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El
amor al prójimo debe ser natural, como quien ama sin reservas;
como vivir y respirar. En la Ciudad de los Niños y Niñas
respiramos y vivimos siempre el amor de nuestro Padre Dios.
Sólo desde que amamos, sabemos que estamos vivos y en nuestra
Institución nos damos cuenta de que estamos vivos y que somos
fuente de ese amor Paternal, en esta ya tan cercana Quinta
Década.
La Ciudad de los niños es un proyecto de amor, difícilmente
realizado, el amor al semejante es el único constructor de la
felicidad en la Comunidad, por eso el reto de la Ciudad de los
Niños es profundamente terreno y la necesidad del Espíritu y
su ejercicio se vuelve el desafío más grande para nuestra
Institución, un ejercicio del amor en el Espíritu.
La Ciudad de los Niños tiene necesidad de seguir creciendo y
cambiando, y nos toca a cada uno esta tarea de construir una
verdadera comunidad basada en el amor fraterno en todos los
campos: social, familiar y personal.
Sembremos en la fertilidad de los corazones infantiles, la
semilla de la Palabra Divina.
Pbro. José Miguel Pérez García
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