Arena y Viento Celeste - Página Principal - |
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EL VAGABUNDOLo encontré en la ruta, un hombre sin otra cosa excepto una capa y un bastón, y un velo de tristeza sobre su rostro. Y nos saludamos. Y también le dije: Ven a mi casa y sé mi huésped. Y él fue. Mi esposa y mis hijos nos recibieron desde el portal y él les sonrió, y se regocijaron con su llegada. Entonces nos sentamos todos juntos a la mesa y nos sentimos felices con aquel hombre, porque había silencio y misterio en él. Y, luego de comer, nos reunimos junto al hogar y le pregunté acerca de sus andanzas. Nos relató muchos cuentos aquella noche, y también al día siguiente, pero lo que yo recuerdo ahora es aquello que nació de la amrgura de sus días, a pesar de haber sido él gentil; y estos cuentos hablan del polvo y de la paciencia de su ruta. Y cuando nos dejó, luego de tres días, no sentimos que un huésped había partido, sino que uno de nosotros aún se hallaba en el jardín y faltaba que entrara todavía. VESTIDURASCierto día Belleza y Fealdad se encontraron a orillas del mar. Y se dijeron: Bañemonos en el mar. Entonces se desvistieron y nadaron en las aguas. Instantes más tardes Fealdad regresó a la costa y se vistió con las ropas de Belleza, y luego partió. Belleza también salió del mar, pero no hallósus vestiduras, y era demasido tímida para quedarse desnuda, así que se vistió con la ropa de Fealdad. Y Belleza también siguió su camino. Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden la una con la otra. Sin embargo, algunos hay que contemplan el rostro de Belleza y saben que no lleva sus vestiduras. Y algunos otros que conocen el rostro de Fealdad, y sus ropas no lo ocultan a sus ojos. EL AGUILA Y LA CALANDRIAUn águila y una calandria se encontraron sobre una roca en lo alto de una colina. La calandria dijo: Buen día tengas, Señor. Y el águila, contemplándola desde lo alto, dijo lánguidamente: Buenos días. Entonces la calandria dijo: Espero que todas sus cosas estén bien, Señor. Sí, dijo el águila, todo está bien. Pero, ¿no sabes que somos los reyes de las aves y que no debes dirigirte a nosotros antes de que hayamos hablado? Dijo la calandria: Yo pienso que pertenecemos a la misma familia. El águila la contempló desdeñosamente y dijo: ¿Y quién ha dicho acaso que tú y yo somos de la misma familia? Entonces respondió la calandria: Te recordaré solamente esto: yo puedo volar tan alto como tú, y puedo cantar y deleitar a las criaturas de esta tierra. Y tú no das ni placer ni deleite. Entonces enfurecida el águila dijo: ¡Placer y deleite! ¡Tuacute, pequeña y presumida criatura! Con un solo golpe de mi pico podría destruirte. Apenas si tienes el tamaño de mi pie. La calandria se elevó y comenzó a picotear sus plumas. El águila furiosa voló rauda hacia lo alto para deshacerse del pequeño pájaro. Pero falló en su intento. Por último se arrojó contra la roca de la alta colina, más atormentada que nunca, con la pequeña criatura aún sobre su espalda, y blasfemando contra la suerte que le tocaba es ese momento. En esos instantes una tortuga se acercó y rió ante esa escena, y rió tan fuerte que casi vuelca sore sus espaldas. Y al águila, observándola con presunción, dijo a la tortuga. Tú, lento ser reptante como ninguno en la tierra, ¿de qué te ries? Y la tortuga dijo: Porque te veo convertida en caballo y conducida por un ave pequeña; más, la pequeña ave es la mejor de las aves. Y el águila dijo: Ocúpate de tus asuntos. Esto es una cuestión de familia, entre mi hermana, la calandria, y yo. LA CANCION DE AMORCierta vez un poeta escribió una canción y era hermosa. E hizo muchas copias de ella y la envió a sus amigos y conocidos, hombres y mujeres, y también a una joven a la que había visto sólo una vez, y que vivía al otro lado de la montaña. Pasados un día o dos, un mensajero de la joven llegó trayendo una carta. Y en la carta ella decía: Permíteme asegurarte que estoy profundamente emocionada por la canción de amor que escribiste para mí. Ven ya mismo, y conoce a mi padre y madre, y haremos juntos los preparativos para los esponsales. El poeta contestó la carta diciendo: Amiga mía, no era sino una canción de amor brotada del corazón de un poeta, cantada por todo hombre y toda mujer. Y ella le escribió otra vez diciendo: ¡Hipocríta y mentiroso de palabras! Desde este día hasta el de mi entierro odiaré a todos los poetas en memoria tuya. LAGRIMAS Y RISASEn la ribera del Nilo, al atardecr, una hiena encontró a un cocodrilo; ambos se detuvieron y se saludaron. La hiena habló y dijo: ¿Cómo lo estás pasando, Señor? Y el cocodrilo, respondió: Mal. A veces en mi tristeza y dolor lloro, y entonces las criaturas dicen: No son sino lágrimas de cocodrilo. Y esto me hiere hasta lo indecible. Entonces la hiena habló: Tú hablas de vuestro dolor y tristeza, más pensad en mí por un momento. Yo me admiro de la belleza del mundo, de sus prodigios y milagros, y desbordada de alegría me río aun cuando el día se ríe. Y la gente de la jungla dice: No es sino la risa de una hiena&.#148 EN LA FERIADesde la campiña llegó a la Feria una niña muy bonita. En su rostro había un lirio y una rosa. Había ocaso en su cabello, y el amanecer sonría en sus labios. Ni bien la hermosa extranjera aparecií ante sis ojos, los jóvenes se asomaron y la rodearon. Uno deseaban bailar con ella, y otro cortar una torta en su honor. Y todos deseaban besar su mejilla. Después de todo ¿no se trataba acaso de una Bella Feria? Más la niña se sorprendió y molestó, y pensó mal de los jóvenes. Los reprendió y encima golpeó en la cara a uno o dos de ellos. Luego huyó. En el camino a casa, aquella tarde, decía en su corazón: Estoy disgustada. ¡Qué groseros y mal educados son estos hombres! Sobrepasan toda paciencia. Y pasó un año, durante el cual la hermosa niña pensó mucho en Ferias y hombres. Entonces regresó a la Feria con el lirio y la rosa en su rostro, el ocaso en su cabello y la sonrisa del amanecer en sus labios. Pero ahora los jóvenes, viéndola, le dieron la espalda. Y parmaneció todo el día ignorada y sola. Y, al atardecer, mientras marchaba camino a casa, lloraba en su corazón: Estoy disgustada. ¡Qué groseros y mal educados son estos hombres! Sobrepasan toda paciencia.LAS DOS PRINCESASEn la ciudad de Shwakis vivía un príncipe amado por todos, hombre, mujeres y niñsos. Aún ls animales del campo se acercaban a él para saludarle. Sin embargo la gente decía que su esposa, la princesa, no le amaba; y aún m´s, que lo odiaba. Cierto día, la princesa de una ciudad vecina llegó a visitar a la princesa Shawakis. Y, sentadas, conversaron, y sus palabras derivaron hacia sus esposos. La princesa de Shawakis dijo con pasión: Envidio tu felicidad con el príncipe, tu esposo, a pesar de tantos años de matrimonio. Yo odio a mi esposo, no me pertenece a mí sola y soy la más infeliz de las mujeres. La princesa de visita, mirándola, dijo: Amiga mía, la verdad es que tú amas a tu esposo. Sí, y aún sientes por él una pasión viva. Y eso es vida para una mujer, como la primavera para el jardín. En cambio, apiádate de mí y de mi esposo, pues nos soportamos en paciente silencio. Y, sin embargo, tú y los otros consideran eso felicidad. EL PROFETA Y EL NIÑOCierto día, el profeta Sharia encontró a un niño en el jardín. El niño corrió hacia él y dijo: Buenos días, Señor. Y el profeta contestó: Buenos días tengas tú, Señor. Y un momento después: Veo que estás solo. El niño respondió riendo con agrado: Me llevó mucho tiempo perder a mi nodriza. Ella piensa que me escondí tras aquellas matas; pero, ¿puedes tú ver que estoy aquí? Luego, elevando la mirada hasta el rostro del profeta, dijo: Tú también te hallas solo. ¿Qué hiciste con tu nodriza? Y el profeta contestó: Ah, se trata de algo diferente, en verdad, no puedo perderla muy a menudo. Más, ahora, cuando llegué a este jardín, ella también me buscaba tras las matas. El niño aplaudió y gritó ¡Entonces tú te encuentras perdido como yo! ¿No es bueno estar perdido? Y luego: ¿Quién eres? Y el hombre respondió: Me llaman el profeta Sharia. Y dime: ¿quién eres tú? Yo soy sólo yo, dijo el niño, y mi nodriza me busca y no sabe dónde estoy. El profeta se levantó diciendo: Yo también me he escapado de mi nodriza por un rato, pero ella me encontrará. Y el niño habló: Sé que la mía también me hallará. En ese momento se oyó una voz de mujer pronunciando el nombre del niño: ¿Ves?, dijo el niño, Te advertí que me encontraría. Y en el mismo instante otra voz se escuchó: ¿Dónde estás, Sharia? Y el profeta dijo: Ves, mi niño, me hallaron a mí también. Y, volviendo su rostro hacia lo alto, Sharia respondió: Heme aquí. LA PERLADijo una ostra a otra ostra vecina: Siento un gran dolor dentro mío. Es pesado y redondo y me lastima. Y la otra ostra replicó con arrogante complacencia: Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro mío. Me siento bien e intacta por dentro y por fuera. En este momento, un cangrejo que por allí pasaba escuchó a las dos ostras, y dijo a la que estaba bien por dentro y por fuera: Sí, te sientes bien e intacta; más, el dolor que soporta tu vecina es una perla se inigualable belleza. CUERPO Y ALMAUn hombre y una mujer se sentaron junto a una ventana abierta a la primavera. se sentaron uno junto al otro. Y la mujer dijo: Te amo. Eres buen mozo y rico, y estás siempre bien ataviado. Y el hombre dijo: Te amó. Tú eres un pensamiento bello, algo demasiado etéreo para sostenerlo en la mano, y una canción durante mi sueño. Mas, la mujer se levantó con furia y replicó: Señor, por favor dejadme ya. No soy un pensamiento, ni una cosa que pasa por tus sueños. Soy una mujer. Preferiría que me desearas como esposa y madre de niños no nacidos aún. Y se separaron. Y el hombre hablaba en su corazón: He aquí otro sueño transformado en bruma. Y la mujer decía: Bien, ¿Y qué, un hombre que me transforma en bruma y sueños? EL REYLa gente del Reino de Sadik rodeó el palacio de su rey gritando en rebelión contra él. Y el rey descendió la escalera del palacio portando su corona en una mano y su cetro en la otra. La majestuosidad de su presencia silenció a la multitud, y, deteniéndose frente a ellos, dijo: Amigos míos, puesto que no sois más mis súbditos he aquí que os restituyo mi corona y mi cetro. Seré uno de vosotros. Soy solamente un hombre más, como tal trabajaré junto con vosotros y nuestras tierra crecerá mejor. No existe necesidad de un rey. Vayamos, pues, a los campos y los viñesdos y trabajemos mano a mano. Sólo debéis indicarme a qué prado o viñedo debo dirigirme. Todos vosotros sois ahora el rey. Y el pueblo se maravilló, y el silencio los cubrió pues el rey, a quien juzgaran la causa de su descontento, les restituía la corona y el cetro, y se transformaba en uno de ellos. Luego todos y cada uno siguieron su camino, y el rey, se dirigióo al prado acompañado por un hombre. Mas, el Reino de Sadik no marchaba sin un rey, y el velo de descontento aún permanecía sobre la tierra. La gente gritaba en el mercado diciendo que debían ser gobernados y que debían ser gobernados y que debían tener un rey que los dirigiera. Y los anianos y los jóvenes decían al unísono: Tendremos nuestro rey. Y buscaron al rey y lo encontraron afanándose en el campo, y lo llevaron hasta su trono devolviéndole la corona y el cetro. Y así hablaron: Ahora gobiérnanos con grandeza y con justicia. Y él respondió: Ciertamente los gobernaré con grandeza, y quieran los dioses del paraíso y la tierra ayudarme para ue también os gobierne con justicia. Entonces llegaron hasta su presencia hombres y mujeres para hablarle sobre un barón que los maltrataba y de quien eran sólo esclavos. De inmediato el rey llamó al barón junto a él y le dijo: La vida de un hombre pesa como la vida de cualquier otro en la escala de Dios. Y porque tú no sabes pesar la vida de quienes trabajan tus tierras y tus viñedos quedas desterrado y abandonarás este reino para siempre. Al día siguiente llegó otro grupo hasta el rey y habló de la cruel condesa del otro lado de las colinas, y de cómo los había conducido a la miseria. De inmediato la condesa fue traída hasta la corte y el rey también la senteció al destierro diciendo: Aquellos que labran nuestros campos y cuidan nuestros viñedos son más nobles que nosotros, quienes comemos el pan preparado por ellos y bebemos el vino de sus lagares. Y porque tú no los sabes, dejarás esta tierra y vivirás lejos de este reino. Luego vinieron hombres y mujeres diciendo que el obispo les hacía traer piedras y esculpirlas para la catedral, más no les había pagado pese a que el cofre del obispo se hallaba repleto de oro y plata, mientras ellos mismos se encontraban vacíos y hambrientos. El rey requirió la presencia del obispo, y cuando lo tuvo frente a sí, dijo: Esa cruz que usas sobre tu pecho debería significar dar vida a la vida. Más, tú has tomado la vida y devuelto nada, por lo que abandonarás este reino para nunca regresar. Y así cada día, hasta el tiempo de luna llena, hombres y mujeres llegaban hasta el rey para contarle sobre las cargas que pesaban sobre ellos. Y cada día, y todos los días de una luna entera, algún opresor era exiliado de esta tierra. Y el pueblo de Sadik estaba maravillado, y habí a alegría en sus corazones. Y cierto día los ancianos y los jóvenes rodearon la torre del rey y pidieron por él. El descendió llevando la corona en una mano y el cetro en la otra. Y les habló diciendo: Ahora, ¿Qué queréis de mí? Tened, os devuelvo lo que vosotros deseásteis que yo tuviera. Más ellos gritaron: ¡No! ¡NO! Tú eres nuestro correcto rey. Has limpiado la tierra de víboras y convertido en nada a los lobos, y venimos a cantarte nuestro agradecimiento. La corona es vuestra en majestad y el cetro es vuestro en gloria. El rey respondió: ¡Yo no! ¡Yo no! Vosotros mismos sois el rey. Cuando me juzgaron incapaz y mal gobernante vosotros mismos erais incapaces e ingobernables. Y ahora la tierra crece bien porque está a vuestra voluntad el hacerlo. Yo no existo sino en vuestras acciones. No existe una persona gobernante. Existen sólo los gobernados que se gobiernan a sí mismos. El rey retornó a la torre con su corona y cetro. Y los ancianos y los jóvenes tomaron sus diferentes caminos sintiéndose felices. Y cada uno de ellos se imaginó a sí mismo un rey con la corona en una mano y el centro en la otra. SOBRE LA ARENAUn hombre dijo a otro: Tiempo ha, durante la marea alta, escribí una línea sobre la arena con la punta de mi bastón; y la gente aún se detiene a leer cuidando que nada la borre. Y el otro hombre contestó: Yo también escribí sobre la arena, pero en tiempo de marea baja y las olas del vasto mar la lavaron. Pero dime: ¿qué habéis escrito? El otro hombre dijo: Esto: Soy sólo una gota de este inmenso océano. LOS TRES REGALOSCierta vez en la ciudad de Bacherrè vivía un agraciado principe que era amado y honrado por todos sus súbditos. Pero había un hombre, pobre en demasia, que lo odiaba y que meneaba continuamente su pestilente lengua con absoluto desprecio. El príncipe lo sabía, más, él, era paciente. Pero al fin el principe reparó en él, y una noche invernal un sirviente del príncipe llegó a la puerta del hombre cangando un saco de harina, una bolsa de jabón y un cono de azúcar. Y el siervo dijo: El príncipe os envía estos tres regalos en memoria suya. El hombre se regocijó creyendo que los mensajes eran un mensaje del príncipe. Y orgulloso corrió jasta el obispo y le contó lo hecho por el príncipe: ¿No veis cómo el príncipe desea mi buena voluntad? Mas, el obispo respondió: ¡Oh, qué sabio es el príncipe, y qué poco comprendes! El habla con símbolos. La harina es para llenar tu estómago vacío; el jabón para lavar tu suciedad oculta; y el azúcar para endulzar tu lengua amarga. Desde aquel día el hombre se avergonzó aún ante sí mismo. Su odio por el príncipe se acrecentó como nunca, y aún más odió al obispo que le habí revelado al príncipe. Mas, desde entonces, permaneció, en silencio. PAZ Y GUERRATres perros tomaban sol y conversaban. El primer pero dijo entre sueños: Es realmente maravilloso vivir en estos dís en que reinan los perros. Consideren la facilidad con que viajamos bajo el mar, sobre la tierra y aún en el cielo. Y mediten por un momento, sobre las invensiones creadas para el confort de los perros, paa nuestros ojos, oídos y narices. Y el segundo perro habló y dijo: Comprendemos más el arte. Ladramos a la luna más rítmicamente que nuestros antepasados. Y cuando nos contemplamos en el agua vemos que nuestros rostros son más claros que los de ayer. Entonces el tercero dijo: Pero lo que a mi más me interesa y entretiene mi mente es la tranquila comprensión existente entre los diferentes reinados de perros. En ese momento vieron que el cazador de perros se acercaba. Los tres perros dispararon y se escabulleron calle abajo, y, mientras corrían, el tercer perro dijo: ¡Por Dios! Corred por vuestras vidas. La civilización viene detrás nuestro. LA BAILARINACierta vez una bailarina con sus músicos había arribado a la corte del príncipe de Birkasha. Y, admitida en la corte, bailó ante el príncipe al son del laúd y la flauta y la cítara. Bailó la danza de las llamas, y la danza de las espadas y las lanzas; bailó la danza de las estrellas y la danza del espacio. Y, por último la danza de las flores al viento. Luego se detuvo ante el trono del príncipe y dobló su cuerpo ante él. Y el príncipe le solicitó que se acercara, y dijo: Hermosa mujer, hija de la gracia y el encanto, ¿desde cuándo existe tu arte? ¿Y cómo es que dominas todos los elementos con tu ritmo y tus rimas? Y la bailarina, inclinándose nuevamente ante el príncipe, dijo: Poderosa y agraciada Majestad, desconozco la respuesta a tus preguntas. Sólo esto sé: El alma del filósofo habita en su cabeza; el alma del poeta en su corazón; el alma del cantor persiste en su garganta; mas el alma de la bailarina late en todo su cuerpo. LOS DOS ANGELES GUARDIANESUna tarde dos ángeles se encontraron ante la puerta de una ciudad, se saludaron y conversaron. Un ángel preguntó: ¿Qué estáis haciendo en estos dís y qué trabajo te ha sido asignado? Y el otro respondió: Me ha sido encomendada la custodia de un hombre caído en el pecado que vive abajo en el valle, un gran pecador, el más depravado. Te aseguro que es una importante misión y que trabajo arduamente. El primer ángel dijo: Esa misión es fácil. He conocido muchos pecadores y he sido su guardián numerosas veces. Mas, ahora me ha sido asignado el ser guardián de un buen hombre que habita al otro lado de la enramada. Y te aseguro que es un tranajo excesivamente difícil y demasiado sutil. Dijo el otro ángel: Eso no es más que presunción. ¿Cómo puede ser que custodiar a un santo sea más difícil que custodiar a un pecador? Y el primero repondió: ¡Qué impertinente llamarme presuntuoso! He afirmado sólo la verdad. ¡Creo que tú eres el presuntuoso! De ahí en más los ángeles riñeron y pelearon, al principio de palabra y luego con puños y alas. Mientras peleaban apareció un arcángel. Los detuvo y preguntó: ¿Por qué peleais? ¿De qué se trata? ¿Acaso no sabéis que es impropio que los &aacuetengeles guardianes peleen frente a las puertas de la ciudad? Decidme: ¿por qué el desacuerdo? Ambos hablaron al unísono, cada uno arguyendo que su trabajo era el más difícil y que les correspondía el premio mayor. El arcángel sacudió la cabeza y meditó. Luego dijo: Amigos míos, no puedo dilucidar ahora cuál de vosotros es el más merecerdor de honor y recompensa. Mas, desde que se me ha dado poder, y en bien de la paz y del buen custodiar, doy a cada uno de vosotros el trabajo del otro, ya que insistís en que la ocupación del otro es la más fácil. Ahora marchaos lejos de aquí y sed felices en vuestros oficios. Los ángeles, así ordenados, tomaron sus respectivos caminos. Pero cada uno volvía la cabeza mirando con gran enojo al arcángel. Y en sus corazones decían: ¡Oh, estos arcángeles! ¡Cada día vuelven la vida más y más difícil para nosotros los ángeles! Pero el arcángel se detuvo y una vez má se puso a meditar. Y dijo en su corazón: ¡Debemos, en verdad, ser cautelosos y montar guardia sobre nuestros ángeles guardianes. LA ESTATUACierta vez, entre las colinas vivía un hombre poseedor de una estatua cincelada por un anciano maestro. Descansaba contra la puerta, de cara al suelo. Y él nunca le prestaba atención. Un día pasó frente a su casa un hombre de la ciudad, un hombre de ciencia. Y advirtiendo la estatua, preguntó al dueño si la vendía. Riéndose el dueño respondió: ¿Quién desearía compara esa horrible estatua? El hombre de la ciudad dijo: Te daré esta piea de plata por ella. El otro quedó atónito pero agradado. La estatua fue trasladada a la ciudad sobre el lomo de un elefante. Y luego de varias lunas el hombre de las colinas visitó la ciudad, y, mientras caminaba las calles, vio a una multitud ante un negocio, y a un hombre que a voz en cuello gritaba: Acercáos y contemplad la más hermosa, la más maravillosa estatua del mundo entero. Solamente dos piezas de plata para admirar la más extraordinaria obra maestra. Al instante, el hombre de las colinas pagó dos piezas de plata y entró en el negocio para ver la estatua que él mismo había vendido por una sola pieza de ese mismo metal. EL INTERCAMBIOUna vez en el cruce de un camino un Poeta pobre encontró a un rico Estúpido y conversaron. Y todo lo que decían revelaba el descontento de ambos. Entonces el Angel del Camino se acercó y posó su mano sobre el hombro de los dos hombres. Y, creedlo, un milagro; ambos intercambiaron sus posesiones. Y se alejaron. Pero, cosa difícil de relatar, el Poeta miró y encontró sólo arena movediza seca en su mano; y el Estúpido cerró sus ojos y sintió nada m´s que nubes movedizas en su corazó. AMOR Y ODIOUna mujer dijo a un hombre: Te amo. Y el hombre respondió: Mi corazón se cree merecedor de tu amor. Y la mujer habló: ¿No me amas? Y el hombre sólo elevó sus ojos hacia ella y cayó. Entonces la mujer gritó: Te odio. Y el hombre dijo: Pues, entonces, mi corazón también es merecedor de tu odio. SUEÑOSUn hombre soño un sueño, y cuando despertó, visitó a su adivino y quiso que su sueño, fuera interpretado por él. Y el adivino dijo al hombre: Ven a mí con los sueños que contemples en tus momentos despiertos y te esplicaré sus significados. Pero los sueños de tu dormir no pertenecen ni a mi sabiduría ni a tu imaginación. EL LOCOFue en el jardín de un manicomio que conocí a un joven de rostro pálido y hermoso y lleno de encanto. Y sentándome a su lado sobre el banco, le pregunté: ¿Por qué estás aquí? Me miró asombrado y respondió: Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo. Enseguida se volvió hacia mí y dijo: Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo? Yo respondí: No, soy un visitante. Y él añadio: Oh, tú eres uno de los que vive en el manicomio del otro lado de la pared. LOS SAPOSCierto día de verano un sapo dijo a su compañero: “Temo que la gente que vive en aquella casa de la costa esté molesta por nuestro canto”. Y su compañero respondió: Bueno, ¿acaso no nos molestan ellos con sus conversaciones durante nuestro silencio diurno?” El sapo dijo: “No olvidemos que a veces cantamos demasiado por la noche”. Y su amigo respondió: “No olvidemos que ellos charlan y gritan mucho más durante el día”. Dijo entonces el sapo: “¿Y qué hay del escuerzo que molesta a todo el vecindario con su croar prohibido por Dios”? Y su amigo replicó: “Más que me dices del político y el sacerdote y el científico que llegan a esas costas y pueblan el aire con ruidoso y arrítmicos sonidos?” Entonces el primero dijo: “Bien, pero seamos mejores que estos seres humanos. Guardemos silencio por las noches y mantengamos las canciones en nuestros corazones, aún cuando la luna reclame nuestro ritmo y las estrellas nuestra rima. Al menos callemos por una noche, o dos, o aún por tres noches”. Y su compañero dijo: “Muy bien, estoy de acuerdo. Veremos que nos trae después tu generoso corazón”. Aquella noche los sapos callaron y permanecieron silenciosos la noches siguiente y nuevamente la tercera noche. Y, aunque difícil de relatar, la mujer charlatana que vivía en la casa junto al lago bajó para el desayuno al tercer día y gritó a su marido: “No he dormido estas tres noches. Me sentía segura durmiendo con el canto de los sapos en mis oídos. Pero algo debe habe sucedido. Pues, no han cantado por tres noches; y estoy medio loca por falta de sueño”. Y el sapo oyó esto, y, volviéndose hacia su compañero, dijo guiñando un ojo: “Y nosotros casi enloquecemos por nuestro silencio, ¿no es cierto?” Y su compañero respondió: “Sí, el silencio de la noche pesaba sobre nosotros. Y ahora me doy cuenta de que no es necesario cesar nuestro canto por la comodidad de aquellos que necesitan llenar su vacío con ruidos”. Y aquella noche la luna no reclamó vanamente sus ritmos, ni estrellas sus rimas. LAS LEYES Y LO LEGISLATIVOAños atrás existía un poderoso rey, que también era sabio. Y tuvo el deseo de redactar leyes para sus súbditos. Convocó a mil hombres sabios pertenecientes a mil tribus diferentes y los hizo venir a su castillo para redactar las leyes. Y ellos cuando las mil leyes escritas sobre pergamino fueron entregadas al rey, y luego de éste haberlas leído, lloró amargamente en su alma, pues igniraba que hubiera mil formas de crimen en su reino. Entonces llamó a su escriba, y con una sonrisa en los labios, él mismo dictó sus leyes. Y estas no fueron más que siete. Y los mil hombres sabios se retiraron enojados y regresaron a sus tribus con las leyes que habían redactado. Y cada tribu obedeció las leyes de sus hombres sabios. Por ello es que poseen mil leyes aún en nuestros días. Es un gran país, cárceles y las prisiones están llenas de mujeres y hombres, infractores de mil leyes. Es realmente un gran país, pero ese pueblo desciende de mil legisladores y de un solo rey sabio. AYER, HOY Y MAÑANADije a mi amigo: “ Tú la ves descansando sobre el brazo de aquel hombre. Fue sólo ayer que descansaba así sobre mi brazo”. A mi amigo dijo: “Y mañana posará sobre el mío”. Dije: “Mírala sentada junto a él. Fue sólo ayer qye se sentaba junto a mí”. Y él respondió: “Mañana se sentará a mi lado”. Dije, “Observa, bebe vino de su copa y ayer bebía de la mía”. Y él agregó: “Mañana, de mi copa”. Entonces dije: “Mira, cómo lo contempla con amor y con ojos entregados. Ayer mismo me contemplaba así”. Y mi amigo dijo: “Mañana me contemplará a mí”. Pregunté: “¿No la oyes murmurar canciones de amor en sus oídos? Las mismas canciones de amor que murmuraba ayer en los míos” Y mi amigo contestó: “Mañana las susurrará en los míos”. Y dije: “Pero, mira. Está abrazáandolo. No fue sino ayer que me abrazaba a mí”. Y mi amigo dijo: “Me abrazará a mí mañana”. Entonces agregué: “¡Qué mujer extraña!” Mas, él me respondió: “Ella es como la vida, poseída por todos los hombres; y como la muerte, conquista a todos los hombres, y como la eternidad, ella envuelve a todos los hombres”. EL FILOSOFO Y EL REMENDONUn filósofo llegó un día al negocio de un remendón con unos zapatos gastados. Y el filósofo dijo al remendón: “por favor, remienda mis zapatos”. Y el zapatero respondió: “Ahora estoy remendando zapatos de otros hombres, y hay todavía más para reparar antes de que pueda ocuparme de los tuyos. Pero deja tus zapatos aquí, y usa este otro par por hoy, y ven mañana a buscar los tuyos”. El filósofo indignado protestó: “No uso zapatos que no son míos”. Y el remendón dijo: “Pues bien, ¿en verdad eres tú un filósofo y no puedes cubrir tus pies con zapatos de otros hombres? Al final de esta calle hay otro remendón que comprende a los filosofos mejor que yo. Recurre a él para remiendos”. CONTRUCTORES DE PUENTESEn Antioquía donde el río Assi corre a encontrarse con el mar, se construyó un puente para acercar una mitad de la ciudad a la otra mitad. Fue contruido con enormes piedras cargadas desde lo alto de las colinas sobre el lomo de las mulas de Antioquía. Cuando el puente fue terminado se grabó sobre el pilar en griego y en arameo: “Este puente fue construido por el Rey Antiochus II. Y toda la gente cruzó el buen puente sobre el manso río Assi. Una tarde, un joven, temido por algunos como un poco loco, descendió hasta el pilar donde se habían grabado las palabras, y las cubrió con carbón y escribió por encima: “Las piedras del puente fueron traídas desde las montañas por las mulas. Al pasar de ida o de vuelta sobre el puente están cabalgando sobre los lomos de las mulas de Antioquía, constructoras de este puente”. Y cuando la gente leyó lo que el joven había escrito, algunos se rieron y otros se maravillaron. Y uno dijo: “Ah, sí, sabemos quien hizo esto. ¿No fue acaso un pequeño loco?” Pero una mula dijo, riéndose, a otra mula: “¿No recuerdas acaso que verdaderamente nosotras acarreamos esas piedras? Y, sin embargo, hasta ahora se decía que el puente lo había construido el Rey Antiochus”. LA TIERRA DE ZAADCamino a Zaad un viajante encontró a un hombre que vivía en una villa vecina; y el viajante, apuntando con su mano hacia una vasta extensión de tierra, preguntó al hombre diciendo: “¿No fue este campo de batalla donde el Rey Ahlam venció a sus enemigos?” Y el hombre respondió: “ Nunca ha sido campo de batalla. Una vez existió sobre esta tierra la gran ciudad de Zaad, incendiada luego hasta quedar cenizas. Pero ahora es tierra buena, ¿no es así?” Y el viajante y el hombre se separaron. Casi media milla más lejos el viajante encontró a otro hombre, y señalando hacia el campo otra vez, dijo: “Así que allí es donde la gran ciudad de Zaad se estableció una vez”. Y el hombre dijo: “Jamás existió ciudad alguna en este lugar. Pero, sí hubo un monasterio que fue destruido por el pueblo de South Country”. Un rato más tarde, en la misma ruta a Zaad, el viajante encontró a un tercer hombre, y apuntando otra vez hacia la tierra dijo: “¿Es verdad que ese es el lugar donde una vez hubo un gran monasterio?” Pero el hombre respondió: “Nunca existió un monasterio en los alrededores, pero según nuestros padres y antepasados, una vez cayó un gran meteoro sobre el campo”. El viajante continuó su camino, admirándose en su corazón. Y encontró a un hombre muy anciano y, saludándolo, le dijo: “Señor, caminando esta ruta encontré a tres hombres que habitan en el vecindario y les pregunté a cada uno la historia de esta tierra, y cada uno denegó lo que el otro había contestado, y a su vez cada uno me contaba una nueva historia que el otro ni había mencionado”. El anciano elevó la cabeza y respondió: “Amigo mío, cada uno y los tres te contestaron lo que en realidad fue; pero muy pocos de nosotros estamos capacitados para agregar afirmaciones a otras afirmaciones diferentes y construir una verdad de ahí en más”. EL CINTURON DORADOCierto día, dos hombres que se encontraron en la ruta caminaban juntos hacia Salamis, la Ciudad de las Columnas. Al mediodía llegaron hasta el ancho de un río sin puente para cruzarlo. Debían nadar o buscar alguna otra ruta que desconocían. Y se dijeron: “Nademos. Después de todo el río no es tan ancho”. Y se zambulleron y nadaron. Y uno de los hombres, el que siempte supo de ríos y rutas de ríos, de pronto, en el medio de la corriente, comenzó a perderse y a ser arrastrado por las impetuosas aguas; mientras, el otro, que nunca antes había nadado, cruzó el río en línea recta y se detuvo sobre un banco. Entonces, viendo a su compañero luchando aún con la corriente, se arrojó otra vez al agua y lo trajo a salvo hasta la orilla. Y el hombre que había sido arrastrado por la corriente dijo:”¿No habías dicho que no podías nadar? ¿Cómo es que cruzaste el río cont anta seguridad?” El segundo hombre explicó así: “Amigo, ¿ves este cinturón que me ciñe? Está lleno de monedas de oro que gané para mi esposa y mis hijos, todo un año de trabajo. Es el peso de este cinturón de oro que me condujo a través del río, hacia mi esposa y mis hijos. Y mi esposa y mis hijos estaban sobre mis hombros mientras ya nadaba”. Y los dos hombres continuaron su camino juntos hacia Salamis. LA TIERRA ROJADijo un árbol a un hombre: “Mis raíces habitan en lo profundo de la tierra roja, y te daré mi fruto”. Y el hombre dijo al árbol: “¡Qué parecidos somos! Mis raíces también habitan en la profundidad de la tierra roja. Y la tierra roja te da poder para concederme tu fruto, y la tierra roja me enseña a recibir de tí con agradecimiento”. LA LUNA LLENALa luna llena se elevó gloriosamente sobre el pueblo, y todos los perros de ese pueblo comenzaron a ladrar a la luna. Sólo un perro no ladró y dijo a los otros con voz grave: “No despertéis el sosiego de su sueño, ni atraigáis a la luna hacia la tierra con vuestros ladridos”. Entonces todos los perros cesaron de ladrar, creando un terrible silencio. Mas, el perro que les había hablado continuó ladrando para lograr silencio el resto de la noche. EL PROFETA ERMITAÑOHubo una vez un profeta ermitaño que cada tres lunas bajaba hasta la ciudad y en las plazas del mercado predicaba el dar y compartir entre la gente. Y era elocuente y su fama se expandía por sobre la tierra. Una tarde, tres hombres llegaron a su ermita y lo saludaron. Y le dijeron: “Tú predicas el dar y el compartir. Y buscas enseñar a quienes tienen mucho para dar a los que poseen poco; y no dudamos de que tu fama te ha brindado riquezas. Ahora ven y danos de tus riquezas, pues estamos necesitados”. Y el ermitaño les contestó: “Amigos míos, no tengo más que esta cama, esta estera y esta jarra de agua. Lleváoslo si así lo deseáis. No tengo ni oro ni plata”. Entonces lo miraron desdeñosos y dieron vuelta sus caras y el último hombre se detuvo en la puerta un momento y gritó: “¡Oh tú, impostor! Tú, fraude. Tú enseñas y predicas aquellos que tú mismo no practicas”. EL VIEJO Y EL VINO TINTOHubo una vez un hombre, rico y muy orgulloso de su bodega y del vino que allí había, y también había una vasija con vino añejo guardado para alguna ocasión sólo conocida por él. El gobernador del estado llegó a visitarlo, y aquél, luego de pensar, dijo: “Esa vasija no se abrirá por un simple gobernador”. Y un obispo de la diócesis lo visitó, pero él dijo, para sí: “No, no destaparé la vasija. El no apreciará su valor, ni el aroma regodeará su olfato”. El príncipe del reino llegó y almorzó con él. Mas éste pensó: “Mi vino es demasido majestuoso para un simple príncipe”. Y aún el día en que su propio sobrino se desposara, se dijo: “No, esa vasija no debe ser traída para estos invitados”. Y los años pasaron, y él murió siendo viejo ya, y fue enterrado como cualquier semilla o bellota. El día después de su entierro tanto la antigua vasija de vino como las otras fueron repartidas entre los habitantes del vecindario. Y ninguno notó su antigüedad. Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es solamente vino. LOS DOS POEMASVario siglos atrás, camino a Atenas, se encontraron dos poetas, y les alegró verse. Uno de los poetas le preguntó al otro: “¿Qué has compuesto últimamente, y cómo suena en tu lira?” El otro poeta respondió con orgullo: “Acabo de terminar el más grande de mis poemas, quizás el más grande poema que se haya escrito en Grecia. Es una invocación a Zeus, el Supremo”. Entonces estrajo de abajo de su capa un papiro diciendo: “Helo aquí, lo llevo conmigo, y desearía leértelo. Ven, sentémonos a la sombra de aquel blanco ciprés”. Y el poeta leyó su poema. Y era un extenso poema. El otro poeta dijo amablemente: “Es un gran poema. Vivirá a través de los años, y en él serás glorificado”. El primero preguntó con calma: “Y tú ¿qué has estado escribiendo durante estos últimos días?” Y el otro respondío: “He escrito poco. Sólo ocho líneas en memoria de un niño jugando en un jardín”. Y recitó sus líneas. El primer poeta comentó: “No está mal”. Y se separaron. Y hoy, luego de dos mil años, las ocho líneas del poeta son leídas en todos los idiomas, y son amadas y apreciadas. Y aun cuando el otro poema ha vivido también a través de los años en librerías y en los textos escolares, y a pesar de ser recordado, ni es amado ni leído. LADY RUTHHubo una vez tres hombres que miraban desde lejos hacia una casa blanca que se erguía solitaria sobre una verde colina. Uno de ellos dijo: “Aquella es la casa de Lady Ruth. Es la vieja bruja”. El segundo hombre dijo: “Te equivocas. Lady Ruth es una hermosa mujer que vive allá consagrada a sus sueños”. El tercer hombre dijo: “Ambos se equivocan, Lady Ruth es la arrendataria de esta vasta tierra y extrae sangre de sus siervos”. Y continuaron su camino discutiendo acerca de Lady Ruth. Cuando legaron a un cruce encontraron a un anciano y uno de ellos le preguntó: “¿Podrías contarnos algo sobre Lady Ruth, la que habita aquella casa blanca sobre la colina?” El anciano levantó la cabeza y sonriendo dijo: “Tengo noventa años y recuerdo a Lady Ruth desde niño. Pero Lady Ruth falleció ochenta años atrás. Y ahora la casa está vacía. Los búhos anidan en ella algunas veces, y la gente dice que el lugar está embrujado”. EL RATON Y EL GATOCierta tarde un poeta conoció a un campesino. El poeta era esquivo y el campesino tímido, pero conversaron. El campesino dijo: “Un ratón fue apresado en una trampa. Y mientras comía feliz el queso que allí había, un gato se detuvo a su lado. El ratón tembló un instante, pesro sabía que en la trampa se hallaba seguro”. Entonces el gato dijo: “Estás comiendo tu último alimento, amigo”. “Sí”, contestó el ratón, “una vida tengo, por lo tanto una muerte. Mas, ¿qué hay de tí? Me dicen que posees nueve vidas. ¿No significa eso que morirás nueve veces? Entonces el campesino miró al poeta y dijo: “¿No es una historia extraña? El poeta no contestó, pero se fue diciendo dentro suyo: “De seguro, tenemos nueve vidas, nueve vidas para estar seguros. Y moriremos nueve veces, y nueve veces moriremos. Quizá fuera mejor poseer sólo una vida -apresada en una trampa-, la vida de un campesino con un trozo de queso como última comida. Pues acaso, ¿no pertenecemos a la estirpe de los leones del desierto de la jungla?” LA MALDICIONUna vez me dijo un viejo hombre de mar: “Treinta años atrás, un marinero escapó con mi hija. Y maldije en mi corazón a ambos, pues amaba a mi hija más que a nada en el mundo. “No mucho tiempo después el joven marino se hundió con su barco hasta el fondo del mar y con él mi hija amada, perdiéndose de mí. “Y ahora vedme como el asesino de un oven y una esposa. Fue mi maldición que los destruyó. Y ahora en camino hacia mi tumba busco el perdón de Dios”. Esto dijo el anciano. Mas, sus palabras sonaban petulantes, y parece que aún se enorgullece del poder de su maldición. LAS GRANADASHabía una vez un hombre poseedor de varios árboles granadinos en su huerta. Y todos los otoños colocaba las granadas en bandejas de plata fuera de su morada, y sobre las bandejas escribía un cartel de decía así: “Tomad una por una. Sois bienvenidos”. Mas la gente pasaba sin tomar la fruta. Entonces el hombre meditó, y en otoño no dejó granadas en las bandejas de plata fuera de su morada, sino que colocó un gran anuncio: “Tenemos las mejores granadas de la tierra, pero las vendemos por más monedas de plata que cualquier otra granada”. Y, creedlo, todos los hombres y mujeres del vecindario llegaron corriendo a comprar. UN DIOS Y VARIOS DIOSESEn la ciudad de Kilafis un sofista se paró sobre los escalones del Templo y predicó sobre varios dioses. Y el pueblo dijo en sus corazones: “Sabemos todo esto. ¿Acaso no viven con nosotros y nos siguen douiera que vayamos?”. No mucho después, otro hombre parado en la plaza del mercado habló así a la gente: “Dios no existe”. Y varios de los que escuchaban se alegraron con sus relatos, pues temían a los dioses. Y un día llegó un hombre muy elocuente y dijo: “Sólo existe un Dios”. Y entonces todo el pueblo se acongojó, pues en sus corazones temían al juicio de un Dios más que al de varios dioses. Por aquella misma época apareció otro hombre y dijo al pueblo: “Hay tres dioses y habitan en el viento como uno solo, y tienen una grande y agraciada madre que es a la vez su compañera y hermana”. Entonces todos se sientieron reconfortados, pues en secreto decían: “Tres dioses en uno debes desaprobr nuestras fallas, pero también su agraciada madre será seguramente la abogada de nuestras pobres debilidades”. Aún hoy día en la ciudad de Kilafis, hay quienes pelean y discuten entre sí sobre la existencia de varios dioses y ninguno, y sobre un dios y tres dioses en uno y acerca de cierta agraciada madre de los dioses. LA QUE ERA SORDAHabía una vez un hombre rico desposado con una joven sorda por completo. Una mañana, mientras desayunaban, ella le dijo: “Ayer visité el mercado y exhibían vestidos de seda de Damasco, velos de la India, collares de persia y brazaletes de Yaman. Parece que las caravanas acaban de traer todo eso a nuestra ciudad. Y ahora mírame, yo en trapos, siendo la esposa de un hombre rico. Debo comprar alguno de esos hermosos objetos”. El esposo aún ocupado con su café matinal, contestó: “Querida, no existe razón alguna por la cual tú no vayas al mercado y compres todo lo que tu corazón desee”. Y la esposa sorda protestó: “¡No! Siempre dices: No, no. ¿Es necesario que aparezcas en trapos ante nuestros amigos avergonzandome así a tu fama y a mi gente?” Y el esposo dijo: “No he dicho: No; puedes ir libremente a la plaza del mercado y comprar la vestimenta más hermosa y las joyas que hayan llegado a nuestra ciudad”. Pero otra vez la esposa equivicó la lectura de sus palabras y replicó: “De todos los hombres ricos tú eres el más miserable. Me niegas toda belleza y ehrmosura mientras las otras mujeres de mi edad caminan por los jardínes de la ciudad vestidas con ricos hábitos”. Y comenzó a llorar. Y mientras sus lágrimas caían sobre su pecho gritó otra vez: “Tú siempre me dices: No, no, cuando deseo un vestido o una joya”. Desde ese día la joven y sorda esposa cada vez que deseaba algo aparecía ante su esposo con una perlada lágrima en los ojos, y él en silencio tomaba un puñado de oro y lo ponía sobre su faldas. Pero ocurrió que la joven se enamoró de un joven cuyo hábito era realizar largos viajes. Y cuando él partía ella se sentaba a llorar. Cuando el esposo la hallaba llorando decía en su corazón: “Debe haber llegado una nueva caravana con prendas de seda y joyas raras”. Y sacaba otro puñado de oro y se lo entregaba. LA BUSQUEDAMil años atrás dos filósofos se encontraron en la cuesta del Líbano y uno dijo al otro: “¿Hacia dónde te diriges?” Y el otro respondió “Busco la fuente de la juventud” que se halla entre estas colinas. He. encontrado escritos donde cuenta sobre la fuente floreciendo en dirección al sol. Y tú ¿qué buscas? El primero contestó: “Busco el misterio de la muerte”. Entonces cada uno pensó que el otro estaba falto de grandes conocimientos y comenzaron a discutir y a acusarse de ceguera espiritual. Mientras los filósofos discutían al viento, un extranjero un hombre considerado tonto en su propia ciudad, pasó por allí, y cuando oyó a los hombres en ardiente disputa se detuvo por un momento y escuchó sus argumentos. Luego acercándose les dijo: “Mis buenos amigos, realmente ambos pertenecéis a la misma escuela filosófica y habláis sobre lo mismo, sólo que usáis palabras diferentes. Uno de vosotros busca la fuente de la juventud, y el otro el misterio de la muerte. Sólo son una misma cosa y como una habitan ambas en vosotros”. El extranjero se apartó diciendo: “Hasta siempre, sabios”.Y alejándose se reía con complaciente risa. Los dos filósofos se miraron en silencio por un momento y luego también ellos rieron. Y uno de los dos dijo: “Y bien, ¿por qué no caminamos y buscamos juntos?”. EL CETRODijo un rey a su esposa: “Señora, tú no eres verdaderamente una reina. Eres demasiado vulgar y poco graciosa para ser mi compañera”. Dijo su esposa: “Señor, tú te consideras rey pero eres solamente un pobre parlanchín”. Estas palabras enfurecieron, al rey y tomó el cetro de oro con sus manos, y golpeó la frente de la reina. En ese momento el ayuda de cámara apareció y dijo: “¡Está bien, está bien, Su Majestad! Ese cetro fue creado por el más grande artista de la tierra. ¡Ay de mí! Algún día tú y la reina serán olvidados, pero este cetro permanecerá como cosa bella de generación en generación. Y ahora que has extraído sangre de la cabeza de Su Majestad, Señor, el cetro será el más famoso y recordado”. LA SENDAEntre las colinas vivían una mujer y su hijo; este era su primer y único hijo. El niño murió de una fiebre mientras el médico lo vigilaba. La madre, destruida por la tristeza, gritó al médico diciendo: “Dime, dime, ¿qué es lo que hizo aquietar su fortaleza y silenciar su canción?” Y el médico respondió: “Fue la fiebre”. Y la madre dijo: “¿Qué es la fiebre?” Y también el médico respondió: “No puedo explicártelo. Es algo infinitamente pequeño que visita el cuerpo y que no podemos ver con nuestros ojos humanos”. Por la tarde el sacerdote llegó para consolarla. Y ella lloró y gritó diciendo: “¡Por qué he perdido a mi hijo, mi único hijo, mi primer hijo!” Y el sacerdote respondió: “Hija es la voluntad de Dios”. La mujer entonces preguntó: “¿Qué es Dios y dónde está Dios? Quiero ver a Dios y rasgarme el pecho delante de El y hacerme brotar sangre de mi corazón a sus pies. Dime dónde encontrarlo. Y el sacerdote contestó “Dios es infinitamente grande. No puede ser visto con nuestros ojos humanos”. Entonces la mujer gritó “¡Lo infinitamente pequeño asesinó a mi hijo por voluntad de lo infinitamente grande! Dime, ¿qué somos nosotros?” En ese momento entró la madre de la mujer con el sudario para el niño muerto, y oyó las palabras del sacerdote y el llanto de su hija. Deposito el sudario y tomó entre sus manos la mano de su hija y le dijo: “Hija mía, nosotros mismos somos lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, y somos la senda entre ambos”. LA BALLENA Y LA MARIPOSAUna tarde un hombre y una mujer se encontraron dentro de una diligencia. Se habían conocido antes. El hombre era un poeta, y, cuando se hubo sentado junto a la mujer, decidió entretenerla con cuentos, algunos tramados por él y otros que no eran propios. Pero mientras él hablaba la dama se durmió. De pronto la diligencia se sacudió y ella, despertándose, dijo: “Admiro tu interpretación de la fábula de Jonás y la ballena”. Y el poeta dijo: “¡Pero, Señora, os he estado contando una de mis historias sobre una mariposa y una rosa blanca y de cómo se comportaba una con la otra!” PAZ CONTAGIOSAUna rama en flor dijo a su rama vecina: “Éste es un día aburrido y vacío”. Y la otra rama respondió: “Sí, realmente un día vacío y aburrido”. En ese momento un gorrión voló sobre una de las ramas y luego otro se posó muy cerca. Y uno de los gorriones gorjeando dijo: “Mi compañera me ha abandonado”. El otro gorrión lloró: “Mi compañera también ha partido para no regresar. Pero, ¿qué importa?” Entonces los dos comenzaron a chillar y regañarse y pronto se hallaron peleando y llenando de desagradables ruidos el aire. De pronto, otros dos gorriones bajaron del cielo y se sentaron tranquilos junto a los dos inquietos. Y hubo calma y hubo paz. Y los cuatro se alejaron volando juntos en pareja. La primera rama dijo a su vecina: “Eso fue un solemne zig-zag de sonidos”. Y la otra respondió: “Llámalo como quieras, ahora todo está pacífico y despejado. Y si los altos aires hacen las paces creo que aquellos que habitan en lo bajo deben hacer las paces también. ¿No podrías balancearte con el viento un poco más cerca mío? Y la primera rama dijo: “Oh, quizás en bien de la paz, antes de que la primavera se haya ido, lo haré”. Y luego él mismo se balanceó con el fuerte viento para abrazarla. LA SOMBRACierto día de junio el pasto dijo a la sombra de un olmo: “Te mueves tan seguido de derecha a izquierda que perturbas mi paz”. Y la sombra respondió: “Yo no, yo no. Mira hacia el cielo. Verás un árbol que se mueve por el viento de Este a Oeste entre el Sol y la Tierra. Y el pasto elevó la mirada y por primera vez observó el árbol. Y dijo. en su corazón: “¿Por qué, pues, existe un pasto más alta que yo? Luego el pasto calló. SETENTAEl joven poeta dijo a la princesa: “Te amo”. Y la princesa: “Yo también te amo, hijo mío”. “Yo no soy tu hijo. Soy un hombre y te amo”. Y ella respondió: “Soy la madre de hijos e hijas, y ellos son padres y madres de hijos e hijas; y uno de los hijos de mis hijos es mayor que tú”. El joven poeta protestó: “Pero te amo”. No mucho después la princesa murió. Mas, antes de que su último suspiro fuera recibido nuevamente por el gran suspiro de la tierra, ella dijo desde su alma: “Mi bien amado, mi único hijo, mi joven poeta, llegará el día en que nos encontremos de nuevo y yo no tendré setenta años. ENCONTRAR A DIOSDos hombres paseaban por el valle y uno, señalando hacia la montaña, dijo: “¿Ves esa ermita? Allí vive un hombre que hace ya mucho tiempo se divorció del mundo. Busca a Dios y a nada más sobre la tierra”. El otro hombre dijo: “No encontrará a Dios hasta que no abandone su ermita y la soledad que lo envuelve, y regrese a nuestro mundo a compartir nuestra alegría y dolor, a bailar con nuestras bailarinas en las fiestas de esponsales, y a llorar junto a aquellos que lloran alrededor del ataúd de nuestros muertos”. Y el otro hombre se convenció en su corazón, mas, pese a ello, respondió: “Concuerdo con lo que tú dices, mas creo que el ermitaño es un buen hombre. Y ¿no podría ser que un solo buen hombre con su ausencia obrara mayores bienes que la aparente bondad de tantos hombres?” EL RÍOEn el valle de Kadisha, donde fluye el majestuoso río, dos pequeñas corrientes se encontraron y conversaron. Una corriente dijo: “¿Cómo has llegado, amiga mía, y cómo ha sido tu camino?” Y la otra contestó: “Mi camino fue de lo más embarazoso. La rueda del molino se había roto y el granjero que me conducía desde el cauce hasta sus plantas murió. Y hube de bajar forcejeando y filtrándome por la suciedad de aquellos que no hacen nada más que sentarse y cocer su pereza al sol. ¿Y cómo fue tu camino, hermana mía? La otra corriente respondió: “Mi camino fue diferente. Bajé de las colinas entre flores fragantes y tímidos sauces; hombres y mujeres bebían de mí con copas de plata y los niños remojaban sus piececitos rosados en mis orillas, y todo era risa alrededor de mí, y dulces canciones. ¡Qué pena que tu camino no haya sido feliz!” En ese momento el río habló con voz potente: “Venid, venid, iremos hacia el mar. Venid, venid, pues en mí olvidaréis vuestros caminos errantes, tristes o alegres. Venid, venid. Y vosotros y yo olvidaremos todo cuando hayamos alcanzado el corazón de nuestra madre, la mar”. LOS DOS CAZADORESCierto día de mayo Alegría y Tristeza se encontraron a orillas de un lago. Saludáronse y se sentaron junto a las tranquilas aguas y conversaron. Alegría habló sobre la belleza que reina sobre la tierra, del cotidiano encanto de la vida en el bosque y entre las colinas, y de las canciones escuchadas al amanecer y al anochecer. Y Tristeza estuvo de acuerdo con todo lo que Alegría había dicho; pues Tristeza conocía la magia de la hora y la belleza de aquellas cosas. Y Tristeza habló con elocuencia cuando se refirió a los campos y a las colinas de mayo. Alegría y Tristeza conversaron un largo rato y estuvieron de acuerdo con todas las cosas que conocían. En ese momento pasaban por la otra orilla dos cazadores. Miraron hacia la otra ribera y uno dijo: “Me pregunto quiénes son esas dos personas.” Y el otro dijo: "¿Has dicho dos? Yo veo sólo a una". El primer cazador respondió: “Pero si hay dos”. Y el segundo: “Según veo yo hay una sola, y el reflejo del lago es sólo uno”. “No, hay dos”. Respondió el primer cazador. Y el reflejo sobre las aguas tranquilas muestra a dos personas. Pero el segundo repitió: “Sólo veo a una”. Y el otro: “Veo a dos personas y tan claramente. Y, aún hoy día, un cazador dice que el otro ve doble; mientras que el otro repite: "Mi amigo es algo ciego". EL OTRO VAGABUNDOUna vez encontré a otro hombre en el camino. El también era un poco loco, y me habló así: “Soy un vagabundo. Muchas veces parece que caminara por la tierra en medio de pigmeos. Y porque mi cabeza está a setenta pies más lejos de la tierra que las suyas, creo pensamientos más elevados y más libres. "Pero en verdad no camino entre los hombres sino sobre ellos. Y todo lo que pueden ver de mí son mis pisadas en sus campos abiertos. "Y varias veces los escuché discutir sobre la forma y tamaño de mis pisadas. Pues, hay algunos que dicen: Son las huellas de un mamut que vagara por la tierra tiempo ha. Y otros dicen: No, son lugares donde cayeron meteoros desde las estrellas distantes. "Pero tú, amigo mío, sabes muy bien que no son nada más que pisadas de un vagabundo”. Khalil Gibran |
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