Jan van Eyck. El matrimonio Arnolfini. �leo sobre tabla.
81�8 x 59�7 cm. Londres
En el
primer plano, una pareja, tomada de la mano, est� en el centro de una
M�s al fondo vemos una cama con dosel y parte de una silla de alto
respaldo, en la que est� esculpida la figura de uha mujer rezando, con un drag�n a los
pies. Un cepillo
cuelga de ese remate. Al lado, un reclinatorio, forrado de tela roja como la cama, y
unos zapatos de mujer tambi�n rojos, parecen hacer pendant de los zuecos ya
mencionados.
Colgado en el fondo de la pared, un espejo, decorado con diez escenas de la Pasi�n de Cristo.En el cristal podemos ver el resto de la habitaci�n y la puerta de acceso a la misma, donde est�n dos hombres. Un rosario cuelga a la izquierda. En la zona superior una historiada firma: Johannes de Eyck fuit hic 1434 (Jan van Eyck estuvo aqu�).
Por �ltimo, unha lujosa l�mpara de bronce, con una vela encendida,
ocupa el espacio sobrante. El resultado es una diminuta obra maestra, perfecta en su composici�n y la minuciosa descripci�n de las diferentes calidades de los
objetos, con un cuidadoso estudio de los efectos de luces y sombras.
Ya en un inventario antiguo se identifica a los dos personajes como un tal
Arnolfini y su mujer.
Los
Arnolfini eran ricos comerciantes italianos provenientes de la ciudad de Lucca (cerca
de Pisa). Entre Flandes e Italia exist�an importantes contactos financieros (recu�rdese
que aquella zona era el centro europeo del comercio textil). Por eso, exist�a
una importante colonia italiana asentada en distintas ciudades de la regi�n.
De las relaciones entre este Arnolfini y el pintor da fe la existencia de otro
retrato en el que aparece solamente un hombre.
Este cuadro fue el responsable de que Erwin Panofsky desarrollara su teor�a del �simbolismo disfrazado� (disguised symbolism). Seg�n este autor, en un momento en el que se estaba produciendo una laicizaci�n de la cultura, con una mayor presencia de clientes no pertenecientes a Iglesia, el artista se adapta a la nueva clientela y presenta obras en las que el simbolismo religioso, m�s evidente en los tiempos medievales, queda camuflado, pero sigue presente. De esta manera, lo que parece a primera vista un retrato de una pareja de la alta burgues�a, es tambi�n un discurso sobre lo sagrado del matrimonio.
Panofsky encuentra una serie de anomal�as que le hacen conclu�r que estamos
delante de un retrato de boda y de un certificado de dicha ceremonia.
Para empezar, nota una anomal�a en la firma del cadro. Por otras obras
firmadas por Van Eyck (p.e.) el llamado Hombre del turbante rojo, sabemos
que el artista pon�a �ME FECIT�, la firma m�s extendida en la Edad Media. Adem�s, las letras utilizadas eran may�sculas. Sin embargo, en este retrato doble, la firma dice �estuvo aqu�, y adem�s rubrica de un modo que parece la firma de un notario. Por otra parte, las dos personas que aparecen reflejadas en el espejo ser�an los testigos de la ceremonia. Uno de ellos, el que lleva un traje azul, ser�a el propio pintor (quien, por otra parte, ten�a la costumbre de retratarse reflejado en alguna parte del cuadro).
Otra cosa que llam� la atenci�n de Panofsky es la ostensible disposici�n
de los zuecos en el primer plano �Realmente el pintor iba a poner esos objetos, dando
as� una impresi�n de descuido, de desorden? Lo mismo se podr�a decir de las
naranjas. �Y qu� ocurre con la vela encendida en un d�a de verano �como indica el cerezo repleto de frutos- en una habitaci�n ampliamente iluminada por la luz
del d�a?
Adem�s, est� el tema de los gestos que realiza la pareja, el hombre con la mano derecha levantada, y con la izquerda cogiendo
la derecha de la mujer. Sabemos que a Van Eyck le preocup� la disposici�n de la mano
del hombre ya que la modific� hasta quedar satisfecho con el resultado final, como muestran
fotograf�as de infrarrojos.
Todos estos detalles llevaron a Panofsky a conclu�r que los Arnolfini
encargaron a Van Eyck un retrato de boda que tambi�n servir�a como
certificado. En aquella �poca no era imprescindible la presencia del sacerdote
para que el Sacramento del matrimonio se efectuara: bastaba con el mutuo consentimiento
de los futuros c�nyuges y la existencia de testigos.
El hombre estar�a haciendo un juramento de fidelidad durante el cual mantiene
la mano en alto (fides levata). Luego, ambos se coger�an de la mano derecha
(fides manualis). Panofsky explica que el hombre toma a su mujer con la
izquierda porque el pintor fundi� en una sola escena dos momentos de la ceremonia.
Los zuecos ser�an una forma de indicar que la estancia era en este momento un lugar sagrado porque en ella se administraba un Sacramento. La vela ser�a una imagen de Dios, y el espejo de la Virgen (espejo
sin mancha), lo que ser�a tambi�n una alusi�n a la pureza de la reci�n casada,
algo en lo que tambi�n se incidir�a mediante los frutos. Por �ltimo, el perrito
ser�a s�mbolo de la fidelidad que los novios se prometen mutuamente y la figura de
la mujer orante junto a un drag�n (Santa Margarita, protectora de los partos) ser�a una alusi�n al fin primordial del matrimonio: la procreaci�n.
Esta interpretaci�n fue muy discutida. Resumiendo, existen dos
posturas: los que niegan todo �simbolismo disfrazado� e los que matizan �o
aumentan- la lectura propuesta por Panofsky. Entre los �ltimos cabe destacar a
Linda Seidel, quien se percat� de detalles que Panofsky no tuvo en cuenta, entre
ellos el hecho de que encima de la mujer queden restos de cera de una vela
ya extinguida: significar�a que ella ya llevara a cabo el juramento.
Para finalizar �qui�nes son exactamente los retratados? Hasta hace pocos a�os se pensaba que eran Giovanni Arnolfini y Jeanne Cennani. Pero un documento
encontrado no hace mucho indica que ambos se casaron m�s tarde de 1434 hace
imposible tal identificaci�n. Por lo tanto, se admite que estamos ante otro miembro de la amplia familia Arnolfini