a Dios no se mancharán tocando un cuerpo hecho de las secreciones del Infierno! ¡Tú debes morir maldecido por las lenguas de las Edades, por los labios de la Humanidad, pues eres enemigo del Hombre y es intención confesa destruir toda virtud! Satanás se movió angustiado, se apoyó en un codo y, dificultosamente se irguió respondiendo:

-No sabes lo que dices ni comprendes el crimen que cometes contra mi mismo. "Yo soy la razón de ser de tu bienestar y de tu felicidad. ¿Menosprecias mis beneficios y niegas mis méritos mientras vives a mi sombra? ¿No es mi existencia la justificación de tu profesión, y mi nombre el que da sentido a tu vida? ¿Qué otra profesión abrazarías si el destino decretase mi muerte y el viento esparciera mi nombre? Hace veinticinco años que recorres estas aldeas para prevenir a los hombres de las trampas y ellos compran tus prédicas con dinero y con los frutos de sus campos. ¿Qué otra cosa comprarían de ti, mañana, sabiendo que su enemigo, el demonio, murió y que están libres de su maleficio?

"¿No sabes, en toda tu ciencia, que cuando la causa desaparece, las consecuencias desaparecen también? ¿Cómo aceptarás, entonces, que yo muera si con ello perderás tu posición y el pan de tu familia?

Calló Satanas. Y los rasgos de su rostro ya no expresaban réplica, sino confianza. Después, habló de nuevo:

-Oyeme, oh impertinente ingenuo, y te mostraré la verdad que liga mi destino al tuyo. En la primera hora de su existencia, el hombre, de pie frente al sol, extendió sus brazos y exclamó:

"-Tras las estrellas hay un Dios poderoso que ama el bien. -Después, volviéndose de espaldas, vio su sombra en el suelo y gritó: -En las profundidades de la tierra hay un demonio perverso, adorador del mal.

"Y el hombre volvió a su grúta murmurando:

"-Estoy entre dos dioses terribles, uno es mi protector y el otro mi enemigo.

"Y durante siglos, el hombre se sintió dominado por ambas fuerzas; una buena, que él bendecía y otra mala, que él maldecía.

"Después, aparecieron los sacerdotes. Y esta es la historia de su aparición: Había, en la primera tribu que se formó sobre la tierra, un hombre llamado Laús, que era inteligente pero lleno de prejuicios. Detestaba los trabajos manuales de que se vivía en aquella época, y muchas veces debía dormir con el estómago vacío.

"Una noche de verano, cuando los miembros de la tribu estaban reunidos alrededor del jefe, conversando mientras descansaban, uno de ellos se levantó de pronto en medio de la asamblea, elevó sus brazos al cielo y, poniendo en su voz toda la emoción que pudo fingir, dijo piadosamente:

"-¡Posternaos hermanos míos y orad, pues el dios de las tinieblas está atacando al dios incandescente de la noche. Y si vence el primero, moriremos, pero si triunfa el segundo, entonces viviremos. Orad para que venza el dios de la luna!

"Y Laús continuó hablando hasta que la luna volvió a su brillo natural. Y los presentes quedaron maravillados y manifestaron su alegría con danzas y canciones. Y el jefe de la tribu dijo a Laús:

Conseguiste esta noche, lo que ningún mortal consiguió antes que tú. Y descubrirste secretos del Universo que nadie entre nosotros conocía. regocíjate, pues a partir de hoy serás el segundo honibre de la tribu después de mí. Yo soy el más fuerte y el más valiente; y tu eres el más culto y el más sabio.

Serás, por lo tanto, el intermediario entre los dioses y yo, y me revelarás sus secretos y me enseñarás lo que debo hacer, para merecer su aprobación y su benevolencia.

"-Todo lo que los dioses me revelarán en mis sueños -respondió Laús-, yo te revelaré al despertar. Seré quien interceda entre los dioses y tú.

"El jefe, satisfecho, obsequió a Laús dos caballos, siete bueyes, setenta corderos y setenta ovejas. Y le dijo: "-Los hombres de la tribu te construirán una casa igual a la mía y te ofrecerán, de cada cosecha, una parte de lbs frutos recogidos. Pero dime ¿quien es ese dios del mal, que se atreve a atacar al dios resplandeciente?

"-Es el demonio -respondió Laús-, el mayor enemigo del hombre, la fuerza que desvía el ímpetu del huracán hacia nuestras casas, la que manda secar nuestros plantíos y en ferma nuestros rebaños, la que se alegra con nuestra infelicidad y se entristece con nuestras alegrías. Necesitamos estudiar sus intenciones y tácticas para prevenir sus maleficios y frustrar sus artimañas.

"El jefe apoyó su cabeza en el cayado y susurró:

"-Sé ahora lo que ignoraba y los hombres sabrán también lo que sé y te honrarán. Laús, porque nos revelaste el misterio de nuestro terrible enemigo y nos enseñanste a combatirlo.

"Y Laús volvió a su tienda, eufórico por su habilidad e imaginación, mientras el jefe y los hombres atravesaron una noche poblada de pesadillas.

"Así aparecieron los sacerdotes en el mundo; y mi existencia fue la causa de su aparición. Laús fue el primero en hacer de la lucha contra mí una profesión. Más tarde, esa profesión evolucionó y progresó hasta convertirse en arte sutil y sagrado que solamente abrazan los espíritus maduros, las almas nobles, los corazones puros y la amplia imaginación.

"En cada ciudad que nacía, mi nombre era el centro de las organizaciones religiosas, culturales, artísticas y filosóficas. Yo construía monasterios y ermitas sobre cimientos de miedo, y fundaba tabernas y burdeles sobre el gozo y la lujuria. Soy padre y madre del pecado.

"¿Deseas que el pecado muera con mi muerte? ¿Aceptas que yo muera en esta soledad? ¿Deseas romper los lazos que existen entre tú y yo?

"Es curioso que me esfuerce en mostrarte una verdad que conoces mejor que yo, y que es más útil a tus intereses que a los míos.

"Ahora haz lo que quieras. ¡Cárgame sobre tus espaldas y llévame a tu casa y cura mis heridas; o déjame agonizar y morir aquí mismo!

Mientras hablaba Satanás, el Padre Samaan se frotaba las manos agitado. Después, con voz balbuceante como pidiendo disculpas, dijo:

-Sé ahora lo que ignoraba hace una hora, perdona, pues, mi ingenuidad. Sé que estás en el mundo para tentar, y la tentación es la medida con que Dios determina el valor de las almas.

"Sé, ahora, que si murieras, morirá la tentación y desaparecerán contigo las fuerzas que obligan al hombre a ser prudente y a orar, ayunar y adorar. Debes vivir, porque sin ti, los hombres dejarán de temer al infierno y se hundirán en el vicio. Tu vida es, por lo tanto, necesaria para fa Salvación de la Humanidad; y yo sacrificaré mi odio por ti en el altar de mi amor a los hombres. Satanás lanzó una carcajada que sacudió el suelo.

- ¡Cómo eres de inteligente, Padre! -dijo-. Y que conocimientos posees de teología! Has hallado, con el poder de tu inteligencia, una finalidad para mi existencia que yo mismo ignoraba. Ahora comprendemos ambos, nuestra mutua necesidad.

"Aproxímate, hermano mío. Las tinieblas están cubriendo la campiña y la mitad de mi sangre se ha escapado sobre las arenas de este valle y, a menos que me ayudes, nada quedará de mí, sino los restos de mi cuerpo quebrado por la Muerte.

El Padre Samaan, entonces, arrolló las mangas de su hábito, se acercó a Satanás, y cargándolo sobre sus espaldas se encaminó hacia la casa.

En medio de aquellos valles silenciosos y cubiertos por el velo de la oscuridad, el Padre Samaan caminaba doblado por el peso de su carga. Su sotana negra y sus largas barbas estaban salpicadas por la sangre que se escurría sobre él, pero caminaba animado, con sus labios murmurando fervientemente una oración por la vida de Satanás agonizante...

"CONOCETE A TI MISMO"

Salim Efendi Deaibes, en una noche lluviosa de Beirut, meditaba sobre la base de Sócrates: "Conócete a ti mismo".

-Sí -decía-, esta es la llave y la base de todo el saber. Necesito conocerme a mi mismo. -Y levantándose, se paró frente a un enorme espejo y, después de contemplarse largamente, comenzó a enumerar sus características:

-Soy de baja estatura. Así eran Napoleón y Víctor Hugo.

-Tengo la frente estrecha. Así era la de Sócrates y Spinoza.

-Soy calvo. Así era Shakespeare.

-Tengo una nariz grande y aguileña. Así era la de Savonarola y Voltaire y George Washington.

-Tengo los ojos melancólicos. Así eran los de Pablo el Apóstol y Nietzsche.

-Tengo los labios gruesos. Así eran los de Aníbal y Marco Antonio.

Después de enumerar decenas de características semejantes, Salim concluyó:

-Es mi personalidad. Es mi verdad. Soy un conjunto de cualidades que distinguieron a los grandes hombres desde el comienzo de la Historia. ¿Puede un hombre así dotado dejar de realizar algo grande en este mundo?

Una hora más tarde, nuestro héroe estaba durmiendo vestido, sobre la cama deshecha y sus ronquidos, más que la respiración de un ser humano, semejaban el ruido de un molino.

ESCLAVITUD

Los hombres son esclavos de la Vida, y es una esclavitud que llena sus días con miseria y desesperación, e inunda sus noches con lágrimas y angustia.

Siete mil años han pasado desde el día de mi primer nacimiento, y desde aquel día he presenciado los esclavos de la vida, arrastrando sus pesados grilletes. He recorrido el Este y el Oeste de la Tierra, y he vagado a la luz y a la sombra de la Vida. He visto las procesiones de la civilización moviéndose de la luz hacia la oscuridad, y cada una fue arrastrada al infierno por almas humilladas, doblegadas bajo el yugo de la esclavitud. El poderoso es reprimido y sometido, y el fiel se arrodilla adorando a los ídolos. He seguido al hombre desde Babilonia hasta El Cairo, desde Ain Dour hasta Bagdad y he observado las huellas de sus cadenas sobre la arena. He escuchado los ecos tristes de los cambiantes siglos, repetidos por las praderas y los eternos valles.

He visitado templos y altares y entrado a palacios, y sentado ante los tronos. Y vi al aprendiz ser esclavo del artesano, y al artesano ser esclavo del emperador, y al empleador ser esclavo del soldado, y al soldado ser esclavo del gobernador, y al gobernador ser esclavo del rey, y al rey ser esclavo del sacerdote, y al sacerdote ser esclavo del ídolo... y el ídolo es nada más que tierra modelada por Satanás y erigida sobre una pila de cráneos.

Entré a las mansiones de los ricos, y visité las chozas de los pobres. Encontré al infante mamando del pecho de su madre la leche de la esclavitud, y a los niños aprendiendo sumisión con el alfabeto.

Acompañé a los siglos desde las riberas del Ganges hasta las costas del Eufrates; desde la desembocadura del Nilo hasta las planicies de Asiria; desde las arenas de Atenas hasta las iglesias de Roma; desde los suburbios de Constantinopla hasta los palacios de Alejandría... Sin embargo, vi a la esclavitud moverse sobre todo, en una gloriosa y majestuosa procesión de ignorancia. Vi a la gente sacrificando jóvenes y doncellas a los pies del ídolo, llamándolo el Rey; quemando incienso delante de su imagen, y llamándolo Profeta; arrodillándose y adorándolo, y llamándolo la Ley; peleando y muriendo por él, y llamándolo la Sombra de Dios sobre la tierra; destruyendo y demoliendo hogares e instituciones por su causa, y llamándolo Fraternidad; luchando y robando y trabajando por él y llamándolo Fortuna y Felicidad; matando por él, y llamándolo igualdad.

Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento. En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor. Encontré la esclavitud ciega, que ata el presente de las personas al pasado de sus padres, y los incita a ceder a sus tradiciones y costumbres poniendo espíritus ancianos dentro de los nuevos cuerpos.

Encontré la esclavitud muda, que liga la vida de un hombre, a una esposa que aborrece, y coloca el cuerpo de una mujer en el lecho de un esposo odiado, desvitalizando ambas vidas espiritualmente.

Encontré la esclavitud sorda, que sofoca el alma y el corazón, dando al hombre sólo el eco vacío de una voz, y la lastimosa sombra de un cuerpo.

Encontré la esclavitud coja que pone el cuello del hombre bajo el dominio del tirano y somete cuerpos fuertes y mentes débiles a los hijos de la Codicia para ser usados como instrumento de su poder.

Encontré la esclavitud cruel, que desciende con el espíritu del infante desde el amplio firmamento hasta el hogar de la miseria; donde la Necesidad vive junto a la Ignorancia, y la Humillación reside al lado de la Desesperación. Y los niños crecen como miserables, y viven como criminales, y mueren como despreciados y rechazados seres inexistentes. Encontré la esclavitud sutil, que nombra a las cosas de otra manera... llamando inteligencia a la astucia, y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura, y cobardía a un firme rechazo.

Encontré la esclavitud retorcida, que hace que la lengua de los débiles se mueva con miedo, y hable sin sentimiento, y ellos fingen estar meditando su súplica, pero son como sacos vacíos que hasta un niño puede doblar y colgar.

Encontré la esclavitud sumisa que induce a una nación a cumplir con las leyes y reglas de otra nación, y la sumisión es cada día mayor.

Encontré la esclavitud perpetua, que corona a los hijos de monarcas como reyes, sin ofrecer consideración al mérito. Encontré la esclavitud negra, que marca para siempre con vuergüenza y desgracia a los hijos de los criminales.

Al contemplar la esclavitud, vemos que posee los viciosos poderes de continuación y contagio.

Cuando me cansé de seguir detrás de los disolutos siglas y me aburrí de observar procesiones de gente apedreada, caminé solitario por el "Valle de la Sombra de la Vida, donde el pasado trata de esconderse detrás de las culpa, y el alma del futuro se repliega y descansa demasiado tiempo. Allí, al borde del Río de Sangre y Lágrimas que se arrastraba como una víbora ponzoñosa y se retorcía como los sueños de un criminal, escuché el asustado susurro del fantasma de esclavos, y contemplé la nada.

Cuando llegó la medianoche y los espíritus emergieron de sus escondites, vi a un cadavérico y agonizante espectro caer de rodillas, contemplando la luna. Me acerqué diciendo:

-¿Cuál es tu nombre?

-Mi nombre es Libertad -contestó esta espantosa sombra de un cadáver.

-¿Dónde están tus hijos? -le pregunté. Y la libertad, llorosa y débil, jadeó.

-Uno murió crucificado, otro murió loco, y el tercero todavía no ha nacido. Se fue cojeando, hablando todavía, pero las lágrimas en mis ojos y los gritos de mi corazón no me impidieron ver ni oír.


VENENO DULCE


En una mañana de otoño, que en el norte del Líbano tiene un esplendor inigualable, los aldeanos de Tala se reunieron en la plaza de la iglesia para comentar el repentino viaje de Fares Rahal que, abandonando a su joven esposa, partiera con rumbo desconocido.

Fares Rahal era el líder' de la aldea. Había heredado su primacía de su abuelo y de su padre. Y, aunque joven, había en él una superioridad que se imponía.

Cuando se casó con Susan Barabat todos dijeron: " ¡Qué felicidad! Consiguió, con menos de treinta años, todo lo que un hombre pueda desear de este mundo."

Pero, aquella mañana en que lo recordaban, los habitantes de Tula, que sabían que Fares había reunido todo su dinero antes de montar su caballo y abandonar la aldea sin despe dirse de nadie, se sentían perplejos y comenzaron a buscar los motivos que podían haber llevado, a un hombre como él a abandonar de repente a su gente, su esposa, su casa, sus campos y viñedos.

En el norte del Líbano, la vida se asemeja a un socialismo más que a cualquier otro sistema. Todos comparten las alegrías y las tristezas de la vida, guiados por instintos simples y sinceros. Y hacen frente, juntos, a todos los acontecimientos importantes.

Fue por eso que los habitantes de Tula abandonaron sus tareas cotidianas y se reunieron cerca de la iglesia para cambiar opiniones sobre la misteriosa partida de Fares Rahal.

Mientras conversaban, vieron acercarse al Padre Esteban, párroco de la ciudad, con la cabeza gacha y el rostro sombrío. Lo acogieron con miradas interrogantes. -No me hagan preguntas -dijo él, por fin-. Todo cuanto se, es lo siguiente: Fares vino a golpear mi puerta antes del amanecer; su rostro estaba marcado por la tristeza cuando me dijo:

-Vine a despedirme, Padre. Me voy más allá del mar y no regresaré jamás a este país.

Después, me entregb una carta para su amigo Nagib Malik y me pidió que la entregara personalnente. Hecho eso, saltó sobre su caballo y desapareció antes que pudiera preguntarle nada.

Alguien conjeturó: -Sin duda, la carta explica los mote vos del viaje, ya que Nagib era su mejor amigo.

Otro preguntó: -¿Ha visto a su esposa, Padre?
-La visité después de las oraciones de la mañana -respondió el Padre-. La encontré sentada al lado de su ventana. Miraba a la distancia, con ojos vidriosos, cual si hubiera perdi do la razón. Cuando la interrogué, abanicó su cabeza y murmuró:-No sé. No sé.-Y se echó a llorar como una criatura.

De pronto se oyó un disparo de revólver y todos se estremecieron. Y a continuación escucharon los gritos de una mujer. Los aldeanos quedaron atónitos un instante, y, enseguida, salieron corriendo en dirección al sitio donde sonó el disparo. Cuando llegaron cerca de la casa de Fares Rahal, vieron a Nagib Malik tendido en el suelo, con sangre brotando de su cuerpo. A pocos pasos de él, Susan, la esposa de Fares Rahal, se arrancaba los cabellos y gemía:

-Se ha suicidado. Se ha suicidado...

La gente se detuvo temerosa. El Padre vio, en la mano del infeliz la carta que le entregara aquella mañana, la retiró y la puso discretamente en su bolsillo.

Cargaron, luego, el cuerpo del suicida y lo llevaron a casa de su madre, quien al ver el cadáver de su único hijo, perdió el sentido.

Las mujeres cuidaban a Susan que estaba medio muerta. Cuando el Padre Esteban volvió a su casa, cerró la puerta, se puso los anteojos y abrió la carta leyendo con voz trémula:

"Nagib, hermano mío, abandono esta ciudad porque mi presencia en ella es causa de infelicidad para ti, para mi esposa y para mí mismo.
Sé que eres demasiado noble para traicionar a tu amigo y vecino.
Sé que Susan, mi esposa, es pura e incapaz de cometer un pecado.
Mas sé, también, que el amor que liga tu corazón al de ella es más fuerte que vuestras voluntades.

Tú no lo puedes detener, como no puedes detener el curso del río Kadisha. Somos amigos, Nagib, desde que éramos pequeños. Y deseo que continúes pensando en mí como lo has hecho hasta ahora.

Y si te encontrases con Susan, dile que la amo y que no la censuro. Dile que sentía pena de ella cuando, de noche, la veía arrodillada frente a la imagen de Jesús, rezando y llorando.

Nada es tan cruel como el destino de una mujer que ama a un hombre, mientras debe vivir con aquél a quien debe amor. Quería mantenerse fiel a sus obligaciones, pero no podía acallar sus sentimientos. Es por eso que me alejo hacia lejanas tierras de donde jamás regresaré. Yo deseo continuar siendo. un obstáculo en el camino de vuestra felicidad.

Finalmente, te pido, amigo y hermano, ser fiel a Susan y ampararla hasta el fin. Ella sacrificó todo por tu causa. Y permanece, Nagib, tal como te conozco: corazón noble, alma elevada. ¡Y que Dio- te proteja!

Fares Rahal El Padre Esteban dobló la carta y la devolvió a su bolsillo con aire ausente. Sentía que algo se le escapaba. Luego, se levantó agitado, como si hubiera descubierto un secreto terrible escondido tras apariencias inocentes. Y gritó:

-Extraordinaria fue tu astucia, ¡oh, Fares Rahal! Supiste matar a tu amigo sin manchar tus manos con su sangre. Enviaste el veneno mezclado con miel, y cuando él dirigió el revólver contra su propio pecho, tu mano guiaba su mano y tu voluntad dominaba su voluntad... ¡Mortal es tu astucia, oh, Fares Rahal...!

Y el Padre Esteban se volvió de espaldas acariciando sus barbas, el rostro marcado por una mueca amarga. Desde el centro de la aldea, llegaban hasta él los lamentos de las mujeres.

DIENTES CARIADOS

Había en mi boca un diente cariado. Era un diente astuto y malvado: permanecía quieto todo el día y sólo comenzaba a molestar y a doler por la noche, cuando los dentistas dormían y las farmacias estaban cerradas.

Cierto día, perdí la paciencia, busqué un dentista y le dije:
-Líbreme, por favor, de este diente hipócrita.
-Sería tonto arrancar un diente que podemos tratar -objetó el dentista.
Y comenzó a raspar, limpiar y desinfectar. Cuando el diente estuvo libre de la caries, el dentista lo obturó y declaró con orgullo:

-Este diente es, ahora, más sólido que los otros.
Creí sus palabras, llené sus manos de dinero y me retiré satisfecho.
Pero una semana después, el maldito diente volvió a atormentarme.
Busqué otro dentista y le dije:
-Arranque este diente sin discutir. Porque sufrir es diferente de ver sufrir.
El dentista arrancó el diente. Fue una hora terrible pero beneficiosa. El odontólogo, examinando el diente dijo: -Hizo bien en extraerlo, la caries había llegado a las raíces. No había forma de recuperarlo.

Y dormí en paz, aquella noche y todas las noches siguientes.
En la boca del ser que llamamos Humanidad, también hay dientes cariados. Y las caries ya alcanzaron las raíces, pero la Humanidad no los arranca. Prefiere tratarlos y limpiarlos y obturarlos con oro brillante.
¡Cuántos dentistas están ocupados en tratar los dientes de la Humanidad! ¡Y cuántos enfermos se entregan a esos médicos!; y sufren y aguantan, para después morir.

Y la nación que se debilita y muere, no resucita para narrar su enfermedad al mundo, ni para hablar de la ineficacia de los remedios sociales que la llevaron a la tumba.

En la boca de la naciones de Oriente, también hay dientes cariados, sucios y nauseabundos. Nuestros dentistas tratan de obturarlos. Pero esos dientes no se curarán. Es necesario arrancarlos. Pues las naciones que tienen dientes cariados tienen estómagos débiles.

Quien quiera ver los dientes cariados de una nación oriental, visite sus escuelas, donde los niños y niñas de hoy se preparan para ser los hombres y mujeres de mañana. Visite los tribunales y sea testigo de los actos fraudulentos y corruptos de aquellos que debieran hacer justicia. Verá como se burlan de los sentimientos y pensamientos de los hombres simples, tal como el gato se burla del ratón.

Visite las casas de los ricos, donde reinan la vanidad, la falsedad y la hipocresía.

Y recuerde visitar, también, los tugurios miserables donde habitan el miedo, la ignorancia, la envidia y la cobardía. Después, visite a los dentistas de dedos hábiles, poseedores de instrumentos delicados, panaceas y sedantes, aquellos que gastan sus días llenando las cavidades de los dientes podridos de la nación para disfrazar las caries.

Hablé con esos reformadores que se presentan como la inteligencia de Siria y organizan sociedades y promueven conferencias y hacen pronunciamientos. Cuando -los oiga hablar, escuchará melodías que, quizá, suenen más sublimes que el reconfortante son de la piedra del molino, y más solemne que el croar de los sapos en una noche de verano.

Cuando usted les diga que la nación siria muerde su pan con dientes cariados y que cada trozo masticado y mezclado con saliva infectada enferma el estómago de la nación, ellos le responderán:
-Sí, pero estamos buscando, justamente, las drogas modernas y los medicamentos más eficaces.
Y si les preguntaran: -¿Y qué es lo que pensáis de la extracción? -Se reirán del que los interroga, ya que no estudió la noble ciencia de la odontología.

Y si insisten en preguntar, se enfadan y, apartándose dirán: - ¡Cuántos ignorantes en este mundo! ¡Y como-incomoda su ignorancia!





.... continuará...

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