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¿VIAJE A LA LUNA?

El 20 de julio de 1969, millones de personas en todo el planeta presenciaron el acontecimiento el siglo, la llegada del hombre a la Luna. Tiempo después comenzaría una polémica que alteraría este evento mundial.

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LOS ESFUERZOS DESESPERADOS DEL NEODARWINISMO
 

La teoría de Darwin entró en una profunda crisis debido al descubrimiento de las leyes de la genética en el primer cuarto de este siglo. Independientemente de ello, un grupo de científicos que estaba determinado a permanecer leal a Darwin, se esforzó por presentarse con soluciones.

Se encontraron en una reunión organizada por la Sociedad de Geología Norteamericana en 1941. Genetistas como G. Ledyard Stebbins y Theodosius Dobzhansky, zoólogos como Ernst Mayr y Julián Huxley, paleontólogos como George Gaylord Simpson y Glenn L. Jepsen y matemáticos genetistas como Ronald Fisher y Sewall Right, después de largas discusiones, acordaron sobre la manera de "remendar" el darwinismo.

Esos cuadros científicos se centraron en la cuestión del origen de las variaciones provechosas o útiles que supuestamente hacían que los organismos vivos evolucionen, cuestión que el propio Darwin fue incapaz de explicar, dejándola simplemente a un lado al apoyarse en Lamarck. La idea que se presentaba ahora era la de "mutaciones azarosas". A esta nueva teoría la denominaron "Teoría de la Evolución Sintética Moderna", la cual es el producto de agregar el concepto de mutación a la tesis de la selección natural de Darwin. En un corto tiempo dicha teoría pasó a ser conocida como "neodarwinismo".

En las décadas siguientes se harían desesperados intentos por demostrar (lo cierto) del neodarwinismo. Ya se sabía que las mutaciones, o "accidentes", que ocurren en los genes de los organismos vivientes eran siempre dañinos. Los neodarwinistas intentaron establecer un caso de "mutación útil" por medio de miles de experimentos. Todos ellos finalizaron en un completo fracaso.

Buscaron probar que los primeros organismos vivientes podían haberse originado por casualidad bajo las condiciones terrestres primitivas propuestas por la teoría, pero también dichos experimentos culminaron en el fracaso. La frustración era el resultado de todos los ensayos que intentaban demostrar que la vida pudo generarse por casualidad. Los cálculos de probabilidad demostraban que ni siquiera pudo haberse formado por casualidad una sola proteína, el "ladrillo" con el que se edifica la vida. Y la célula -que supuestamente emergió por casualidad bajo las condiciones terrestres primitivas no controladas, según los evolucionistas- no pudo ser sintetizada ni siquiera por los laboratorios más sofisticados del siglo XX.

La teoría neodarwinista también es derrotada por los registros fósiles. Nunca se ha encontrado en ninguna parte del mundo alguna "forma transitoria" que supuestamente podría exhibir la evolución gradual de los organismos vivos -de especies primitivas o avanzadas- como pretendían los neodarwinistas. Al mismo tiempo, la anatomía comparada revelaba que las especies que se supuso evolucionaron una de otra, en realidad tenían rasgos anatómicos distintos y que nunca pudieron ser ancestros o descendientes una de la otra.

Sucede que el neodarwinismo, de ninguna manera, fue una teoría científica. Sí fue un dogma ideológico, por no decir una especie de "religión". A esto se debe que los paladines de la teoría de la evolución aún lo siguen defendiendo a pesar de todas las evidencias en contrario. Sin embargo, una cosa en la que no se pueden poner de acuerdo es cuál de los distintos modelos propuestos para que se lleve a cabo la evolución es el "correcto". Uno de los más importantes es el escenario fantástico conocido como "equilibrio puntuado".

El Nivel Primitivo de la Ciencia y la Tecnología en la Época de Darwin
Cuando Darwin presentó sus suposiciones, las disciplinas de la genética, la microbiología y la bioquímica no existían aún. Si hubiesen sido de actualidad antes que presentase su teoría, se habría dado cuenta fácilmente que su teoría era totalmente anticientífica y posiblemente no hubiera presentado esos supuestos sin sentido. La información que determina a las especies ya existe en los genes y es imposible que la selección natural produzca nuevas especies a través de la alteración de los mismos.
De la misma manera, el actual mundo de la ciencia tiene una comprensión muy somera e imperfecta de la estructura y funciones de la célula. Si Darwin hubiese tenido la posibilidad de ver la célula con un microscopio electrónico habría testimoniado la gran complejidad y la estructura extraordinaria en los organelos de la célula. Habría contemplado con sus propios ojos que un mínimo de variaciones en ese sistema tan complejo e intrincado impediría su concreción. Si hubiese conocido la biomatemáticas, se habría dado cuenta que ni siquiera una simple molécula de proteína, ni hablar de toda una célula, podría haber pasado a existir de manera casual.
El estudio pormenorizado de la célula fue solamente posible después de la invención del microscopio electrónico. Con los microscopios primitivos de la época de Darwin solamente podía observarse la superficie exterior de la célula.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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