Lic. Arturo Urquiza
Dentro de la complejidad de la complejidad de las relaciones humanas, en dónde las Relaciones Internacionales, cumplen un papel destacado, se encuentra una vertiente de estudio tan antigua como nueva en su aplicación de conformar modelos metodológicos y teóricos, que faciliten el entendimiento en la convivencia de las estructuras institucionales como lo es el Estado Nacional, y al mismo tiempo, como facilitarle a este adoptar políticas más acordes las necesidades de existencia o sobrevivencia que tengan.
En tal sentido, se encuentra la geopolítica, la cual no sólo debe ser considerada como paradigma que surge de una necesidad aparente, sino de las necesidades de verse en competencia, en cooperación, en alianza estratégica o bien en criterios afines a otras naciones dependiendo de los Estados o regiones en las que se tenga un interés fundamental., por lo que esta metodología de las Relaciones internacionales facilita una mejor comprensión de un entorno cada vez más complejo y dinámico en donde las respuestas a las múltiples interrogantes que se presentan deben ser concretas y ajustadas a esas necesidades de conocimiento justo.
Pocas son las naciones en el mundo que han podido definir un modelo geopolítico que les permita identificar fortalezas y debilidades, para poder construir pasado, presente y futuro, como una herencia permanente para sus sociedades. Las potencias de la antigüedad entendieron los factores de los relieves, de las costas, de los causes de los ríos y de los grandes espacios de desierto, que facilitaban poner a resguardo no solo a la población, sino también su desarrollo económico y su potencial tecnológico frente a otras naciones que pudiesen confrontar su modo de vida, para tal efecto la dirigencia debía de ser constituida por hombres sabios, estrategas y hábiles conocedores no solo de los misterios de la naturaleza como de las ambiciones de poder del hombre.
Los Imperios que surgieron tras el Renacimiento y la conquista de América, conformaron un nuevo mapa del poder y de la definición del control de las riquezas que representaba el reciente continente en la necesidad de mantener el liderazgo continental en Europa, pero de igual manera, esa construcción de un nuevo entorno de poder facilitó que aquellas potencias medias europeas canalizaran sus esfuerzos más que en la conquista territorial, en la ampliación de un nuevo dominio: el comercial.
El oro y la plata proveniente de los antiguos imperios precolombinos aseguró con éxito de las políticas definidas por aquellas elites de las potencias medias a invertir en ciencia y tecnología para eficientizar sus mecanismos económicos y comerciales dando un nuevo giro a las relaciones predominantes entre las diversas potencias europeas.
Si del Siglo XVI al XVIII, fue el esplendor de los Imperios Español y Lusitano, el siglo XIX lo fue para Inglaterra y en menor medida para Francia. Sus diversas percepciones de lo que debería de ser el mundo y sus relaciones, se vio trastocado precisamente en el siglo XIX, dado que España y Portugal perdieron prácticamente la totalidad de sus posesiones coloniales en América de donde surgirían diversos Estados nacionales que reconfigurarían tanto la percepción del poder, la diplomacia, la seguridad nacional, el comercio y las zonas de poder hegemónico. De igual manera, las colonias formadas por los primeros peregrinos ingleses y en menor medida holandeses, tomaron una decisión central que repercutiría hasta nuestros días, los Estados Unidos nacieron a la luz de una Metrópoli que cuando quiso ejercer en plenitud su colonial fue demasiado tarde, debido a la fuerte influencia de otro factor heredado por la conquista de América, la evolución de las ideas y concepciones de lo que debía de ser mejor para el hombre y la sociedad.
Esa sociedad se constituyó en practicante de un nuevo estilo de las relaciones entre los hombres en donde los preceptos democracia, libertad y libre comercio se instituyeron en la piedra angular para la creación de esa nación, sin olvidar en ello un profundo precepto teológico que aglutinó las voluntades de las elites dominantes en las colonias, para confrontar al poder británico y de ahí edificar un modelo único de nación.
Si bien es cierto que las colonias novohispanas alcanzaron su libertad siguiendo los lineamientos políticos de los estadounidenses y de las ideas de la Ilustración, su característica de sociedades sumamente controladas y centralizadas les impidió poder rápidamente asumir las características de un Estado fuerte y soberano, por el contrario, surgieron como actores internacionales débiles, vulnerables y sin capacidad de defenderse de las agresiones de un mundo peligroso en los comienzos del siglo XIX.
En el periodo de los primeros años de vida de los Estados Unidos, van a ser diversas las circunstancias que definieron el interés nacional de ésta nación y del orden geopolítico, que poco más de un siglo después determinara Nicholas Spykman, un holandés avecindado en la Universidad de Yale. El primer momento fue con Thomas Jefferson, sin duda alguna el constructor de la política exterior de su nación y que pudo identificar con certeza las prioridades a cubrirse desde el primer momento, cuando en un intercambio epistolar con su amigo Edward Carr le sugirió el estudio de la lengua española, pues los intereses estadounidenses estaban ligados a la Corona Española y a quien los heredaran ( 1 ). Ideas que años después consolidó con la entrevista que tuvo con el geógrafo alemán, Alexander Von Humboldt, en su visita a la capital norteamericana para reunirse con los miembros de la Sociedad Científica.
Una nueva circunstancia fue cuando George Washington, dejó el poder después de su segundo mandato y en su discurso de despedida definió a los EE.UU. como una nación neutral ante los diferendos europeos, por lo que ante tales hechos la seguridad de su nación estaba precisamente ahí en Europa, es decir que las fronteras estadounidenses se vieran a salvo de cualquier injerencia europea. En esos mismos años, el creador del sistema de gobierno y de la estructura financiera norteamericana Alexander Hamilton, consideró un plan estratégico de conquista de los territorios de la joven nación mexicana ( 2 ).
La dirigencia de los Estados Unidos desde sus primeros años identificó una serie de etapas a lograr:
1.- Consolidación del espacio natural, es decir la herencia alcanzada tras la emancipación de la Corona inglesa. Como se ha podido apreciar en los párrafos anteriores.
2.- Definir los influjos de crecimiento poblacional, defensivo, comercial y de desarrollo.
Para tal hecho no solo invadió de manera constante con emigrantes a los territorios al norte de México ( 3 ), sino definió dos doctrinas que le aseguraron la justificación de sus acciones expansionistas, la Doctrina Monroe, refiriéndose a la capacidad de los EE.UU. de poder salvaguardar el interés y la seguridad de América frente a cualquier pretensión europea de recuperar los territorios perdidos y el Destino Manifiesto del periodista John O´Sullivan, quien identificó el elemento teológico con la ampliación territorial, afirmando que la nación mexicana carecía de inteligencia y capacidad para poder obtener provecho de los recursos que Dios les había dado a los mexicanos.
Con la ampliación de Estados Unidos hasta las márgenes del Océano Pacífico comenzó una nueva fase de su desarrollo.
1.- Asegurar la frontera marítima del Océano Pacífico.
2.- Controlar la frontera terrestre mexicana.
3.- Ampliar el espacio de seguridad marítima en el Caribe-Atlántico.
4.- Obtener enclaves estratégicos a la navegación militar y comercial en el Océano Pacífico, rivalizando con las potencias europeas.
5.- Navalización de la política de seguridad internacional del gobierno estadounidense.
Las tres últimas décadas del siglo XIX, le dieron a los Estados Unidos las mejores condiciones para comenzar a competir en los mismos terrenos con sus pares europeos, por tal causa, es que el conocido como el Padre del Evangelio del Expansionismo, Alfred Thayer Mahan, le dio las herramientas a su dirigencia nacional con que podría establecer dominios de ultramar. El mar, el Océano, eran tan solo meros medios de acceso a las formas con que los Estados Unidos debían de asegurar los verdaderos motivos por los cuales se obtenían enclaves tanto en el Pacífico, en el Caribe y en Oceanía. El precepto central era ejercer el dominio por medio de un incesante comercio que difundiera lo grandioso de la industria nacional, el valor de los conceptos políticos que les vieron nacer y sobre todo desplazar a las otras potencias, utilizando todos los medios disponibles, en dónde la fuerza naval significó el más importante instrumento para tal efecto.
Otro aporte valioso para la identificación de la construcción geopolítica norteamericana, fue el hecho de hacer efectiva la praxis pragmática de la ideología de esa nación. Las diversas dirigencias consideraron siempre que la predestinación de alcanzar las metas a lograr tanto era por una disposición divina –como lo entendió perfectamente Mahan- como un efecto de la capacidad creadora y de la inteligencia de los diversos cuadros políticos, económicos, militares, culturales, etc. Que se formaban cotidianamente para el beneficio del Estado-nacional.
Por tal causa, Mahan descubrió una veta importante en todo planteamiento de expansión, la superioridad ideológica frente a los viejos esquemas del conocimiento europeo en prácticamente en todas las áreas del conocimiento humano. A finales del siglo XIX, la práctica del Derecho Internacional, si bien era bastante cuestionada por las potencias del momento, comenzó a facilitar los diferendos entre aquellas potencias, como también a darle solución a las diferencias que se presentaban con las jóvenes naciones que surgieron a principios del siglo XIX, como lo fueron las de América Latina.
Para la geopolítica estadounidense que comenzaba a experimentar los beneficios de salir en pos del expansionismo, de la conquista de nuevos mercados y de la obtención de enclaves de valía estratégica, la aplicación del Derecho Internacional, tan solo significaba un obstáculo a las pretensiones de una potencia que ejercía su legitimo derecho divino a su zona de influencia en beneficio de una sociedad que se lo exigía a todo momento.
Pero también, estaba la tesis de Mahan, -bastante acertada- que las diversas diferencias que mantenían las potencias europeas por el mantenimiento de las posesiones coloniales, traerían conflictos eminentes, aunado a que naciones como Alemania, sin duda, reclamarían cada vez más espacios de acción en su propio continente como ahí en donde los líderes europeas disfrutaban de sus mayores riquezas. Ante tal circunstancia, los Estados Unidos, tenían la obligación, moral, ética y estratégica de acceder a los mercados asiáticos, y en todo caso presionar en todas las formas para lograrlo, pues la única nación vencedora de tales disputas serían precisamente los EE.UU. al estar lo bastante aislados y alejados de cualquier compromiso que los involucrara a tomar partido con cualquier nación de Europa. Mahan, no se equivocó, los diferendos llegaron a tal presión, que finalmente estalló la Primera Guerra Mundial a la mitad de la segunda década del Siglo XX.
Geopolíticamente, Mahan le dio a su dirigencia y la nación un sentido ampliado de la capacidad del ejercicio del poder, pues si bien en los primeros años de la vida independiente de los EE.UU. se concretó el Plan Maestro de Continentalización de las fronteras terrestres estadounidenses, fue este Almirante, quien le va a dimensionar la estructura fronteriza a través del mar y del océano. La principal línea de acción y de contención, se desincorporaba de las playas de Norteamérica su ubicaba en Alta Mar, protegida desde una diversificación de las Flotas Navales y Mercantes, por un lado, y por el otro, la optimización de los enclaves como puntos estratégicos para hacer valer, tanto los postulados doctrinales de su Estado, como la pertenencia y el valor de la identidad nacional: ahí en dónde se encuentre una propiedad, una fábrica, una flota naval ó un individuo norteamericano, se debía de hacer valer su pertenencia como tal.
La supraterritorialidad, en efecto nace con esta visión de Mahan, de superioridad frente a la próxima decadencia europea, de igual forma, también prepara las condiciones para que los EE.UU. aproveche tales coyunturas y arrebate el poder hegemónico, el cual rivalizaría con la extinta Unión Soviética en las próximas décadas del Siglo XX.
Entre 1888 y 1935, teóricos de la geopolítica como Ratzel, Kjellen, Mackinder, Haushofer y el propio Mahan perfilaron los conceptos y las líneas de investigación teórica de lo que debía de ser la geopolítica, es decir, bajo que fines estaba definida, ante las necesidades de las diversas dirigencias por hacer valer su poder frente a otras naciones por el mantenimiento de sus zonas de influencia y del statu quo, prevaleciente en esos años. Estos fueron los primeros lineamientos de la geopolítico, que perfilaron su esencia y característica frente al resto del conocimiento que se estaba elaborando tanto en la Geografía como en la Ciencia Política.
De igual manera, es importante identificar que la geopolítica clásica tiene dos ramas de conocimiento, la terrestre y la marítima, en dónde en la primera, Ratzel, Mackinder y Haushofer la encabezan y en la segunda será Mahan el único que delineó las líneas analíticas en base a la utilización estratégica de la mar.
Como toda metodológica cuyo principal objetivo es la preservación del poder nacional frente a cualquier otro contrincante y de ser posible incrementarlo, las diversas teorizaciones tanto europeas como estadounidenses centraron en buena medida en el macizo continental de Euroasiático, toda su atención la fuera por causa del control del poder, la seguridad nacional ó el interés nacional, pero Europa como Asia se vieron inmersas en una disputa de paradigmas y postulados conceptuales de cual sería la mejor manera de cómo extender en el tiempo y en el espacio el factor hegemónico.
Mucho se ha escrito en cuanto a la valía de cada una de las tesis como. El Estado es un ente vivo y en crecimiento, el espacio vital, el heartland, enclaves estratégicos, y la realizar una justa identificación de cada uno de ellos y lo que contienen en si mismas por la investigación invertida en ellas, lo que se demuestra es que todas tiene tanto aplicación como viabilidad práctica en pleno siglo XXI.
La historia de los Estados Unidos nos ha demostrado que el aprovechamiento del conocimiento y el cultivar la inteligencia son partes más que esenciales para concretar los destinos de todo Estado Nacional, y más en su caso, es cierto también que este país ha tenido una habilidad innata en la capacidad por poder captar con bastante exactitud las mejores ideas que la humanidad haya creado, aprovechando las debilidades de otros o su distracción, para obtener el mejor de los rendimientos a su favor.
Para tal caso en la década de los años treintas del siglo pasado, la Universidad de Yale en plena competencia académica con la universidad de Boston y de Harvard, creó la división de estudios de Ciencia Política y de Relaciones internacionales, en dónde la investigación de cómo se irían conformando las prácticas del poder mundial era la tónica a destacar, y más aun cuando los más optimistas pronósticos aceptaban la eventualidad de una disputa militar entre las potencias europeas.
Por lo tanto, la geopolítica como herramienta metodológica, tuvo un desarrollo importante bajo la dirección de un joven emigrante Holandés de origen judío, Nicholas J. Spykman, quien en poco tiempo identificó la naturaleza del potencial estadounidense y de los retos que asumiría en poco tiempo y de cuales serían sus rivales a vencer.
A Spykman, lo podemos catalogar como parte de la generación de los hacedores de la geopolítica clásica terrestre, pero también se le puede ubicar dentro del os teóricos de la Guerra Fría, pues supo entender el peso importante que guardaba la Unión Soviética dentro de los territorios del viejo Imperio Romanov, lo que le permitía exigir un papel destacado tras la finalización de la Segunda guerra Mundial.
Nicholas Spykman, escribió tres textos fundamentales: Las Dos Américas, EE. UU. Frente al Mundo y Geografía y Paz, en los cuales plasmó las necesidades y acciones a llevar a cabo por los estadounidense. La siguiente parte de este ensayo tiene como característica, el cómo este autor recopila la formación geohistórica de los Estados Unidos y la mismo tiempo reinterpreta los postulados de Mahan y de Mackinder, para ofrecerle a su dirigencia una nueva percepción del o que sería la recomposición del mundo a mediados del siglo XX.
Cabe destacar que las investigaciones de Spykman se realizaron en un momento muy particular de la historia mundial, las diferencias de la forma del ejercicio del poder de las potencias europeas estaba en punto de fragilidad, poniendo a los Estados Unidos en una posición de franca relevancia, ya fuera por su lejanía de los escenarios de confrontación o por su posición estratégica de aislamiento que había sabido mantener prácticamente todo el siglo XIX y las primeras tres décadas del XX.
Spykman encontró una serie de elementos en estas circunstancias favorables a la geopolítica que podría determinar una dirigencia astuta como la que encabezaba el presidente Franklin Delano Roosevelt, que vio en la Segunda Guerra Mundial una oportunidad única para hacer cumplir la vieja visión de expansionismo que tuvieron los Fundadores de la nación estadounidense: Washington, Jefferson, Hamilton y Franklin.
Esa visión del mundo de ampliar sus fronteras terrestres, tuvo en ese momento una adecuación estratégica fundamental, basada en la implementación de su ideología estructurada en la Democracia, la igualdad y el libre comercio, pues en la alianza que se debía de construir con las naciones de Europa Occidental, estos valores eran compartidos, pero a partir de ese momento bajo la definición de los lineamientos políticos que se irían imponiendo por parte del aliado con mayor peso militar y económico: los Estados Unidos.
Un elemento clave para tal definición de la geopolítica de la imposición ideológica estadounidense sobre sus aliados al termino de la Segunda Guerra Mundial, estuvo enmarcada en la Seguridad de los Estados, esto debido a que toda nación por esencia debía de mantener una relación simétrica entre la capacidad de defensa con su habilidad para organizar su volumen de poder, pues en la medida que estos dos conceptos funcionaran de forma equilibrada, le darían al Estado una independencia de actuación total, logrando concretar ese anhelo que todo país requiere para hacerse respetar en la comunidad internacional, que es la Soberanía.
Sin embargo la capacidad de ejercer la seguridad del entorno territorial trae consigo una responsabilidad de carácter unilateral, que no va a ser comprendida por el resto de la comunidad, la capacidad del ejercicio soberano se vuelve solitario, aquí Spykman les dio a las dirigencias de su momento y futuras, un elemento de gran valor para justificarse ante cualquier acción que realizasen en tiempos venideros.
Ahora bien, el elemento espacial que les da a los Estados Unidos ser una nación continental, le facilita un valía adicional, pues desde su posición de aislamiento entre dos Océanos, con vecinos poco beligerantes, le permite poder tener centrada su capacidad de influencia e injerencia fuera del ámbito natural a las fronteras terrestres, logrando mantener un presencia permanente en la toma de decisiones en el resto del planeta, pero sobre todo en Europa, centro de la nueva confrontación de la Guerra Fría.
Se debe considerar como parte esencial del objeto de estudio analítico y estratégico de una política internacional, a la sociedad nacional puesto que define los cuadros dirigentes, las necesidades a cubrir y el aliciente de las decisiones que en materia de política exterior se deben de asumir.
De igual manera, la sociedad se debe de caracterizar por su capacidad de eficiencia para lograr que los diversos cuadros que van surgiendo de ella sean lo suficientemente capaces de mantener el ritmo de efectividad que ella a sí misma se ha impuesto, por lo que el principal soporte de las actitudes de la dirigencia deben de estar apoyadas y dirigidas a esa nación que en su conjunto contribuyen a la concreción de una política viable y de una estabilidad territorial, en beneficio de un Estado fuerte y en pleno goce de su capacidad de poder.
Ahora bien, si esa capacidad con que cuenta la sociedad estadounidense, de acuerdo a Spykman, se pudiera traducir en el escenario internacional se contaría con un super-Estado, es decir, la capacidad que el Estado en conjunto pueda tener en todo el orbe a través del empuje que le da su nación, (el conjunto de sociedad y dirigencia) pueden tener la capacidad de imponer una reorganización de tipo global para el mantenimiento de la paz.
Este super-Estado, que como se puede apreciar por sus características solo podía ser los Estados Unidos, podía imponer la aplicación de un sistema de seguridad colectiva que garantizará la certidumbre entre las naciones aún con aquellas que no respondieran al modelo de naciones democráticas y libres. Sí para naciones como México la soberanía responde al ejercicio pleno de sus capacidades de actuación interna y externa, sin ingerencia externa, para el modelo de poder de Spykman, la Soberanía debía (y debe) responder al pleno uso de la defensa bajo cualquier circunstancia en que se vea amenazada. Este tipo de Soberanía debe de ser activa, con la obligación de luchar aun antes de que la agresión se haga presente, bajo la consideración tan sólo, de un posible daño al espacio soberano.
De tal forma, que el super-Estado, responda a las necesidades de una nueva concepción de Seguridad colectiva, la cual debe de ser entendida por todas aquellas naciones que estén protegidas por tal Estado, como un deber de seguir los lineamientos que este imponga, en todos los sentidos para el mantenimiento del orden establecido. La OTAN, responde a tales características, en dónde los EE.UU. se constituyeron en el eje articulador del sistema defensivo más importante del mundo para enfrentar todo tipo de amenazas, primero comunistas y actualmente terroristas, y en dónde los países participantes se convirtieron en enclaves ofensivos-defensivos, que detuvieran cualquier ataque directo al espacio vital estadounidense.
Siguiendo, con la Seguridad colectiva, este super-Estado, facilitaría la reducción de una posible carrera armamentista, pues, este estaría encargado de verificar le cumplimiento de los niveles permitidos de armamento y tecnología requeridos para la defensa nacional, a partir de ese momento, solo podría existir uno capaz para la defensa regional o mundial, tal pretensión se ha podido constatar tras la caída del modelo soviético, al no haber ningún otro competidor a la altura de la eficiencia de la tecnología militar con que cuenta hoy la defensa estadounidense.
La defensa por obviedad, necesita de adecuadas estrategias que faciliten el éxito en cualquier tipo de escenario, por lo que la adecuación de las estrategias militares deben detener un fin espacial que es concretar una política que equilibre a la paz con la guerra, es decir un ambiente continuo de preguerra sin las condiciones que propicien el estallido del conflicto, como tampoco que se considere una relajación de la tensión de confrontación existente. George Kennan en su famoso telegrama X, puso por primera vez en acción tal propuesta teórica, cuando identificó al a entonces unión Soviética como el enemigo natural a los intereses de los Estados Unidos y que por ello, era pertinente anunciarle a ellos, a los aliados occidentales y los del bloque soviético, que la dirigencia de Washington estaba en capacidad de tener una confrontación real para hacer valer el peso de su ejercicio como líder del “mundo libre”.
El anuncio de Kennan, puso también en práctica la capacidad de enunciación de que la seguridad colectiva la deben de ejercer las grandes potencias, resguardando a las viejas potencias y aquellos pequeños países que pidieran su protección. Esta obligación de sostener un amplio escudo defensivo, no se le debía de ver como una carga pesada, por el contrario, se trataba de una reafirmación del valor de ser un Estado independiente y con una seguridad con plenitud del ejercicio del poder, que sin duda alguna su influencia de salvaguarda beneficiaba a otros por igual.
De acuerdo a Spykman, el Estado (EE.UU.), debe de desplegar todo el poder del que sea capaz en los diversos espacios internacionales, más aun en épocas de paz, como medida precautoria ante cualquier insubordinación o pretensión de vulnerar zonas libres de influjos externos.
La demostración de poder, estaba basado en determinar dónde se ubicaba el centro del mando del conjunto de la seguridad colectiva y debía de ser con fines determinados:
1.- El espacio terrestre como escenario de la ubicación de los Estados Nacionales.
2.- La Mar como medio de acceso directo a los recursos y posiciones estratégicas.
3.- En aquellas áreas de conflicto permanente.
4.- Rutas estables de comunicación de enemigos potenciales.
5.- la relación bilateral con los vecinos fronterizos.
Este tipo del ejercicio del poder está aunado a las condiciones topográficas existentes y al clima, pues afectan la capacidad de producción de alimentos, factor esencial para la estructuración económica de toda nación y del quehacer de la política exterior, una nación sin capacidad de producir los alimentos para su población es vulnerable a las exigencias externas y de sucumbir a presiones que dañen su relación existente con sus vecinos y aliados.
Los anteriores elementos, Spykman los retoma de la escuela alemana, cuya filosofía de la historia esta sustentada en las doctrinas que apoyan la expansión territorial como lo son las de Friedrich Ratzel ó Karl Haushofer, quienes consideraba como una obligación de la dirigencia el darle al Estado toda la amplitud territorial necesaria para que la sociedad pudiese vivir armónicamente.
Al mismo tiempo, Spykman concuerda con ésta escuela geopolítica, que considera al espacio geográfico como el campo idóneo para la aplicación de la política exterior, particularizando en el análisis de los factores territoriales, que permita que las políticas que se implementen tengan la suficiente justificación para los fines con que se han creado. Sin duda, este es un elemento de percepción del poder e ideología, que también fueron años atrás postulados por Alfred t. Mahan, cuando identificó lo importante que era conjuntar la voluntad del ejercicio político por medio de la influencia y de la presencia que debía de mantener los Estados Unidos, ya fuera por medio de su comercio, como de su poder naval.
Para Spykman, el análisis geopolítico, parte el conocimiento profundo de la naturaleza política de la dirigencia nacional y de la política internacional de su espacio/tiempo, lo que facilita obtener las características del problema a ser resuelto, lo que en consecuencia facilita considerar que existe una retroalimentación para llegar a un fin determinado, el de generar conocimiento oportuno, exacto y con amplia validez. Sin embargo este conocimiento es de elites, es decir, está articulado a ser del conocimiento exclusivo de la dirigencia, no obstante que tenga sus repercusiones con cada miembro del Estado.
Dentro del estudio de las relaciones internacionales, se encuentra el conocimiento que emana de la Geografía Política, ya que facilita el entendimiento de la movilidad de los espacios terrestres ó marítimos, por causa de los efectos del poder tanto propios del Estado como externos a este, de ahí que en esta imbricación su resultado sea toda una metodología cuyo resultado es la Geopolítica, pues en este ámbito estudio analítico, también convergen los cambios tecnológicos que de igual manera condicionan el ejercicio cotidiano del poder, pues los beneficios de sus avances ofrecerán alternativas permanentes de bienestar a la sociedad, aquella a la cual está destinada en última y en primera instancia la composición del poder.
Por otro lado, los planteamientos de Spykman, coinciden de una manera peculiar al afirmar que la política exterior está hecha por una serie de sucesos que por su propia naturaleza están estrechamente interrelacionados, y que al ser estudiados en conjunto se pueden entender los fenómenos sistémicos que hacen entender las realidades de lo que hace un actor internacional afecta a otro, y sus respuesta de este implica o más actores. Es ahí en dónde la Geopolítica tiene su campo de máxima aplicación, pues realiza las formulaciones más apropiadas para la toma de decisiones por parte de la dirigencia nacional.
La posición metodológica de Spykman ante los planteamientos del Alemán, karl Haushofer, son determinados en que a la Geopolítica no se le puede dar un estilo de expansión divina, que corrompe el sentido estricto de ámbito creativo, más bien los dirigentes y sus equipos de estudiosos deben de dar opciones para decisiones de carácter inteligente que tengan un impacto certero en la política exterior. Se debe de mantener una visualización del futuro y no un recuento del pasado, de dónde sólo se obtendrán enseñanzas para no cometer errores ya tenidos, en todo caso, los grupos analíticos deben de repensar el pasado en la configuración de un futuro ambicioso.
Estados Unidos en mayor caso su historia está fincada en los éxitos de una política que ha aprovechado las coyunturas regionales e internacionales, para fincar su poderío, teniendo en cuenta que si bien es cierto que lo que Spykman consideraba que la Geopolítica nacional estaba construida en base a determinaciones inteligentes, también era cierto que el componente de la remembranza del pasado glorioso por carácter divino facilitaba complementar los últimos eslabones de la pertinencia de la construcción de un futuro permanente en tiempo y espacio.
Cuando Alexander Von Humboldt, conoció la Primera Republica de la era moderna, con un andamiaje de fuertes cimientos democráticos y libertarios, consideró que este modelo en poco tiempo imitado extendiendo la idea de la conformación distinta de la agrupación de la nación entorno a un espacio físico. De igual manera Alexis de Toucheville, alabó que esta República tuviese entre sus preceptos de unidad a la democracia, pues con a través de su aplicación cotidiana, se podría impulsar que el resto de las naciones existentes en el siglo XIX asumieran este modelo como idóneo para la convivencia humana.
Lo que tanto, Humboldt como Toqueville, analizaron de manera indirecta fue que el mundo comenzaba a ser modificado de manera lenta, pero sostenida y que para las generaciones futuras de las potencias europeas como estadounidenses era pertinente realizar una investigación permanente de la realidad internacional. Esto se puede ir entendiendo en base a el conocimiento geográfico del entorno propio como de en dónde están ubicadas las principales amenazas, las alianzas posibles y sobre todo los recursos a ser utilizados en beneficio exclusivo.
El mapeo del mundo facilita dos situaciones:
a.- Definir con certeza total las características de la seguridad nacional y,
b.- Organizar con mayor acierto la política interna y externa de un Estado.
Spykman definió que las técnicas de análisis militares también tiene su aplicación en el terreno de la vida civil, es decir en el ámbito político-diplomático. El conocimiento del terreno de batalla da certidumbre sobre los resultados a obtener tras la confrontación. Se puede construir una teoría de la realidad nacional del Estado en base a ésta percepción, aunado al conocimiento efectivo de la longitud y latitud (creación de la Grecia antigua para definir su entorno entre vecinos y rivales), que en los términos para el análisis del estratega civil se traducen en sus fortalezas y debilidades, pues en el cruce de estos dos conocimientos se encuentra el verdadero punto a ser atacado.
Este cúmulo de conocimientos permiten darle certidumbre a una metodología en como deben de ser abordados los temas que impliquen directamente la necesidad de mapear para obtener el análisis concreto.
Un estudio geopolítico, de acuerdo a Spykman se entiende en que un Estado moderno debe de pensar en la Guerra y la Paz, de igual forma a escala global, los Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial contaban con un cocimiento basto de la realidad de cada una de las regiones del mundo, de cuales eran sus potencialidades y oportunidades estratégicas.
En base a este precepto desde el comienzo de la Guerra Fría hasta nuestros días, la política exterior estadounidense se planteó en base a cuatro elementos claves:
1.- ubicación geográfica, para el rápido acceso a socavar cualquier pretensión de agresión,
2.- Topografía, que permite entender las características de terreno con que se debe de enfrentar el ejército nacional (EE.UU.) en una condición de igualdad frente al enemigo.
3.- Tamaño, entendido desde el aspecto territorial, económico, poblacional y de su influencia en el escenario internacional.
4.- Recursos naturales, que sean utilizados como una forma de alianza estratégica o de manipulación internacional.
Estos cuatro elementos, la dirigencia estadounidense durante toda la segunda mitad del siglo pasado los utilizó con gran astucia, pues al identificar la ubicación geográfica definía con facilidad sus problemas de seguridad, este modelo no fue exclusivo de Spykman, ya el Almirante Mahan a través de su teorización del poder marítimo, consideró la importancia del control de enclaves estratégicos, y para obtener su localización era preciso un conocimiento de las condiciones geográficas del mundo. Jefferson a finales del siglo XVIII y principios de XIX, entendió también la importancia del conocimiento de este tipo, de tal modo que en sus políticas de exploración del territorio de los EE.UU. dejó plasmada la idea de la conformación de una institución cuya característica principal se centrara en el conocimiento del mundo y sus peculiaridades, hoy la conocemos como la National Geographic.
Este tipo de conocimientos le ha permitido a los Estados Unidos saber definir el comportamiento de los factibles enemigos, como de las posibles afectaciones a su vida económica.
El conocimiento del mundo en sus distintas divisiones, potencializa a la propia sociedad internacional, al identificarse zonas exclusivas que detentan el poder mundial o regional; la economía asume la distribución de los recursos naturales y agrícolas para una mejor racionalidad de estos. Una zona con tales características se encuentra en el Mediterráneo, cuenta con un buen clima acceso al Océano Atlántico, al Mar Rojo y de este al Índico y de ahí al Pacífico, cuenta con importantes zonas agrícolas, conexión entre Europa, África y Medio Oriente e importantes recursos energéticos. De tal forma que para poder asegúralos, la pertinencia de contar con bases militares a la entrada-salida del Mediterráneo vía el Atlántico (España) es vital, de igual forma son las bases en el centro Mediterráneo (Italia) y en la entrada-salida a Medio Oriente (Turquía y Grecia).
De nueva cuenta el aspecto de los enclaves se pone de relieve junto con los planteamientos de Mahan, que en plena Guerra Fría los estrategas estadounidenses lograron asentar a sus fuerzas militares por primera vez fuera del territorio continental de América, en la coyuntura fortuita de una debilidad extrema por parte de sus aliados.
Este conocimiento del entorno mundial, facilitó darle a el Continente Americano, una nueva definición, se convirtió en el centro indiscutible, después de la victoria Aliada en 1945, del hemisferio occidental, se erigió como el centro de operaciones estratégicas, desde dónde se podía actuar para actuar sobre Euroasia, África y Oceanía, reiterando el precepto de Washington de que la seguridad de los EE.UU. estaba no en sus costas, sino en las costas de los continentes a los extremos.
Tal percepción de cómo se podía redefinir el mapa del mundo, le facilitó a Spykman delinear el concepto de Mainland para América, que debía de estar a resguardo de dos Estados cuya capacidad militar y organizativa podría contender contra la hegemonía de los EE.UU. en el bloque occidental.
En el estudio de la Geopolítica, el objetivo primario es el poder, por lo que los mares son parte de tal ejercicio. Mahan a finales del siglo XIX, logró que la dirigencia estadounidense adoptara una política tendiente a mejorar las condiciones de rendimiento, tecnológico y estratégico de la marina naval, haciendo de esta una eficiente herramienta geopolítica, en base a esa actitud, Spykman la considera adecuada para realizar un cerco de movilidad entorno a lo que Mackinder llamó Heartland, refiriéndose a Euroasia.
Actualmente la movilidad de desplazamiento con que cuenta la Naval norteamericana, le permite circunnavegar cada uno de los mares y océanos de nuestro planeta, con una capacidad amplia de despliegue militar para contrarrestar las acciones de sus enemigos, determinando una relación de control entre tierra y mar de poder, alrededor del heartland en donde se encuentran en nuestros días la Unión Europea, los países islámicos y las principales fuentes de energéticos del mundo.
Para Sir Harlford Mackinder, la zona del heartland estaba configurada en base al Estado Ruso, con amplia capacidad de comunicación con otras regiones y por la evolución que teniendo dicha sociedad en un poder amplio que podría ser un rival de peso para las potencias del momento, sin embargo, Spykman no consideró esto como un valor de peso, pero sí en cuanto a lo que representaba en el terreno de los recursos naturales ubicados en el Caúcaso y en los Urales, como el agua, hierro, carbón y petróleo.
A partir del Heartland, Spykman definió el Rimland, como un círculo concéntrico alrededor de Euroasia, de condición estratégica que facilitará la acción defensiva y ofensiva. El Rimland, delimita la costa oeste de Europa, la costa oeste del Medio Oriente y el Océano Índico. Convirtiendo a esta área en una barrera de comunicación con el mundo asiático aprovechando los desiertos y cadenas montañosas. Su mejor aplicación, comenzó tras la caída del Bloque Soviético, al imponer los EE.UU. bases militares en los Estados prosoviéticos, en una primera instancia con motivo del desmembramiento de la exRepública de Yugoslavia, para dar paso a otra etapa, en el control de los recursos energéticos de Asia Central, teniendo como marco de operaciones los sucesos del 11 de septiembre que desembocaron en la intervención de Afganistán e Irak.
El Rimland, cuenta con los Off-Shore, que son áreas de poco uso estratégico, pero que no por esta causa se deben de desestimar, como lo son Australia y África, pues de ser necesarias se convierten en una suerte de portaviones geográficos, para la logística de las operaciones de seguridad que tiene definidas en las áreas ya identificadas en párrafos anteriores.
La percepción del análisis teórico-metodológico de Spykman, abrió una líneas del campo del conocimiento de las Ciencias Sociales, pero ante todo de la percepción de las Relaciones internacionales, pues a través de la ciencia, arte, paradigma o metodología de la Geopolítica, le facilitó a la dirigencia estadounidense, trasladar la ubicación del centro del poder, ambición estipulada por los Padres Fundadores, y que a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, se dio la oprtunidad para hacerlas efectivas.
Tal circunstancia no fue fortuita, por el contrario, se fueron construyendo las condiciones necesarias para su concreción, que por igual afectaron la concepción del espacio territorial en materia de seguridad nacional e internacional; el propio Spykman, argumentó que la obtener el centro del poder y la instauración del super-Estado que vigilara el orden establecido, la geopolítica tenía el deber de considerar los problemas en tiempos de 100 años, para darles las soluciones más adecuadas para mantener el poder hegemónico alcanzado.
En la visualización de los problemas debía de estar presente Inglaterra, como el aliado estratégico para cuidar los intereses norteamericanos ante los viejos poderes europeos continentales; y sobre todo, estar atentos a los movimientos de la entonces Unión Soviética, que de igual manera a los Estados Unidos, estaba por conformar su propio Rimland, que rivalizará frente al poder hegemónico occidental liderado por los EE.UU.
Si bien, hoy el poder ruso está en una mediana recuperación y con una factible alianza con la Unión Europea, que busca resarcir los efectos de una Constitución única rechazada por la ciudadanía, sin duda alguna los escenarios de conflicto y confrontación se ubican en las márgenes del Mediterráneo hasta la frontera de los Urales tal como lo propusieron Mackinder y Spykman.
Los Europeos unitarios, están recomponiendo su espacio vital, su propio Rimland, con aquellos que en el pasado fueron sus enemigos y hoy son sus cercanos amigos, para hacerle frente a una nación que socavó el viejo estilo de gobernar el mundo: los Imperios, para imponer uno bajo otra ideología y percepción del mundo.
Finalmente, el historiador Jean Bautiste Duroselle, afirma con buen tino. Que todo Imperio Perecerá, han pasado ya 60 años de los 100 años que sugirió Spykman para construir su espacio geopolítico acorde a sus necesidades, solo faltan 40 años más para ese tiempo fatal y con una presión considerable de los enemigos formales por acceder al poder perdido. Europa, Rusia, República Popular de China, están encaminando sus esfuerzos por doblegar al que en su momento Mao Tse Tung consideró un Tigre de papel .
Notas:
[1] - Para ese momento histórico 1787, las diversas rebeliones en las colonias españolas eran seguidas con atención en Washington, para asumir un papel protagonista ante los eventos por venir.
[2] - México había alcanzado su libertad de España en 1821, creándose el primer Imperio mexicano con Agustín de Iturbide como primer Emperador del México independiente.
[3] - Desde tiempos del Virrey Apodaca, hasta con el Imperio de Iturbide y en los primeros meses del Gobierno de Guadalupe Victoria, se aceptó la migración norteamericana como una manera de poblar esos territorios prácticamente desabitados, con un importante potencial para el desarrollo, con la sola consideración de ser leales al gobierno mexicano y convertirse al catolicismo.