Un día de 1945 en el… Centro Unión

Ya para 1945, decíamos el grupo formado por quinto y sexto que atendió el profesor Morelos fue más numeroso pues algunos que estudiábamos precisamente en el "Centro Educativo", en Querétaro nos registramos en su grupo en el que además de las materias normales, recibíamos clases de ingles las que también impartía el maestro Maurilio.

¡Ah! Que gratos recuerdos nos quedan de ese año porque el sistema que usaba el maestro nos hizo alumnos estudiosos y responsables.

Las clases se iniciaban a las nueve de la mañana al toque de "ring" que colgaba de un árbol en el jardín y los grupos en completo silencio se formaban y entraban a sus respectivos salones en donde de pie se hacían las oraciones diarias.

El sistema no era sofisticado ni cosa "del otro mundo", simplemente lectura en el libro según la materia explicaciones del maestro, y repetir una y otra vez para memorizar o escribir tantas veces como fuera necesario.

La gramática de Emilio Marin servia de guía y así, los artículos, nombres, pronombres, la conjugación de los verbos y ejercicios y más ejercicios, en el pizarrón, en el cuaderno, en los apuntes y en las tareas. Después, ciencias naturales, geografía y sonaba el "ring" para salir al recreo.

Los dos patios se llenaban de chiquillos unos jugando frontón golpeando la pelota contra el muro de la entrada, otros jugando canicas o al trompo, con el yoyo o sumando los cincuenta al balero, y mientras tanto, Mariquita la hermana del profesor Morelos nos proveía de dulces, galletas, refrescos y aquellas deliciosas tostadas que "sabían a gloria".

Dos o tres castigado, a veces hasta cinco se encontraban dentro del salón "no mas milando", pero buscaban sus mañas para, con pretexto ir al baño pasar a comprar dulces y repartirlos entre sus compañeros de castigo. Minutos que pasaban volando… y de nuevo a clase de aritmética; repetición de tablas de sumar, restar, multiplicar o dividir; aprender las corridas de atrás para adelante, salteadas y operaciones probadas. Después, avanzando el año; quebrados, regla de tres, raíz cuadrada y creo hasta principios de álgebra.

Cuando "ya las tripas gruñían" de hambre ere señal que la una de la tarde se acercaba y para tener derecho a salir el profesor Morelos se paraba junto al pizarrón lo llenabas con una operación tan larga como " un ferrocarril de carga". Por supuesto quien la entregaba comprobada con los resultados correctos, salía rumbo a su casa; huelga decir que algunos salían en pocos minutos pero otros se nos "cerraba el coco" y nos eternizábamos para tener los resultados sobre todo, tratándose de problemas de álgebra.

Por la tarde, antes que dieran las 3 de la tarde en el reloj del templo parroquial ya debía esta uno de nuevo en el colegio y formado para entrar a clases las que, eran menos pesadas: Caligrafía, dibujo, trabajos manuales y la historia patria.

Aquellas charlas que le maestro Maurilio nos daba, desgranando los pasajes y la historia de México; Cuanta admiración tuvimos por Cuauhtemoc, por los héroes de la independencia que captaba nuestras mentes como ídolos como grandes personajes que nos hicieron verdaderamente recrearnos con sus proezas. Con que fervor y convencimiento el maestro Maurilio nos inducía con sus platicas a conocer la historia para amar mas a los símbolos y héroes patrios.

El recreo de la tarde era un poco más tranquilo sobre todo en tiempo de calor; mientras el profesor Morelos degustaba un par de paletas de frutas muy a su modo, los compañeros seguían su ejemplo y con facilidad consumían todas las paletas que la señorita Mariquita recibía en un bote de la paleteara "El Popo".

Al atardecer manchaba con tintes dorados las banquetas y las calles de la ciudad cuando desde las cinco de la tarde, cargando nuestros libros y en pequeños grupos nos dirigíamos a casa, deteniéndonos en alguna esquina para ayudarlos mutuamente en resolver la tarea que había de presentarse al otro día, pues ello significaba algunos puntos extras para el promedio mensual.

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