Virgen del canciller Rolin. Óleo sobre tabla.  c. 1434. París, Louvre

 

            La primera noticia que tenemos de esta obra data de 1748. Aparece en una descripción de la ciudad francesa de Autun, basada en notas de una viaje hecha en 1705.

         Il y a dans la sacristie des. Chanoines de Notre-Dame un tableau digne de remarque [...]. C’est un ouvrage du fameaux Jean de Bruges [...] qui représente dans un coin la sainte Vierge, assise dans un thrône, tenant l’enfant Jésus, et au dessus un ange qui tient une couronne sur la teste de la sainte Vierge, et de l’autre coté on voit le chancelier Rolin à genoux sur un priez-dieu, vêtu d’une robe de drap d’or. Au milieu sont plusieurs portiques sous lesquels il y a plusieurs petites figures, puis on voit la ville de Gand et tout le territoire des environs, qui est si bien et si délicatement représentée qu’on ne sçauroit rien de voir mieux peint. Les peintres et les curieux disent que ce tableau, qui n’a qu’une bordure de bois sur laquelle il y a des lettres qui paraissent en bosse, mériterait d’avoir une bordure d’or enrichie de pierreries

 

            El texto es de gran interés por diversas razones:

 

1. Nos indica el lugar para el que fue concebida la obra que fue desplazada durante la Revolución (la iglesia de Notre-Dame du Chastel fue completamente destruida en 1793). La documentación muestra que Rolin dio en varias ocasiones importantes cantidades de dinero a esta iglesia (su parroquia), y que en 1430 se hizo construír en ella una capilla privada en la que colgó el cuadro que comentamos.

 

2.  Manifesta la categoría alcanzada por Van Eyck, fama que superó el paso de los siglos (téngase en cuenta que hasta finales del siglo XIX el arte flamenco cayó en el olvido).

 

3. Identifica al donante como Rolin, canciller de Felipe de Borgoña, de quien conocemos el aspecto por otras dos imágenes.

 

4. Anticipa uno de los temas a debate: ¿qué ciudad se representa en el fondo? (una descripción de 1778 dice que “le fond du tableau offre la Ville de Bruges en perspective”.

 

El canciller aparece arrodillado ante la Virgen con el Niño. Un ángel la corona.  La representación es de una gran audacia: Van Eyck decide poner “en pie de igualdad” a todos los protagonistas del panel. Esto es señal de los tiempos que corrían: una tendencia a la secularización o, mejor, la mezcla de los sacro y de lo profano. También estamos ante una revalorización de la dignidad humana. En suma, es un buen reflejo del espíritu de la Edad Moderna.

 

La obra es un magnífico ejemplo del nivel alcanzado por los pintores de Flandes en la primera mitad del siglo XV:

 

• Afán descritivo, propiciado desde el punto de vista técnico por el empleo del óleo (incluso se llegó a afirmar, erroneamente, que fueran los Van Eyck los inventores de la nueva técnica). La minuciosidad narrativa era algo que estaba en el ambiente cultural del norte de Europa. Como señaló Johan Huizinga, pintura y literatura “tienen en común la inclinación de trabajar sin freno el detalle”.

 

  Gusto por el realismo. Incluso hay quien propone que la luz en el primer plano del cuadro, que viene de la derecha, sería una “prolongación” de la luz real, que entraría por la ventana sur de la capilla.

 

• Interés por crear efectos ambientales e por el paisaje. Así, el pintor abre una inmensa perspectiva delante del espectador. Mediante la utilización de colores cada vez más fríos consigue efectos de distancia, acentuados mediante la difuminación de los contornos.

 

• Aunque no se conecen los intentos de “perspectiva científica” que se están llevando a cabo en Florencia (Brunelleschi, Alberti), en Flandes los pintores, de modo empírico, buscan crear efectos de tridimensionalidad en sus obras.

 

• A pesar de que las escenas representadas sean cada vez menos “místicas”, subsisten, a veces de modo poco perceptible, elementos religiosos que evitan que nos olvidemos de la época en la que fueron producidas estas maravillosas obras. Incluso se llegó a halbar de “simbolismo disfrazado” (disguised symbolism, Erwin Panofsky), según el cual los artistas (o, mejor, sus clientes) incluían elementos que, para el espectador avisado, implicaban una lectura más profunda, más mística de la escena representada. Para esta cuestión véase el comentario del Matrimonio Arnolfini.

 

¿Cuál es el tema del cuadro?

Esto ya no es tan fácil de decir. Hay muchas cuestiones no resueltas: ¿dónde sucede la escena? ¿por qué aparece la Virgen?  Intentaremos llegar a alguna conclusión plausible.

 

Para empezar, hay que decir que Van Eyck pintó en muchas ocasiones a la Virgen, hasta el punto de que ha sido catalogado como un “gran mariólogo” (Carol Purtle). Así que no es raro que sea María el objeto de la devoción de Rolin. En el suntuoso manto de la Virgen hay una serie de inscripciones bordadas (algo común en este pintor). Es importante identificarlas ya que que non están de adorno:

 

1. En el hombro derecho de la Virgen: (E)LEVATA

2. Sobre el brazo izquierdo: MORABOR TUNC PRE(CEPIT)

3. Pliegue que desciende desde la rodilla de la Virgen:  SYON FIRMATA SUM ET IN CVITATE SAN(CTIFICATA)

4. En los pliegues cerca del suelo: RADI(CAVI) / IN PLENITUDIN(E) / EXALTATA SUM IN LIBANO ET QUAS(I) / IN IERICO QUASI OLIVA SP(ECIOSA) / PLATANUS EXALTATA SUM IUSTA AQ(UAM)

5, Frente al templo: (E)S SAC(RA)

            El libro de Rolin está abierto y muestra una gran D inicial. Podría perfectamente ser el comienzo de la frase “Domine labia mea aperis”, perteneciente a los Maitines (primer rezo de la mañana) en los Pequeños Oficios de la Virgen (Officium parvum beatae Mariae Virginis). Todas las inscripciones en el manto de la Virgen –extraídas del Eclesiástico, un libro del Antiguo Testamento, y consideradas loas a la Virgen- pertenecen también a este mesmo oficio litúrgico.

 

         Carol Purtle propone que prácticamente toda la composición está basada en el Officium parvum. Así, los principales elementos del segundo término están extraídos del himno Quem terra: el sol que está a punto de asomar tras las montañas, y la luna, todavía alta, cerca de la cabeza de Rolin, el río, la ciudad...

 

         La cuestión es ¿por qué hizo Rolin que Van Eyck “pusiera en imágenes" el Oficio de Maitines?  Esta interrogante la resolvió hace poco Philippe Lorenz, quien descubrió en los archivos del Vaticano unos documentos en los que se le concede a Rolin, en 1434, permiso para celebrar misa al amanecer (“antequam illucescat dies, circa tamen diurnam lucem”), es dicir, justo el momento del Oficio de Maitines.

 

         La Ley Canónica prescribía que la Eucaristía no se podía celebrar antes de Tertia (entre ocho y nueve de la mañana). El caso es que, a finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, los hombres de negocios y la gente de Estado precisaban madrugar para resolver los múltiples asuntos de su responsabilidad. Por lo tanto, necesitaban que las autoridades eclesiásticas les concederan permiso para oír misa y comulgar muy temprano.

 

         De este modo, el tema principal de la obra es la asistencia de Rolin a los Oficios de Maitines, junto cuando el día comienza a romper. Como recompensa a su piedad, la Virgen y el Niñoo se les aparecen, en una soberbia combinación de realismo e idealismo.

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